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miércoles, 6 de septiembre de 2023

Nietzsche en bicicleta: LA ECONOMÍA DEL COMPARTIR con "apps" EN ALEMANIA

Nietzsche en bicicleta. Imagen tomada de Pinterest


"La bicicleta que no te mata te fortalece"

Friedrich Wilhelm Nietzsche



Estimados Liponautas

Hace algún tiempo mucho antes de las aplicaciones de los teléfonos móviles, específicamente en el decenio de los 60 un grupo de provocadores anarquistas holandeses decidieron  que la mejor forma de combatir la esclavitud el automóvil en la ciudades era la de compartir bicicletas. Así que decidieron pintar bicicletas (tres inicialmente hasta llegar a unas cincuenta) de blanco y dejarlas en diferentes puntos de Amsterdam para que fueran usadas libremente por quien las necesitara. El usuario al llegar a su destino debería dejarla en la calle para que fuera usada por otro transeúnte necesitado. El hecho de dejar bicicletas sin su respectiva cadena de protección hizo que la policía las confiscara y comenzara la pugna entre la municipalidad y el grupo PROVO. Este grupo logró alcanzar un escaño municipal en 1966 y propuso estas tres premisas: 

"1) Prohibir los coches en el centro de la ciudad, 2) Aumentar la frecuencia del transporte público y 3) Compra y mantenimiento de 2000 bicicletas blancas para su uso público". 

La propuesta solo logró dos votos a favor frente a los 35 en contra.

A largo plazo el plan de las bicicletas blancas fracasó pero fueron el inicio de esa economía compartida, tan novedosa que los indígenas americanos la practicaban, que florece en Alemania y en otras partes e Europa. No hay nada nuevo bajo el Sol, las ganas de lograr una vida más justa y solidaria permanecen en el tiempo... pero nosotros olvidamos demasiado rápido.

Esperamos disfruten de la entrada


Atentamente 

La Gerencia

 Post-Scriptum

Más de uno se preguntará  el por qué del título de la entra y de la imagen. Usamos a Nietzsche por que lo nombran en la noticia y porque creemos que es el filósofo alemán más conocido en Venezuela gracias a la película "Conan el Bárbaro"

Luego hurgando por la red conseguimos la imagen adecuada para abrir esta entrada que acompañamos con un parafraseo.

¿ Que habría pensado el inventor de Superman sobre el auge actual de las bicicletas? Nunca lo sabremos.

Otra gran pregunta que podemos hacernos es la de si la experiencia de la Bicicleta blanca hubiese prosperado en Venezuela, o si actualmente los venezolanos aceptarían la propuesta.

Lo que si es llamativo es que el ciclismo en Venezuela se ha convertido en un deporte de élite, ya que una bicicleta nueva en Venezuela actualmente cuesta alrededor de unos 100 dólares, siendo optimistas, mientras que el salario mínimo mensual de unos 135 Bs, es decir cerca de unos 8 dólares. Este salario es el que devengan los funcionarios, el estado venezolano es el mayor empleador, los trabajadores de empresas privadas pueden llegar a ganar alrededor de 100 dólares mensuales. La canasta básica en Venezuela es de 523,29 dólares. Que luego no digan que no vivimos esclavizados en Venezuela....


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Imagen tomada de Ciclosfera



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ECONOMÍA DEL COMPARTIR

Compartir con “apps” en vez de poseer


 Johannes  Zeller


Komoot: una plataforma para compartir experiencias y rutas. | Foto (detalle): © Komoot




Compartir es tendencia. Une de cada cinco alemanes ya usa “apps” para compartir, muchas de las cuales se han desarrollado en Alemania.


“En verdad os digo, quien poco posee, mucho menos es poseído: ¡alabada sea la pequeña pobreza!”, escribió alguna vez el filósofo Friedrich Wilhelm Nietzsche. Para él estaba claro que los símbolos de estatus no solo tienen un precio monetario, sino que también amarran psicológicamente a sus dueños. Sin embargo, esa “posesividad” de querer tener cosas caras y así distinguirse está perdiendo fuerzas visiblemente entre la población. Cada vez hay más personas que comparten en vez de poseer, y en cada vez más ámbitos de la vida. La economía del compartir crece.


Según un estudio de PwC, une de cada tres alemanes ya usaba en 2018 algún servicio de compartido, con una tendencia a la alza. De elles, más de dos tercios comparten trayectos en auto, herramientas o bicicletas. También son tendencia compartir coche, los bancos de intercambio de ropa y el arrendamiento de espacios sin usar. Según datos de la Unión Europea y de la Asociación de Consumidores, Alemania está muy por encima del promedio europeo.


Desde un punto de vista demográfico, quienes más participan de la economía del compartir son las personas jóvenes con un alto nivel de estudios. Les asignan menos importancia a los símbolos de estatus y perciben que poseer menos cosas es una mejora a su calidad de vida. También desde el punto de vista de la economía política tiene sentido compartir. Muchos objetos, como las herramientas, están mucho tiempo sin usarse y desperdician espacio. Al compartir, se usan menos objetos más seguido: eso reduce costos y es un manejo prudente de los recursos. A eso se le añaden ventajas sociales: las personas obtienen acceso a cosas que de otra manera no se podrían permitir; las redes locales se fortalecen por la interacción en la comunidad del compartir.

Compartir autos en la mira de les desarrolladores alemanes

Les alemanes no solo usan servicios para compartir, también los generan activamente. Casi en todos los ámbitos de la vida hay apps “made in Germany”. Sobre todo en movilidad está avanzando mucho la tendencia de compartir. Alrededor de doce millones de alemanes se interesan por compartir autos o trayectos. Para ello tienen a su disposición una amplia selección de apps y servicios, sobre todo en los centros urbanos. Por ejemplo, los coches electrónicos de CleverShuttle recorren Berlín, Múnich, Leipzig, Hamburgo, Fráncfort, Stuttgart y Dresde sin afectar al medio ambiente. Les berlineses tienen una alternativa costeable en Allygator: por tan solo cinco centavos de euro por kilómetro navegan los autobuses por la capital.

