Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Casanova. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eduardo Casanova. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de marzo de 2026

Emilio Agra, el soldador de sueños

 




Emilio Agra o la gracia de la eternidad



(a mi querida Marisol Agra)


 Alberto Hernández



1


La calle 10 de Diciembre de Maracay no era una calle. Era una pasión. El barrio El Carmen era un símbolo y nosotros una cuerdita de soñadores que hicimos del diario El Imparcial uno de los dolores de cabeza del gocho Guerrero Chacón. No faltaba el acento de Alfredo Henríquez Arias (El Charrito), quien también tuvo su tiempo para saber de nosotros. Por allí andábamos, desatados, mirándole la cara a Dios con desparpajo. Atados a todos los trabajos, a los más urgentes “tigres” gratuitos que la imaginación nos aportaba.


No recuerdo el mes ni el año de nuestro primer encuentro, pero fue un mes y un año que comenzamos a vivir a la sombra de intercambios, de sueños que convertíamos en pesadillas y de pesadillas que lanzábamos por las ventanas del ocio más amable. Fue a finales de los 70.


Venía yo de lejos, de un país cuya costra aún siento en mi piel. De la España de Franco. El mismo país de mi amigo Emilio Agra, con quien hice migas ese año y ese mes que hoy no recuerdo. Emilio regresaba de París donde fue a buscarle las tres patas al gato y se las encontró. Y también de su Galicia, de su finisterrae. Entonces nos creíamos zagaletones, rebeldes, testarudos y discutidores, conspiradores y alzados contra las nubes que tropezábamos en el camino. Y también andaban por allí Isidro Moreno, Héctor Chastre, Antonio Cabezas, Julio Jáuregui, Ramón Lameda, Santiago Otero, Alfredo Fuenmayor, Alejandro Ríos, Róger y Otto Rodríguez, Agustina Ramos. Unos arribaron más tarde, pero llegaron. El Nono Sucre, Rosana Hernández Pasquier, Eduardo Casanova, Emilio Faro. La cronología es un petardo. Un simulacro de la realidad. Estábamos casi todos medio perdidos entre tantos encuentros.


 




Emilio era el más creativo. El más dedicado a recrearse a re-crear el mundo. Su facilidad para soldar los sueños, para trazar el universo y hacerlo una sonrisa. El más zumbado en eso de dejarlo a uno con los crespos hechos. Y pasaron los días mientras la ciudad se hacía más chica, más adolescente en medio de tantas promesas que jamás cumplimos, como no enfrentarnos y decirnos a veces las verdades o mentiras con la misma pasión con que hacíamos nuestras cosas.


Recuerdo en medio del desorden de esta nota la exposición en la librería Umbra, donde Emilio inventó un billete con su rostro asomado a medio mundo, casi de soslayo.


Emilio y su hermana, la bella Marisol. Emilio y sus viejos. Amables como aquellos gallegos que no hemos dejado de imaginar. Y allí estaba el creador, apasionado, sucio de paredes, del mismo barro de su mirada, sin camisa bajo el sol, sin protección al soldar, sin miedo a las formas que creaba. Feliz de ser un impertinente como todos los amigos que lo rodeaban. Porque eso éramos, impertinentes. Bohemios, instantáneos y reposados a la hora de dormir. Siempre despiertos, preparados, advertidos ante el poder de aquellos días y de los que vendrían, más allá de creer o no en lo que venía. Irreverentes, perpetradores de crímenes artísticos, poéticos, teatrales, astronáuticos, coreográficos, cromáticos, plásticos, demenciales. Había de todo en esa botica que nos aprovisionó el maestro Alejandro Ríos, suerte de padre astral en su azotea cósmica del callejón Intersan, desde la que veíamos el universo convertido en una simple semilla. Eso éramos.


 




Ildemaro Torres lo escribió un día: “Son abundantes los detalles que permiten afirmar que hay una ‘manera Agra’ de recoger las vivencias de cada día y de crear humor a partir de ellas, inteligentemente, muchas veces en aguda fusión de la sátira y la gracia. Y cabe invitar a quien desee tener una evidencia definitiva del altísimo vuelo de su imaginación, a recorrer las páginas de sus libros”.


Fueron varios los libros que Emilio hizo, entre ellos Haga el humor no la guerra, La ñapa y Chávez sí-Chávez no. Pero lo que más nos marcó fueron los espacios que invadía y en los que tomábamos parte: El Cojo Iletrado, donde él ponía los dibujos y algunos de nosotros las letras. Pero antes conspirábamos en El Bagre, Matarile y mucho después en El Satiriodiquito (encartado en Contenido, octubre 1988-abril 1990), La ñapa, caricatura diaria que salía en El Periodiquito. Matarile nació por intermedio de Eduardo Casanova, y allí concurrieron Zapata, Eneko Las Heras, Eduardo (por supuesto), Kiko Bautista, León Levy, Claudio Cedeño, Kotepa, Aníbal Nazoa, Abilio Padrón, Isabel Allende y quien esto escribe, entre otros. De modo que la aventura fue larga hasta que muchos de los humoristas tomaron las de Villadiego celestial o aparecieron otros que dibujan el mapa actual del país.


