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lunes, 20 de septiembre de 2021

MARINA GASPARINI , ESCRITORA VENEZOLANA: "La patria, de todas maneras, es un lugar interior, no una geografía"







"En la literatura existe el exilio interior" 

ENTREVISTA A MARINA GASPARINI LAGRANGE, ESCRITORA


"La patria cambia continuamente: un día es la escritura, otro día es el amor"


MARÍA GABRIELA MÉNDEZ 


sábado 21 de julio de 2012



Antes de irse definitivamente de Caracas, en el año 2000, Marina Gasparini Lagrange recibió del poeta Rafael Cadenas un regalo: una libreta. En ella anotó los ensayos que quería escribir en su nuevo hogar, Venecia. Uno era sobre el exilio. Luego la libreta se perdió.

Pero nada parece casual en esta historia. En 2010 cuando escribía su libro Laberinto veneciano (Candaya, 2011) releyó a Joseph Brodsky, el poeta ruso que emigró a Estados Unidos y que plasmó en su poesía los obstáculos que suponía expresarse en inglés, su nuevo idioma. Otra vez emergía el tema anotado en aquella libreta perdida.

Continuaban sus lecturas y comenzaron a aparecer con más frecuencia los poetas latinoamericanos que escribieron sobre el exilio. Fue entonces cuando pensó en reunir esas poesías en un libro. No pasó mucho tiempo hasta que en una caja olvidada encontró la libreta. Al abrirla, ahí estaba anotado: "Exilios".

Así nació Exilios. Poesía latinoamericana del siglo XX que edita la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana y que se presentó ayer en la librería Kalathos del Centro de Arte Los Galpones. Este libro de exilios hecho en el exilio reúne a más de medio centenar de poetas entre los que se encuentran Gabriela Mistral, José Antonio Ramos Sucre, César Vallejo, Jorge Luis Borges, José Lezama Lima, Juan Gelman, Alejandra Pizarnik, Álvaro Mutis, Julio Cortázar, entre otros.

Lo que siguió fue un arduo trabajo de investigación, selección y solicitud de permisos a los poetas o a sus herederos que duró dos años. El resultado es un recorrido muy personal y resonante por un tema que atañe a todos. Porque, como dice Gasparini en el ensayo introductorio, el exilio no se refiere solo a quien deja su país, es un término que cala hondo porque hondo es su significado.

"Hay un exilio literal, pero en la literatura existe el exilio interior, ese que habla del encierro, del aislamiento en ti mismo. Una de las cosas que limita el exilio es pensar que el exilio es literal, ahí se pierden muchos de los matices y de las riquezas que tiene el exilio", añade la escritora.

Luego de doce años en Venecia, Marina Gasparini sabe muy bien de qué habla. No hay lamento ni nostalgia, aclara. Al contrario, ella ve y siente el lado más amable de esa partida voluntaria que parece haber planeado desde los 13 años cuando estuvo por primera vez en Venecia y se dijo "algún día viviré aquí": "El exilio es necesario. Esa necesidad de extrañeza es necesaria para escribir y para interiorizar las cosas. Una cierta conciencia del exilio, de la separación, del no pertenecer, es necesaria", explica.

Ella sabe que la nostalgia siempre está amenazante pero la mantiene a raya. En ese viaje sin retorno no hay pasado, solo presente y futuro: "Quien no supera la nostalgia se queda en la tierra de nadie. La nostalgia termina siendo un impedimento de adaptarte y de hacer otra vida".

Gasparini ama su exilio, al igual que la filósofa española María Zambrano, que pasó la mayor parte de su vida fuera de su tierra."La condición del exiliado, es oportuno señalarlo, no es necesariamente la condena que se lleva sobre las espaldas con el peso de nuestra mortalidad", escribe en el ensayo que abre el libro.