Allygator, un servicio de compartido de autos berlinés, renta autobuses. Foto: © Allygator


DriveNow, desarrollado por BMW y uno de los servicios precursores, cuenta con seis mil vehículos en toda Europa. Para que les usuaries no se pierdan entre la enorme oferta, está la empresa berlinesa Free2Move. Su app reúne a todas las opciones para compartir coche en un solo mapa y ayuda a comparar precios.


Tampoco faltan opciones para los trayectos interregionales: el trabajo pionero lo hizo Mitfahrgelegenheit.de, una startup proveniente de un proyecto de estudiantes muniqueses. La diferencia: en Mitfahrgelegenheit.de son particulares quienes ofrecen un lugar en su coche. Durante quince largos años compartieron así les alemanes los costos de los trayectos largos. Sin embargo, les usuaries rechazaron la transición hacia un modelo por suscripción y la compañía cayó en bancarrota en 2016. Entre tanto, el servicio lo asumió la francesa BlaBlaCar.


Por lo menos tan querido como viajar en coche juntes es compartir bicicletas. Desde hace unos quince años existe por ejemplo Call a Bike, el préstamo de bicicletas de Deutsche Bahn. Desde entonces, las bicicletas en renta están disponibles en 50 ciudades, y cada vez más empresas se unen al mercado.

¿La propiedad se convertirá en una rareza?

La economía alemana del compartir abarca mucho más que compartir coches y trayectos. Los alimentos sobrantes encuentran vientres hambrientos en Foodsharing.de y les ratones de biblioteca tienen una alternativa digital a las bibliotecas clásicas en Leih-ein-Buch.de. Quien quiera compartir rutas de senderismo y experiencias, puede acudir a la plataforma de la startup postdamense Komoot. La ropa y similares, por ejemplo, se consiguen en Kleiderkreisel, en Mädchenflohmarkt o en Shpock, la plataforma de venta en línea desarrollada por la startup austriaca Finderly.


La startup alemana Slock.it también aportó a los titulares, pues quiere revolucionar toda la infraestructura de la economía del compartir. Con sus ideas quiere permitir que les usuaries renten, vendan y compartan objetos por medio de la tecnología de cadena de bloques. Sus fundadores prometen más comodidad gracias a una automatización absoluta y a transacciones particularmente seguras.


Nikolas Beutin, profesor de administración de empresas en la Escuela Superior Quadriga de Berlín, cree que la economía del compartir es un vuelco que transformará a toda la sociedad: “Así como los teléfonos inteligentes suplantaron a las cámaras de foto y video tradicionales, la economía del compartir tiene el potencial disruptivo de reemplazar la propiedad en ciertos ámbitos por medio del uso ocasional de productos y servicios”.


Sin embargo, a pesar de toda la disposición a compartir e intercambiar, hay que reconocer que les alemanes prefieren tomar prestados productos que prestar su propiedad. Tan solo el 9% comparten con desconocides; el 11%, por el contrario, ni siquiera prestarían sus propiedades a extrañes.

julio 2018





Johannes Zeller es periodista independiente y consultor de medios.


Traducción: Del alemán por Hugo López Araiza Bravo


Tomado de Revista Humboldt




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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Pohttp://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films NeutrónAlfa Eridiani, Valinor, miNaturaTiempos OscurosGibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.




Enlaces Relacionados:


Eduardo Infante: La verdad ha perdido valor ante la necesidad de imponer, cada cual, su propio relato.



Cuando el futuro llegue James Bond andará en bicicleta




A favor del ciclismo urbano en Venezuela. Un comunicado emitido por diversas asociaciones de ciclistas




Decálogo de la bicicleta. Recomendaciones para que conozca sus derechos y deberes en la vía siempre y cuando no estemos en Venezuela.




La economía no es una BICICLETA, ES UN RICKSHAW.





Bicicletas y Poesía.

Las ciclovías de Fernando Pessoa en Portugal


miércoles, 13 de abril de 2022

DEL NUEVO ÍDOLO, por Friedrich Nietzsche



 Friedrich Nietzsche. Imagen tomada de ZbrushCentral.



“Estado es el nombre que se da al más frío de todos los monstruos fríos. El Estado miente con toda frialdad y de su boca sale esta mentira: “Yo, el Estado, soy el pueblo”. ¡Qué gran mentira! Creadores fueron quienes crearon los pueblos, por la fe y el amor: así sirvieron a la vida. Aniquiladores son quienes ponen trampas a la multitud, y denominan Estado a tal obra. El nuevo ídolo quiere rodearse de héroes y hombres de honor. Si vosotros le adoráis, el nuevo ídolo os lo concederá todo a vosotros: por ello compra el brillo de vuestra virtud y la mirada de vuestros ojos orgullosos. Estado llamo yo al lugar donde se llama “la vida” al lento suicidarse de todos. ¡Contemplad a esos superfluos! Adquieren riquezas, y con ello resultan más pobres. Quieren poder, y, en primer lugar, la palanqueta del poder, el oro -¡esos insolventes! ¡Todos quieren llegar al trono! Su locura consiste en creer que la felicidad radica en el trono. Dementes son para mí todos ellos, y atolondrados simios trepadores. Su ídolo, ese monstruo helado, me huele mal: todos me huelen mal, esos servidores del ídolo. ¡Huid del mal olor! ¡Alejaos del humo de esos sacrificios humanos! Todavía queda abierta, ante las almas grandes, la posibilidad de una vida libre. Donde el Estado acaba, allí comienza el hombre que no es superfluo: allí comienza la canción de quienes son necesarios, la melodía única e insustituíble.”

