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martes, 15 de septiembre de 2020

Alberto Hernández: Encuentros sobre parientes tierras





Alberto Hernández: Encuentros sobre parientes tierras

           

I



“Yo sé que él está vivo
A todo lo ancho y largo de su cuerpo.”
Heberto Padilla.



Muchas veces, he entrado en el polvoriento hemisferio, señal, de una dedicatoria, como abriéndome más espacios, los cuales, con pie de solo miramiento, recorro siempre suspendida de la mano amasando navíos de vientos arenosos, rozando el solo temblor de escuchar la sangre que entretejo con la prudencia de la palabra; pero el impulso de cabalgar sobre la noche de intentos y el exilio es humano, para el acatamiento de este buen comienzo.  Entonces, me acoplo a los descosidos velos, volcando el anuncio de la Entrada arrastrando luz de doliente lámpara, esa, apoyándose, en la memoria del silencio, del tiempo trascurrido sobre parientes tierras, pulsando propio surco por paraje costa: - Uno regresa muchas veces del silencio. Busca el / lugar donde una vez dejó una palabra, pero no encuentra / el sonido que podría salvarlo.-. Otorgando, una obertura mediante el mensaje de blanco silencio, mientras, desde ese lugar, sopla una fría brisa, juntándose con la niebla encantados refugios, arropando distancias que parecieran esconderse a toda promesa durante las horas de asombro: encuentros, con el giro eterno de aquellas manos hilando personales destinos, retornando desde ese más allá, ahora, el poeta, - los hombres saben de estos asuntos, de cartas de odio / escondidas en los chalecos de la familia. Saben de / palabras ocultas en baúles y piedras-.

Ovillando lo que se escurre, dentro de su espacio, tratando, de recolectar los reflejos que se anudan con la sabia experiencia de las heridas en viva hoja: lugar de acuerdos cuando -La historia es esta orilla. -, regresando, del peregrino oleaje instante, una y otra vez con la piel de tantas alzadas manos, señalando remolinos de búsquedas habitadas, cruzando sus huellas el rostro a partir del silencio del este, y al oeste, el olvido, -Lugar ajeno a la mirada. Mis pasos muelen la arena / que huye de la casa, como si el mar hubiese encontrado / descanso -. Asimismo, de justo, estampando, ya el territorio por parentesco, el poeta, nos va atrayendo del mismo modo como se descansa en el olvido, abriendo el hallazgo la destreza del encuentro con aquellas palabras, como sí esos baúles con memoria de piedra, estaban esperándole justo, a un final de sepultada tierra: arena, reconciliándolo con nuevos silencios, perteneciéndole a la vida, a la soledad que ingrata nubla otros aires: - En la ventana otra mujer identifica la voz que viene / de la calle. Sabe que en las manos trae verduras y / pescados. Siente la entrada por la puerta de roble -; entretela propia del recuerdo, sacudiéndolo desde muy adentro, para despojar el agua de su boca. Madre o hermana, infinita, la mujer aguardando, como espejo que trae otros velos avivando el sediento pan de avenencias: - lo mira –atrás queda la cortina-/ colocar los/ alimentos en las mesas; se arrellana en la silla y cuenta las/ últimas monedas-. La escena, gira al fin, se comprende la sequía en el cuerpo, desnudo por un estacional semblante, temblando aún, sin el ruego vuelo, quedando prisionero de todas las tierras por recorrer eternamente con la imagen subterránea, resguardo, de la más exigente de todas las pasadas lunas, la que puebla lo descendiente dentro del originario árbol.

 Sólo el poeta, él solo por los oscuros senderos encarna la caída rama, con un despojado fuego, ahogándose dentro de él, con la savia brevedad del diálogo, y lo despunta traspasando la redondez en el poema, siendo notorio, la evidente textura poética  de su liberado aliento, por estos caminos cuando se ensortija el umbral de callada infancia: -La casa vieja, el solar hecho ciudad: la noche se pierde / en los cuentos del hombre: los niños se tapan los oídos con los pasos /de los grumetes/ de una historia inventada (ahora lo sé)-. Dando aquella media vuelta, inscrita en el tiempo, mientras, el padre, hijo por el presente, dan el círculo preciso pasando muy bien por las esquinas de las congénitas huellas que, a su vez, -Callamos y volvemos siempre/ a los mismos lugares.-.

Un cumplido retorno, derramado por la intención de anidar un poco más la sensación de la visita con los silentes días: desamparo tormento de inquietas almas, que hoy están en un plano más seguro: el de la palabra: -Para cruzar el desierto/ hay que imitar a las cabras: // corremos sobre aquel mar/ lleno de barcos bajo tierra.-.  Los recuerdos, como agujas, se tienden ante sus ojos, son los anteriores, son los encuentros con las apariciones familiares, aquellos, que ya se alude como la pesada mano de la edad, como esa puerta de roble, donde, - El gallo del oeste vuelve de la tarde-.

Lo vivencial, revela, un ayer en su inmortal hoy, recuperándose del olvido; arqueándolo, a través de su perteneciente tono poético narrativo, las diferentes voces con las cuales Alberto Hernández, teje este viaje, de agasajo por legada herencia, íntimo, en su perduro destierro: -Soy de ese lugar de silencios/-. Naciente reconocimiento desde la Entrada, con un dejo reflexivo, a la vez aceptación de lo expresivo, en cada signo que vierte, dando un sentido de fidelidad, de transformación de la temporal imagen: misma, metáfora de lo conocido, levantándose para el descanso de aquellos sellados años, puliéndolos, dándoles brillo desde lo oculto en la memoria, para después asomarlos sobre su desnudo verbo, - Vivimos de voces apagadas. Todos los que no han / regresado ocupan el sitio conservado por nuestras/ manos, negaciones y anhelos // Qué palpo -entonces- cuanto tampoco estoy-. 