Pero hay una parte donde sí duele el exilio: en el idioma. Marina lo expresa así: "Es empezar a hablar, a nombrar de nuevo. Hay palabras que son las mismas en español e italiano y que en teoría significan lo mismo, pero no es así, hay un matiz distinto en una lengua o la otra, palabras que no dirías para describir o definir algo. Esa sutileza y esa alma que tienen las palabras, eso no siempre se conserva en el paso de una lengua a la otra".

"Escribir en una lengua aprendida es abrir los ojos en la oscuridad", dice Marina y cita parte de un poema del chileno Gonzalo Rojas, presente en la selección: "Tendré que dormir en alemán, aletear,?/respirar si puedo en alemán".

La escritora cuenta que en su día a día solo habla italiano porque no tiene con quién comunicarse en español. Así que su lengua materna se ha convertido en un tesoro que cuida con recelo por temor a perderlo.

De estas reflexiones sobre el exilio se desprenden temas no menos profundos. A la pregunta, ¿qué es la patria? la escritora responde: "La patria no es necesariamente el país donde se nace". Ella, como el poeta Paul Celan, cree que "la patria del poeta es su propia poesía, una patria distinta en cada nuevo poema". O, como Roberto Bolaño que creía en las patrias del escritor: lengua, memoria, personas queridas, su biblioteca, la lealtad, el valor.

"La patria cambia continuamente: un día es la escritura, otro día es el amor", dice Marina y recuerda la primera vez que viajó a Venezuela de visita, luego de un año de haberse instalado en Venecia. Aquella situación la confrontó, le movió el piso. El poeta Eugenio Montejo leyó aquella sensación y le dijo una frase que Marina atesora: "La casa eres tu". "La patria, de todas maneras, es un lugar interior, no una geografía", concluye.

Eugenio Montejo



Su condición de extranjera la ha llevado a una soledad productiva, introspectiva, que se evidencia en el libro. Gasparini sabe que no todos soportan el exilio, que hay que tener temple, que es una condición de vida, un estar dentro y también fuera, como le toca al escritor.

"Es necesario exilarse para ser. Exilarse no entendiendo en el término literal, exilarse en uno mismo, hacer del exilio un modo de interiorizar las cosas".

Tomado de El Universal




miércoles, 8 de mayo de 2019

Victoria de Stefano: El arte es crisis.



Victoria de Stefano: "Escribo por y desde la liberación del lenguaje"


MARITZA JIMÉNEZ

05/12/2018

La fílosofo y escritora ítalovenezolana recibió recientemente la Orden di Cavaliere del gobierno de Italia



En el caso de Victoria de Stefano, podría afirmarse que “la literatura y la filosofía son empleos afines del espíritu”, como dijera hace poco el poeta Franco BordinoFilósofo de profesión, egresada de la Universidad Central de Venezuela en 1962, producto de su apasionada entrega al estudio y el arte, es su obra ensayística en la que destacan los títulos “Sartre y el marxismo” (1975) o “Poesía y modernidad, Baudeaire” (1984). 


Victoria De Stefano nació en Rímini, Italia, el 21 de junio de 1940 y a los 6 años se traslada con su familia a Venezuela, donde contrajo matrimonio con el también filósofo Pedro Duno, militante de izquierda, con quien tuvo dos hijos y vivió en en La Habana, Argel, Zurich, París, Barcelona y el Chile de Salvador Allende. A su regreso al país, trabaja como investigadora en el Instituto de Filosofía de la UCV e imparte clases de Estética, Filosofía Contemporánea y Teoría del Arte y Estructuras Dramáticas en las Escuelas de Filosofía y de Arte en la UCV. 

 Pero la novela, ese género que ambiciona a la vida como totalidad, presidió su aproximación a la escritura ya desde 1971, con “El desolvido”. Desde entonces, su producción ha sido intensa: “La noche llama a la noche” (1985), “El lugar del escritor” (1990), “Cabo de vida” (1993), “Historias de la marcha a pie” (1997), “Diarios 1988-1989. La insubordinación de los márgenes” (2010), “Lluvia” (2013), y esa de próxima edición, cuyo nombre, tomado de Gauguin, adelanta: “Vamos, venimos”. 