* * * * * *

En algún lugar quedan todavía pueblos y rebaños, pero entre nosotros, hermanos míos: aquí hay Estados.

¿Estados? ¿Qué es eso? ¡Pues bien, abrid los oídos! ¡Voy a deciros mi palabra sobre la muerte de los pueblos!

Estado es el nombre que se da al más frío de todos los monstruos fríos. El Estado miente con toda frialdad y de su boca sale esta mentira: “Yo, el Estado, soy el pueblo”.

¡Qué gran mentira! Creadores fueron quienes crearon los pueblos, por la fe y el amor: así sirvieron a la vida. Aniquiladores son quienes ponen trampas a la multitud, y denominan Estado a tal obra: suspenden sobre los hombros una espada, y cien apetitos.

Donde todavía existe pueblo, éste no entiende al Estado, y le odia, considerándole como un mal de ojo, como un crimen contra las costumbres y los derechos.

Yo os hago esta advertencia: cada pueblo habla su propia lengua del bien y del mal; su vecino no la entiende. Cada pueblo se ha inventado su lenguaje en costumbres y derechos.


Mas el Estado miente en todas las lenguas del bien y del mal. Cuanto dice es mentira, y cuanto tiene es porque lo ha robado.

Todo en él es falso; con dientes robados muerde, ese mordedor. Hasta sus entrañas son falsas.

Confusión de lenguas del bien y del mal: esa señal os doy como señal del Estado. ¡Y, en verdad, esa señal indica voluntad de muerte! En verdad, hace señas a los predicadores de la muerte.

¡Vienen al mundo demasiados hombres! Para los superfluos fue inventado el Estado. ¡Ved cómo convoca a los superfluos, cómo los devora, y los tritura, y los rumia!

“Sobre la tierra, nada existe más grande que yo: yo soy el dedo ordenador de Dios”. Así ruge el monstruo. ¡Y no son sólo los de orejas largas y vista corta los que se postran de rodillas!


¡Ay, también en vosotros, de alma grande, el monstruo desliza sus sombrías mentiras! ¡Ay, él adivina cuáles son los corazones generosos y ansiosos de prodigarse!

¡Sí, también os adivina a vosotros, los vencedores del viejo Dios! ¡Salisteis del combate fatigados, y vuestra fatiga redunda ahora en provecho del nuevo ídolo!

El nuevo ídolo quiere rodearse de héroes y hombres de honor. ¡Ese frío monstruo se complace en calentarse al sol de las buenas conciencias!

Si vosotros le adoráis, el nuevo ídolo os lo concederá todo a vosotros: por ello compra el brillo de vuestra virtud y la mirada de vuestros ojos orgullosos.

¡Quiere que le sirváis de cebo para atraer a los superfluos! ¡Sí, una infernal artimaña ha sido aquí inventada, un corcel de muerte enjaezado con el tintineante adorno de honores divinos!

Aquí ha sido inventada, para muchos, una muerte que se precia de ser vida: en realidad, un servicio íntimo para todos los predicadores de la muerte, una servidumbre a la medida del deseo de todos los predicadores de la muerte.

Estado llamo yo al lugar donde todos, buenos y malos, son bebedores de venenos; Estado, al lugar, donde todos, buenos y malos, aseguran su perdición. Estado, al lugar donde se llama “la vida” al lento suicidarse de todos.

¡Contemplad a esos superfluos! Siempre están enfermos, dan salida libre a su bilis, y la llaman periódico. ¡Unos a otros se devoran, y ni siquiera pueden digerirse!

¡Contemplad a esos superfluos! Adquieren riquezas, y con ello resultan más pobres. Quieren poder, y, en primer lugar, la palanqueta del poder, el oro -¡esos insolventes!

¡Contemplad cómo trepan esos ágiles simios! Trepan unos por encima de otros, arrastrándose así al cieno y a la profundidad.

¡Todos quieren llegar al trono! Su locura consiste en creer que la felicidad radica en el trono. -Y, con frecuencia, el fango se asienta en el trono, y también el trono se asienta en el fango.

Dementes son para mí todos ellos, y atolondrados simios trepadores. Su ídolo, ese monstruo helado, me huele mal: todos me huelen mal, esos servidores del ídolo.

Hermanos míos, ¿es que queréis ahogaros con el aliento de sus hocicos y sus concupiscencias? ¡Mejor haríais rompiendo las ventanas y saltando al aire libre!

¡Huid del mal olor! ¡Alejaos del humo de esos sacrificios humanos!

Aún está la tierra a disposición de las almas grandes. Todavía quedan muchos puestos vacantes para eremitas solitarios o en pareja, puestos saturados del perfume de mares silenciosos.

Todavía queda abierta, ante las almas grandes, la posibilidad de una vida libre. En verdad, quien menos posee, tanto menos es poseído. ¡Alabada sea la pequeña pobreza!

Donde el Estado acaba, allí comienza el hombre que no es superfluo: allí comienza la canción de quienes son necesarios, la melodía única e insustituíble.

Allí donde el Estado acaba. -¡Vedlo, hermanos míos! ¿No veis el arco iris, y los puentes hacia el superhombre?

* * *

Archivado en: -CONCIENCIA VIGILANTE — December 9, 2010 @ 9:44 pm

FRIEDRICH NIETZSCHE, Así habló Zarathustra, Orbis, 1982. Traducción de J. C. García Borrón. [FD, 06/06/2006]




sábado, 7 de septiembre de 2013

LA CARICIA DEL ANTICRISTO REVISITADA.