II



“Yo no sé si los viejos regresarán
un día por el sitio
en que uno los perdió cuando niño.”
Heberto Padilla.


Transitorio, en lo fugaz del instante habitado, Alberto se medita, trajeando, su cuando no estoy, abrigando la continuidad uniendo voz por lluvia lágrima, apareciendo, el luto, mientras avanza por los lugares donde se destierra al evocado reflejo, sólo en la orilla del mar, esperando que las lanzadas puertas, retornen a la misma orilla, sin embargo, las desgranadas voces, se introducen muy bien en la paciencia del próximo cimiento: -Paso a paso / la tormenta/ llega hasta la casa: // sólo los rumores de esa gente / que no conozco-. Alberto, continúa escarbando, tiempos y suturas regresando del otro lado, cuando ya en el segundo intento, duele la despierta pérdida por cambio de piel: presencia ausente de este lado, de igual modo, es aliento etéreo, con la cual dialoga: -Tú no puedes hablarme. Respiras con dificultad y / sonríes porque de todas maneras ya habías olvidado la / vida, ya habías entendido que esa forma de alejarte era también // un juego, un impecable asunto // una forma de entrar en la muerte-.

Espesura alojándose, dirigiéndose a ella como tembloroso invierno, no mezclado con el riesgo que asume en desbocar ya en exilios, la fría repuesta levantando pliegos, amarillentos del igual modo como la propia mar los regresa, - Oyes en la distancia el nombre que buscas. La luna se / deja seducir por el día, y no te importa. Sigues esperando / la voz, ilusión que no olvidas para no perder el / sueño, la araña que surte de manchas la pared de / aquella casa-.

Vinculado a lo simbólico muy puntual alzando el templo, la pariente puerta abriendo mucho más los pasillos de aquellos que pasan, para recrear la casa, (su templo) como diría Bachelard, -La casa nos brindará a un tiempo imágenes dispersas y un cuerpo de imágenes-. Del mismo modo, el poeta, nos las da, como cuerpo, como estatura de un tiempo colmado de vivencias, que hoy se expanden, cautivadas por su memoria: paralelo encuentro con la araña cubriendo lo sentido a través de su voz originando un espacio poético, visualizándose él, entre las manchas en la pared, para luego mostrarse en la belleza humana como un cuadro perteneciente a la misma pared de aquella casa: -Tengo un solo cuerpo, el que usas / Incómodo, desnudo, lejos de mí / Sin lugar para abandonarlo. –.

En ese ir y venir, Alberto Hernández, nos presenta la desnudez de la infinita realidad del préstamo de la vida; por lo tanto, fijamente, será el eterno ritual renovado: ser, el cuerpo de la casa, la habitada o la deshabitada, a la que volvemos con atuendos del mismo viaje, abrazando sólo las puertas, al final, eterna existirá la casa, la de la infancia, la de la ciudad imaginaria, la materna, como parte, –Del origen sólo nos queda el polvo-. Y por esa cruzada regresa, más atento del lenguaje, de las percibidas voces que se han entrecruzado con su diálogo, todas familiares, amigos o vecinos,  que en – una orilla aérea lo recibe-,  entre ceremonias, sembrando el paso con el sonido del padre a la mitad del camino, mientras, ya el espacio es lejano; aún así, el poeta, puede apreciarse frente al mar, con el solo olor, -Sin embargo, / me instalaré en este sitio-, abriéndole este muy suyo universo: señal de la última puerta, siendo aquella igual Entrada cuando nos detuvo con su soplo arrojo del aviso, donde ahora el mismo poeta se detiene, incrustando más barcos en arena toda, rodeando silencios y olvidos, -asido a la mudez/ pronuncia llegada y despedida-.


La serpiente que se muerde la cola: totalidad, con dominio de la palabra, juntando lo creado, lo intrínseco de la estimulada forma de arrinconar la arena en un solo brío del aire, conservando su arraigo vínculo de sangre y tierra en el propio costado de la muerte: -Cierran la puerta y comienza realmente la noche. -; hundimiento del postigo, mismo roble, brotando por un siempre amén del nudo arco interno en su mar de escoltas. Por ellos, por los que surgieron de lo real imaginario de Alberto Hernández, por el viaje, por el largo sueño, por las parientes tierras, aliadas siempre de este su inicial aviso en la Entrada: Las voces que se asoman en este libro representan / la imagen de un instante, un hecho que la imaginación / propició para que nadie abuse del olvido.-. Y para no despedir personales habitaciones por la llegada de la sombra, esperándolo, junto al borde -trecho andado, ya sin piedras, sin sobresaltos-, concedido por el movimiento esférico de su compromiso con el discurso escrito, enlazado al subterráneo cielo colmado de mágicos signos, goteando otro cumplido saludo, espejo reflejo frente a la –su- puerta: - En las líneas de la mano los planos de la casa. Recientes / son los sueños de levantarla para aguardar nuevos / miedos en las palabras no pronunciadas.


Intentos y el exilio. Ediciones Mucuglifo.

Milagro Haack


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Milagro Haack, poeta, ensayista, artista corporal y visual. Se desempeña activamente como promotora cultural. Nació en Valencia, Estado Carabobo, Venezuela, el 29 de noviembre de 1954.  Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela. Noviembre 2007. Actualmente, reside en valencia y dirige un Taller permanente de Diálogos de Literatura y Orientación Poética “El Retorno a lo Humano”. Se dedica a la trascripción y corrección.

