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jueves, 22 de enero de 2026

GEORGE STEINER: ¡no me compare el catalán con el gallego!


Imagen tomada de aquí.





GEORGE STEINER | ENTREVISTA


"Creo que el próximo poder artístico, intelectual y científico vendrá de la India."



Fotografía de Gloria Rodríguez






"Yo intento fracasar mejor"


¡Pero no me compare el catalán con el gallego!


Mi pregunta es la siguiente: un niño que ha leído todos los volúmenes de Harry Potter, ¿leerá luego La isla del tesoro, Los viajes de Gulliver, Oliver Twist, los clásicos?


JUAN CRUZ

23 AGO. 2008 - 21:51 VET




George Steiner está a punto de cumplir ochenta años y acaba de publicar Los libros que nunca he escrito (Siruela), que ha escandalizado en muchos sitios, pero sobre todo en Inglaterra, en cuya Universidad de Cambridge ha sido un destacadísimo profesor. A él le divierte el escándalo, porque tiene que ver, imagina, con la sorpresa que algunos se llevaron cuando observaron que en ese volumen el profesor Steiner, uno de los grandes filósofos europeos, cuya edad avanzada queda desmentida por su mente despiertísima, relata experiencias sexuales muy explícitas (y propias) sin que su pudor le cortara un pelo. El ensayo que ha sido piedra de escándalo tiene que ver con el lenguaje, supone una defensa de las lenguas minoritarias, algunas de las cuales imagina él que deben ser excelentes para practicar sexo, y comienza de este modo tan contundente: "¿Cómo es la vida sexual de un sordomudo? ¿Con qué incitaciones y cadencia se masturba? ¿Cómo experimenta el sordomudo la libido y la consumación?". Claro, la obra no es sólo eso (y no es sólo ese ensayo), sino que es una inteligente mirada sobre los asuntos a los que él alguna vez quiso dedicar un libro (siete, exactamente) y que se le quedaron por el camino. Ése, Los lenguajes de Eros, precisamente, había sido arrinconado por él entre los miles de papeles que guarda en la biblioteca donde trabaja, en el jardín de su casa de Cambridge, ordenada y amplia, donde comparte la vida con su mujer, la historiadora Zara Steiner, en una atmósfera cuya felicidad se refleja precisamente en ese libro y hasta en la cocina de la casa a la hora de celebrar el verano con una copa de jerez, galletas, café y humus.


Ha sido un profesor (y un tutor) codiciadísimo en esta universidad, y aún llegan alumnos a requerir su asistencia doctoral, y él asume su edad con el esmero de quien colecciona el tiempo. Pero preserva la jovialidad de su escritura en sus ojos pícaros y divertidos, y muestra su exhaustiva erudición (como hace en los libros, "doce, y para qué más") como si fuera un narrador de historias, sin darte la impresión de que te apabulla.


En el rato ese que hubo tras la entrevista, en la cocina, hablamos de todo, y él nos preguntó a nosotros: por la situación en España, por el paro, que le parece la amenaza más grande del futuro, por Javier Marías (a quien considera uno de los grandes escritores de Europa, "y además me honró haciéndome parte de su Reino de Redonda"), por Europa En algún momento salieron a relucir las artes, que si la poesía es más grande que la narrativa, o la pintura, etcétera, y entonces se levantó de la silla de madera, ensayó algunos movimientos de su mano izquierda, como si dirigiera música, y exclamó: "¡La melodía! ¡Nada hay más perfecto que la melodía! Tú escuchas a Schubert y ahí está el misterio, no hay más". Y en algún momento, en medio del brindis que hubo después de la entrevista, Steiner dijo: "En todas las casas hay un pequeño tesoro". Y se fue. Regresó con una pequeña tarjeta en la mano y la depositó en la encimera. Era la tarjeta que el doctor Freud y su esposa enviaron a sus padres ("Con los mejores deseos", en alemán) cuando éstos contrajeron matrimonio en Viena, el 3 de abril de 1921 Y allí donde hablamos, silencioso, el piano que fue de Darwin. Te lo enseña como si te mostrara un sueño, y luego te guiña un ojo, "vamos a tomar jerez". Durante la entrevista, cuando le insistimos sobre el dolor histórico (es hijo de la diáspora judía, sus padres padecieron la guerra mundial y la persecución nazi, él es consecuencia de la gravedad política de la época, y también de la nutritiva cultura de entreguerras), Steiner dejó claro que ese asunto ya estaba dicho, liquidado, y cuando pasó la hora, su reloj mental, el del profesor estricto que además no usa cronómetro, levantó el dedo y dijo, tajante: "Se cumplió la hora".


Pero si subrayamos esos dos detalles de la larga conversación estaríamos manipulando ese rato, que fue cordial y hondo, una conversación en la que este premio Príncipe de Asturias de la Comunicación se comportó como si fuera en efecto, y él lo dice, el cartero de un conocimiento y de una disputa intelectual que tiene pocos parangones en Europa. Y no te arroja ese conocimiento, lo comparte. Esa actitud es lo que hace de este ensayo de ensayos, Los libros que nunca he escrito (editado también en catalán por Arcadia: Els llibres que no he escrit), una obra que parece la caja negra de su pensamiento, y de sus diversiones. Como él, es divertido y hondo, extraño, como la prolongación de su autobiografía, Errata, y como el anuncio de más polémicas que prolonguen su idea sobre Europa, sobre la crítica literaria, sobre el terrorismo, sobre el Estado de Israel y sobre los judíos. Este hombre es como un río que además se ríe. Y se ríe sobre todo por lo que ha escandalizado a sus colegas, y no sólo, con este libro.


Así que se han escandalizado 

Sí, muchos. Nunca se ha preguntado nadie cómo es la vida sexual de un sordomudo. Lo han hecho acerca de la de los ciegos, pero jamás sobre la de los sordomudos.