Una reseña del libro “Nietzsche: la moral como envenenamiento. Metafísica, historia y nihilismo”

Por José Carlos De Nóbrega



Nietzsche segun Edvar Muncho. 1906


LA CARICIA DEL ANTICRISTO REVISITADA

José Carlos De Nóbrega


Todavía hoy estoy persuadido de que la mano que escribió “El Anticristo” rozó por un momento, en un claro atardecer de otoño, al que sería autor de la “Historia de Cristo”. Giovanni Papini, Pasado Remoto (1885-1914).



SUCEDE lo mismo… / Se repite el enigma // a la menor llovizna / la tristeza se enciende / y quema lejos // como la lámpara del Cínico. 

Freddy Ñáñez, Siempre en Invierno.


Ilustración de Isidoro Reta



La certeza sólo se justifica en la precariedad del soporte que nos tropieza, esto es la carne expuesta a los juegos equívocos del lenguaje que aún perturban a la humanidad. Pisamos en falso día a día, no obstante nuestra terca militancia cultural que descansa en Occidente. Friedrich Nietzsche (1884-1900) nos tira salvajemente de las patillas, la barba o las orejas: No hay ningún estado de hecho, todo es fluido, inaccesible, huidizo; lo más duradero, son nuestras opiniones. El Orden se desmonta en el imperio de la irrelevancia, el caos y la apostasía. No importa que el status quo transite del fetichismo religioso a la plusvalía capitalista. La indagación o aproximación en torno a Nietzsche quema aún el velo del paladar, pues su afán filosófico se ha prestado por igual a las más intensas polémicas, injustas especulaciones, ridículas supercherías, e incluso magníficos acercamientos. Por fortuna, “Nietzsche: la moral como envenenamiento. Metafísica, historia y nihilismo” (primera edición bajo el sello de Fundarte, 2010) de Nelson Guzmán, reeditado por el CELARG (2013), nos lo presenta en una prosa transparente y accesible que mueve una (re)lectura atenta y harto interactiva. Este diálogo filosófico, vital y estético a calzón quitao que ambos sostienen, evidencia la desnudez moralista y el despropósito de la burguesía, sus diáconos y pontífices academicistas. La embriaguez que conduce a una pulsión comprometida por la vida, desdice no sólo al mesianismo religioso y político, sino también a un racionalismo extremo que fracasa en cosificar la legión abstrusa de adentro: Los deseos serán planteados como irresponsabilidad, el lenguaje debe saber gobernar al cuerpo, a los instintos. La palabra controla y domestica al hombre por las leyes, el fundamento se pierde en nombre de la formalidad. Por lo pronto, este libro ganará lectores agradecidos en virtud de su cualidad objetual que apunta a la exquisita colmena, no a los archivos o nichos esterilizantes.



Nelson Guzmán nos obsequia uno de sus libros más diáfanos, no en balde su compleja estructuración conceptual. El Decir provocador y radical de Nietzsche que abomina del Canon Occidental, se comenta en un tono conversado que nos recuerda a Alejandro Rossi en su plenitud expresiva (por ejemplo, su semblanza al filósofo español, “transterrado” en México, José Gaos). El discurso argumentativo, pese a su cariz flemático y calmado, se apoya en la polivalencia y el virtuosismo: La voz asume roles que comprenden al presentador, el relator, el comentarista y el benévolo traductor. Resulta sorprendente que el tratamiento que se le da a tan controversial pensador, se lleve a cabo en el ejercicio de la palabra depurada y tocable. Notamos, en especial, el encadenamiento de oraciones cortas y precisas que vindican el cultivo del aforismo: El hombre sigue inmerso en el pantano de la hipocresía. Para Nietzsche el cristianismo se ha opuesto al desenlace fatal que debe traer la sinceridad. De manera que el lector de a pie, independientemente de su condición académica, pueda acceder y participar sin dificultad en esta apasionante conversación de sobremesa.

 
Nelson Guzmán

El acercamiento de Guzmán a la obra de Nietzsche, excede el ámbito filosófico y académico: Trae consigo el entusiasmo inherente del discurso poético. Redunda en una lectura lúdica y respetuosa que va de un poeta a otro. La captación, la paráfrasis creativa, la falsificación de la voz ajena y la interpretación de los textos, obedecen a un espíritu comunitario y dionisíaco. Disfrutemos, pues, de esta muestra inobjetable: Nietzsche está hablando de las posibilidades de las metáforas, reside fuera de esa técnica de producción de conocimientos que es la razón. Nietzsche prefiere sucumbir al deleite de la palabra, a la posibilidad de creación, de la invención. Por tal motivo, la transparencia e inmediatez del discurso ensayístico es la vía más válida y pertinente para abordar el pensamiento complejo, contradictorio y explosivo del filósofo alemán. La exploración de una estructura reticular no fracasará en el armatoste barroco, por el contrario, nos complacerá en la belleza conmovedora del trazo y el tratamiento primigenio del color en el texto. El confesionario, parafraseando a Gracián, es la instancia que nos permite leer y comprender a los hombres.