Sin embargo, se dice una escritora de lectores tardíos, a pesar del prestigio de que ha gozado en la comunidad literaria, reafirmado con los reconocimientos recientes de la revista “Cuadernos Hispanoamericanos” de España, el homenaje en la Feria del Libro de Chacao, y la Orden di Cavaliere della Repubblica Italiana que le otorgó el presidente de ese, su país de origen. 



¿En qué momento descubre, o siente, que sería escritora?

 -Yo nunca pensé quiero ser escritora. Simplemente desde muy joven empecé a leer y a escribir, leía mucho, difícil que pasara un día, una noche sin leer. Mi padre era un gran lector, mis hermanas leían, y en el colegio nos llevaban todas las tardes a la biblioteca, era una biblioteca decorosa pero ahí leí casi todo Julio Verne, Mark Twain, "La Cabaña del tío Tom". Casi todos los escritores dicen que cuando existe la avidez, esa curiosidad por leer, deriva necesariamente en el deseo de escribir. Virginia Woolf decía que no hay escritor sin experiencia, el escritor no surge por generación espontánea, la lectura, las buenas lecturas a las que joven llega por instinto o porque está atento a lo que escriben los escritores que admira, son su experiencia. Empecé a ejercitarme joven en la escritura, cuando leía o escribía me olvidaba del mundo literalmente. Escribí una novela, después ensayos, otra novela, otra novela, otros ensayos, entonces pensé, 'bueno, parece que soy una escritora'. Pero además, yo era profesora, y a los profesores se nos paga por recogernos a leer y estudiar. Leer para dar clases es una gran escuela de formación, es un ejercicio de memoria, de aprendizaje y una voluntad de comprensión. 

-¿Cómo se relacionan en su novelística la memoria y el lenguaje? Dos aspectos que la crítica ha destacado en su escritura. Uno siente una escritura que se adentra en los detalles cotidianos o el recuerdo, casi como una cámara cinematográfica, pero que en realidad lo que está allí es el deleite del lenguaje. 

-La pasión por el lenguaje la tuve desde muy niña, leía continuamente el diccionario, me encantaban las palabras que no eran de uso corriente. Sentía una gran necesidad de aprender el español, porque mi lengua materna, la que mis padres hablaban en casa, era el italiano, a pesar de que aprendí a leer y escribir en español. Leía con un cuaderno y un lápiz, palabra que no conocía la apuntaba, además llenaba mis cuadernos con citas, bosquejos, bocetos de cuentos, estrofas que imitaban poemas. -La memoria -continúa- es fundamental, pero la memoria del escritor no es la de “Funes el memorioso”, sino que pasa por un proceso de distanciamiento de lo personal en el que intervienen momentos de ficción, desdoblamientos, libertades imaginativas, cambios de estilos, saltos, brincos, rupturas, digresiones. Yo no escribo para mí, no escribo para nadie, escribo desde y para la liberación del lenguaje, de lo que lo tiene cautivo. Si lo logro o no ya es otra cosa. 

-José Donoso decía que el que se exilia ya no vuelve a tener patria. Tú naciste en Italia. Llegaste a Venezuela a los 6 años. Luego viviste, directa o indirectamente, un largo periplo por el mundo. ¿Cómo marcó esa experiencia su vida y su escritura?

-Yo no experimenté la venida a Venezuela como un exilio, sino como un cambio de país, de hogar, tal vez por la edad, lo viví más bien como un volver a nacer, como un principio inaugural. ¿En ese principio inaugural estaba la escritura? Creo que sí… Para mis padres quizás fue más que un exilio una pérdida, pero a nosotros jamás nos lo hicieron pensar. 