Más allá de todo lo anteriormente escrito, más allá de la creación y las aventuras artísticas, estuvo la amistad. Nos hicimos familia gracias a los hijos. Los míos se criaron, se levantaron en los talleres de los amigos, en las casas de muchos poetas, en las universidades, liceos y pedagógico donde recorríamos alegrías y angustias. Y un nuevo ADN propuso la existencia de bendiciones cuando un raro ateísmo pululaba en la biblia de cierta clandestinidad inoportuna. Y digo esto porque a pesar del acratismo de algunos, los tíos se hicieron por la hermandad angelical y demoníaca de nuestras palabras, dibujos, cantos y deletreos existenciales.



Ahora la soledad se empina en una esquina de la calle 10 de Diciembre, en la fachada donde la puerta de Emilio, en el periódico que ayudamos a fundar hace años. En edificios, museos, galerías, casas de familia, en La Barraca, en Los Cedros o allá arriba en El Castaño donde tantas veces saboreamos rones e inventamos la vecindad con libros y jodederas diarias. O en la desaparecida azotea del viejo Ríos.



Ahora nos queda la soledad sin Emilio. O con Emilio. Son tantos los Emilios que nos saludan en el recuerdo, tantos los proyectos, los olvidos, la suerte de haber sido —en mi caso— parte de su vitalidad. Un Emilio que ríe y se burla de nosotros con la gracia de su eternidad.


17/03/2014



https://letralia.com/297/articulo03.htm



*******




Emilio Agra
222 Visualizaciones desde el 27 may de2012 hasta el 8 de enero de 2026



www.culturaaragua.com.- Artista Emilio Agra (1)
Exposición de Emilio Agra "El viento de Ícaro", exhibida en el Museo de Arte Contemporáneo de Maracay "Mario Abreu" (Macma) a partir del 2 de mayo del 2013.
252 Visualizaciones desde el 4 mar de 2014 hasta el 8 de enero de 2026



*******


Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 




ENLACES RELACIONADOS:















domingo, 13 de octubre de 2024

LA MUERTE DE CARMEN DOLORES, LA ESPOSA DE RUFINO BLANCO FOMBONA

 

Carmen Dolores Casanova Tovar.


23 de marzo de 2016


LA MUERTE DE CARMEN DOLORES


Por Eduardo Casanova Sucre


Rufino Blanco Fombona (1874-1944) fue un buen escritor, pero su condición de aventurero con elementos románticos y desordenados lo frustró y lo dejó demasiado cerca del nivel anecdótico como para que pueda ser considerado un verdadero maestro. Fue uno de los primeros venezolanos con obra conocida fuera del país, pero es el típico caso de promesa que finalmente no se pudo cumplir. De él dice Domingo Miliani: “Rufino Blanco Fombona (1874-1944). Polígrafo, la dispersión de su obra le proyectó en muchos campos. Fue una de las más influyentes figuras continentales de su tiempo. Esa misma dispersión lo privó de consolidar una obra maestra.” Nació en Caracas el 17 de julio de 1874, hijo de Rufino Blanco Toro y de Isabel Fombona Palacio. En su infancia vivió en La Victoria. Sus primeros estudios fueron en los colegios “Santa María” y “San Agustín”, en Caracas. Empezó a estudiar derecho y filosofía, pero pronto dejó la universidad para estudiar en la Academia Militar. Participó en la Revolución Legalista y a los 18 años fue a tener a Filadelfia como Cónsul de Venezuela. En 1895, luego de tres años en los Estados Unidos, volvió a Caracas y se incorporó a “El Cojo Ilustrado”. En 1896 fue designado agregado en la Legación de Venezuela en Holanda. En 1898 regresó a Venezuela y publicó su primer libro. En 1899 actuó brevemente con Cónsul de Santo Domingo en Boston. Regresó a Venezuela para hacerse cargo de la Secretaría General de Zulia, nombrado por Cipriano Castro, que poco después lo nombraría Cónsul de Venezuela en Amsterdam (1901-1904). Como seguidor de Castro fue gobernador del Territorio Federal Amazonas en 1905. Al poco tiempo fue hecho preso en Ciudad Bolívar, en donde escribió “El hombre de hierro”. Al recobrar la libertad se exiló en Europa (1906-1908). A su regreso a Venezuela estuvo entre los que celebraron la caída de Castro y el ascenso al poder de Juan Vicente Gómez, que alentó su elección como Diputado. Pronto rompió también con el gomismo y de nuevo fue a tener a la cárcel. En 1910 fue desterrado, con lo que se inició su exilio de veintiséis años. En París estuvo de 1910 a 1914, y en España desde entonces hasta algo después de la muerte de Gómez. En España fundó la Editorial América y la Biblioteca Ayacucho, y publicó varios trabajos. Fue Cónsul de Paraguay en varios lugares, y durante la República Española fue Gobernador de Almería (1932) y de Navarra (1933). Luego de la muerte de Gómez, de regreso a Venezuela, fue Gobernador del estado Miranda, pero tampoco allí duró mucho. Ministro de Venezuela en Uruguay (1939-1941). El 16 de octubre de 1944, durante un viaje a Argentina, murió en Buenos Aires. Tenía setenta años, pero había vivido ciento cuarenta. En su vida hubo una gran mancha que siempre afectará su nombre: la muerte trágica de Carmen Dolores Casanova Tovar, con quien estuvo casado pocos días. Carmen Dolores era la única niña y la menor de los hijos de Carlos Evaristo Casanova Mendoza y Carmen Tovar Gascue. Por la rama materna era nieta de Fermín Tovar Tovar, músico, hermano de Manuel Felipe Tovar, el último mantuano que tuvo poder político en el país. Los Tovar, como todos los mantuanos habían perdido su posición social. De otra manera no se explica cómo se casó una Tovar con un Casanova, descendiente de canarios establecidos en Maracaibo, Santa Bárbara del Zulia y parte del estado Táchira, nieto de una expósita de Maracaibo. Pero, dados los cambios que se produjeron en Venezuela, y sobre todo en Caracas, a raíz de la Independencia, la Guerra Federal y otros hechos, esos Casanova Tovar eran gente importante de su tiempo, aunque, según las palabras del propio Blanco Fombona, no tenían dinero. 