Libros publicados:


 “Temple Ajeno”. 1990. “Puertas que no me Pertenecen”. 1991 (Mención Honorífica Bienal Latinoamericana José Rafael Pocaterra 1987–1988). “Luto de otra Boca”. 1992. “Cuarto de Ceniza”. 1994. “Antología Poética”, “La rama bifurcada”, Poetas del Estado Carabobo. 1986-1994. “Cuadernos Cabriales N° 54”, editado por el Ateneo de Valencia. “Cenizas de Espera” 2003. “Cinco mañanas juntas” 2003 “Lo callado del silencio” (2004). Antología de Escritores del Estado Carabobo: "Palabras de Anunciación y de otras Adyacencias" (Editado por la Alcaldía de Valencia en homenaje a los 450 años de la ciudad de Valencia. Noviembre 2007). Escritoras venezolanas ante la Crítica. IV antología de la Asociación de Escritores de Mérida. Venezuela. Fondo Editorial Ramón Palomares. 2008.

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*Alberto Hernández, poeta, narrador y periodista, nacido en Calabozo en octubre de 1952. Egresado del Pedagógico de Maracay, realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Dirige El Suplemento de "El Periodiquito" de Maracay, en el estado Aragua. En el año 2000 recibió el Premio "Juan Beroes" por su obra literaria. Ha obtenido números reconocimientos y premios literarios. Autor de numerosos libros, entre ellos se pueden citar: "La mofa del musgo", 1980, "Amazonía", 1980, "Última Instancia", 1989, "Párpado de insolación", 1989, "Ojos de afuera", 1989, "Bestias de Superficie", 1993, "Nortes", 1994, "Intentos y el exilio", 1996, "Puertas de Galina", 2001, "Poética y desatino/Aforismos", 2001, y "Slovenia", 2001, "Fragmentos de una misma memoria”. Ha sido invitado a la Universidad de San Diego, California, Estados Unidos, la Universidad de Pamplona, Colombia, entre otras. Encuentro para la presentación de una antología de su poesía, publicada en México, Cancún, por la Editorial Presagios.  Es un gran promotor de la cultura de nuestro país.

lunes, 18 de febrero de 2019

Cinco Mañanas Juntas: Un poemario de Milagro Haack






Crónicas del Olvido

“CINCO MAÑANAS JUNTAS”,  DE MILAGRO HAACK

**Alberto Hernández**

“La voz entrecortada, asida a la imagen, a los sonidos que la albergan, prestigian la senda de este libro de Milagro Haack. En esta ocasión, como en ´Luto de otra boca´, la autora abreva en el poema cortante, despojado pero cargado de significados”.

**A.H.**

1.-

Podría parecer un lustro dentro del poema. Son muchos y muchas las referencias, los instantes vividos mientras el texto se elaboraba. La poesía afirma y niega, se hace tiempo y espacio, orbital porque gira mientras es pronunciada. La hora de su elaboración se resume en cada mañana, en cada amanecer mientras el cuerpo se habitúa al clima y se aposenta sobre las ideas.

El poema que corta la respiración. Ese texto afilado, cuchillo, que traza una línea entre la mirada y el soplo del aliento. La poesía se queda instalada mientras su autora saborea el café frente a las primeras horas que se hacen semana o devuelven el giro de las horas a su deseo de escribir lo que ha visto.

Con “Cinco mañanas juntas” Milagro Haack (Umbra Editores y el Fondo Editorial de la Secretaría Sectorial de Cultura del Estado Aragua, Maracay 2003), su autora confirma su vocación poética, al añadirle de sus libros anteriores el tiempo para consagrar las palabras que no dejan de acosarla.

Con este volumen se topa con el ella público y casero. La poeta es la voz de su silencio. La alternativa única de saberse parte de los sonidos que muchas veces interfieren entre el bocado verbal que la asimila como mujer y el tiempo que la señala como experiencia.

2.-

Por estas páginas pasa la infancia, también la mujer ya hecha, formada, la mujer que no deja atrás la memoria, que la conserva y la usa como escenario para labrar las palabras, los versos que hacen de esas “mañanas” instante para no dejarse llevar por el ruido citadino.

Pero también la mujer/ niña.

Por algo Saint John Perse y E.S. Eliot forman parte de este conjunto de textos, que se ha hecho organismo vivo. El primero reza: “Infancia, amor mío, no hay más que ceder… ¿Y lo dije, entonces? /Yo no quiero aún esos lienzos por remover, en lo incurable, / en las verdes soledades de la mañana…¿Y lo dije entonces?/ no hay más que servir/ como una vieja cuerda”.

Eliot se aproxima con estas líneas: “¿Quién es el tercero que camina siempre a tu lado?/ Si cuento, sólo vamos tú y yo juntos/ Pero si miro hacia delante por el camino blanco/ Siempre veo al otro caminando junto a mí”.

Ese alguien, el que se ha ido para siempre, carne y sangre cercanas, el hermano que ya no está, es la savia de estos dolores de la memoria que Milagro Haack entregó a los lectores en estas hojas que hoy leemos de nuevo.

3.-

“Le ruega
a la raíz sacar el retiro
impuesto
sin ningún equipaje

Cuadro uniformado
de cinco mañanas juntas
se ignoró

en la modesta visita”.

Todas las lecturas posibles, el misterio de su contenido. El momento de ese tiempo, la partida, el extrañamiento de ese quien avalado por la ausencia convertida en mirada mientras el día comienza. Y han sido cinco los momentos, los que armonizan con el poema para hacerse poesía, esa intrusa, arribista, que toma por asalto el sorbo de café y el parpadeo de las primeras horas.