-¿Cree que la novela es un género en crisis o vive un proceso de renovación? 

-Todos los géneros literarios y las artes en general a lo largo de la historia han entrado en crisis, crisis y renovación van de la mano, los estilos literarios responden a cambios históricos, el barroco, el clasicismo, el romanticismo, el realismo, el naturalismo, la modernidad son respuestas a nuevas experiencias, esos cambios que no habríamos considerado posibles, se nutren de vuelta a ciertas tradiciones olvidadas, proscritas, para ser recuperadas con nuevos atavíos no por prurito de novedad sino por las variables que impone el proceloso mar del tiempo-ahora. No quiero sonar didáctica pero el arte es crisis, las líneas seculares de continuidad se fracturan, se recomienza una vez más con los desechos, los fragmentos, los cabos perdidos, mezclándolos, entreverándolos. 

-¿Está repercutiendo la actual diáspora venezolana en el arte y la escritura? 

-Obviamente que sí, aunque es demasiado pronto para un diagnóstico, se han ido muchos jóvenes muy bien formados, sin duda darán mucho de sí estén donde estén, pero el mundo para los jóvenes de hoy tiene otras connotaciones más amplias y abiertas que para los jóvenes de hace treinta años, ellos enfrentan esta crisis global, me parece a mí, con más entereza y menos nostalgia, la nostalgia puede ser una carga muy abrumadora. 



Tomado de  El Universal



jueves, 15 de agosto de 2013

La Oposición venezolana rechaza la Ley de Cultura



María Corina Machado (izquierda), Tulio Hernández (centro) y Luis Barragán criticaron la propuesta. VENANCIO ALCÁZARES




Después de un decenio ayer Martes 13 (ni te cases ni te embarques) de Agosto fue aprobada la "Ley de Cultura".



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DANIEL FERMÍN |  EL UNIVERSAL 


jueves 8 de agosto de 2013 

La Ley Orgánica de Cultura todavía es motivo de discordia. Mientras en la Asamblea Nacional el proyecto se somete a discusión en sesión ordinaria (hasta la noche del martes se habían aprobado 14 artículos), representantes de la oposición denunciaron ayer en una conferencia de prensa ciertas imprecisiones del documento.

El diputado Luis Barragán (Primero Justicia) criticó la forma y el fondo del proyecto: el predominio del sector oficialista en las consultas públicas realizadas en varias regiones, la premura con que se quiere aprobar la propuesta definitiva, la falta de definiciones importantes en material cultural. "La cultura no se puede regular así. Sólo en los regímenes totalitarios es que se pretende programar la creación artística. Con esta ley, el Estado es el que promueve, el que ve por el resto de los venezolanos (...) La bancada de la oposición se niega a aprobar un proyecto de ley que nos lleva al suicidio", dijo el parlamentario, que sustituye a Richard Mardo.

El documento final que está en discusión es una sexta versión de la que se presentó por primera vez en el año 2002. Entonces Manuel Espinoza era el presidente del antiguo Consejo Nacional de la Cultura. "El actual proyecto es una involución ética, jurídica y cultural en relación con el primero. Cada proyecto que se hizo es más deficiente que el anterior. Esto pone en evidencia que en estos 12 años no ha existido una política de Estado en el campo cultural sino que las estrategias culturales han dependido de los intereses de quienes han tenido el cargo de ministro", dijo Tulio Hernández, profesor de la maestría en Política y Gestión Cultural de la Universidad Central de Venezuela.

