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viernes, 7 de noviembre de 2025

Borges también leía, y salía en, Playboy

 


Estimados liponautas



Hoy tenemos el gusto de hacerles llegar un acercamiento que hace el escritor boliviano Homero Carvalho Oliva al libro "Medio siglo con Borges" de Mario Vargas Llosa. Un libro que reune diversos textos del Nobel peruano dedicados a la figura y obra del argentino universal.


Y algunas apreciaciones de Carvalho Oliva sobre Borges, remarcando la anécdota de Borges como lector de la revista Playboy y colaborador de la misma; ya que en el número de mayo de 1977 salio publicado su cuento "El otro"



El cuento fue versionado al inglés por Norman Thomas di Giovanni, apareciendo en las páginas 97,103, 203 y 2004 de la revista. Pueden leer el cuento en el siguiente enlace: Los Otros, de Borges: Dos Cortometrajes y ¿un cuento?


La playmate del mes de mayo de 1977 fue la modelo Sheila Mullen.


Para muchos Sheila Mullen pudiese ser la siempre buscada Manoa, siempre tatuada de dorados brillos, es esa mujer donde todos quieren alcanzar su esquina rosada...

Bárbara Borges


Debido a esta laberíntica conexión entre Borges y al revista Playboy la entrada abre con imágenes de  la brasilera Bárbara Borges, ex Paquita de Xuxa.



Bárbara es actríz en su país y fue modelo de la revista Playboy de su país, en Venezuela dirían que Borges fue  una deliciosa conejita.



Y debido a que comparte apellido con el Borges, el inmortal decidimos jugar un poco haciendo un damero de imágenes y palabras que puedan dar una idea de la sazón de una borgiana, e ideal, revista Playboy.




La entrada cierra con una entrevista a Vargas Llosa, sobre su libro "Medio siglo con Borges" hecha por la periodista Leila Guerriero.


Esperamos disfruten de la entrada


Atentamente


La gerencia.


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Imagen tomada de aquí


Medio siglo con Borges


No fue para mí ninguna sorpresa enterarme, por la web, que Jorge Luis Borges haya leído Playboy. Me pareció que con este hecho el gran hacedor de ficciones se desquitaba de Sábato, cuando este afirmó que la literatura de Borges era buena pero que le faltaba cierto “quilombo”.




Por: Homero Carvalho Oliva




 “Yo mismo soy una especie de antología de muchas literaturas”


Borges


 



Medio siglo con Borges”, es un libro que reúne entrevistas, artículos, conferencias, reseñas y notas que Mario Vargas Llosa, escribió sobre este infinito escritor, el libro da testimonio de más de medio siglo de lecturas del Nobel de literatura 2010 sobre este autor. Fue muy grato descubrir que coincidimos en muchas valoraciones y experiencias sobre un autor al que muchos lectores volvemos como fieles devotos de su obra. “Medio siglo con Borges”, según Marta Sánchez es “un magnífico libro que nos permite disfrutar del talento de dos grandes de las letras del siglo XX. Un homenaje indispensable al autor argentino en particular, y una declaración de amor a la literatura en general”.

Borges y Vargas Llosa. 1963

Después de leer el libro de Vargas Llosa, hice memoria y recordé que fue a mis trece años que mi padre, Antonio Carvalho Urey, escritor e historiador, puso en mis manos El Aleph, un prodigioso libro de cuentos del argentino más universal de la literatura. Este año cumplo sesenta y tres años, es decir que lo descubrí hace medio siglo y desde entonces no he dejado de leerlo y releerlo. Otras coincidencias con Vargas Llosa van desde el deslumbramiento por su precisión narrativa, por devolverle su verdadero significado a muchos adverbios y adjetivos, dotarles de nuevos significados, hasta las primeras lecturas en nuestra juventud que, como éramos fanáticos de izquierda, sentíamos vergüenza de admitir que leíamos con placer a un escritor que era considerado el paradigma del escritor de derecha, sin compromiso alguno con la sociedad, sin darnos cuenta que su compromiso mayor era con la literatura, con los lectores y por lo tanto con la sociedad.



Leer el libro de Vargas llosa me remitió a mis propias reflexiones sobre este autor. Laberintos librescos, metafísicos, infinitos, míticos; pesadillas que se repiten, sueños dentro del sueño, juegos literarios que se asemejan a la muñeca rusa que adentro lleva a otra que a su vez lleva otra y así hasta la eternidad. Relatos apoyados por las matemáticas, por la filosofía, por la geometría, en fin, apoyados por todo cuanto cabe concebir, incluso relatos policiales, temas universales, europeos, citadinos, bonaerenses, gauchescos, presentes en la obra de un escritor cuyo nombre evoca un estilo muy original y particular, de sentir y escribir la literatura y de concebir el mundo. Y es porque en Jorge Luis Borges todo está permitido. Con él y más allá del “Boom” literario latinoamericano, la palabra cobra una eficacia pocas veces vista, tanto que se ha convertido en un escritor archicitado por otros escritores, poetas, investigadores y hasta políticos, ¿cuándo no?