Una linda seguidora de Nietzsche

El poeta y filósofo Nelson Guzmán no realiza una apología ni una requisitoria falaz a Friedrich Nietzsche que lo pervierta en una exegesis puritana. Halla su contentamiento en una exposición crítica y sentida a su obra; nos invita gentilmente a pasear por sus libros más imprescindibles, auscultando su carnadura en la musicalidad templada del río. El efecto roza -¡acaricia?- lo transgenérico y lo sinestésico, tal como lo ejemplifica Juan Calzadilla: A ras de la cordura, va de regreso el ángel de la espada infinita / sedienta detrás de las aguas del deslave de ayer. Aspectos puntuales del pensamiento nietzscheano como la voluntad de poder, el superhombre, el eterno retorno y la genealogía de la moral, son tratados con suma claridad en tanto manifestación insurgente, prevaricadora e iconoclasta en contra de la cultura occidental. El propio Nietzsche nos comenta uno de los principios de su ars bélica: yo no ataco jamás a personas, -me sirvo de la persona tan sólo como de una poderosa lente de aumento con la cual se puede hacer visible una situación de peligro general, pero que se escapa, que resulta poco aprehensible. Por supuesto, se trata de destruir el Templo Pío de la religión y la razón cartesiana, con su intoxicación ideológica, metafísica y filosófica. He allí la posibilidad del nuevo orden por venir, más allá del bien y del mal. Si lo sabrá el comentarista conspicuo que es Guzmán, desprendido del necio egotismo catedrático: Los valores ancestrales nada aportan en el desciframiento de la nueva vida, desde esa vertiente no hay otra cosa que la resignación, se ha señalado al asno como un animal afirmativo que no sabe sino decir sí y que lleva en su lomo todo el peso del mundo. Lo cual nos retrotrae el cuento “El Catire” de Rufino Blanco Fombona, indagación que se solaza en la vileza del peón catirrucio que tortura al borrico untándole la manteca del tigre. De lo que se desprende la necesidad de ahogar la cultura decadente y reactiva en su propia sangre. Nietzsche y Guzmán coinciden en la urgencia de la tarea, sólo que difieren en lo correspondiente al instrumental de la guerra: en el uno prevalece el tenor incendiario e infamante proclive al voluntarismo filosófico y afirmativo; en el otro importa la conciencia de clase como constructo colectivo y proletario a la luz del materialismo dialéctico, lo cual reconviene a la nobleza elitista del superhombre. 

Imagen tomada de aquí


Sin embargo, ambos se reencuentran en un afán crítico que liquide la servidumbre humana de manera definitiva: A ese mundo trivial es a lo que Nietzsche propone renunciar. El hombre se ha convertido en un repetidor de virtudes, los hombres copian la manera como sus amos conciben la vida. A esa conducta la llama Nietzsche decadente puesto que no hace sino repetir la tradición cultural “Yo sirvo, tú sirves, nosotros servimos”. La moral occidental, de arraigo judeo-cristiano, instituye la subcultura de la debilidad a como dé lugar (hasta el punto de someter a los aliados, v.g. algunos gobiernos europeos que doblan hoy la cerviz ante el Imperialismo histérico y enfermizo). El hombre rebelde había muerto bajo la domesticación impuesta por los libros sagrados, los discursos autorizados, el deber ser y el soso revisionismo que apuntalan la supremacía moral de los pocos sobre los muchos. Configuración del mundo pobrísima que se registra de esta manera: El hombre que anuncia Platón en la República no ve, vive reducido a las tinieblas. De allí que la prudencia platónica haya expulsado a los poetas de su Paraíso Artificial, sucedáneo poco convincente del Olimpo idealista. El Decir poético se forja su orgía y ágape dionisíacos a contracorriente de lo establecido: Entre tanto la palabra poética aguardó su turno y su tono para salir de sí, para dar a conocer al homoterapéutico que ha hecho reverdecer su césped utilizando su propio abono y condumios. No nos sometemos a coreografías contranatura que nos uniformen y resequen. Celebramos lo caótico y lo contingente en la danza rota que sacude a la aurora. Nos jactamos, acompañados por el poeta Ludovico Silva, de las sombras que reafirman la personalidad propia.

Ya queremos una franela así

En resumidas cuentas, valga una auténtica y gustosa invitación para nadar y bucear en las aguas cálidas de este precioso libro. Su autor, al igual que Tiradentes –precursor despedazado de la independencia brasileña del siglo XVII- y Doc Holliday –dentista tísico, apostador y pistolero temible del siglo XIX norteamericano-, les sacará las muelas y experimentarán al punto un arrebatamiento cuasi alucinógeno pero reconfortante. Les garantizamos que no se quedarán varados y embalsamados en el viaje.


     En Caracas, dama de compañía y trémula carne apetitosa, miércoles 31 de julio de 2013.



 Tomado de Salmos Compulsivos


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José Carlos De NóbregaEnsayista y narrador venezolano (Caracas, 1964 - Valencia, 2023). Licenciado en educación, mención lengua y literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web.

En 2015, fue profesor invitado por la Universidad de Salamanca para dictar un curso sobre literatura venezolana, auspiciado por la Cátedra Ramos Sucre de la USAL y el CENAL.


Ha publicado dos volúmenes de ensayo: Sucre, una lectura posible (Universidad de Carabobo) y Textos de la Prisa (Gobernación del estado Carabobo) en 1996. Los libros de ensayos Derivando a Valencia a la Deriva (2007) y Salmos Compulsivos por la Ciudad (2008, versión digital en www.letralia.com) han sido publicados por las editoriales “El Perro y la Rana” y “Letralia” respectivamente. En mayo de 2008, la Editorial Letralia publicó Para machucar mi corazón: Una antología poética de Brasil (serie Transletralia, versión digital en www.letralia.com), de la cual es el compilador y el traductor. En 2011 apareció el libro de ensayos Salmos Compulsivos, bajo el sello editorial Protagoni, c.a..


El Fondo Editorial Fundarte publicó el libro de cuentos El Dragón Lusitano y otros relatos, en 2013. En 2014,


Fundarte hizo públicas dos traducciones a saber: los libros de poesía Las imaginaciones / El soldado raso. de Ledo Ivo y la novela La Pasión según G.H., de Clarice Lispector. También tradujo Dispersión / Indicios de Oro, del poeta portugués Mário de Sá Carneiro.


Ha colaborado en diversas publicaciones periódicas: Poesía, La Tuna de Oro, Tiempo Universitario, Letra Inversa del diario Notitarde, Laberinto de Papel, Revista Nacional de Cultura, Imagen, suplemento Letras del diario Ciudad Ccs, el diario Vea y Fauna Urbana.



jueves, 6 de diciembre de 2012

Ignacio Castro Rey, ensayista español: “Hoy el sujeto es tan ’libre’ que no puede elegir, no puede mantener ninguna opción, tomar una decisión que le comprometa”.





“Hoy el sujeto es tan ’libre’ que no puede elegir, no puede mantener ninguna opción, tomar una decisión que le comprometa”. 

Una entrevista al ensayista español Ignacio Castro Rey


Sin dramatismo, el ensayista español se explaya en esta entrevista sobre el paradigma de control, la neutralización de la subjetividad, la “conexión masiva del narcisismo” que promueven las redes sociales, entre otros conflictos del mundo contemporáneo.

POR Pablo E. Chacón




En La depresión informativa del sujeto. Esencialismo e indiferencia (ediciones Grama), el ensayista español Ignacio Castro Rey explora cierto costado de las nuevas tecnologías de la información; conjetura sobre la supuesta ‘libertad’ que promueven esos sistemas y sostiene que el capitalismo –en cualquiera de sus vertientes– es un dispositivo de amansamiento disciplinario por sustracción. Asegura que “el sujeto transfiere a la religión socio-estatal todas las decisiones vitales, desde su medicación hasta la descendencia y su divorcio” y encuentra respuestas en la literatura: “Insisto en que, no lejos de Clarice Lispector, debiéramos volver a concebir la libertad como una negociación con lo que nos ata, una travesía por nuestra patología más turbia”. Esta es la conversación que sostuvo con Ñ digital desde Madrid.



SIN NOSTALGIA. "Ahora la contradicción entre la oferta de posibilidades virtuales y la estrechez de las opciones reales es cómica", asegura Ignacio Castro Rey.

-La idea de ‘drama de vivir’ o el rechazo a la finitud que detectás en la sociedad contemporánea, ¿implica un cambio de paradigma, un salto epocal que supone ciertas condiciones? ¿Cuáles serían esas condiciones y a qué política responderían? 

-Creo que el panorama subjetivo que intento precisar en mis libros es nuevo solamente en parte, pues arranca de fenómenos de normalización ya diagnosticados en el siglo XIX por (Max) Stirner, (Soren) Kierkegaard o (Friedrich) Nietzsche, entre otros (creo que Karl Marx se nos ha quedado un poco más anticuado). El odio a la finitud, bajo esta apariencia de flexibilidad contemporánea, no ha dejado de acentuarse y precisarse en las últimas décadas de Occidente. Al fin y al cabo, ese rechazo a la condición mortal está arraigado en el eje del capitalismo como espíritu (separación de la ‘cultura de los sentidos’, según Max Weber) y en la pasión por la seguridad de lo regular. Lo que ocurre es que, tal vez desde la Segunda Guerra, esa aversión no ha dejado de hacerse más capilar o microfísica, con la puesta en pie de un tipo de poder flexible que entra en un ‘cuerpo a cuerpo’ con el individuo.

La diferencia entre el paradigma disciplinario y el del control, según (Michel) Foucault y (Gilles) Deleuze, es justamente el cambo del sistema de encierro masivo, rígido y represivo en el primer caso, por un sistema de control de ‘geometría variable’ en el segundo caso. Esto último se parece a un poder-surf que es más maternal y sonriente que paternal y autoritario. Las paredes fijas de la autoridad permiten al menos que el individuo sepa donde están los límites de su autonomía, dónde comienza la opresión, y así pueda pensar en rebelarse. Las nuevas formas de poder basadas en la participación interactiva, en la información, la comunicación continua de una crisis que ha de ser compartida, dejan a las subjetividades inermes, sumergidas en una especie de flexibilidad cada vez más cadavérica. El ‘Post-Scriptum’ de Deleuze sobre las ‘sociedades de control’ y muchos trabajos de (Jacques) Lacan y de (Jean) Baudrillard advierten de un poder temible.

-El estatuto de la violencia soterrada, afelpada, sibilina (aparte de la explícita, brutal o como se le diga), ¿cómo opera en el sujeto? ¿No tiene algo que ver esa violencia con el miedo –la ‘inseguridad’– y con el pánico –colectivo– y la pérdida de referencias o garantías, en un mundo que sin mediaciones tiende a pasar al acto, incluso los más peligrosos?

-Es la violencia del ‘pluralismo’ y el consenso que ha penetrado en los cuerpos. Desarrollando trabajos de (Giorgio) Agamben y Deleuze, el colectivo Tiqqun (en ‘Teoría del Bloom’) habla de una neutralización sin precedentes de la subjetividad, una parálisis que tendría estrecha relación con la separación que se ha logrado, en el interior del individuo, entre la identidad y la condición mortal, entre la conciencia y experiencia de los límites, entre el deseo de libertad y la fatalidad de unas condiciones reales de existencia. En el fondo, un hombre sólo puede ser libre si atraviesa y empuña las limitaciones más íntimas que le atan. Esas ataduras (modo de ser, género sexual, carácter, cultura natal y familiar, manías, fantasmas, patología) constituyen la base de su singularidad. Elegimos dentro de esas ataduras, dentro de esa limitación de partida. Pero la violencia de la información consiste en que con una dialéctica entre miedos inducidos y promesas repartidas, ha logrado una dicotomía sin precedentes entre todas las condiciones natales de existencia y la ilusión de la libertad. Esta ‘liberación’ de la identidad de todo lo que sea arraigo crea una oscilación embrutecedora entre estados larvarios y prolongados de pasividad (como máximo de interpasividad, dice Baudrillard), donde el sujeto se mantiene misteriosamente catatónico, y brutales pasos al acto donde el sujeto intenta desesperadamente una catarsis, una realización definitiva. Buena parte de la obscenidad televisiva y de las nuevas formas de delito y crimen, a veces absurdas, no se explicarían sin esta pérdida paradójica del término medio en la sociedad de los medios, un mundo dominado por la mediación infinita. Es la impotencia de la pasividad, inducida por la religión del consenso, lo que crea esos brutales pasos al acto. Como si el yo no pudiera ejercer ya de instancia mediadora entre el ello y el superyó y sólo quedase la oscilación espectacular entre esos dos polos.