Allá lejos –tan cerca- ha quedado la infancia, el aroma del desayuno, la silueta de la montaña, la persistencia de los recuerdos. El amado que se va para siempre, “el pequeño cuerpo/ sobre la cama (…) empapado de una extraña ausencia (…) dentro del vestido de la hermana/ saliendo por la puerta/ que da al patio (…) con sobrepeso en sus zapatos/ de los nunca saboreados/ caramelos/ caminando    Dios/ hacia tu castigo   soportable”.

Es asunto de estarse en el poema, ese instante, el momento en que ese “pequeño cuerpo” se debate entre la fiebre y la mañana que se junta en relieve con el patio. ¿Cuántas miradas bastaron para construir el poema mientras esas mañanas se acumulaban en la memoria? ¿Cuántos referentes posteriores, señales verbales, corporales, espirituales para elaborar el ánima del poema?

Cada texto –invención voluble, verbal, consonante- representa un retiro al silencio. Quien escribe calla mientras pule con su alma los versos que habrán de celebrar o tributar una vida. Y en estos poemas de Milagro Haack la lectura promueve un homenaje a aquel que aún está en el imaginario familiar o personal. Alguien anda por ahí en el poema hecho poesía. Alguien que ha sido cultivado con el recuerdo se mueve entre los versos. Ese misterio que a veces es moderación o escándalo, el afecto, el amor como patrimonio humano.

El poema lo descubre sí:

“Resuelve/ ya decir mucho que llorar/ llamándote/ por todo el sonido/sordo y descalzo a los pies/ hermano/ que opuesto no alegrarse/ le gusta solo  sueño/ / ya decir lo mucho que llorar/ rincón/ ahora   deseando/ que/ la abraces”.

El largo sueño de la muerte habita en cada vida aquí señalada, porque el texto poético se asume como proximidad en el que no tiene afinidad con quien se ha ido. Cada poema es una oración, una veneración, la solidez de la brevedad de la existencia, pero sin olvidar que el olvido también forma parte del recuerdo. El olvido es memoria acumulada, escondida. En este caso, la memoria aviva el misterio del texto, a veces incomprensible, porque así ha sido el dolor, el desgarramiento: unas mañanas que se juntan para expandir el tiempo.

AsÍ:

“No pretendo/ olvido/ que te parezcas al señuelo/ impuesto a temprana edad por sortilegio/ sólo/ conoce lo engañoso de su camino/ azulando hasta el arco sonido// materno antojo// vestido de sola mudanza/ que ya descoser   anunciado líquido/ desahogo/ sabiéndote// Ave de Paso”.

Eso fue, un instante, un vuelo emergente, un rato en la vida, “ave de paso”, poema que se lee y se recuerda cada día, cinco mañanas juntas para jamás olvidar.

Esta lectura promete muchas lecturas. Este libro se abre como un abanico para permitir la abrupción de otros recuerdos: la madre, el paisaje que se cubre de interiores, la sombra, una niña que se pasea entre las palabras, ella, la misma poeta: el luto, pasos y Dios, la poesía.

4.-



Milagro Haack nació en Valencia, estado Carabobo, Venezuela, en 1954. Estudió dibujo en la Escuela de Bellas Artes “Arturo Michelena”. Así mismo, ha realizado talleres de lectura y poesía en el Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo.

Ha publicado los poemarios “”Temple ajeno” y “Puertas que no me pertenecen”, entre otros. Con éste obtuvo mención honorífica en la Bienal José Rafael Pocaterra (1990-1992). 








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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 

miércoles, 2 de enero de 2019

MILAGRO HAACK: «LA POESÍA NO ES DÉBIL, ES PERENNE»






Milagro Haack es una poeta, ensayista, artista visual y promotora cultural venezolana. Su labor poética ha sido merecedora de distinciones y reconocimientos. Su voz poética representa una de las voces de ineludible lectura dentro el panorama de la poesía venezolana. Esta conversación revela su definición personal de la poesía, su encuentro con el poema, su proceso creativo y la evolución de su escritura a través del tiempo.

¿Qué es para Milagro Haack la poesía?

La poesía es mi el enlace con la vida, con el infinito. La poesía, es lo invisible de ese más allá que no podemos eludir.

Para Gibran «Un poeta es un rey destronado», para Huidobro «El poeta es un pequeño Dios». ¿La poesía es potencia? ¿La poesía es debilidad?

Cada instante es un tiempo vivido. Hay estelas de un dios o un rey, eso es el círculo de andar todos. Siento lo humano permanente. La poesía es energía vital, es la debilidad de lo humano, porque no es inmortal, más ella, la poesía no es débil, es perenne, así lo siento.

¿Recuerda su primer contacto con la poesía? ¿Cuál fue el detonante que la llevó a escribir un poema?

Recuerdo que desde muy niña leía en la casa a mi abuela paterna los poetas del siglo de oro español, era una costumbre leer o escuchar a otros leyendo. Sin embargo, hay un instante que no dejo a un lado. Fue cuando descubrí una antología de Poetas de Latinoamericanos, en una venta de libros usados cuando caminaba hacia la Escuela de Arte Arturo Michelena en Valencia, muy cerca del colegio donde estudiaba. Fue un gran encuentro con Borges, Girondo, Huidrobo, Vallejo, Neruda, Paz, Lezama Lima, entre otros. Un infinito librito muy usado que aún conservo.


Escuela de artes Arturo Michelena.Foto: Cortesía de Geczain Tovar

La escritura de un texto, me llegó junto a mi deseo de danzar, la cual realicé por un buen tiempo. Con el dibujo, que aún me acompaña. El teatro que lo disfruto. Dentro de la música, que sólo pude tocar la armónica, malamente. Pero sólo me llega esa anécdota del recuerdo. Lo demás, es una gran reunión de espacios hasta este hoy. Sé que escribía algunos textos en unos cuadernos negros, los guardaba en una caja decorada con conchas de mar debajo de mi cama. Lo mismo hago en este momento, pero los reúno en una gran caja que se llama la nube. Me atrae conservar algunos para el reencuentro.

A la hora de escribir un poema ¿La poesía surge como un rayo intempestivo? ¿Surge tras un deliberado proceso metódico?

Hago un boceto, luego le doy forma hasta llegar al núcleo de su esencia, por último le coloco el marco. Todo es un proceso, se va dando solo, no presiono la escritura, salta, se apodera del espacio donde veo mi propio patio, veo el Cerro de Café trayéndome palabras que se enredan entre las cepas de los pinos de todo el Universo. Eso siento. Escribo en una casa desde la infancia.

Paul Valery dijo «Un poema nunca se termina, sólo se abandona». ¿Cuándo siente que un poema está terminado?

Todo fluye, todo está en movimiento, uno se desprende, igual sigue la duda con el otro texto que toca la puerta.

¿Qué tiene que tener un poema para ser un buen poema?

Eso se le pregunta a un lector. Como lector, le puedo decir, que es un estruendo dentro del mismo estruendo. Vida, ese más allá que maravilla. Aun así, hay que temer de los gustos cuando se es lector. Es un hecho único, el hallazgo infinito con un ser leído.

¿Siente que su poesía ha se ha transformado? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

Podría decir que sí. Todo cambia, todo gira y vuelve al inicio. Sin embargo, ese inicio es como el río de Heráclito. No es el mismo espacio donde se inició “Puertas que no me pertenecen”, a otro contorno con “a la sombra de un río”, no es el mismo respiro, cuando voy anudando “redonda en su silencio” por este hoy, alargándose a un presente futuro tejido de otro intervalo al obsequiarme este título. “Mar no amanecido” hermoso título, es un regalo; así mismo, sólo los hilos tendrán el mismo color, la alfombra será otra. Nada es premeditado, sólo fluye. En eso me manifiesto, más la voz tiene un mismo tono, pero se trasmuta por la época.

Además de poeta también es artista visual. ¿Para usted qué relación existe entre el arte y la poesía?

Es un pacto entre las artes. En la poesía hay música en la música hay poesía. Es imagen, trazo como en el dibujo. Es espacio, masa, volumen como la danza, la danza es poesía de gran altura. Soy una gran apasionada de la fusión de las artes.
¿Qué palabras compartiría con un joven que se inicia en el camino de la poesía?

Seguir su voz, dentro del universo, porque somos parte de él. Cultivar, educar la creatividad como lo realza el duende de García Lorca “que rechaza toda la dulce geometría aprendida, que rompe los estilos”. Ser un lector, observador de su entorno, el de la época como ser humano participante. Cuando digo lector, es atrapar cada instante en cualquier manifestación artística, así sea, de una dada por la natura. No caer en gustos, hay que ser amplio en una lectura, lo demás viene de la mano del relámpago.

Tomado de Liberoamerica


jueves, 20 de diciembre de 2018

Milagro Haack, poetisa venezolana: “No podemos ir hacia atrás, hay que avanzar”.






“No podemos ir hacia atrás, hay que avanzar”.  Entrevista a la poetisa venezolana Milagro Haack


Por LUIS RAÚL CALVO





En este número 52 de Generación Abierta tenemos la posibilidad de entrevistar a la destacada escritora y artista plástica Milagro Haack, natural del hermano país de Venezuela y quien se encuentra a cargo actualmente de la dirección artística del destacado sitio virtual de poesía La Lupe.com dirigido por el escritor Ugo Calvigioni


Elizabeth SchönFotografía de Alfredo Cortina. Higuerote 1955. Estado Miranda. VENEZUELA
   
G.A.: Milagro ¿Cómo se produce tu primer acercamiento al arte? 

M.H.: Diría “Mis  acercamientos” hacia el arte fueron desde la infancia, es una historia no olvidada, tiene su raíz y siempre digo esto porque me marca: deseaba danzar con el aire. Desde muy joven, cuando aún estudiaba en la escuela primaria inicié estudios de ballet,  entré en la escuela de artes Arturo Michelena.  Esa fue una de las tantas puertas, por donde esbocé el hoy: La puerta de la fusión de lo sensorial. Por ese sendero me vi dibujando, escribiendo signos en un diario que sólo yo lo podía traducir, sólo yo tenía la llave. Bien, allí se  inicia la búsqueda hasta que  un buen día, encontré un libro cuando iba camino a la escuela de artes, una antología de poetas americanos, donde estaba Borges, Vallejo, y muchos otros, ellos, me dieron vibraciones…, vislumbré con el mismo asombro leyéndolos que algo del diario o libros negros como los llamé más tarde, se acercaba a la palabra, aún así, no lo distinguí por aquellos espacios.


Escuela de artes Arturo Michelena.Foto: Cortesía de Geczain Tovar

Luego, cursé estudios de   teatro, dibujo puro, cerámica, la universidad, por allí, por ese  empeño de búsquedas, me encontré de nuevo con poemas del siglo de oro, que me leían estando pequeña. Se fue moviendo esa otra puerta donde estoy en este instante, abriendo horizontes. Un testimonio que conservo, es el de  mi madre, ella me decía que nací con un lápiz en la mano. 

Siento que fueron muchos rasgos, que me llevaron al arte, a la palabra, a las exploraciones de entrelazar todos los géneros artísticos, concibiendo una sinfonía indivisible y transito en ese si se puede, ya que la palabra es pensamiento visual, pensamos en palabra, vemos las palabras; siento las palabras en lo natural, el viento, el terreno, mi abuela, mis ancestros…, todos ellos influyeron a la continuidad desde este paralelo patio donde leía, pintaba, danzaba.