Con Borges se confirma, una vez más, la diferencia entre lo huidizo y lo permanente de la literatura. A través de su prosa descubrimos que el horizonte no es siempre lejano, que la palabra puede crear mundos muy cerca nuestro. Que la vida misma puede ser un mal sueño de un de un dios indigesto o que puede ser como la metáfora esa en la que soñamos que leemos un libro y en realidad, dentro del sueño, estamos inventando cada una de las palabras que leemos.

Borges y Vargas LLosa en París. 1981.


Lo real y lo imaginario en su obra narrativa


Toda su obra en conjunto, pero especialmente sus relatos y sus ensayos, constituyen el testamento de una época, un cofre abierto para recibir imágenes y divulgarlas a través de la palabra. Durante su lectura participamos de lo real, de lo fantástico, de lo simbólico, de lo inadmisible, del vacío, del infinito, con una perfecta economía de palabras: nunca falta y sobra alguna. Donde, para no morirnos de una pesadilla debemos recurrir a otras lecturas, pues sus citas y referencias nos inducen a Joyce, a Virgilio, a Cervantes, a Chesterton, a Kafka, y a tantos otros. En Borges todo es antiguo al mismo tiempo que es nuevo, nada se le escapa, todo parece previsto, pero aún así nos sorprende, ingeniosamente nos asombra. Abrir uno de sus libros es como asistir por primera vez, a un circo para descubrir, maravillados, la magia. Algunos de sus relatos nos acercan a precipicios insondables y mundos extraños (Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius), otros al irremediable destino (Sur) a la terrible virtud de una buena memoria sin el privilegio del olvido (Funes, el memorioso), a la trama policial (El jardín de los senderos que se bifurcan) y muchos otros.

Margarita Guerrero en 1945(foto: Grete Stern)




Sus textos parecen alegatos en defensa de la imaginación, con un dominio propio de la técnica narrativa, expresando desde una inmediata contemporaneidad hasta sugestivas evocaciones de mitos y leyendas universales. Borges se toma todas las libertades literarias, inventa libros, citas, definiciones, escribe prólogos de libros que nunca existieron, ¿o sí?, descubre otros que parecen irreales como Anatomía de la melancolía, citado en La biblioteca de Babel. Borges   crea a un Funes agobiado por su prodigiosa memoria e inventa a un Pierre Menard, autor de otro Quijote que es igual al primero, palabra por palabra y que, sin embargo, no es un plagio. En otros libros está el Borges de las ficciones compartidas, la mayor de las veces con su entrañable amigo Adolfo Bioy Casares de los que recuerdo una magnífica selección de Relatos Breves y Extraordinarios, que incluye un trabajo de Marcial Tamayo, compatriota nuestro. Este libro tuvo una gran influencia en mi decisión de escribir microficciones.  Asimismo, el portentoso Libro de los seres imaginarios compilado con Margarita Guerrero, en el que da cuenta de gran parte de los animales o seres mitológicos creados por el hombre en su obsesión por explicar y ocultar lo desconocido, gracias a este libro yo hice mi propio bestiario titulado



¿Y el Nobel?


Se dicen y se citan tantas cosas de Borges, de las cuales muchas no le pertenecen; pero que, gracias a su exclusivísima concepción de la vida, bien pudo aceptarlas como suyas, por ejemplo, a propósito de su filiación partidista una vez declaró: “soy del partido conservador, porque nunca va llegar al poder”. Borges era un maestro del humor y de la ironía, tanto en sus conversaciones como en sus escritos y si bien su concepción del mundo era positivista (“escribo para individuos, no para en este abstracto llamado masa”), él nunca fue del todo un “reaccionario” como algunos pretenden definirlo en última instancia: “un gobierno de militares es igual a que un país sea gobernado por bomberos”. Tal vez él estaba más allá de estas simples apreciaciones, en un universo interior tan grandioso como concebía una biblioteca.