El sociólogo cuestionó algunas aspectos de la ley (citas textuales de Hernández):



  • La inconsistencia conceptual. Esta es una ley que no soporta un análisis, que se contradice, que no parte de un marco de definiciones precisas.
  • El segundo problema es que es una ley eminentemente estatista. No aparece ningún otro actor que no sea el Estado. Solamente una vez se menciona al sector privado. Nunca se habla de sociedad civil.
  • La ley tiene omisiones fundamentales: no se habla de industrias culturales, que en todos los países del mundo son las que generan productos que circulan con mayor intensidad. Cultura no es sólo lo popular o artesanal. No se habla nunca de la cultura digital, que es uno de los espacios que mayor peso tiene hoy. No se habla del plan nacional de cultura como el instrumento que permite fijar las metas y estrategias. Tampoco se habla del mecenazgo o auspicio privado a la cultura.
  • El otro problema es que tiene grandes contradicciones (...) Al decir que las culturas populares son los únicos constitutivos de la venezolanidad, además de ser una gran mentira, es una manipulación. Tan sustento de la nacionalidad son las pinturas de Martín Tovar y TovarArturo Michelena, o el arte de Jesús Soto, o los valses académicos de Vicente Emilio Sojo, o el repertorio de José Ignacio Cabrujas, como las culturas indígenas.
  • La otra gran carencia de esta ley es que enuncia cosas y no las desarrolla. Por ejemplo, el Sistema Nacional de Cultura, que en casi todas las leyes latinoamericanas es uno de los puntos más importantes, aquí se le enuncia y no se define ni miembros ni funciones.
  • Otro problema inaceptable es que es una ley absolutamente centralista. No se reconoce lo que la Constitución establece en relación a competencias culturales concurrentes de Alcaldías y Gobernaciones. No habrá descentralización de la cultura si no se hace a través del Gobierno Municipal.
  • La ley no traduce los tres artículos dedicados en la Constitución en la parte de los derechos culturales y educativos. El primero establece que la ley cultural es libre, y eso no está sustentado en el proyecto. La ley tiene que garantizarle a la sociedad que el Estado no va a imponer sus criterios a través del gobierno de turno.
  • Uno de los peligros es que sigue insistiendo en un concepto que en el mundo cultural internacional ha sido superado: la identidad nacional. No se puede decir que el Estado va a asegurar la identidad nacional (...) El reconocimiento de la diversidad es uno de los criterios fundamentales para la elaboración de políticas públicas.
  • Hay otro exabrupto, que es decir que las políticas culturales deben regirse por los valores éticos y caribeños fundamentados en el pensamiento de Simón Bolívar. No se puede fundamentar una cultura en el pensamiento de una persona.

"Un arroz con mango", definió la ley el gestor cultural Nicomedes Febres. "Mi conclusión es que esto no es un resultado aleatorio sin intencionalidad, esto es parte de una sistemática vocación de control y sumisión de la población. Se quiere utilizar la Ley como mecanismo para imponer una sola visión. Eso es peligroso en el sector", agregó María Corina Machado. Así, la Ley de Cultura sigue sin generar consenso definitivo. 

dfermin@eluniversal.com


Tomado de El Universal









Enlace relacionado:

  • Nueva Ley de Cultura   . Programa radial donde conversaron sobre esta ley Cesar Miguel Rondón y La Directora Ejecutiva de Gestión Cultural y Presidenta de la Fundación Cultural Chacao Diana López y el sociólogo y columnista de El Nacional Tulio Hernández.

Actualizada el 29/01/2024



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sábado, 21 de julio de 2012

MARÍA FERNANDA PALACIOS: "La cultura no toda es libresca. Hay mucho libro que hace daño"




Foto: OSWER DÍAZ MIRELLES/ARCHIVO


DANIEL FERMÍN


miércoles 2 de mayo de 2012




"No creo que por leer autoayuda la gente vaya a convertirse en un lector de Dostoievski"



María Fernanda Palacios (Caracas, 1945) es una escritora que traza sus textos en el aire. Ya Roberto Martínez Bachrich dijo que ella hace de sus clases un género literario. Que todo alumno que pasa por sus salones termina enamorado. Por eso, el Festival de la Lectura Chacao decidió rendirle tributo: para honrar toda una vida dedicada a formar lectores.