Retrato de Rufino Blanco Fombona, fotografiado por Kaulak (1912)y recogido en la revista española Mundo Gráfico.

En sus memorias (“Camino de imperfección”, Editorial América, Madrid, 1933) Blanco Fombona cuenta que se enamoró de ella al conocerla, en 1905, cuando (ella) tenía apenas 14 años  y él 31. El 14 de junio de 1906 asentó en su diario: “Ayer hemos pasado un día de campo muy agradable en la hacienda “El Conde”, (…) Dulce charla de regreso con Carmen Dolores”. ¿Dulce charla entre un hombre de 31 años y una niña de 14? Mal comienzo. El diario del personaje, en 1908, ya permite intuir que algo va mal encaminado. Sin el más mínimo disimulo habla de estar enamorado de dos jóvenes, que además tienen el mismo nombre. De Carmen Dolores dice; “¡Qué desarrollo tan fresco y tan brillante de sus diecisiete años! No hemos podido conversar porque estaban presentes su madre, su padre y uno de sus hermanos. (…) Es, en el fondo de su espíritu, y aunque muy inteligente, una chicuela”. ¿Puede haber una mayor demostración de machismo? El 3 de diciembre de 1908 ese machismo, que en su caso se mezcla con una enorme dosis de egolatría, hace eclosión: “Estoy flirteando con dos mujeres, ambas jóvenes, ambas lindas, ambas del mismo nombre, ambas pertenecientes a las mejores familias de Caracas. Llamaré a la una, a la más joven, C(primera) y a la otra C(segunda). A C(primera) la conocí hace tres años, y pertenece a una gente ligada con nosotros por vínculos que debo respetar. Por eso, y por ella misma, la requiebro con más miramientos que la otra; cuenta apenas diecisiete años ¡Qué chicuela tan avispada y tan atrayente! (…) “C(segunda) tiene más mundo, como mujer de veinte años; es más elegante y mucho más apasionada. Como novia lisonjea más la vanidad de un hombre que C(primera). Pero se le conoce demasiado que desea casarse”. (…) “Cuando converso con cualquiera de las dos prefiero aquella con quien estoy; le hayo encantos que me detienen a su lado.” (…) “C(segunda) tiene un defecto para esposa: hábitos de lujo, parientes ricos y ella poca fortuna. La otra tampoco goza un porvenir económico envidiable; y se acomodaría más fácilmente a una vida modesta”. (…) “Creo que me decidiría por aquella de las dos supiera inspirarme celos, o que por otra habilidad supiera aprovechar un buen cuarto de hora. He pensado hasta en jugarme las dos, a ver cual gano; o tirar una moneda al aire y decidirme por la una si cae de cara, o por la otra si cae de sello. ¿Pero quien va a echarse esposa por el capricho del azar? Me he tranquilizado con esta reflexión: si nunca o casi nunca hacemos otra cosa. El azar entra en mayor escala que la previsión en nuestro destino”. El 6 de diciembre de 1908, sumido por completo en la aventura de llevar a Juan Vicente Gómez a la Presidencia de la República, escribe en su diario: “he visto a menudo a C(primera). Me siento más inclinado a ella. Tal vez llena más mi pensamiento que la otra”. Y el 9 escribe: “Me gustará más C(segunda)? Acabo de hablar por teléfono con ella y me parece que sí. Le gusta la política, tiene emociones fuertes y es muy elegante. He tirado una moneda al aire por tres veces para preguntarle al azar y por tres veces consecutivas ha salido C(primera). Me parece que el destino me ha hecho trampa. Sin embargo soy tan supersticioso que esta decisión de la moneda, va a pesar mucho en mí, ¡aunque no quisiera tomarla en cuenta!”