Gilles Deleuze

-En un momento del libro, la ‘indiferencia’ de la que hablás está acompañada de ignorar, de alguna manera, a quienes nos rodean, el señor que un día se levanta y ametralla una escuela o que se tira, tan feliz que parecía, del balcón. ¿Juega algún papel los dispositivos de evaluación, calidad de vida, estadísticos en ese anonimato mortífero?

-Sí, la indiferencia es el recipiente de la multiplicidad consumista del mercado, del dispositivo genérico del ‘pluralismo’ informativo que se nos ofrece. Toda la atención del sujeto a lo exterior y lejano (comunicación con desconocidos en las redes, noticias, modas, campañas de solidaridad) debe librarlo del peso abrumador de lo cercano, una cercanía que incluye tanto las sombras de la subjetividad como un prójimo cada día más demonizado: es fumador, puede estar enfermo; es inmigrante, puede ser terrorista o delincuente. Los dispositivos de evaluación constante (empresarial, social, médico, escolar) que no tienen una agencia concreta desde la que se ejerza pues su poder está extendido por todo el cuerpo social, hunden al individuo en un anonimato mortífero, una pasividad letal que se alimenta del hecho de que hoy la ilusión de delegación (el nuevo feudalismo) se ha arraigado en la más profunda intimidad. De manera que existe hoy como una transferencia perversa, pues el sujeto transfiere a la religión socio-estatal todas las decisiones vitales, desde su medicación hasta su descendencia y su divorcio. Esto tiene relación con lo que nombra la palabra biopolítica, un tipo de gestión pública que ha llevado la transparencia a los cuerpos: medicina, medicación, psiquiatría, dieta, salud… Cuando por fin ocurre en las vidas algo, algún ‘accidente’ para el que no hay ‘expertos’, y eso exige una decisión en la existencia, ya es demasiado tarde y el sujeto se encuentra desarmado. Entonces es cuando la tragedia está prácticamente servida.

-¿Podrías explayarte sobre la cuestión del ‘comunismo’, de las comunidades de pertenencia inducidas por las nuevas tecnologías de la información, y de la soledad ‘perdida’, o mejor, gestionada por la industria del entretenimiento?

-Creo que sólo hay comunidad (y ‘comunismo’) a golpe de encuentro. No hay comunidad sin presencia real, sin esa complejidad envolvente, sin el reto de un evento real que es contingente y no reversible: no se puede teclear, no tiene varios canales, ni ‘ventanas’ ni ‘pasillos’. Las tecnologías de la comunicación no ofertan comunidad, sino que venden aislamiento y agregación, narcisismo y conexión masiva del narcisismo. Ninguna clase de comunidad, menos aún comunismo: harían falta los límites, el peligro real para eso. Una cosa es utilizar como una herramienta, esclavizar esas tecnologías para forzar una nueva presencia real, como a veces se ha hecho en algunos movimientos sociales. Pero para ello hace falta que una tecnología existencial maneje esa tecnología social. Si falta tal potencia, dejamos que esos medios se conviertan en fines. Y hay una tendencia en esa dirección. El narcisismo es la cara externa del oscurantismo. Estoy con la idea de que las redes sociales son tanto un mecanismo de exposición y drenaje de la intimidad, en esa comunicación constante de idioteces, como también un mecanismo del blindaje más bobo en el individualismo, pues todos los fetiches que se intercambian (fotos personales y familiares, ocurrencias del momento, nuevos ‘amigos’) se ponen en circulación al instante: se ‘comparten’ antes de ser vividos, sufridos. Esa multiplicidad, esa publicación inmediata protege al sujeto de sí mismo, lo protege de lo que hay de intransferible en él. Pero esa protección es suicida, pues convierte el onanismo en ley. El sujeto se limita a reaccionar a las tonterías privadas que le llegan, a narrar su propia pasividad ante el escaparate del mercado. Al perder espacio y tiempo de soledad, de clandestinidad, es difícil que un sujeto así haga otra cosa que interactuar con la servidumbre voluntaria del cuerpo social. Es posible que la asombrosa obediencia masiva en las democracias, tanto o más que los nuevos movimientos sociales, se explique por estas nuevas redes de ‘geometría variable’ que atrapan al sujeto. En este sentido, Internet puede ser no menos alienante que la más nauseabunda televisión. Es preciso volver a aprender a detenerse, a desaparecer, a escuchar el silencio. Es necesario inventar interruptores de esta circulación continua que (incluso clavada en las redes) es la peor de las armas del poder, de un poder que nos expropia por dentro. Es la violencia de vivir la que nos quita el ‘sistema’. Creo que por toda clase de razones, no podemos ceder en ese punto.


Jean Baudrillard


-Las cosas ¿eran mejor antes?, ¿vale la pena pensar en un declive social? ¿Quién o qué fuerzas disponen de la adaptación del sujeto al individuo o a la persona, y con qué beneficios?  

-Es un espejismo decir que las cosas eran mejor ‘antes’, ya que siempre hubo mecanismos muy eficaces de captura. Lo que ocurre es que ahora la contradicción entre la oferta de posibilidades virtuales y la estrechez de las opciones reales es cómica. Antes, al menos, no parecía tan fácil engañarse acerca de la crueldad imperante. Digamos, exagerando un poco, que hoy el sujeto es tan ’libre’ que no puede elegir, no puede mantener ninguna opción, tomar una decisión que le comprometa. En este sentido, creo que el hombre siempre ha de retroceder a un ‘antes’ no cronológico para poder decidir. En otras palabras, retroceder a un sustrato existencial de ‘atraso’ o ‘subdesarrollo’ desde donde poder elegir, un agujero negro donde resuene el deseo. Creo que los autores clásicos, de Sartre a Lacan, de Deleuze a Agamben, que de un modo u otro aluden a una decisión no reflexiva, tienen razón. Es necesario mantener viva una región subdesarrollada dentro de nosotros mismos, una vacuola de no comunicación, desde la cual interrogar a nuestra existencia más abajo y antes de esta actualización constante que se nos exige día a día. Antes, en suma, de que el estrés de la variación constante (hoy el poder utiliza el movimiento, no la quietud) nos confunda, nos atrape definitivamente. El cuerpo social entero, en su asombrosa coherencia (que hace reciclable todo evento catastrófico), podría decirse que se mantiene por la huida de millones de átomos de vida de una zona trágica de sombra que les podría hacer ‘libres’. La huida de la tragedia, hacia la comedia, redobla la tragedia. Lamentaría parecer pesimista, pues no lo soy. Todo lo contrario, intento mantener el optimismo sin razones de la infancia… una infancia que no es tanto una edad como una sombra creadora que acompaña a cualquier edad.

-El psicoanálisis, para el cual es imprescindible el tiempo y el silencio, ¿puede dar respuestas a la hiperconectividad y a la ansiedad del ‘evento’?

-Creo que el psicoanálisis, aliado con la literatura y la filosofía, puede ayudar a liberar al sujeto de esa ilusión mortífera de liberación expresiva y constante que se encarna en el cuerpo social y su estruendo comunicativo. Para conseguir sangre fresca, el capitalismo nos obliga a todos a ‘salir del armario’, a huir del silencio y el secreto. Pero eso es una trampa mortal. Sin clandestinidad, sin zona de sombras, sin no reconocimiento, el hombre no es nada. Sin esa escena primitiva que en la modernidad se ha encarnado en la literatura (de Rulfo a Borges), en el psicoanálisis y en la filosofía, no hay nada, ni singularidad, ni decisión, ni (al menos) un modo peculiar de fracaso. Si el sujeto no empieza por tropezar con su trauma más íntimo, ninguna liberación es posible. Insisto en que, no lejos de Clarice Lispector, debiéramos volver a concebir la libertad como una negociación con lo que nos ata, una travesía por nuestra patología más turbia. Todo lo que sea aplazar ese trauma real significa también aplazar un modo de cura más duradero y ético.


Clarice Lispector

-Repito una pregunta que hacés en el libro: ‘¿Podemos temer entre nosotros una batalla sin cuartel contra el alma de la subjetividad, ese Dasein cuya esencia es existencia?’ 

-Sí, insisto en que el alma del capitalismo como cultura es su odio a la esencia de la existencia, la ‘infinitud’ que se encarna en la finitud. De ahí que por todos lados la cultura que nos rodea trate de cortar las relaciones del sujeto con lo que habla en su dolor y en su muerte. Tanto la histeria de la cobertura técnica como la incesante demonización de los alivios autónomos del individuo (el sol, el tabaco, el aire libre, la comida, el alcohol, las relaciones, el sexo) son una astucia de la razón occidental para hacer sociodependiente al sujeto. Una dependencia que después, con más medios técnicos y sociales, ya no tiene cura. Todo lo que no sea recuperar tecnologías de la vida al desnudo, tecnologías que nacen de la propia indefensión de vivir, es entrar en una vía de heteronomía que tiene graves implicaciones psíquicas y corporales.

-Y algo más: el promocionado ‘ataque de pánico’, la neurosis de angustia freudiana, ¿que pensás guarda de colectivo en ese adentro aterrorizado que impide, muchas veces, salir, estar afuera, a la intemperie? ¿Es una cuestión de temple o de la verdad ilusoria del lazo social? 

-La respuesta anterior incluye también que la cultura occidental, igual que odia la zona de sombra subjetiva desde la cual puede surgir algo singular que nos sostenga, odia también a los pueblos externos, a las culturas exteriores. La geografía y la vida de afuera (calificada sistemáticamente de ‘atrasada’ o ‘tiránica’) es una metáfora planetaria de lo que la cultura capitalista odia en el sujeto. No sólo la humanidad exterior, hasta la tierra misma está en el punto de mira. En este aspecto me parece que Deleuze pone un importante acento no eurocéntrico (lejano al racionalismo francés, a la dialéctica alemana), sobre lo dicho por Lacan y Foucault, a la hora de pensar las otras culturas. Necesitamos a los tres, más Agamben y Baudrillard, para hacer una nueva mezcla que nos permita pensar de otro modo, lo más apartado posible de un canon ilustrado que sataniza a los árabes, a los eslavos, chinos. En este punto, una vez más, la literatura y la poesía con frecuencia han ido más lejos, y antes, que la filosofía y el pensamiento conceptual. Encontraremos en Rilke, Onetti y Handke un caudal indispensable para repensar a nuestros clásicos del psicoanálisis y la filosofía.-


 Tomado de la Revista Ñ


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