Antonia Palacios


G.A: Es decir que la literatura vino después... 

M.H: Claro, primero fueron las artes, como te dije anteriormente, allí, los maestros te decían lea poesía así, alimenta la creatividad, lea. Me inicié como dibujante artístico en el panorama cultural, porque la danza, por razones personales no la cultivé sino para mí desde pequeña (sólo me presenté una vez en público). Después, me encontré con  José Napoleón Oropeza, (el cual me conocía desde mis catorce años) estaba de visita en casa para ver los dibujos recientes, y vio los diarios, lo vi leyéndolos, observé su rostro y me dijo me los voy a llevar y te llamo esta noche. Yo estaba aterrada, como a las doce de la noche me llamó y me dijo, eres una poeta, he encontrado aquí mucha madera por pulir y tela por tejer. Entonces, me dije, el sabe leerme. Al día siguiente se apareció otra vez en casa muy temprano, con varios libros, Ana Enriqueta Terán, Safo, Enriqueta Arvelo Larriva, Luz Machado, Ida Gramcko entre otras (todas poetisas de Venezuela, menos Safo) y me dijo, lee, es importante para ti leer voces femeninas. También escritores latinos, en tu lengua natal. Bien, conocía a Safo, a Luz Machado no. Fue un universo en voces de  misma  tierra que llegaron, abriéndome más  puertas. De allí en adelante, cultivé más la lectura porque necesitaba encontrarme mucho más con mi idioma, con los signos, las imágenes recurrentes.  Todo, y más búsquedas, filosofía, antropología y mucho más. Iba todas las mañanas a una biblioteca en la Universidad de Carabobo, de Salud Mental, ya que laboraba como terapista ocupacional, en el área de psiquiatría, y vaya qué mundo tan exquisito lleno de símbolos.  Luego conocí a Ana Enriqueta, a Ida,  Elizabeth Schön, marcaron un camino, no un norte sino un espacio sobre un abanico abierto de muchas fuentes más, -busca tu voz propia-; me señalaban siempre. Continuaron las investigaciones por la fusión, danzar escribiendo, pintar danzando, y la música es primordial, el piano, los silencios, la naturaleza, y te digo tengo un pájaro que me despierta todas las mañanas para que asuma lo blanco. Fui buscándome, me encontré caminando por la infancia, por el lago, hasta llegar a la línea del horizonte entre dos puertas  desde donde veo mi propio patio, veo el Cerro El Café hermanándose con el suroeste, trayéndome muchas más palabras entre las ramas de los pinos de todas partes del universo. Eso siento, las voces de todos. 


 Cerro el Café.Imagen  tomada de Movimiento Ambientalista Fuente ecológica

G.A.: ¿Quiénes fueron tus maestros? 

M.H.: Vaya muchos, todos los seres leídos, pero te puedo citar los que me dieron coordenadas intuitivas, mezclas sensoriales, consejos con fecundo aciertos,  como Pedro Centeno Vallenilla, Santiago Valverde, (maestro español), fuera de la escuela de Artes. En la escuela estaba Braulio Salazar, entre otros,  esto en artes visuales, pero también eran –son- grandes lectores. En la palabra, José Napoleón Oropeza, Reynaldo Pérez Só, (que en su taller nos enseñó a nutrirnos de los poetas latinoamericanos y lo que debe ser y no ser un poeta) Ana Enriqueta Terán, (cuando vivía a Jajó, con su gran temple poético me dio lecturas como Conde de Lautréamont, poetas mexicanos, y los surrealistas), Juan Sánchez Peláez, asombrosos encuentros con él,   la mágica diosa blanca Elizabeth Schön, con ella fue como verme en un espejo, tenía esa facultad de mirarte adentro, muy adentro, y mostrarte la raíz del Cosmos - no hay opuestos-. -En el arte la gran transformadora es la poesía-, siempre lo decía.  Ida Gramcko, mi amado Borges, y muchos más, muchos, como Gerbasi, Fernando Paz Castillo, Lezama Lima, Garcia Lorca, Pessoa, Cavafys, Rilke. Vaya, maestros de maestros, los filósofos, como Heráclito, Sócrates, Diógenes, Santo Tomás de Aquino,  Nietzsche, los más cercanos, los que me son recurrentes. Me encanta la cábala, las ciencias religiosas y las paganas también. 


Una joven Ana Enriqueta Terán


G.A.: ¿Quiénes han tenido influencias en tu obra poética y en tu obra pictórica? 

M.H.: Creo, que es un asomo de muchas culturas. La grecolatina. No obstante, la fusión, lo regenerativo en el arte, va, aún estoy cultivando la quintaesencia.

Siento que Héraclito me marcó mucho, es algo, que siento, voy al pasado latente y regreso con un sin fin de seres de diálogos, que me dicen entre líneas que hay que buscar esa voz propia, esa que te da el sello, como tu firma, o tu huella digital; ser lector, es la experiencia  más apasionante  que tengo, llevándome al oficio de la palabra visual, concebir, escuchar los sonidos internos de la sabia naturaleza, es otra pasión, porque es un lenguaje como apartado por esta época. Mallarmé, también con su golpe de dados, me dejó el espacio. La literatura oriental me apasiona,  sus maestros, su filosofía de vida. Asimismo los artistas franceses, Rodin y Camille eso me llena y mucho su armonía.. 

Sobre lo pictórico, Miró, es unos de los artistas que más observo, sus líneas, el color, por decirte uno de los tantos, Da Vinci, El Greco, Chagall, Munch, René Magritte, Dalí, entre otros. Es, que todos son importantes, muy de veras, unos por afinidad otros por ser tejidos de grandes alturas. 