. Y así, lanzando al aire monedas, orgulloso de su hazaña de enamorar a dos niñas del mismo nombre, mostrando los dientes de su machismo, siguió adelante hasta comprometerse de verdad con Carmen Dolores y aceptar que su padre la llevara a Madrid a casarse con él, que ha dejado atrás su gomismo pero no su machismo. Y el 23 de diciembre de 1916, en la Iglesia de la Parroquia de San Ginés de Madrid, Don Carlos Casanova Mendoza le entrega a su hija, Carmen Dolores, y muy poco tiempo después se embarca para La Guaira. Pero al llegar a Venezuela debe volver a España a buscar el cadáver de la niña que había entregado en matrimonio. Cuarenta y cinco días después de la ceremonia, Carmen Dolores cayó de un balcón. El viudo aseguraba que se suicidó, que se lanzó cuando él se negó a romper su relación con su “Bella Normanda, o La Divina Welquiria o Margarita Millet”, que le acababa de dar un hijo. Los Casanova dijeron siempre que él la empujó, lo que no parece probable puesto que no hubo actuación policial posterior. Desde luego, Blanco Fombona debe haber tenido una enorme carga de conciencia, porque siendo como era valiente y peleón, siempre huyó de los Casanova (mi abuelo y sus hermanos), que por cierto eran altos y fuertes. Las memorias de Blanco Fombona y las cartas de Carmen Dolores, llenas de detalles domésticos y de amor hacia el ausente, bien podrían servir para hacer una larga novela romántica con final trágico. Desafortunadamente, lo que puede deducirse del escritor es que, aun cuando era osado en lances personales, le faltó valor. Se dejó llevar por un machismo que nada lo honra, y que llenó de dolor innecesario a una familia caraqueña que merecía otra suerte. Muchos años después (1933) escribiría, como para justificarse, que su pecado fue cumplir con la palabra empeñada. Una cobardía más, que explica por qué, habiendo sido un buen escritor, careció de la grandeza de un Manuel Díaz Rodríguez, un Luis M. Urbaneja Achelpohl, un Enrique Bernardo Núñez, o un Rómulo Gallegos o un Arturo Uslar Pietri.


Foto de 



******* 


Eduardo Casanova



Estudió Derecho y Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Nacional de Buenos Aires. En 1963 se estrenó su obra teatral Barrabasalia, escrita en colaboración con Arturo Uslar Braun, en 1975 se estrenó su comedia "El solo de saxofón". Luego, en 1968, recibió su título de abogado. Presidente de la Fundación para las Artes del Distrito Federal (Fundarte), 1984. Director del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), 1984-1987. Premio Guillermo Meneses por su obra narrativa (2000). Presidente del Círculo de Escritores de Venezuela, 1999 y 2001.  

lunes, 16 de octubre de 2023

“ARTURO USLAR PIETRI”, UNA VOZ EN EL VACÍO”, DE EDUARDO CASANOVA

 


 

Crónicas del Olvido


“ARTURO USLAR PIETRI”, UNA VOZ EN EL VACÍO”, DE EDUARDO CASANOVA


**Alberto Hernández**

1.-

El 9 de marzo de 1997, Arturo Uslar Pietri dejó escrito en su volumen “Pizarrón”, el artículo “Mi confesión en la Sorbona”, en la oportunidad de la presentación en francés de su novela “El camino de El Dorado”. En esas líneas finales dice:

“Hoy, con la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, desapareció el enfrentamiento y, con él, desde luego, la posibilidad de una “literatura comprometida”, por lo que, inevitablemente, se está regresando a la búsqueda del mundo perdido del hombre de pensamiento como testigo de su tiempo y como conciencia libre frente al mundo cambiante”.

En efecto, ese ´mundo cambiante´ nos ubica en un hombre que durante toda su obra, en todo el ejercicio de su pensamiento, estuvo al frente de una escritura, sí, comprometida, pero con lo que él mismo destaca, con el “pensamiento de su tiempo” y libre de escribir lo que le vino en ganas acerca de lo que pasó y pasaría en el país donde le tocó nacer, vivir y morir. 