Borges y María Kodama en 1975. Imagen tomada de aquí


También se dijo que era un escritor para escritores, lo que se puede desmentir con la interminable cantidad de libros que sobre su obra se han escrito, sus entrevistas, conversaciones y lectores por todo el mundo. Estas especulaciones sumadas a sus preferencias políticas, fueron las argumentaciones para negarle el Nobel. Galardón que al principio no le interesó, pero que después se le volvería una verdadera obsesión, como lo declaró su viuda, secretaria y compañera, María Kodama. Yo creo que el fondo es otro y tiene que ver con la idea que los europeos tienen sobre los latinoamericanos. Ellos, suecos o no, nunca le perdonaron a Borges el hecho de que, siendo escritor latinoamericano, escriba -igual o mejor que ellos- temas que consideran de su exclusividad. Parecería que los latinoamericanos estamos bien cuando escribimos cosas que ellos llaman dentro del “realismo mágico”, pero cuando escribimos, como Borges, de literatura escandinava, germana o anglosajona; cuando hablamos de filosofía y matemáticas con la misma propiedad, autoridad y calidad de sus clásicos, eso ya no les agrada, así que mejor ignorar al maestro. El mismo Borges se reía de sí mismo cuando le preguntaban por qué nunca se lo habían otorgado: “Porque esos caballeros comparten conmigo el juicio que tengo sobre mi obra”.

Borges y María Kodama en Japón. Imagen tomada de aquí



Para los enemigos


Borges tenía respuestas para todo y para todos, incluso para sus enemigos que los tuvo por todo el mundo, a ellos les respondió con suprema ironía: “Quizá debería aconsejar a los aspirantes a enemigos que me envíen sus críticas de antemano, con la seguridad de que recibirán toda mi ayuda y mi apoyo. Hasta he deseado secretamente escribir, con seudónimo, una larga invectiva contra mí mismo”.

Despacho de Jorge Luis Borges, en la Biblioteca pública Miguel Cané


Luces y sombras


Hay un juicio que nunca me animé a escribir acerca de la obra de Borges; en el libro de Vargas Llosa lo descubrí dicho de la mejor manera posible: “Ninguna obra literaria, por rica y acabada que sea, carece de sombras. En este caso de Borges, su obra adolece, por momentos, de etnocentrismo cultural. El negro, el indio, el primitivo en general aparecen a menudo en sus cuentos como seres ontológicamente inferiores (…) Como para T.S. Eliot, Papini o Pío Baroja, para Borges la civilización solo podía ser occidental, urbana, casi casi blanca. El oriente se salvaba, pero como un apéndice, filtrado por las versiones europeas de lo chino, lo persa, lo japonés o lo árabe. (…) es ésta una limitación que no empobrece los demás admirables valores de la obra de Borges, pero que conviene no soslayar dentro de una apreciación de conjunto de lo que significa su obra. Una apreciación que acaso sea otro indicio de su humanidad, ya que como he repetido hasta el cansancio, la perfección absoluta no parece ser de este mundo, ni siquiera en obras artísticas de creadores que, como Borges, estuvieron más cerca de lograrla”, listo, lo dijo Mario Vargas Llosa.


Para cerrar este artículo también coincido con Vargas Llosa cuando aclara: “Muchas veces lo he releído y, a diferencia de lo que me ocurre con otros escritores que marcaron mi adolescencia, nunca me decepcionó; al contrario, cada nueva lectura renueva mi entusiasmo y felicidad, revelándome nuevos secretos y sutilezas de ese mundo borgiano tan inusitado en sus temas y tan diáfano y elegante en su expresión”. Sigamos leyendo y releyendo a Jorge Luis Borges.





Borges también leía Playboy


Cuando era adolescente perdí la inocencia con una revista Playboy; recuerdo que un compañero de curso la trajo a clases y, en el recreo, todos quedamos literalmente excitados con las imágenes de las bellas mujeres desnudas que posaban entre sus páginas. A la impúdica exhibición de las rubias se sumaba la subversión de estar mirando algo prohibido y eso en un colegio de curas salesianos era realmente arriesgado porque, si nos pillaban con las manos en el cuerpo del delito, nos podían enviar inmediatamente al confesionario o arrebatarnos la publicación para uso propio.





Años después, descubrí que Playboy no solamente traía mujeres desnudas sino también entrevistas a políticos como Fidel Castro, Yasser Arafat y Malcom X; a escritores como Kurt Vonnegut y Jean Paul Sartre; a artistas como Salvador Dalí y a boxeadores como Mohamed Ali, entre otros famosos personajes. En 1978, el primer número de la versión en español la trajo mi padre desde Madrid como regalo a mi hermano Bolívar. La última entrevista que le hicieron a Roberto Bolaño fue para la revista Playboy mexicana. Fue con Playboy que pasé de la edad del burro a la edad de la ilustración. En Bolivia, en la década de los setenta, el vespertino Última hora nos regalaba los viernes el suplemento “Semana” al que, en mi época universitaria, bautizamos como el Playboy de los pobres, porque con un peso se podía ver las fotografías de algunas de las bellezas de la revista norteamericana, aunque en blanco y negro, y leer buenos artículos de autores internacionales y nacionales.