Una pregunta inquietante. 


Porque las preguntas importantes muchas veces son inquietantes. Hay un comentario bellamente desagradable de Heidegger sobre por qué la ciencia resulta tan aburrida. Él dijo que era porque sólo tiene respuestas.


Había una pintada en Ecuador que decía: "Cuando por fin teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas". 


Es verdad. Pero las preguntas pueden ser inquietantes, y las preguntas en torno a lo erótico lo son. Aún no tengo ninguna teoría, pero quisiera que este ensayo sirviera en un futuro a psicólogos, sociolingüistas y gente preparada para que comenzaran a estudiar estos asuntos o por lo menos a seguir preguntándose sobre ello.


Pero lo que usted ha escrito no es sólo un ensayo; es algo más autobiográfico. 


A mí me gusta llamarlo ficciones. Borges consideraba que las ficciones eran verdades. Pero también son verdades imaginarias.


Al leer este ensayo en particular, 'Los lenguajes de Eros', uno podría pensar que usted no tiene ningún pudor, ningún miedo a las posibles consecuencias.


 ¡Por eso no escribí el libro, ja, ja! Escribí un ensayo, siete ensayos en lugar de siete libros. Estoy a punto de cumplir los ochenta años, y como no estoy para escribir siete libros, escribí ensayos sobre lo que me hubiera gustado escribir y por qué no lo hice. La mejor definición de la vida la hizo Samuel Beckett: "Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor". Yo quise fracasar mejor, y es lo que intento decir con este libro.


Esa frase de Beckett la usa usted en un contexto en el que habla sobre la tristeza y el pesimismo.


 La tristeza y el pesimismo, sí. ¿Sabe por qué soy tan poco popular entre mis colegas académicos? Hay una razón muy sencilla. Siendo joven ya dije que había una diferencia abismal entre el creador y el profesor, o editor, o crítico. Y a los colegas no les gusta escucharlo. El capítulo más difícil de escribir en este libro, Envidia, es precisamente sobre esa relación con los profesores. Fue una pesadilla escribirlo. Sudé en cada frase. ¿Cómo se siente uno al vivir rodeado de los grandes sin serlo? Fui el miembro más joven de la Universidad de Princeton, ahí vivía al lado de Einstein y de Oppenheimer, y ahí supe qué eran los gigantes. Fíjese en ese pequeño retrato que hay ahí [un retrato dibujado de él en su juventud; debajo pone, en italiano, Il postino, el cartero]. Yo quiero ser el cartero, quiero que me llamen El Cartero, como ese personaje maravilloso en la película sobre Pablo Neruda. Es un trabajo muy hermoso ser profesor, ser el que entrega las cartas, aunque no las escriba. Mis colegas detestan escuchar eso. ¡La vanidad de los académicos es enorme! Derrida dijo que toda la literatura, hasta la más grande, es un mero pretexto. ¡Al infierno con Derrida! Shakespeare no es un pretexto, Beckett no es un pretexto, no lo es Neruda, no lo es Lorca


El cartero (y Pablo Neruda) - Tráiler

https://m.youtube.com/watch?v=PmuGRQ4HEbc


Se enfada usted con Derrida. 


Lo del pretexto es un chiste de mal gusto. Somos los carteros y somos importantes. Los escritores nos necesitan para llegar a su público. Es una función muy importante, pero no es lo mismo que crear.



No, no es lo mismo. 


Me gustaría contarle una anécdota. Hubo un poeta contemporáneo llamado Nash que tradujo al poeta francés François Villon. En su famosa balada Las nieves de antaño había una línea en la que Villon venía a decir que la mujer ha envejecido: su pelo, escribía        en francés, ya no es dorado, sino gris. Nash, en su manuscrito, lo tradujo así: "El brillo le cae del pelo". El impresor cometió un error y escribió: "Un brillo cae del cielo". Es una de las frases más hermosas de la poesía inglesa, ¡y se debe al impresor! Cada noche le pido a Dios que me envíe un impresor que cometa un error que me haga grande.


En este libro en concreto, que no es una autobiografía, casi todo lo que se dice se puede relacionar con su vida. Por ejemplo, cómo su padre le enseñó a aprovecharse de los libros. 


Recuerde que vengo de una tradición judía muy antigua. La palabra rabino significa profesor, y en el judaísmo la figura del profesor es inmensamente valorada. Han sido cuatro mil años de una tradición de profesores excelentes, y mi padre quiso que yo fuera profesor. Se alegraba cuando publicaba poemas, pero eso no es lo que él quería para mí. He escrito ficción, y ha sido muy traducida, pero es una ficción intelectual, cerebral, alegórica. Son novelas que contienen ideas. Pero otra cosa es ser creador. Ah, la inocencia de un gran creador, el misterio de crear


Un misterio distinto que el misterio de enseñar. 


En la universidad en la que trabajaba solía venir a cenar Henry Moore, el escultor británico. Cuando abría la boca para hablar de política o de otros temas, decía estupideces. Pero cuando hablaban sus manos, te dabas cuenta de que era un gran creador. El misterio de un gran creador es un misterio. No sabemos cómo ni por qué se crea una gran melodía o cómo o por qué se pinta un cuadro. Produce una gran alegría el poder explicar esto y hacérselo llegar a la gente. Pero nunca mezclo la creación con la enseñanza. Un profesor es un profesor.


En algún momento dice usted, con respecto a la novela, que hoy ése puede parecer a veces un género prehistórico.


No, yo colocaría a Proust, Mann, Joyce entre los mayores creadores. Lo que quiero decir es que quizá las novelas estén llegando a su fin, porque en el mundo de hoy nos llegan infinitas imágenes e historias directamente a casa. Dudo mucho de que tengamos otro Proust, otro Faulkner. Los grandes maestros contemporáneos escriben de manera breve. Fíjese en Kafka, lo fragmentario que es. Hoy Shakespeare sería un guionista.