Uslar Pietri era visto como un hombre controversial. Su historia así lo revisa y lo estudia. Quien lo haya leído sabrá que no ocultó sus preferencias por un país libre de fanatismos y atavismos que pudieran conducir el país al desastre. Pero su voz no fue escuchada y cuando alguien lo oyó lo convirtió en el “enemigo” de ciertas causas perdidas.

La obra de Arturo Uslar Pietri, desde su infancia hasta el día que le tocó marcharse ha quedado como una huella profunda en la conciencia nacional. Hasta los que lo adversaban han tenido que reconocer que el “amigo invisible” es una de las voces éticas y literarias más importantes de Venezuela. Su vida íntima, hogareña, familiar, y su vida pública forman parte del legado de su tránsito por la tierra, por la que se entregó a escribirla y a decirla con propiedad.

2.-

Eduardo Casanova, el novelista, el escritor, el que habla del país desde sus adentros, desde su lejanía cronológica, el que nos trae el país a diario en sus crónicas, el que escribió la bella biografía de otro grande como Vicente Gerbasi, hoy nos entrega “Arturo Uslar Pietri, una voz en el vacío”, donde el autor caraqueño revela su proximidad con el vejo novelista y sus hijos. Es decir, Casanova confiesa su familiaridad con los Uslar Braun, como la que tuvo con el autor de "Mi padre, el inmigrante".

Estamos frente a un trabajo que nos revela, que nos anima a encontrarnos nuevamente con ese hombre que hablaba con los ojos puestos en los televidentes cuando desarrollaba su programa “Valores humanos”, el mismo que escribía semanalmente su columna “Pizarrón” en el diario El Nacional en la que esculcaba el país y el mundo desde su mirada y desde sus críticas. Casanova nos acerca a las novelas de Uslar, nos allega a la calidad de cada una de ellas, donde estuvimos en el pasado de aquellas batallas que nos independizaron, con los personajes que hicieron posible la Nación que ahora se debate entre la vida y la muerte.

Por eso traigo las palabras de aquella vez en París, para ubicar al hombre en el instante en que nuestra biografía se contiene en la de él y nos hallamos bajo los restos de ese muro que no termina de caernos encima y de aquella URSS que aún persiste en sostenerse gracias a una herencia sangrienta que podría terminar con nuestra nacionalidad. 

Por eso es importante esta biografía de Uslar escrita por Eduardo Casanova, porque es nuestra historia vaciada en el hombre que siempre habló del país, el de nuestros adentros y el país que se reflejaba en el mundo, con sus errores y aciertos. 

3.-

La lectura de esta biografía nos llevará a todos los títulos escritos por nuestro personaje, como si no se agotara su ánimo para contarnos a Venezuela, la casi borrada del mapa emocional y la que se intenta borrar desde nuestros huesos aún en pie. Entonces nos leeremos en “Las lanzas coloradas”, en “Oficio de difuntos”, en “El camino de El Dorado”, en “La visita en el tiempo” y quedará la huella de los “30 cuentos” que siempre serán referencia en la narrativa de nuestro país y de la lengua castellana. 

Historia, literatura, poesía, polémica, ensayos, teatro: un hombre de todos los géneros. Un conversador insigne guiado por su enorme cultura.  

El título usado por Eduardo Casanova da cuenta del silencio de un país frente a las advertencias de quien sembró en la conciencia nacional la necesidad de verse en la tierra: cultivarla desde las mismas riquezas que ella nos aportaba para beneficio de todos. Queda, para muchos, como uno de los “notables” a quien le han endilgado otros apelativos.

Uslar es un hito en nuestra cultura política, literaria, teatral, poética. Es un punto de partida para muchos, desde su infancia durante la dictadura de Juan Vicente Gómez hasta la última palabra que pronunció un poco antes de morir.

Para no dejar espacio vacío en su biografía, en su rica historia personal y pública, esta biografía de Eduardo Casanova que acaba de ser publicaba en Amazon. Com.




******* 


Eduardo Casanova



Estudió Derecho y Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Nacional de Buenos Aires. En 1963 se estrenó su obra teatral Barrabasalia, escrita en colaboración con Arturo Uslar Braun, en 1975 se estrenó su comedia "El solo de saxofón". Luego, en 1968, recibió su título de abogado. Presidente de la Fundación para las Artes del Distrito Federal (Fundarte), 1984. Director del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), 1984-1987. Premio Guillermo Meneses por su obra narrativa (2000). Presidente del Círculo de Escritores de Venezuela, 1999 y 2001.  