A la venezolana le avergüenza recibir un homenaje en vida. Dice que son embarazosos, que no merece alguno. Que lo recibe en nombre de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Ahí tiene más de cuatro décadas como profesora. "Si el futuro de la literatura está en manos de los lectores, hay que ser optimistas. La Escuela de Letras es un semillero de excelentes lectores", indicó la autora de Sabor y saber de la lengua.

La ensayista tenía 38 años sin publicar un libro de poemas. Ella cuaja su poesía lentamente, entre la pausa, los silencios, la espera. Así editó el año pasado Y todo será cuento un día, una selección de versos escritos en los años 70 y 80. "Hay escritores que escriben toda la vida. Yo no me siento poeta en ese sentido. Soy más docente. Para mí, la poesía es algo que por rachas me acompaña. De ahí a atreverme a publicar es otra cosa. Uno hace poesía, pero ni toda es publicable ni uno está dispuesto a publicar todo", indicó la caraqueña, que en el 74 editó Por alto/por bajo.

Palacios cree que hay autores que publican más de lo que deberían como para que ella también haga lo mismo. Por eso publica poco. "Es muy malo cuando un escritor se siente obligado a publicar una novela todos los años. O que siente que si no publica es como si hubiese dejado de existir. Hay muchos que se apresuran, o que se ponen a inventar. Andan buscando un tema en vez de esperar que el tema los busque a ellos".

Las editoriales también hacen lo suyo. Libros efímeros de autores mediáticos que aseguran grandes ingresos reinan en las librerías. También en las ferias. "La parte comercial del negocio editorial convierte la literatura en un consumismo, como también ciertas políticas de Estado que publican una barbaridad de libros para el adoctrinamiento. Pero la otra cosa siempre existe, el lector exigente que sabe lo que viene a buscar", agregó la poeta, que destaca la atmósfera que encuentra en festivales literarios.

Ya el mexicano Gabriel Zaid dijo que la medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan. "Y él tiene razón en lo que dice. El problema no es el número de libros que leas. La cultura no toda es libresca. Hay mucho libro que hace daño", agregó la autora del ensayo Ifigenia: mitología de la doncella criolla (2001).

Por eso, la escritora tiene cuidado con ciertas campañas. "Uno no tiene que convertir esto en un eslogan, decir 'hay que leer'. Hay que ver qué leemos también. Hay que leer con conciencia, saber qué se está leyendo, Pero sí hay que estimular a que la gente se acerque a ciertos libros u ofrecer orientación abierta. Yo preferiría que la gente leyera más literatura y menos autoayuda, menos libros de dietas. No creo que por leer libros de autoayuda la gente vaya a convertirse en un lector de Dostoievski o de Rulfo".

Si Mario Vargas Llosa dijo, en su último libro, que la banalización llegó a la cultura, Palacios cree que no hay forma de evitarlo. "Es una realidad de los tiempos. Hay que vivir con eso. No es la primera vez que una sociedad se queja de ello. Ahorita leo mucho sobre la Francia del siglo XIX, que vemos con añoranza. Y al leer la crítica de esa época, la gente se quejaba de lo mismo. Como que eso es parte de ser culto".

Así, Palacios también añora las lecturas de antaño. "La literatura popular eran las novelas de vaqueros, de detectives. Y eso sí te lleva a leer literatura. La autoayuda te ofrece una receta para convertirte en un zombi", agregó la poeta, que cree que el lector debe iniciarse en la infancia. "Hay que revisar la manera de enseñar a niveles primarios. La literatura infantil de ahora está más enfocada en los dibujos. Los cuentos de antes, Tío Tigre y Tío conejo, sí eran cuentos de iniciación del niño en lo que es la vida. Eso sí es literatura", concluyó Palacios. La suya, sus clases, sus poemas, también lo son. 


dfermin@eluniversal.com



Tomado de El Universal.



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