Es una pregunta, muy arriesgada, porque, cuando se está en búsquedas, en la fusión y regeneración de las artes, señalar uno u otro es perder el universo que te lleva a todos en uno solo, por ser una continuidad de los mismos, y los que estás por conocer aún.   Sólo te hago hincapié, aún tengo la antología de poetas americanos, es un libro muy importante para mí, por el  pálpito y aviso cuando tenía apenas once años, hoy, porque reúne a los grandes pensadores y  escritores, iguales  artistas como Vicente Huidobro. 


Ida Gramcko

G.A.: ¿Cuál es el panorama de la poesía venezolana actual? 

M.H.: Muy valiosa, muy productiva, voces jóvenes dando pasos y en gran escala. La narrativa,  es  un pilar muy fuerte en este país. La poesía, ni se diga, los pilares, como Gerbasi, Eugenio Montejo, Juan Sánchez Peláez, Antonia Palacios, Oswaldo Trejo, son los escritores más importantes de finales del Siglo XX y comienzos del XXI,  (Hay muchos) aunque no estén en presencia es un legado, para la continuidad y antes de ellos hay una generación muy noble de escritores como, José Rafael Pocaterra,  Teresa de La Parra, principios del siglo XX. Poetas como Alfredo Silva Estrada, Rafael Cadenas,  Juan Calzadilla (un gran artista integral), Gustavo Pereira (generación de los 60) Yolanda Pantin, (generación de los 80), son lecturas esenciales;  ensayista como Víctor Bravo, Carlos Yusti y otros muy buenos, narradores como José Balza, José Napoleón Oropeza, Ana Teresa Torres, Eduardo Liendo, Slavko Zupcic, contemporáneos,  Franklin Fernández (artista plástico con obras de poesía objeto)  y muchos más, muchos, porque es como mezquino no poder citarte sino algunos… pero bueno, son cuantiosos. 

Venezuela, es un país  bendito por el arte, desde cultivar la madera, hasta hacer crecer una escultura de la tierra sagrada, grandes obras como las de Mérida Ochoa,  Fernando Sosa, desde suelo santo con cruce de ríos, Jesús Soto,  Cruz Diez, Luz Machado... Es un país de letras, de música, muchos artistas, sin embargo, algunos no conocidos, otros muy reconocidos, no obstante, hay un temple muy arraigado hacia la palabra, e igual hacia las artes. Hay mucho movimiento, eventos, sobre todo en este año en música, teatro. 


Teresa de La Parra

G.A.: ¿Qué representó para vos trabajar con el arte como labor terapia? ¿Qué experiencia te dejó haber  coordinado dicha actividad con grupos de enfermos psiquiátricos? 

M.H.: Vaya, vaya,  es una buena pregunta y voy a ser muy directa, representa aún, el encuentro con el subconsciente, con los símbolos del ser, esa otra parte despojada de la máscara, la sombra, eso, me dejó, este sabor de buscar lo humano, cuando te leo a Jung, (vez como van saliendo otros maestros), otra influencia grande en mi. Aprendí del arte esquizofrénico, como arte con el doctor Mendoza y Pontillo, es la cara del ser intrínseco consigo mismo, hacia  lo universal del arquetipo. 

Mi experiencia es una de las que a nivel personal me dejó un gran gustazo, ya que llevé el arte, desde la pintura hasta lo artesanal. Tenía más de cuarenta alumnos, tuve que estudiar mucho, sobre esa otra parte, la psiquiatría,  conocer y llevar un equilibrio del instante. Había escritores, a la mayoría les atraía la lectura,  la música. Pero lo primordial es por  ese tiempo, los que salieron, fueron a las escuelas de cerámicas, artes, y no regresaron al lugar donde nos conocimos. Fue un despertar, y para mí también, porque me acerqué más, mucho más a la esencia, a esa línea donde puedes encontrar lo onírico creativo o lo destructivo que es la demencia sólo por cruzarla. Siento que el arte, ayuda, no cura, sobre todo a personas que caen en un pozo porque no están en su lugar, están en otra parte,  y si se sienten útiles, entonces, se librarán, y que divino es ver otra vez ese brillo en los ojos de muchos humanos…, me vienen sus rostros a la mente en este instante.


Enriqueta Arvelo Larriva

G.A.: A fines del año 2005 comenzás a trabajar en el portal literario LaLupe.com como Directora de Arte. 

¿Cómo encarás esta tarea en la cual uno comprueba tus logros estéticos en interrelacionar el poema, lo visual y la música que acompaña? ¿Lo visual y lo musical pretenden “ilustrar” el poema o la idea es que mantengan su  propia autonomía dentro del cuerpo artístico total? 

M.H.: Bien, hay secretos que no se pueden develar. Pero como todo,  fue un proceso de aprendizaje, esta vez se lo debo a un joven maestro. Las mixturas, que son los  collage poético. El estar detrás de un portal, la rapidez de Internet, palpar la vanguardia. 

Ugo es un buen maestro, me dio las herramientas, tiempo, me  ayudó a ser mejor en el manejo de la tecnología virtual; claro siendo dibujante, me dijo que era una buena alumna y aprendía rápido, lo demás es la experiencia como promotora cultural. - Sobre la dirección de arte, es un trabajo muy cuidadoso; son  muchos los escritores, que además son creadores en diversas artes y  por ello, se encuentran bien, como en casa, porque La Lupe, es la gran casa de Ugo, donde  hay un equipo que custodiar, guiar, por ello me nombra su director en la nueva visión del portal. Puedo decir que me ha ido bien. Hay seres muy creativos, humanos, muy  representativos de sus terruños, como tú, Luis Raúl, no hay fronteras, eso nos ha dado el lugar que tiene el portal.  Además, estamos al día, hay proyectos, pero todo en su momento, mira, es un portal que recibe creatividad, genialidad, pero en sus gastos, todo lo absorbe su fundador y director, y él (creo) complacido por mi gerencia. 