¿Y quiénes serían los novelistas de hoy día? 


Hmmmm, es muy difícil contestar a esa pregunta. Creo que Mario Vargas Llosa lo es. La fiesta del chivo es indudablemente de las mejores novelas de hoy. También lo es Cien años de soledad, de García Márquez. El tambor de hojalata, de Günter Grass. Hijos de la medianoche, de Rushdie. Philip Roth es quizá la persona más inteligente que haya, y su trilogía sobre la política norteamericana es magnífica. Pero la forma en sí misma de la novela está peligrando. La gente busca formas más experimentales. ¿Por qué resultan mejor escritos los libros de historia, de sociología o incluso las biografías? La prosa de Lévi-Strauss es mejor que el libro de cualquier novelista francés. Incluso hay economistas que tienen más estilo escribiendo que los propios novelistas. Los historiadores, como sir John H. Elliott, escriben de maravilla. Han aprendido de la novela, y lo aplican. Pero mire lo que sucede ahora. Un chico escribe un libro; si tiene suerte, se lo publican, y está dieciséis días en las librerías, y de inmediato lo retiran del mercado. Así, ¿cómo se van a hacer escritores? Si esto hubiera ocurrido en tiempos de Joyce, él nunca habría resistido. Sin embargo, fíjese en el caso de J. K. Rowling, que nadie entiende.


¿Usted tampoco lo entiende? 


No. He mirado los libros y me parece que emplea un vocabulario difícil, una sintaxis difícil. Hasta ella, J. K. Rowling, muy humildemente, tampoco se explica el porqué de su éxito. Mi pregunta es la siguiente: un niño que ha leído todos los volúmenes de Harry Potter, ¿leerá luego La isla del tesoro, Los viajes de Gulliver, Oliver Twist, los clásicos? Mis colegas que han estudiado este fenómeno dicen que no, que los niños que hayan leído a Potter no leen después a los grandes clásicos. Y eso es triste.


Ella misma se hace sus preguntas, nos lo dijo en Edimburgo. 


Todos teníamos la esperanza de que con Harry Potter se iba a volver a los clásicos con los que se empezaba a leer. Pero no lo creo. ¿Sabe que la Unesco tiene una lista de libros más leídos del mundo? Y sólo hay un título francés.


Déjeme adivinar: 'Madame Bovary'.


Oh, no, qué dice usted. El principito. Y eso es alarmante. Se venden millones de ejemplares todos los años. Pero la gente no lee Madame Bovary.


¿Cree que debemos estar preocupados por esas listas? 


Sin duda. Indican qué libros y en qué momento fueron best sellers. Hubo un tiempo en que fueron Balzac y Dickens. Hay una diferencia abismal entre el genio experimental de escritores como Borges o Beckett y el público en general. Es muy probable que millones de personas lean literatura en formato de cómic. Hace poco leí una versión de Hamlet en formato de cómic y me resultó brillante. Redujeron el texto a momentos esenciales, y seguro que Shakespeare habría dicho: "No está mal. Mi texto era demasiado largo". Ja, ja, ja.


Esa reflexión se parece a algunos aspectos de su libro, donde discute la confrontación cultura-medios y el futuro de la cultura. 


La cultura del futuro no será nuestra cultura. La cultura elitista y humanista que conocemos sólo pertenece a unos cuantos. Recuerde que voy a cumplir ochenta años y empecé antes de cumplir los veinte a publicar artículos sobre por qué la cultura no se enfrentaba al fascismo o a los nazis ¿Qué ocurrió? Aquí tenemos países con culturas superiores, tenemos las mejores escuelas, el mejor teatro, la mejor música. Y estos países nuestros se han convertido en infiernos. Y no sólo los países, sino que hay artistas grandes que se unen al fascismo. Nunca he dejado de hacerme esta pregunta, y aunque no tenga la respuesta, sí puedo decir que la cultura y el humanismo no son enteramente inocentes ni positivos. Walter Benjamin decía que toda gran obra está colocada encima de una montaña de inhumanidad. Es una verdad incómoda.



Lo es. 


Pero no seamos enteramente pesimistas. Fíjese en la cantidad de gente que asiste a las exposiciones, los museos están llenos de personas, en los conciertos no se cabe. Son signos muy positivos. Sí, lamento la cantidad de librerías que se están cerrando, y que sean más rentables ahora las industrias de la pornografía y de la droga. Esto es lo que uno debería preguntarse: ¿cómo puede ser que estas industrias sean las más poderosas en el universo del que estamos hablando? Estamos en peligro, sí, pero también es cierto que hay signos positivos. Nunca debemos olvidar que durante el esplendor de Florencia, en los tiempos de Miguel Ángel, Leonardo y los Medici, cada mes morían asesinadas muchas personas bajo el Ponte Vecchio. Nos olvidamos de cuánta salvajada ha existido en las grandes culturas.


¿Y el futuro? 


¿Qué nos depara el futuro si evitamos la guerra? Evitar la guerra supone problemas de superpoblación. Mire los jóvenes: se aburren, un día van a acabar con los viejos, no sabrán qué hacer con ellos. Somos un animal muy primitivo. Hay peces y virus que son más antiguos que el hombre. Tal vez estemos sólo al principio de nuestra historia. Quizá no hayamos aprendido a unir nuestro instinto y nuestro raciocinio.


Qué panorama. 