Con estos antecedentes no fue para mí ninguna sorpresa enterarme, por la Web, que Jorge Luis Borges, uno de mis escritores preferidos, al que sus fanáticos consideran poco menos que un santo, haya leído Playboy. Me pareció que con este hecho el gran hacedor de ficciones se desquitaba de Sábato, cuando este afirmó que la literatura de Borges era buena pero que le faltaba cierto “quilombo”. Y quien afirma que Borges leía Playboy, es nada menos que Emir Rodríguez Monegal, uno de sus más grandes biógrafos y estudiosos de su vida y de su obra, quien dice que, en 1978, Borges “ganó el segundo premio en un concurso de cuentos organizado por la revista Playboy, quinientos dólares y el conejo”. Encontré esta cita en un ensayo de Edgardo Cozarinsky y luego la confirmé en otros links similares. Rodríguez Monegal, en su cronología, también da cuenta que ya Borges había participado en otros concursos literarios y que su cuento El jardín de los senderos que se bifurcan, un hermoso cuento, por cierto, fue descalificado por el jurado.

Emir Rodríguez Monegal


Me tomo la libertad de hacer la siguiente conjetura: Borges, irónico como era, eligió el juego de mezclar la ficción con lo real, en el que era experto, y como en el cuento El jardín de los senderos que se bifurcan, donde el espía protagonista asesina a un hombre con un determinado nombre para que el mensaje llegué a sus jefes, puede ser que también nos haya legado un mensaje secreto, tal vez quiso ser un playboy y las circunstancias y María Kodama se lo negaron.



El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.


Homero Carvalho Oliva



Escritor y poeta, ha obtenido premios de cuento, poesía, micro cuento y novela a nivel nacional e internacional. Su obra literaria ha sido publicada en otros países por prestigiosas editoriales y traducida a varios idiomas; poemas, cuentos y microficciones suyas están incluidos en más de cincuenta antologías internacionales, además de revistas y suplementos literarios por todo el mundo. Es autor de antologías de poesía, de cuentos y microcuentos publicadas en varios países, como la Antología de poesía del siglo XX en Bolivia, publicada por la prestigiosa editorial Visor de España y la Fundación Pablo Neruda, de Chile; así como también de selecciones personales de su poesía y de sus cuentos. Dirige las colecciones digitales de novela y microficción de la editorial española BGR y su obra es estudiada en distintas universidades de Iberoamérica.


https://wwwelmostrador.cl/cultura/critica-opinion/2024/08/31/medio-siglo-con-borges/



Mario Vargas Llosa: 'Medio siglo con Borges' | #MedioSigloConBorges #LaCulturaEnTuCasa

https://m.youtube.com/watch?v=khzjXJEFWPY&pp=0gcJCR4Bo7VqN5tD



Enlaces relacionados:










































































lunes, 15 de julio de 2024

Rómulo Betancourt a Mario Vargas Llosa: La lucha contra la guerrilla en Venezuela no la dirigió el Ejército; la dirigí yo

 

Rómulo Betancourt y Mario Vargas Llosa conversando en la biblioteca de Pacairigua, septiembre de 1977. Fotografía coloreada.


Charla con un viejo zorro


Por Mario Vargas Llosa


Publicado en noviembre de 1977. Tomado de sus Obras completas IX. Piedra de Toque I (1962-1983), 2012, pp. 655-659.


Rómulo Betancourt y Mario Vargas Llosa conversando en la biblioteca de Pacairigua, septiembre de 1977. Fotografía original






Estaba alistando maletas para partir de Caracas cuando me avisaron que Rómulo Betancourt quería verme. El intermediario, por lo demás, me hizo saber que el expresidente, representante de Venezuela en la comisión que hace las invitaciones anuales para ocupar la cátedra Simón Bolívar, en Cambridge, había votado mi nombre. Pero no solo fui a su casa por una razón de cortesía, sino sobre todo por curiosidad: las figuras políticas me han producido siempre una fascinación entomológica (y, al mismo tiempo, una especie de alegría).


Su casa, la Quinta Pacairigua, en un barrio residencial, no es demasiado lujosa para los niveles sauditas venezolanos. Me sorprendió el numeroso servicio de guardaespaldas, en el interior y el exterior. Además de su hija Virginia, sencilla y muy simpática, estaba allí su esposa, una exprofesora, creo, que habló de libros con soltura, y había también periodistas y fotógrafos. Betancourt lleva bastante bien sus setenta años. Hace algunos meses corrieron rumores sobre una enfermedad gravísima, pero él dice que el peligro se ha disipado: se trató apenas de una intoxicación causada por los remedios. Se siente ahora, repite, como nuevo.