*******


Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 


Enlaces relacionados:



miércoles, 23 de agosto de 2023

Dos novelas de Eduardo Casanova: “LA NOCHE DE ABEL” Y “EL SOLO DE SAXOFÓN”

 



Crónicas del Olvido

Dos novelas de Eduardo Casanova:

“LA NOCHE DE ABEL” Y “EL SOLO DE SAXOFÓN”


**Alberto Hernández**

1.-

He releído dos novelas cortas de Eduardo Casanova: “La noche de Abel” (Monte Ávila Editores/ Colección Continente, Caracas, 1991) y “El solo de saxofón” (Círculo de Escritores de Venezuela, Caracas, 2000), y me he complacido por la belleza de la primera y por el humor de la segunda. En ambas, dos maneras de narrar, de decir desde la ficción, desde la inventiva, de la imaginación.

En la primera Eduardo Casanova relata las últimas horas de la vida del mariscal Antonio José de Sucre, quien habla con Abel como él mismo, desde el reflejo de un yo en el que tanto el personaje histórico venezolano se vierte en el bíblico, desde la voz de Bolívar cuando al ser asesinado al cumanés exclamó: “¡Han derramado la sangre de Abel!”.

Sucre es “Antonio” y Antonio es “Abel”. Dos personajes que se traducen en uno. Y desde el genésico la seguridad de que iban a matar al Mariscal. Y Antonio, desde la duda, pero también certidumbre de que tenía que morir para dejar la impronta de su personalidad como hombre de bien, como héroe inmaculado. 

Los diálogos:

“-Yo no tengo enemigos.

-Sí los tiene, General, y quieren matarlo”.

(…)

“-El arma ya está en la mano, General.

Antonio sonrió en silencio.

-Desde hace mucho tiempo”.

(…)

“Abel está junto a él, en la ventana. La ventana junto a Abel.

-¿Es inevitable?

-Ahora es inevitable. Tiene que ser.

(..)

“…Tú y yo, Abel, seguimos siendo niño.

-Por eso te van a matar.

-¿Y a ti no te mataron?

-Y a Cristo”.

(…)

“-Esas son las instrucciones de Caín.

-¿Tienen que ser cumplidas?

-Seguramente, Antonio. Es necesario. Lo fue también hace algún tiempo cuando mataron a Cristo.

-Me dijiste que tú fuiste Cristo.

-Y también tú”.

(…)

“-Tengo miedo- se atrevió, por fin a decir.

Abel se quedó en silencio”.

(…)

"Abel se dio cuenta de que Antonio flaqueaba.

-El pecado original se repitió aquí, Antonio, y se sigue repitiendo día a día. Ya no es pecado, ahora es crimen”.

Eduardo Casanova narra con destreza. Construye los diálogos con destreza. Rompe con el tiempo y funda varios tiempos. Deja que los personajes hablen, se descarguen: digan su historia, la que vivieron, la que murieron. Pero lo que más atrapa al lector, más allá de la maestría narrativa, es la belleza que esgrime su escritura. Los dos personajes se recrean. Se refundan. Abel asesinado por su hermano y Antonio sacrificado por aquéllos que él creí eran parte de la misma lucha, los mismos que conspiraban contra Bolívar. 

Esta novela de Casanova Sucre merece una nueva lectura.

2.-

Si bien “La noche de Abel” es una novela donde el autor trabaja con personajes ´reales´, ´históricos´, en “El solo de saxofón” la ficción se convierte en una ´realidad’ cuyos personajes se confirman en las costumbres pueblerinas, donde suelen ocurrir eventos como los contados por el narrador o por cualquier hijo de vecino. Es decir, se trata de sujetos referenciales que son comunes en los pueblos donde se crean mitos, leyendas, rumores, relajos, grandezas y admiraciones producto de la ignorancia y la desinformación.

“El solo de saxofón” es una demostración de la calidad narrativa de Casanova, quien se vale del humor, de la parodia y las paradojas. Un relato hiperbólico tan bien trabajado que el lector se lo cree y lo disfruta porque en los actantes se descubren los tantos sujetos que han existido en nuestros caseríos y pueblos donde reinan, ya dicho, la ignorancia y la exagerada admiración por un  sujeto extranjero, que dice ser maestro de saxofón pero que nunca aprendió a tocarlo. Una historia en la que se aborda el tema de una comunidad que admira lo que no se conoce. Que también ha sido engañada. Que también forma parte de un “poder” porque la ceguera y la sordera forman parte de las costumbres, del mutismo de la misma realidad circundante, creada por quienes siempre han creído ser ese poder.

Aquí, varios fragmentos de esta obra donde no falta el humor cáustico de Casanova:

“El saxofonista, el maestro Amazzagatti, infla y desinfla los carrillos mecánicamente, como soñando, como navegando en otras aguas o sobrevolando otras colinas o recorriendo de memoria los paisajes de su nativa Italia, su tierra de viñedos y soles amarillos, o de Suiza, ese mundo de montañas y de nieve puntiaguda que dejó una tarde para hacer la América…”

(…)

“Solamente el maestro Amazzagatti sabe que su saxofón es mudo. Siempre ha sido mudno como las piedras toscana, pero nadie lo ha notado. O casi nadie, porque una vez dos músicos jóvenes osaron afirmarlo y tuvieron que dejar el pueblo…”. 