Es muy fácil sentarse aquí, en esta habitación, y decir: "¡El racismo es horrible!". Pero pregúnteme lo mismo si se traslada a vivir a la casa de al lado una familia jamaicana que tiene seis hijos y escuchan reggae y rock and roll todo el día. O cuando mi asesor venga a casa y me diga que desde que se mudó a mi lado la familia jamaicana el valor de mi propiedad ha caído en picado. ¡Pregúnteme entonces! En todos nosotros, en nuestros hijos, y por mantener nuestra comodidad, nuestra supervivencia, si rascas un poco, aparecen muchas zonas oscuras. No lo olvide. Mire el problema vasco. ¡Cuánto me equivoqué con este tema! Cuando el asunto del IRA estaba llegando a su fin, publiqué un artículo considerando que con ETA pasaría lo mismo. Y no, ETA sigue matando.


¿Qué pasa? ¿Cuál es su opinión? 


No lo sé. Ese idioma tan misterioso es muy raro, muy poderoso. Quizá por eso a alguna de esa gente le resulta tan imposible aceptar el mundo exterior. Pero no estoy seguro de nada. De lo que sí que no tengo dudas es de que es un problema gravísimo.


¿Insinúa que el idioma es la raíz del problema? 


Quizá. Pero, cambiando de tema, me han dicho que hay una universidad en España en la que es obligatorio hablar en gallego.


Igual que es obligatorio en Cataluña compartir el catalán con el castellano. 


¡Pero no me compare el catalán con el gallego! El catalán es un idioma importante, con una literatura impresionante. Pero el gallego ¿por qué ha de ser obligatorio en una universidad?


Porque dicen que es una parte esencial de su identidad.


Pero eso significa que vamos a seguir dividiéndonos en pequeños grupos regionales, y eso despierta el odio étnico, como el que existe en los Balcanes. ¡Fíjese también en lo que está ocurriendo en Bélgica!


En España también hay nacionalismos muy potentes, y en algunos de ellos, como en el vasco o en el catalán, hay fuerzas queriendo independizarse de España.


Yo vivo en cuatro idiomas, escribo y pienso en cuatro idiomas, sueño y hago el amor en distintos idiomas. Así que no soy la persona más adecuada a la que preguntar por los nacionalismos.


De eso, de hacer el amor en varios idiomas, habla usted también en su libro.


Por eso defino la traducción simultánea como un orgasmo. Estoy muy orgulloso de esta idea. Es divertida y quizá lleve a un mejor entendimiento de la situación. El orgasmo compartido es raro. Normalmente, la mujer simula tener un orgasmo al mismo tiempo que el hombre. Son demasiado generosas. Pero cuando ocurre ese orgasmo simultáneo es verdaderamente un milagro.


En el caso de España, ¿tendremos que vivir siempre con nuestras divisiones?


Puede que vaya a peor. Porque el Gobierno tiene muy poca elección. Lo que ocurrió en Irlanda es un milagro; puede que no le guste Tony Blair, pero si a ese hombre no le dan el Nobel de la Paz Estuvo negociando durante diez años sin perder los nervios ni la paciencia. Que eso no se pueda hacer igual con los vascos, no lo entiendo.


Lo han intentado. 


Es muy trágico Ahora bien, déjeme volver a Cataluña. Hay tres lugares en los que uno está realmente en Europa. Son Dublín, Barcelona y Milán. Cuando te sientas en un café en La Rambla o en un pub de Dublín o en La Galleria de Milán, Europa funciona. Madrid está mucho más aislado de Europa que Barcelona. Madrid es una ciudad fantástica, una de las capitales del arte en el mundo, pero sigue estando aparte. Barcelona está abierta al mundo entero, y creo que es porque tiene el mar.


En este libro, que es compendio de libros fracasados, usted habla de la maldad humana, pero lo compensa hablando del lado solidario de los seres humanos, de la compasión, de la amistad


 Sí, todo eso está en cada uno de nosotros, y depende de las circunstancias. Si nos hacen pasar hambre, nos volvemos unos salvajes. Si hacen daño a nuestros hijos, somos capaces de matar a sangre fría. No olvidemos que somos animales.


Y otro asunto que le preocupa es que esos personajes, precisamente, están siendo relevados por estrellas mediáticas.


Hegel decía que toda nueva tecnología es una nueva filosofía. Bill Gates o sus ingenieros han cambiado el mundo. Google ha cambiado la percepción, la memoria, el cómo nos comunicamos. La tecnología es la fuerza más creativa del momento. Del mismo modo que el cine y la televisión son las formas más creativas de expresión. Sí, están llenos de basura, pero toda gran cultura ha tenido mucha basura. Hay una o dos revoluciones que se avecinan y tienen que ver con el trasplante de la memoria. Según estudios recientes sobre la memoria, no estamos muy lejos de implantarles chips de memorias a personas con alzheimer. Les darían un pasado artificial. Si eso ocurre, ¿qué pasa con el yo?


¿Y la otra revolución?


Está por llegar, me da mucho miedo y francamente prefiero no estar vivo. Podremos vivir una media de 120 años. Muy pronto podrán rejuvenecer células. Seremos reemplazables, como el motor de un coche. Hoy, ser un investigador de biogenética es estar subido a una escalera mecánica que va cada vez más rápida. ¿Qué pasará cuando los jóvenes tengan que cuidar y alimentar a tanta gente mayor? La próxima guerra civil puede ser ésta.


Parece el tema de una novela de Saramago.


De una novela, y de una pesadilla. Los jóvenes de hoy tienen que pagar impuestos, residencias de ancianos, la comida, la casa. Hay cada vez más ancianos. Creo firmemente en el derecho a la eutanasia. Es un horror envejecer sin dignidad. Antes, las familias más o menos se podían hacer cargo de sus ancianos. Pero ya no pueden. Quizá la próxima crisis sea generacional.


¿No la hay ya? 

No, estamos conteniéndola, hoy los jóvenes no andan por ahí asesinando a los viejos. En ciertas culturas esquimales lo hacen. Cuando llega el invierno, los jóvenes obligan a los mayores a salir de la casa o del iglú, a morir, para que puedan sobrevivir los jóvenes.


¿Y existe alguna luz, profesor, se ve algo después del túnel? 