«Usted sabrá que, en la época de las guerrillas, yo fui uno de los hombres más odiados y atacados en América Latina», es una de las cosas que le oí decir en la hora y media que pasé con él. Por supuesto que lo sabía. Su Gobierno me pareció también a mí, como a tantos en América Latina, represivo y con ribetes autoritarios. Pero lo que ha ocurrido luego en el continente, y el contraste entre ello y el caso de Venezuela, me ha llevado a revisar ese juicio. El Gobierno de Betancourt reprimió duramente a quienes se alzaron en armas y no hay duda de que, en esa lucha, cometió abusos y violaciones de la legalidad y de los derechos humanos.


Pero es cierto, también, que su régimen sentó las bases de un sistema democrático que viene funcionando sin interrupciones y que parece hoy (toquemos madera) bastante sólido. Es lo que dice a Betancourt el ensayista francés Jean-François Revel –el autor de La tentación totalitaria– en una carta que aquel me enseña: «Es usted el único dirigente político sudamericano que encontró la manera de enrumbar a su país por un sendero democrático». Hay una pregunta, sin embargo, que surge cada vez que uno observa el caso venezolano: ¿la bonanza económica, esa prosperidad que golpea al forastero desde el aeropuerto, no ha sido el elemento decisivo para que las instituciones democráticas resultaran allí operantes?


Varias de mis preguntas a Betancourt se refieren a este asunto: ¿Por qué en su país los militares respetan el poder constitucional y en otros no ocurre lo mismo?


Su respuesta es larga y elaborada, y no tengo más remedio que abreviarla. Nosotros (es decir, su partido, Acción Democrática), dice, desde 1945 trabajamos con un grupo de oficiales jóvenes, constitucionalistas, partidarios de reformas profundas en la estructura del país. Ellos, a la caída de Pérez Jiménez, se convirtieron en la espina dorsal de la reforma de las Fuerzas Armadas, que pasó a retiro a los elementos golpistas y se empeñó en hacer del Ejército un cuerpo esencialmente técnico y educado de manera sistemática en el respeto del orden legal.


El momento crítico, prosigue Betancourt, sobrevino al estallar el movimiento guerrillero contra mi Gobierno. La lucha contra la guerrilla no la dirigió el Ejército; la dirigí yo. Mi Gobierno no abdicó de esa responsabilidad, como hicieron otros Gobiernos civiles en América Latina, por cautela política, prefiriendo que fueran los militares quienes se ensuciaran las manos. Aquí fue el Gobierno civil quien, desde el primer momento, asumió esa tarea, arrostrando la impopularidad y a pesar de la feroz campaña internacional en contra nuestra. Los militares respetan a quienes saben mandar. (No hay duda que él sabe y que le gusta hacerlo: al decir estas cosas, gesticula con energía).


Veo sus manos con las cicatrices de las quemaduras del atentado que preparó contra él un comando enviado por el generalísimo Trujillo (que lo odiaba, dicen, más que a Fidel Castro). He oído contar la historia de su comportamiento en esas circunstancias, y él me la reseña de nuevo: cómo habló por la radio estando herido y cómo se hizo llevar al palacio presidencial de Miraflores («el símbolo del poder», dice) para mostrar al país que la jefatura del Gobierno se mantenía en pie.


Está escribiendo ahora sus memorias y cuenta que haber leído, hace poco, la autobiografía de Arthur Koestler lo ha inducido a cambiar todo su plan. Al principio había decidido escribir un libro puramente político, dejando de lado lo que fuera personal e íntimo. Ahora, en cambio, hablará también de su vida privada. ¿Hasta qué extremos llegará la confidencia? Durante la charla, deja ver algunos cabos sueltos. De joven escribió cuentos, inspirados en ciertas lecturas, como Emile Zola. Su esposa lo refuta con convicción: la influencia ostentosa, le asegura, es la de Anatole France, Él habla de uno de esos relatos con melancolía y burla. Se llamaba (horriblemente) «Maritza la nómada» y la musa que lo estimuló a escribirlo era una españolita de ese nombre de la que estaba enamorado, Se empeña en hablar de literatura, en tanto que yo trato de empujarlo hacia el terreno político (en el que lo supongo mucho más competente). Se entusiasma recordando la autobiografía de Trotski, una novela («de 1.400 páginas») sobre la fundación del estado de Luisiana y me cita algunas tradiciones de Ricardo Palma. Durante mucho tiempo se ganó la vida escribiendo artículos, de manera que se siente también, en cierta forma, periodista. Ha pasado veinte años en el exilio, cinco en la cárcel y a fin de año celebrará medio siglo de actividad política.


Durante buena parte de la hora y media me pareció hablar con espontaneidad. Solo en un momento tuve la impresión de que (lo que me ha ocurrido siempre con todos los políticos que he entrevistado) pronunciaba un discurso. Una tirada algo solemne sobre la vocación rebelde y heroica del pueblo venezolano, que es, afirma golpeando el brazo del sillón, quien ha hecho la verdadera revolución en América Latina: la democrática. «¿Por qué cree usted que se fueron esos hombres detrás de Bolívar hasta el Titicaca?». Cree que el mestizaje generalizado y precoz que experimentó la sociedad venezolana creó ese tipo audaz y combativo. «Aquí nos mezclamos todos muy pronto, no ocurrió lo que en el Perú», dice. Y me cuenta una anécdota. En los años treinta estuvo en Lima, con una delegación, y lo impresionó mucho una entrevista que tuvo, en el diario El Comercio, donde él y sus compañeros fueron recibidos «por dos caballeros con monóculo, que se llamaban, uno, Miró Quesada y, el otro, Manzanilla». Uno de ellos le habría preguntado: «¿Qué raza es la que predomina en su país?». «Los mulatos como yo, señor». «Ajá», habría respondido, pensativamente, uno de los caballeros. Mientras el otro comentaba: «¿Sabía usted que aquí en el Perú se le decía a Bolívar el Zambo Bolívar?».


Me asegura que hay una carta del Libertador, firmada en la Magdalena, pidiéndole a un amigo de Caracas que enviara mulatos a socorrerlo, pues las impetuosas limeñas lo estaban tuberculizando.


Pese a la abundancia de dictaduras en el continente, se muestra optimista respecto al futuro de América Latina. Piensa que la política del presidente Carter de los derechos humanos ha creado una dinámica muy fuerte a favor de la instalación de gobiernos constitucionales. «Hasta Stroessner se ha visto obligado a hablar de dejar el poder», bromea. Se refiere con elogio al movimiento cívico en Brasil, a los manifiestos intelectuales («presidido por nuestro amigo Jorge Amado»), de periodistas, de profesionales, «hasta de futbolistas» pidiendo la transferencia de poder a los civiles mediante elecciones. Está convencido de que en pocos años puede ocurrir lo que al finalizar la Segunda Guerra Mundial: una oleada democrática por todo el continente. Respecto al acercamiento diplomático entre Cuba y Estados Unidos, se limita a comentar:


«Por el momento el acercamiento se reduce a que Cuba mandará a Washington dieciséis agentes del G-Dos y Washington a La Habana dieciséis agentes de la CIA».


Como voy a perder el avión, tengo que despedirme precipitadamente. En la puerta de calle, me regala una especie de estampa que no tengo tiempo de ojear. Aquí, en el largo vuelo trasatlántico, descubro que es la historia de una estatuilla que he visto en su escritorio. La Negra Josefina, una vagabunda de las calles de Caracas que asaltaba a los transeúntes pidiendo «un mediecito»; hace unos treinta años, sirvió de modelo al autor de la obra, Santiago Poletto Lamberti. Se trata de una mulata, por supuesto.


Sobre el Atlántico, sept. 77


Fuente: Ramos Flamerich



martes, 21 de julio de 2020

Mario Vargas Llosa a José Pulido: “El socialismo en libertad parece cada vez más remoto”...


Mario Vargas Llosa. Fotografía de Vasco Szinetar.
Estimados Amigos:

Hoy tenemos el agrado de compartir con ustedes esta entrevista que el escritor venezolano José Pulido le hizo a Mario Vargas Llosa en 1982.

Disfruten de la entrevista.


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Mario Vargas Llosa: “El socialismo en libertad parece cada vez más remoto”...
 Una entrevista de José Pulido.




Mario Vargas Llosa, un escritor siempre vigente y activo




SIENTO UN ANGUSTIOSO VACIO CUANDO TERMINO UNA NOVELA.

José Pulido


Una bala pasó cerca de la cara de Mario Vargas Llosa, quien se lanzó al suelo exactamente en medio del estruendo de la guerra de Canudos. El cabello liso se le fue a la frente cuando levantó la cabeza y vio cómo los cangaceiros y unas mujeres descalzas disparaban, cargaban las armas, corrían, gritaban, contra un bosque de soldados que se hincaba y disparaba, se levantaba y disparaba, se lanzaba a tierra y disparaba.

Mario Vargas Llosa en la ráfaga de un salto observó a Joao Abade y más allá en una trinchera a una mujer delgadísima que casi cargaba a cuestas con un hombre de lentes rotos; entre una maraña de heridos, muertos y gente en retroceso vio un lomo que andaba, una melena sucia que se escondía tras los montones de cadáveres: “es el León de Natuba “, pensó Mario. Sintió húmedas las manos y al vérselas se percató de que a su lado se desangraba un caballo.


Única fotografía de Antonio Conselheiro, tras su muerte en 1897.


—¿Cómo dice?— preguntó Vargas Llosa mirando con fruición casi infantil las plantas ornamentales goteadas de lluvia del hotel Tamanaco.


El hotel Tamanaco.


—¿Cuál ha sido el cambio más importante registrado en su estilo de escribir La guerra del fin del mundo? —esa fue la pregunta.

—Para mí, el hecho de escribir una novela con personajes brasileños del siglo XIX, que no eran de esta época, significó algo distinto en relación con mis otras novelas… no sólo eran personajes de otra época sino que hablaban un portugués del siglo XIX. Es un libro despersonalizado, los otros surgieron en base a experiencias directas, éste no. Hay cosas personales que ni yo mismo capto, pero no en el plano anécdotico. El viaje en el tiempo, el espacio y lo concerniente a la lengua fueron tres desafíos que desconocía hasta ahora. La guerra del fin del mundo es una novela que me costó empezar y me dio un trabajo enorme, pero me resultó más exaltante, más emocionante. Era algo que quería escribir: la historia de Canudos me fascinó.




—¿Investiga mucho antes de escribir?

—En este caso sí, por ser un hecho histórico… —responde. Sonríe con los ojos y los dientes completamente desprovistos de maldad o de pedantería.
Cuando se queda en silencio esperando una interrogante que dé continuidad a la conversación, da la impresión de estar inmerso en una nueva trama o de hallarse apresado en los movimientos de Canudos.

—Después de lograr una novela que parece marcar una nueva y exitosa etapa ¿cuál es la meta más deseada de Mario Vargas Llosa?

—Tengo tantos proyectos para escribir —dice— que no voy a tener vida suficiente para llevarlos todos a cabo, aunque tenga muchos años de existencia… no voy a tener vida suficiente para escribir lo que quiero, no voy a tener tiempo suficiente. Mi proyecto inmediato es hacer una obra de teatro, una cosa distinta, una farra, una obra de humor grueso, truculento, algo de exageración, como el humor latinoamericano. He descubierto la posibilidad del teatro. Pensaba que en la novela se podía hacer todo, pero en un escenario tan reducido puede caber todo lo que se quiera expresar. Creo, por otra parte, que no hay motivos para sentirme exaltado o agotado: lo importante es no sentirse importante, darse uno cuenta que está en pleno proceso.




—Hay muchos personajes inventados en su novela, que se funden con los verdaderos: ¿cuál de esos personajes le emocionó más poner en acción?

La pregunta pasa sobre una taza de café que se enfría. “Yo quiero un cortico”, había pedido Vargas Llosa.

—Primero se me apareció Antonio El Consejero, un personaje que existió. Decidí tratarlo a distancia porque cuando intenté hacerlo desde adentro, íntimamente, lo mataba.  En la primera versión, el personaje que me estimulaba era el coronel Moreira César. En la segunda versión los lugartenientes, Pajeú, Joao Abade… luego fue el León de Natuba. Llegué a tener tres referencias superficiales sobre el León de Natuba: una aseguraba que había un escriba que anotaba todo lo que decía o hacía el Consejero; un personaje así donde había más del 90 por ciento de analfabetismo me interesó mucho. Otra referencia fue que su nombre era León de Natuba, de un sitio llamado Natuba; y la tercera que era un monstruo con deformaciones físicas. Poco a poco se convirtió en una obsesión para mí, me conmovía muchísimo ese personaje, en ese mundo tan primitivo y analfabeta. Representa algo así como lo más patético que tiene el intelectual, la confusión, lo indefenso, la impotencia de esa pluma rasgando el papel… Después me interesaron el periodista miope que es Euclides Da Cunha, sin cuya historia se habría olvidado casi enteramente lo de Canudos. También el Barón de Cañabrava toma fuerza luego y llega a entender el malentendido general que fue Canudos… a Galileo, el extranjero, lo tenía para otra obra pero encontró en La guerra del fin del mundo su lugar.

De improviso desea explicar que investigó bastante antes de escribir la novela “no por fidelidad sino para mentir con conocimiento de causa”. Cuenta que uno de los Vilanova sobrevivió y ya anciano fue entrevistado por un periodista, que escribió un libro muy relativo porque Vilanova estaba demasiado anciano.

—¿Sabe? estuve en un poblado brasileño llamado Bon Jesús y allí se conserva intacta la iglesita que construyó Antonio Consejero. Tenía aún el letrero que él ponía a sus iglesias: “Deus es grande”. Ahí entramos en una casita donde estaba una ancianita limpiando maíz. Hablé con ella sobre Canudos y me sorprendió, porque estaba completamente convencida de que Antonio Consejero está vivo —“espero verlo”— me dijo la viejecita.

Vargas Llosa disfruta esa experiencia. La viejecita le sirvió para crear al personaje que al final de la novela dice que a Joao Abade se lo había llevado un ángel.





LA FAMA

—¿Qué tipo de tristeza le ha traído la fama?

—Sobre todo —explica— complicaciones, pérdida de libertad, de privacidad, tienes siempre que tratar de defender tu tiempo. Quisiera quedarme viviendo en Lima, pero debo irme a Europa para poder escribir. La televisión convierte a uno en un objeto público, invadido, asediado por cosas diversas, unas importantes y otras tontas pero que me quitan tiempo. La fama crea enemigos, los amigos de repente se vuelven enemigos y no sabes por qué. Te odian a muerte. El ser figura pública es algo muy mediatizante. Yo deseo libertad para romperme la cabeza si quiero… la fama te petrifica a la larga, si no luchas y sobre todo si no te convences de que lo importante es no sentirse importante. Pienso que si mis libros no hubiesen sido editados en el momento justo y por una editorial importante, tal vez habrían pasado desapercibidos.



Él participó en una marcha que se hizo en Lima como protesta contra la represión hacia los obreros polacos, y señala que la izquierda peruana mostró un cambio positivo en su mentalidad al participar en esta acción.


Tygodnik Solidarność (Solidaridad Semanal): Primer periódico legal semanal  del sindicato polaco Solidaridad "Solidarność" antes de la ley marcial en Polonia. Imagen tomada de Wikipedia.


Sin embargo, manifiesta que “el socialismo en libertad parece cada vez más remoto”.

 Como vicepresidente del Pen Club, apunta que es una cosa terrible la lista de escritores y poetas presos que hay en muchos países de todo el mundo.

“Ningún país tiene el monopolio de la barbarie” asegura, refiriéndose al hecho de que en el capitalismo y el socialismo hay creadores presos o sometidos a la represión constante.

“Me parece una aberración incomprensible denunciar lo de Pinochet y silenciar lo de Polonia”, dice.


Mario Vargas Llosa en 1982Fotografía tomada de Wikipedia.


MIEDO DE ESCRITOR


La lluvia amenaza a Caracas y unas gotas esparcidas como polvo van mojando el exterior.

—¿A qué le teme Vargas Llosa?

El escritor confiesa: 

— Quizás a la esterilidad intelectual… Si en algún momento quedara privado de eso, que es lo más importante, realmente sería peor que quitarme la vida. Las cosas que escribo son mi manera de vivir, temo al apolillamiento en vida… me asusta. Uno descubre que hacerse famoso escribiendo no es lo importante sino el tránsito hacia el libro, escribir un libro, el ejercicio en sí mismo es lo que te hace vivir.

Se calla y luego repite: "me asusta. Escribir es mi orden vital, es lo que me organiza la vida. El momento más horrible llega cuando termino un libro… siento un vacío muy angustioso, pero cuando me embarco en otra novela se me organiza el mundo: es como un centro de gravedad".

—¿Cuál de sus libros se ha vendido más?

—No llevo estadísticas, pero creo que Pantaleón ylas visitadoras.


—No… yo admiro muchísimo Los pasos perdidos y El siglo de las luces, pero en mundo carpenteriano es muy frío, casi glacial, la prosa de Carpentier es petrificadora, congela totalmente todo lo que toca con su perfección formal y su erudición libresca… es un mundo estatuario. La acción es el eje de mi novela, el acto prevalece en ella, la cronología es casi lineal y la estructura es simple y transparente: Es una novela de aventuras.


Alejo Carpentier.

Vargas Llosa dice que, probablemente en septiembre de este año, se montará en Venezuela su obra teatral La señorita de Tacna, que ha sido bien recibida en Lima y Madrid por el público y la crítica.

El silencio parece envolverlo con un celofán a través del cual Caracas se esfuma. Antes había dicho que trata de no recordar Canudos, la historia, la novela. Ahora parece irse hacia aquella trama que revivió y lanzó al mundo. Oye los balazos, los gritos, los vivas a Dios y los mueras a la República. Miles de balazos le lanzan tierra en la cara. Se esconde detrás de un árbol de pocas hojas y tronco achatado.




Una pelota de tenis cae y con un diminuto tamborileo blanco se detiene cerca de los pies de Mario Vargas Llosa. Unas piernas doradas y suaves, y una cabellera casi albina, dan un paso hacia la pelota. Dos ojos verdes, con centros negros, observan asombrados al escritor y esas pupilas reflejan a dos Vargas Llosa tomando la pelotita con cierto temor ¿una bala?. Una mano se agranda en el video tape de los ojos femeninos. La tenista da las gracias en inglés y un tanto confundida se aleja hacia las canchas pese a la amenaza de lluvia. La faldita blanca se detiene en un ángulo de la escalera, como una banderita que ondea demasiado. Vuelve el rostro y sonríe.


El Nacional, 15 de enero de 1982.


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.



Arthur Miller: No hay nada nuevo que pueda decir sobre Marilyn

Una entrevistade José Pulido


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