Tatatuy es el pueblo donde se instaló el italiano que, por su fama, fue contratado por la retreta donde hacía falta un saxofón…pero el maestro nunca fue maestro de nada. Sólo soplaba en medio del ruido que hacía la retreta y quedaba como si hubiese ensordecido con su belleza los oídos de los vecinos de la población. No ensayaba, cobraba, follaba con una vecina, vivía a costillas de todos, porque era el maestro. Seguía siendo el maestro venido de Italia. Hasta que todo se descubrió y tuvo que salir de Tatatuy con el saxo en la cabeza…El día del gran concierto con la asistencia de autoridades del país, el instrumento no sonó. No sonó y el maestro fue descubierto.  

“Y entonces ocurrió lo que sólo el tiempo presentía: el saxofón era mudo. Mudo como las piedras y las nubes y los recuerdos lejanos. De su cuerpo de serpiente congelado salió sino un leve pujido, una especie de último suspiro de bufón acompañado a medias por la tímida sonrisa del viejo Amazzagatti. Continente decrépito derrumbado que viene a despedirse con aquel pujido final, un pujidito inocente y casto que apenas se atreve a elevarse como pícato venido en medio del más cristalino de todos los silencios, de las miradas más sombrías y solemnes”.

Habían sido décadas de mudez, en medio de homenajes, reconocimientos, alegrías…hasta que se descubrió todo.   

3.-

Dos novelas que no se tocan. Dos maneras de crear historias en las que nuestro autor luce su maestría como novelista. Dos historias en las que Eduardo Casanova logra resumir el caudal de su entrega a la ficción, a la imaginación, a unos personajes que lo habitan y que ha logrado entregarlos a los lectores para que escojan y puedan pasearse por sus vidas.



******* 


Eduardo Casanova



Estudió Derecho y Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Nacional de Buenos Aires. En 1963 se estrenó su obra teatral Barrabasalia, escrita en colaboración con Arturo Uslar Braun, en 1975 se estrenó su comedia "El solo de saxofón". Luego, en 1968, recibió su título de abogado. Presidente de la Fundación para las Artes del Distrito Federal (Fundarte), 1984. Director del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), 1984-1987. Premio Guillermo Meneses por su obra narrativa (2000). Presidente del Círculo de Escritores de Venezuela, 1999 y 2001.  


*******


Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 


Enlaces relacionados:



lunes, 6 de septiembre de 2021

Luis Alberto Machado:TALENTO CON PROBIDAD

 

Luis Alberto Machado. Imagen tomada de Wikipedia



TALENTO CON PROBIDAD



Por Eduardo Casanova


Si, como dijo Bolívar, el talento sin probidad es un azote, el talento con probidad debería ser una verdadera bendición. Pero en Venezuela, en los últimos años, parecería que el talento sin probidad se premia hasta con un ministerio y el talento con probidad se castiga, aunque el personaje haya tenido dos ministerios a falta de uno. Luis Alberto Machado (21 de enero de 1932 - 23 de febrero de 2016) ha sido uno de los hombres más talentosos y más probos de Venezuela y, a la vez, uno de los hombres más incomprendidos de nuestra historia. Y sin embargo nunca se resintió ni se amargó y siempre fue alegre y positivo. 


Para algunos autores de fama internacional, como Edward de Bono (1933-2921), médico y psicólogo maltés, autor de varios libros sobre la inteligencia humana, Martin Seligman (n. 1942), psicólogo, educador y escritor norteamericano, autor de varios libros importantes de autoayuda, y Robert J. Sternberg (n. 1949) psicólogo también norteamericano que ha publicado varios textos sobre inteligencia, creatividad, amor y odio, las ideas y el trabajo de Machado sobre la inteligencia constituyen una de las mayores y mejores contribuciones al tema de todos los tiempos. Ese reconocimiento mundial no tuvo en Venezuela el más mínimo eco, al contrario, Machado fue objeto de las burlas más crueles y no logró tener prácticamente ninguna influencia en su propio país. Visto en retrospectiva creo que fue un error grave designarlo “Ministro de Inteligencia”, como hizo el Presidente Luis Herrera Campíns en 1979. Era un título que se prestaba a todo tipo de burlas y que no se entendía. “Inteligencia” es un término demasiado amplio, que abarca demasiadas cosas, incluido el espionaje, y muy poca gente sabía que Machado había publicado en 1975 un libro llamado “La Revolución de la Inteligencia”, en el que planteaba la tesis de que todos los seres humanos tienen el derecho y la posibilidad real de desarrollar su inteligencia mediante determinados métodos y sistemas. 