Sobre “lo visual”, el portal es esto: fusión de las artes, sin que el autor pierda su libertad como escritor. Siento que es una gran galería donde la palabra se conquista a si misma, se recrea con la atmósfera que la sostiene en la imagen de fondo, la música, y dentro de ello está siempre el respeto por el autor.  No te creas, se busca, se lee, se lee mucho para poder fusionar y regenerar lo dado, entonces, se logra el  cuerpo poético total y sobre todo artístico, siempre hacia ese norte y mucho más…


Luz Machado

G.A.: ¿Cuál pensás vos que es la función del arte, del poeta y del artista en general, en estos primeros años del siglo XXI, tiempo marcado por la globalización y por el mercado? 

M.H.: Bien, el artista debe, es su deber darse a conocer, proyectarse seriamente  en esta época; la globalización tiene que asumirla, como un sin fronteras, con sana conciencia. No podemos ir hacia atrás, hay que avanzar. Lo del mercado, bueno, eso es relativo, todo depende, porque vender una obra de arte es importante y si tienes un medio que lo conciba, esta herramienta lo ayuda a la unificación. La globalización es eso, un fenómeno de este milenio, que viene del otro, existe cada vez, se hace mayor su calidad de dependencia entre otras tierras del mundo.

Yo la acepto por el intercambio, por su rapidez, porque es abertura, y no cierre de puertas, pero ojo, hacia la cultura, (hacia el intercambio de la misma), para lo que realmente fue abierta dicha puerta, para la unión; por otra parte el uso de la Internet ya es indispensable hasta en las universidades, empresas, etc. Muchos van por el tema de lo económico, (hacer dinero con los nuevos artistas, eso es un negocio muy actual)  cada uno en su justo lugar, eso pienso, hay que asumirla con conciencia de proyección, de conocimiento de tus iguales. Bien, creo que una de las particulares de la globalización, es su acento como intermedio  para la comunicación y culturales.





*Milagro Haack. Poeta, ensayista, artista corporal y visual. Se desempeña activamente como promotora cultural. Nació en Valencia, Estado Carabobo, Venezuela, un 29 de noviembre de 1954. Ha publicado varios libros de poemas, entre los que destacan: “Temple Ajeno”. 1990. “Puertas que no me Pertenecen”. 1991 (Mención Honorífica Bienal Latinoamericana José Rafael Pocaterra 1987–1988). “Luto de otra Boca”. 1992. “Cuarto de Ceniza”. 1994. “Antología Poética”, “La rama bifurcada”, Poetas del Estado Carabobo. 1986-1994. “Cuadernos Cabriales N° 54”, editado por el Ateneo de Valencia. “Cenizas de Espera” 2003. “Cinco mañanas juntas” 2003 “Lo callado del silencio” (2004). “Quienes escriben en Venezuela. Diccionario de escritores venezolanos (siglos XVIII a XXI)”, por Rafael Ángel Rivas Dugarte y Gladys García Riera (2005). Antología de Escritores del Estado Carabobo: “Palabras de Anunciación y de otras Adyacencias” (Editado por la Alcaldía de Valencia en homenaje a los 450 años de la ciudad de Valencia. Noviembre 2007). Escritoras venezolanas ante la Crítica. IV antología de la Asociación de Escritores de Mérida. Venezuela. Fondo Editorial Ramón Palomares. 2008.  Ha laborado, para la Institución Ateneo de Valencia.  A finales del año 2005 se une a la nueva visión del portal literario Lalupe.com como director de Arte. Recibe un Accésit en la “Bienal Latinoamericana José Antonio Ramos Sucre” 2007.  Actualmente, reside en su ciudad natal y dirige un Taller permanente de Diálogos de Literatura y Orientación Poética “El Retorno a lo Humano”. Se dedica a la trascripción y corrección. De igual forma, continúa su búsqueda, incursionando en el cuento, ensayo, y ampliando su espacio poético.  

http://milagrohaack.wordpress.com 
http://milagrohaack.wixsite.com/milagrohaack


Tomado de Generación Abierta





Luis Raúl Calvo

Poeta y psicólogo clínico argentino (Buenos Aires, 1955). Dirige la revista cultural Generación Abierta (Letras-Arte-Educación), fundada en 1988 y declarada de interés cultural de la ciudad de Buenos Aires en 2000. Desde 1992 dirige el Café Literario "Antonio Aliberti", en el Café Montserrat, en el que han participado más de 800 escritores y 400 artistas plásticos argentinos y extranjeros. Ha coordinado talleres literarios y tuvo a su cargo, entre 1997 y 2001, la promoción cultural del Centro Cultural Roberto Santoro. Miembro de la Asociación de Poetas Argentinos, colabora en diversas publicaciones del país y del exterior. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, al francés y al italiano. Ha sido incluido en más de veinte antologías de poesía, de su país y del exterior, y en el Breve diccionario biográfico de autores argentinos -desde 1940-, de Silvana Castro y Pedro Orgambide (Atril, 1999). Ha publicado los poemarios Tiempo dolorosamente resignado (Generación Abierta, 1989), La anunciación de la partera (Correo Latino, 1992), Calles asiáticas (Plus Ultra, 1996) y Bajos fondos del alma (Generación Abierta, 2000).

Tomado de Letralia


29/09/2024