Hay países emergentes, culturas que se van imponiendo, China, por ejemplo. Creo que el próximo poder artístico, intelectual y científico vendrá de la India. Tenemos muchos alumnos chinos y son muy buenos tomando notas y diciendo sí a todo. Sin embargo, los indios discuten, te preguntan


Por cierto, ¿usted usa nuevas tecnologías? 


No. Mi mujer tiene un procesador de textos e Internet, pero yo no. Escribo a mano. No creo que se pueda escribir literatura importante en un procesador de textos, porque siempre te parece bonito lo que has hecho.


En las nuevas tecnologías es curioso que lo que determina el futuro se llame 'ratón'. 


Ahí está, conduciendo a millones de niños a conocer, sin moverse de casa o del colegio, todo el Louvre o la primera versión de un soneto de Góngora. Eso es maravilloso. Pero soy un optimista de la catástrofe. Le voy a poner un ejemplo. En las trincheras, durante el blitz, la gente leía a Dickens, a Homero y a Shakespeare. Cuando las cosas van mal, la gente vuelve a la calidad. Sienten un vacío enorme y un ansia de calidad.


Su padre le enseñó a aprender, a gozar aprendiendo, y usted sigue aprendiendo. 


Todos los días.


Se le nota, sus libros transmiten entusiasmo por aprender.


Fui muy afortunado, porque me enseñaron a usar los músculos de aquí arriba [de la cabeza]. Aprender es usar los músculos del alma y de la mente para que no se duerma. El cerebro está tan bien organizado que si uno lo ejercita, se producen cosas maravillosas. Y llega un momento en el que se empiezan a abrir puertas hacia dentro. Si eres un buen profesor, ése es tu trabajo: abrir las puertas hacia dentro. Fui muy feliz haciendo ese trabajo.




George Steiner on Myths and Music

https://m.youtube.com/watch?v=oKh7edvRvF



GEORGE STEINER ✏️ La obra narrativa de un maestro de la lucidez

https://m.youtube.com/watch?v=oriJR-aghc0




https://elpais.com/diario/2008/08/24/eps/1219559211_850215.html




 

miércoles, 9 de octubre de 2024

David Hayman: el Ulises, de Joyce, no entrega sus encantos a la primera lectura

 




David Hayman: "Para disfrutar a Joyce hay que tener sentido del humor"


Entrevista con el autor de la "Guía del Ulises"


EL PAÍS


JUL 02, 1980 - 18:00 EDT



«El Ulises es uno de esos libros que hacen a sus lectores", ha dicho a EL PAIS David Hayman, autor de una Guía del Ulises que permite seguir ese libro con fama de difícil como quien camina una ciudad o un mundo. David Hayman pasó por Madrid para concretar proyectos editoriales que se relacionan con la vasta secta joyciana y con los Archivos de James Joyce, de los que es uno de los codirectores. Profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, se especializa en los autores de lo que él llama «la estela de Joyce». En esta guía, según él mismo dice, ha tratado de poner en funcionamiento, expresamente, esa serie de elementos y referencias que hacen falta para comprender y, sobre todo, gozar el libro de Joyce.



Sobre la razón por la que hizo esta Guía de Ulises, traducida al castellano recientemente por la Editorial Fundamentos, dijo David Heyman: «De entrada, hay que indicar que Joyce es todo un mundo inabordable, a primera vista, para el lector común. Muchos lectores empiezan, Ulises y leen algunas páginas, las encuentran difíciles, incluso cuando no lo son tanto si hicieran un pequeño esfuerzo, y dejan el libro o el libro se les cae de las manos. Yo he hablado muchas veces con personas inteligentes, que consideran que el Ulises es ilegible. Pero yo diría que bastaría con poner un poco de fuerza de voluntad unida a cierto sentido del humor para sacarle el jugo y el juego a ese gran libro. Para esto hay que ponerse a la tarea teniendo en cuenta que el Ulises, como otras grandes obras, no entrega sus encantos a la primera lectura. Precisamente con mi libro he intentado ayudar a abrir el Ulises sin complicar aún más lo ya complicado (cosa que sucede frecuentemente con los libros de muchos especialistas), y al mismo tiempo quería añadir dimensiones originales que representan nuevas perspectivas en el estudio de esta novela de Joyce y pueden ser leídas y comprendidas por el lector medio. Digámoslo así: mi libro intenta ser el cascanueces que facilita la tarea de abrir el libro para poder saborear sin excesivas dificultades el contenido».Efectivamente, la acusación más habitual a Joyce y a los joycianos está en la dificultad de su lectura. Y también, en la supuesta desvinculación de esta literatura, acusada de elitista y descomprometida, respecto a la realidad. Todos estos mitos rompe David Hayman, que introduce en su libro claves para facilitar su comprensión. «Antes que nada», dice David Hayman, «tengo que decir que he intentado ponerme en el lugar del lector común, ese lector que yo era cuándo me acerqué al Ulises por primera vez, para encontrar fórmulas de lectura válidas a las preguntas que plantea la obra de Joyce. No hay que olvidar que Joyce, antes de ser un intelectual muy especial, era un hombre de la calle, preocupado y fascinado ante todo por la condición humana. El problema primordial que se planteaba Joyce era encontrar una forma susceptible de organizar lo particular, es decir, la vida de Dublín en cierto día de 1904, en lo universal. De tal modo, que un lector de otra cultura y de otra nacionalidad pudiera aprehender lo esencial y acabar encontrándose a sí mismo en ese laberinto que es Ulises. Conviene señalar, además, que el Ulises es uno de esos libros que hacen a sus lectores. Finalmente, el lector de Ulises, después de haber recorrido sus páginas, (y mi libro es, ante todo, eso, una guía, incluso en un sentido casi turístico), se encuentra alterado incluso hasta el punto de que existe en el libro en tanto que personaje. Para comprender todo esto es útil tener en mente una serie de elementos dispersos que libros como el mío intentan reunir y hacer, en suma, más accesibles».


Por fin, sobre las dificultades y enredos a los que él -y los lectores del Ulises- se tienen que enfrentar, dice David Hayman: «Cuando escribí el libro fue, finalmente, para darme el placer de seguirle la pista a los aspectos ocultos detrás de los pasajes del Ulises que me intrigaban e impresionaban de forma especial. Puede imaginarse mi satisfacción cuando comprobé, por ejemplo, que Joyce tenía, en efecto, un sistema de narración muy sutil, que consistía, a lo largo de la primera mitad de la novela, en controlar la visión con la ayuda de un narrador bien definido, que daba la impresion de ser objetivo. Es decir, que había una voz determinada en cada capítulo. Y en los capítulos dominados por esta voz aparecían una serie de voces parásitas que iban cambiando en cada capítulo, para convertirse finalmente en una especie de superpersona que yo he llamado el arreglador. Es decir, para representar la jornada soleada del Ulises, la densidad de la vida consciente de los hombres, Joyce había creado una voz de áspecto neutro. Después, para representar la noche oscura del alma, y finalmente, de la humanidad, Joyce encontró un truco: no una voz, sino una multitud de voces, en las cuales se pierde uno para acabar encontrándose. Todo esto, claro es, mezclado con los cruces de las alusiones culturales y de los cambios de estilo en cada capítulo».





«Lo que yo pretendí fue dar una visión global de la novela y de la experiencia de la novela».


Tomado de El País



lunes, 30 de septiembre de 2024

Eugenio Montejo: Blaga, el rumano, vivirá lo que viva su lengua una de las más hermosas y más apta para el arte de la poesía






Ensayo sobre Lucian Blaga

BLAGA, EL RUMANO

 

 

 

   Cuando en 1956 los académicos suecos consideraron el otorgamiento del Premio Nóbel de Literatura, ganado finalmente por Juan Ramón Jiménez, un nombre había entre los finalistas casi desconocido fuera de Rumania, su patria, casi desconocido todavía entre nosotros: el del poeta y filósofo Lucian Blaga. La más oriental de las lenguas románicas, la lengua de la tierra adonde Ovidio fue deportado, asomaba por una de sus voces mayores el vigente reclamo de atención a la -madurez de su lirismo. En la obra de Blaga, sin duda, podían verificar una alta concreción de la poesía rumana. Uno de esos momentos en que el espíritu de un pueblo cristaliza en algunos libros que ponen de manifiesto vasta tradición y acendrada experiencia colectiva.

 

   Resulta difícil, después de tanto, estimar el resultado del premio concedido a un poeta de nuestro idioma, sin solidaria satisfacción. Difícil resulta también, cuando el demonio de la objetividad ronda cerca de nosotros, desconocer que Blaga, el rumano, lo habría merecido con solvencia nada inferior al andaluz. A la postre, consignando tal parecer quizá otorguemos al famoso premio una importancia mayor que la señaladamente publicitaria que éste suscita. Pero el hecho que tiene ver, de modo vidente, con la proyección de las lenguas actuales en el ámbito occidental. El asunto adquiere notoria importancia entre los escritores de nuestros días, sobre todo entre aquello que, por heredar un campo lingüístico de influencia restringida, ven limitado el conocimiento de sus obras sólo en un número reducido de lectores.

 

   A la hora del exilio no han sido pocos los que, al mudar de tierra, tuvieron que mudar la lengua. La mudanza es tan dolorosa como arriesgada, y sólo en raras ocasiones resulta recompensada a por el éxito. Lo contrario es, como se sabe, siempre más probable, El ruso Nabokov pudo, gracias a su genio, convertirse en maestro de la moderna prosa inglesa. El rumano Cioran es hoy merecidamente reconocido, si no por su pensamiento, acibarado y cáustico, sin duda por el señorío del buen estilo francés que ha logrado hacer suyo. Sabemos que la poesía, lo sabemos por los poetas desde Ovidio y Dante, puede soportar el exilio y sobrevivir en la tierra nueva; más difícil es, sin embargo, pedirle que sobreviva cambiando de lenguaje. De otro rumano, Mircea Eliade, recordamos su reiterada preocupación por el tema. En su Diario una y otra vez vuelve a referirse al triste destino de quienes se ven fatalmente replegados a las cortas fronteras de sus lenguas de origen. Con insistencia poco convincente, Eliade menciona el caso de Blaga, su amigo, y de otros rumanos, tal vez sin reparar en que la cantidad de sus posibles lectores cuenta muy poco en la misión que se proponen. Digamos también que Eliade, al anhelar un cambio de lengua por parte de tales creadores, acaso desee que las más difundidas logren vislumbrar algo del arte que se oculta en aquellos idiomas menos divulgados. No sé qué habría podido pensar Lucian Blaga, políglota calificado, que poseyó el alemán desde su niñez, sobre el intento de verter su canto en moldes ajenos, pero no es extremado suponer que prefiriese la mudez a la privación de su idioma natal.

 

   La mudez, en todo caso, fue el ámbito de su privilegio. Se sabe que en su infancia tardó más que el común de los niños en articular palabra. Por ello, no se aparta de la verdad cuando, al componer en plena madurez su breve y enigmático Autorretrato, se dibuja a sí mismo en estos términos:

 
Lucían Blaga es mudo como un cisne. 

En su país, la nieve del ser

ocupa el lugar de la palabra.

 

   Por otra página del Diario de Eliade llegamos a enterarnos de lo incómodo que a éste le resulta en ciertos instantes su visita a la casa del poeta, cuya conversación se limitaba a uno que otro vocablo pronunciado cada tres minutos. Lo más extraño, pese a todo, le ocurría al despedirse, cuando la señora Blaga lo instaba a volver, agradecida por tanto como hacía hablar a su marido. La mudez de Blaga contrasta, sin embargo, con el ingente volumen de su obra, impresionante por su variedad, que comprende la reflexión filosófica, el ensayo humanístico y literario, trabajos científicos en el campo de la biología, la traducción de cinco idiomas que dominaba a perfección y el destello de su propio lirismo, única porción de su obra que hasta ahora parece tentar a los traductores occidentales.

 

   Lucian Blaga nace en Lancrarn, Transilvania, el 8 de mayo de 1895. Lancram, al que llama en poema filial " pueblo de lágrimas sin remedio". Pueblo de la región que en otro tiempo formó parte del imperio austro-húngaro y que quedaría incorporado a Rumania a partir de 1918, Hijo, como Gottfried Benn, de un Pastor instruido, Blaga asiste en su niñez a una escuela alemana, más tarde sigue estudios de Teología y obtiene finalmente su doctorado en Biología en la Universidad de Viena, hacia 1920, La Viena de Wittgenstein, para decirlo con el título del magistral estudio de Allan Janik y Stephen Toulmin, que es también la de Freud , Shoenberg, Kokoschka, Karl Kraus y tantos otros espíritus notables. En la capital austríaca pudo imbuirse no sólo en el pensamiento científico y filosófico, sino también en el movimiento expresionista, una dirección espiritual de la que su obra, no obstante, su sello personalísimo, se reconocerá deudora. Desde el inicio alternará su producción en ambas vertientes, atraído a la vez por el conocimiento y el misterio. Una búsqueda múltiple que parece ofrecernos en su tentativa otra comprobación del llamado complejo fáustico, el de la insaciable necesidad de conocer. Y al señalarlo hemos de anotar que dejó, por cierto, al decir de Da rio Novacianu, la más lograda traducción rumana del Fausto de Goethe.

 

   En 1919 aparecen sus Poemas de la luz; y los aforismos de Piedra para mi templo, a los que seguirían una docena de títulos de poesía, otros tantos de teatro y tres densas trilogías filosóficas: la del conocimiento, de la cultura y del valor, que, sepamos hasta ahora no divulgadas fuera de su patria. Esta obra multiforme y reveladora es también la de un silencioso diplomático, cuya carrera se cumple sucesivamente en Varsovia, Berna, Viena y Lisboa, de donde regresa definitivamente a Rumania. Fallece en Cluj, en 1961. Habría podido sumarse a la diáspora que aventó por el mundo a tantos de sus coterráneos. Blaga prefirió en cambio el exilio hacia dentro, la vecindad inenajenable de su tierra. Lo que es un memorable ensayo definió como "el espacio miorítico", el espacio de la Mioritza, la oveja de la célebre balada rumana, le era imprescindible para vivir.

 

   Poemele Luminii (Los poemas de la luz) es el título que dio a su primera obra lírica, el mismo bajo el cual, atinadamente, han reunido sus editores rumanos la casi totalidad de su producción poética. En pocos líricos contemporáneos la reiteración de las imágenes lumínicas alcanza un sentido tan preferente en el alfabeto de sus visiones. Se trata, por momentos, de una contemplación profunda, que parece surgir del fondo 'arquetípico de la memoria, asombrada ante los relámpagos de la caverna platónica. Esta contemplación de la luz, en el juego dialéctico de claridad y oscuridad, viene asociada, como afirma Ramul Munteanu, si no con una visión trágica, al menos sí con una expresión angustiosa, que desnuda el ser y está lejos de proporcionarle, como a otros artistas, sentimientos de seguridad. "¿De dónde viene la luz del paraíso?/ Yo lo sé: es el infierno que lo alumbra con sus llamas", escribe en un texto en que es posible advertir algún lejano eco de Blake.

 

   En Blaga van a convivir, a lo largo de su vida creadora, un poeta y un filósofo en tan cordial acuerdo como para reforzar sus mutuos aportes sin acarrearse hostilidad alguna, vale decir, sin que el uno se adueñe de la voz del otro. El desconocimiento y el misterio constituyen los dos polos por los que su sensibilidad se muestra intensamente atraída, pero en ningún momento el yo lírico disputa sus hallazgos a su doble, el versado filósofo. No pueden tomarse por tanto sus poemas como meras ilustraciones de sus teorías, como ya lo advierte Munteanu. Y diríamos más: acaso porque sabe como pocos abordar el pensamiento sistemático, no se siente tentado a contagiar el poema con la rigidez objetiva del intelecto. La hondura que logra trasmitirnos es la de la palabra poética aislada en su propia revelación, -la que emana del diálogo sentimental con la tradición de su lengua y de sus gentes. Observemos que la misión que reconoce al poeta es la de un redentor, la de alguien capaz de "sacar las palabras de su estado natural y llevarlas a su estado de gracia". Declaración de fe vecina; en cierto modo, a la proclamada por Mallarmé, que distingue al poeta como el señalado para purificar las palabras de la tribu, si bien Blaga se halla lejos del credo glacial y por instantes deshumanizado del maestro francés.

 

   Acaso la frecuentación temprana del expresionismo, de la cual va a librarse no obstante después, preservó su escritura poética de la frialdad razonadora que, en los tiempos actuales, en grave contraste con el arte del pasado, es objeto de un culto tan frecuentado. Otra razón la hemos de hallar en la atención que reservó a "la cultura popular folclórica;' y "más específicamente a la creación anónima nacida del espíritu cristiano como de la proveniente de herejías", donde creyó reconocer la verdadera fuente de la creatividad rumana. Una devoción próxima, en este caso, a la manifestada por Antonio Machado respecto del acervo popular español.

 

El arte de Blaga, aunque se nos aparece cabalmente inserto en las circunstancias de su hora, ahonda y rezuma las experiencias de una tradición, al punto que parece recorrido por un ansia intemporal, confrontado siempre con las preguntas de todos los siglos. Es moderno, porque moderno es su tono, la presentación de sus imágenes y la construcción del poema, pero su modernidad no resulta adrede ni declarativa. Al reparar en que le tocó vivir en una época sacudida por sucesivos experimentos en todos los géneros del arte, la fidelidad a su propia voz adquiere el distingo de un mérito infrecuente. Como Supervielle o Ungaretti, como Machado o Saba, sus contemporáneos, Blaga cava en el hontanar de su lengua, de la cual apenas se reconoce un fervoroso traductor: 

Aun cuando escribo versos propios 

 no hago más que traducir. 

   Traduzco siempre. Traduzco 

 para la lengua rumana 

 un canto que mi corazón 

 suavemente va dictándome en su lengua.

 

   Con los años su poesía, confrontada con sus hondas ralees mitológicas, va profundizando gobernada por una desnudez ascética. Ascética, aclaremos, no en el sentido que hoy se traslada al término en la crítica de poesía, para aupar cierta mutilada sequedad huérfana de toda gracia. Es verdad que esta obra no acusa alteraciones ni cambios de óptica que distingan de modo ostensible los hitos de su periplo creador. En tanto que espectador y participe en las convulsiones artísticas que tienen lugar a comienzos de siglo, Blaga se nos presenta sorprendentemente unitario. Si abandona ciertos recursos expresionistas, visibles en su comienzo, ello resulta de su lealtad a la voz rumana, que él prolonga, tanto como de la atención reveladora con que su palabra busca encarnar el espacio miorítico. Pero en lo esencial la propensión aforística, el registro de las imágenes, la obsesión angustiosa por la luz, "el fantasma del tiempo" y el tono denso e impredecible que gobierna su universo lírico serán siempre reconocidamente los mismos.

 

   A su primer libro ya citado pertenece el siguiente poema, donde fija para siempre la sugestiva proposición d su itinerario lírico. Me permitiré citarlo íntegramente porque creo que nos deja ver, pese a la mengua de la traducción, algo de la precisión verbal y la difícil gracia que hacen de su autor uno de los más altos poetas europeos de nuestro tiempo:

 

Yo no aplasto la corola de milagros del mundo

 ni destruyo

 con la mente los misterios que hallo 

 en mi camino, 

 (en las flores, los ojos, sobre labios o tumbas. 

 La luz de los otros 

 estrangula el insondable hecho oculto 

 en abismos de sombra, 

 pero yo, 

 yo con mi luz multiplico el misterio del mundo. 

 Y así como la luna con sus blancos rayos 

 no disminuye, sino trémula, 

 torna más grande el misterio de la noche, 

 así yo enriquezco también el sombrío horizonte 

 con estremecimientos de sagrado misterio

 y todo lo que es incomprensible

 se convierte en misterio más grande todavía
 
 ante mis ojos 

 porque yo amo

 flores y ojos y labios y tumbas.

 

Blaga, el rumano, vivirá lo que viva su lengua. En el actual mapa lingüístico de Occidente, la suya no sobrepasa los mares ni desborda los límites de la tierra que nombra; es quizá, desde una perspectiva literaria, la menos difundida entre las neolatinas, pero él nos invita a comprobar que es también una de las más hermosas y más apta para el arte de la poesía. Pudo escribir en otras que dominaba y asegurarse, de este modo, más amplia audiencia; pudo también traducirse. En su elección de lealtad a la voz de su tierra se concreta, a mi ver, una sabiduría y una dignidad que nos hablan tanto como la grandeza de su poesía.

 



Este artículo fue tomado de la Revista de la Universidad de México, nueva época, diciembre de 1983.

 
 


Eugenio Montejo (Caracas, 1938-Valencia, Venezuela, 2008) es uno de los poetas venezolanos de mayor trascendencia del siglo XX. Se desempeñó como profesor universitario, investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, director literario de Monte Ávila Editores y diplomático, siendo consejero cultural de la embajada de su país en Lisboa (1988-1994). Vivió algunas temporadas también en Francia, el Reino Unido y Argentina. En la ciudad de Valencia (Venezuela), cofundó las revistas Azar Rey, Poesía y Zona Tórrida. A partir de la década de los sesenta su labor como escritor empieza a difundirse y, a partir de los ochenta, a conocerse internacionalmente, con traducciones al inglés, el portugués, el italiano y el francés, entre otros idiomas. En su país recibió doctorados honoris causa de la Universidad de Carabobo y de la Universidad de los Andes, así como el Premio Nacional de Literatura, en 1998; en México, en 2004, el Premio de Poesía y Ensayo Octavio Paz.

 

En Pre-Textos se han publicado: Obra completa Tomo III. Blas Coll y los colígrafos (2023), Obra completa Tomo II. Ensayo y géneros afines (2022), Obra completa. Poesía I (2021), El cuaderno de Blas Coll y dos colígrafos de Puerto Malo (2007), Fábula del escriba (2006), Papiros amorosos (2002), Partitura de la cigarra (1999).

 
Lucian Blaga (1895-1961) fue uno de los creadores más importantes de la primera mitad del siglo XX de Rumanía. Personalidad polifacética, es autor de más de cincuenta libros de poesía, teatro, filosofía, traducciones y memorias. Su obra poética, iniciada en 1919 con Los poemas de la luz, continúa en vida del autor con Los pasos del profeta (1921), En el gran tránsito (1924), La alabanza del sueño (1929), En la divisoria de las aguas (1933), En las cortes de la añoranza (1938) y Los insospechados peldaños (1943). La edad de hierro, Navíos con cenizas, La canción del fuego y Qué oye el unicornio son libros póstumos publicados en el volumen Poemas en 1962.

 

Fuente biográfica: Editorial Pre-Textos

 

Tomado de Revista El Golem

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