Era una tesis muy atractiva y con claros visos de verosimilitud, y el gobierno ha debido ponerlo al frente del ministerio de Educación, en donde habría desarrollado una labor importante, además de llevar por buen camino la educación de todos los niños y jóvenes del país. Luis Alberto había sido ministro de la Secretaría durante el gobierno de Rafael Caldera (1968-74) y había hecho una muy buena labor, apoyada en su condición de probo, amplio e inteligente. Como ministro de Inteligencia trató de aplicar sus ideas, mediante la implementación de varios proyectos, entre ellos el que llamó “Aprender a Pensar” y otro para el aprendizaje del ajedrez para niños, ambos a nivel escolar. En su discurso ante el Congreso, en 1981, afirmó que “por primera vez en la historia se le ha otorgado al desarrollo de la inteligencia de todos los hombres el carácter de un asunto de Estado, de un problema de Gobierno, de una decisión política con una clara y precisa orientación democrática, porque se trata de desarrollar al pueblo y, en especial a los pobres, lo que traerá necesariamente un cambio radical y definitivo de todas las estructuras”. Por supuesto y como era de esperarse, sus palabras cayeron en el vacío, y el “ministerio de la Inteligencia”, llamado oficialmente “Ministerio para el Desarrollo de la Inteligencia” fue desmantelado y desapareció sin dejar huellas en cuanto Jaime Lusinchi asumió la presidencia de la República. 


En 1993, en las elecciones que ganó Rafael Caldera después de la injusta defenestración de Carlos Andrés Pérez, Machado se lanzó como candidato independiente, y apenas logró un 0,12% de los votos. Yo lo conocí personalmente cuando me incorporé al Círculo de Escritores de Venezuela, cuya presidencia ejercí entre 1999 y 2001, y nos acercó un experimento que hizo con una de las poetas más talentosas de nuestro país, Carmen Cristina Wolf. Luis Alberto sostenía que toda persona bien instruida puede hacer buena poesía, y para demostrarlo convino con Carmen Cristina la elaboración de algo que en ese momento yo denominé “libros paralelos”. Carmen Cristina escribió el “Canto al hombre” y Luis Alberto el “Canto a la mujer” (ambos publicados en 1996). Los dos libros me parecieron bastante buenos y escribí una reseña llamada, justamente, “Libros paralelos”, que ambos me agradecieron mucho. Tanto Alejo Urdaneta como Luis Beltrán Mago, mi cuñado Carlos Armando Figueredo y yo tuvimos el gusto y el honor de hacernos muy amigos de Luis Alberto y apreciar su talento y su excelente cualidad de buen conversador. Un par de años después Luis Alberto publicó un segundo libro, “Canto a Dios” (1998), que también me gustó mucho. 


Dejamos de vernos al terminar mi presidencia del Círculo, en 2001, debido a que me mudé a Mérida, en donde estuve hasta 2006, cuando me fui a vivir por cinco años a Caraballeda. En 2011 me instalé de nuevo en Mérida, en donde me ha quedado, supongo que para siempre. En 2016 me enteré de que Luis Alberto había fallecido y lo lamenté mucho. En el lapso en que nos frecuentamos pude apreciar su inteligencia y su rectitud, y me di cuenta de que era un admirable caso de talento con probidad. Por mucho tiempo fue militante de Copei, pero en ningún caso se puede decir que haya sido un copeyano cerrado y fanático. Reconocía los errores que su partido había cometido y elogiaba sin jactancias lo que consideraba aciertos del partido. 


Siempre vivió modestamente y era evidente que en ningún momento se aprovechó del poder político para obtener alguna prebenda o ventaja personal. Concebía la función pública como una forma de servir a los demás y al país. Jamás lo oí quejarse por la injusticia que con él se cometió, ni jactarse del reconocimiento internacional que se le dio a su trabajo, tan injustamente olvidado en su país. Creo que cuando Venezuela recupere su condición de país, va a ser obligatorio reconocer a Luis Alberto Machado como uno de los grandes venezolanos de nuestro tiempo.


 
Dr. Luis Alberto Machado en el programa "Buenos días" Venevisión Caracas Venezuela



******* 


Eduardo Casanova



Estudió Derecho y Letras en la Universidad Central de Venezuela y en la Universidad Nacional de Buenos Aires. En 1963 se estrenó su obra teatral Barrabasalia, escrita en colaboración con Arturo Uslar Braun, en 1975 se estrenó su comedia "El solo de saxofón". Luego, en 1968, recibió su título de abogado. Presidente de la Fundación para las Artes del Distrito Federal (Fundarte), 1984. Director del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), 1984-1987. Premio Guillermo Meneses por su obra narrativa (2000). Presidente del Círculo de Escritores de Venezuela, 1999 y 2001.  

Enlaces relacionados: