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viernes, 8 de abril de 2022

CANTO DESPERDIGADO PARA UN SEÑOR.

Un poema de José Pulido a Rafael Cadenas.

 


Rafael Cadenas. Fotografía de Vasco Szinetar.



Un poema que le escribí al poeta Rafael Cadenas quien hoy está de cumpleaños y es una celebración que nos conmueve. La fotografía es del poeta y fotógrafo Vasco Szinetar.

8 de abril de 2022 a las 4:11.


José Pulido





CANTO DESPERDIGADO PARA UN SEÑOR  


Es lógico y humano que el poeta tenga 

una antiquísima procesión de sentimientos,

Y la tiene; en el espejo de sus sentidos juveniles transcurren en desfile 

la Divina Pastora, con sus aires de virgen sevillana, 

y los jiraharas aguerridos 

lanzando hambrientas flechas contra los invasores 

cuyas voces acusaban de canibalismo a los indígenas 

Una hermosa calumnia al ser realizada 

usando la lengua castellana

que se deslizaba como un canto inmortal 

desde la parte superior hablada 

que sostenía Rocinante

Quien no sepa nada de poesía

y se coma a un poeta

no puede ser caníbal

Afortunadamente los descendientes de los jiraharas

solo nos comemos los poemas

de nuestro poeta

sus poemas son 

nuestra manera más alta de sentir

Su decencia debería ser la gran bandera. 

Barquisimeto no dirá que Caracas

le ha quitado un poeta

Caracas ha albergado 

en todo este tiempo 

una pasión barquisimetana

Y la tenemos; desde que llegaron con sus macundales luminosos 

Rafael Cadenas, Salvador Garmendia y Manuel Caballero 

tres mosqueteros del lenguaje

El cielo de Caracas 

es una de las pocas secciones mundanas

que no han podido manosear los bandidos 

y bajo esos tules huidizos se ha pensado 

que ese señor nos pertenece, como si fuera un tamunangue

como si fuera un crepúsculo larense inadaptable

Es el poeta de todos los que dejan 

que el corazón ostente la fruta atravesada 

en el vuelo pico de plata de su poesía

Ese poeta de Barquisimeto y de Caracas

probablemente ha parrandeado poco 

y no ha bailado en modo suficiente

pero ha hecho un mundo de la serenidad

Ese poeta que ama la sabiduría como si fuera una respiración

ese poeta que parece un arcángel sancochado por los jiraharas

se ha vuelto tan propio, tan propio

que es nuestra cédula de identidad sanguínea


*******


José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne


José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.


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YO PERTENECÍA a un pueblo de grandes comedores de serpientes: HOMENAJE A RAFAEL CADENAS




Rafael Cadenas: En Venezuela nos urge instaurar la normalidad, que solo puede ser democrática



La poesía de Rafael Cadenas y William Carlos Williams en el Arpa Jubilosa de la Revista Tricolor





CREO QUE VIAJAMOS AL FUTURO.

Un poema de José Pulido


 TANTO SOÑAR Y SOÑAR. 

Un Poema de José Pulido


EL BULEVAR un poema de José Pulido


ESOS VACÍOS CANTADOS . 

Un Poema de José Pulido


MARILYN REPETIDA HASTA EL CANSANCIO.

Un poema de José Pulido.




MARILYN ENFERMA por José Pulido


NUESTRA POETA EN UNA ESTRECHA TARDE, un poema de José Pulido


COSAS DE ANTES, un poema de José Pulido


EN EL JARDÍN DE LAS HIGUERAS, un poema de José Pulido



domingo, 12 de abril de 2020

RAFAEL CADENAS: La palabra realidad para mí es otro nombre de lo desconocido.



Rafael Cadenas, Jalisco, 2009. FOTO Claudia Posadas



CONTRA LOS HUMOS DE LA PROPIA ESTIMACIÓN. 

ENTREVISTA CON RAFAEL CADENAS









Con el otorgamiento al venezolano Rafael Cadenas (Barquisimeto, Lara, 1930) del XXVII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2018, el más prestigioso del género en los países de lengua española y portuguesa, se refrenda su figura como una de las conciencias críticas más importantes de América Latina en tanto su obra poética y ensayística ha significado un riguroso análisis del hombre contemporáneo.
La coherencia de su pensamiento y poesía con su actual discurso, vertido en sus dos recientes libros de poemas, Sobre abierto y En torno a Basho y otras cuestiones (Pre-textos, España, 2012 y 2016), y en Contestaciones (Fundación para la cultura urbana, Venezuela, 2016), una especie de diálogos incisivos y breves que ejerce con la escritura de diversos autores, demuestran la continuidad, fuerza y vigencia de una obra fincada en la honestidad, acorde con la preocupación fundamental en su obra: la búsqueda de una ética universal de lo humano a partir de la aceptación y el concilio con el misterio de la existencia desde la disolución del yo.
En octubre próximo, Cadenas recibirá el galardón iberoamericano en el paraninfo de la Universidad de Salamanca entidad que, junto con Patrimonio Nacional de España, concede dicho reconocimiento. Ha recibido, además, y entre otros, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca 2015, el Premio Nacional de Literatura en Venezuela 1985, el Premio fil de Literatura en Lenguas Romances 2009 y el Premio Andrés Bello de la Academia Venezolana de la Lengua 2015.
La presente entrevista revisa temas fundamentales de su reflexión poética y de su biografía. Para conocer más en torno a su trabajo y complementar aspectos vertidos en esta conversación, se puede consultar el ensayo “La observancia como quietud que aguarda el instante”, realizado por Claudia Posadas, en este enlace.
Un aspecto central de su pensamiento es la búsqueda del concilio con nuestra condición humana, que se ha resuelto en el ethos clásico. ¿Cuál es el origen de esta búsqueda y cómo se fue conformando? ¿Cuál es el balance de este proceso, cuál es la distancia entre el Cadenas del desasosiego al Cadenas de la gratitud?
El origen está en una especie de quiebra psíquica al comienzo de los años sesenta, la cual me llevó a hacerme preguntas que creía resueltas. Fue un despertar, pues hasta entonces yo había vivido conforme a ideas procedentes de un esquema que a todo responde, que todo lo explica, cuando en realidad no existe nada que esté fuera del misterio, de ese misterio de fondo que también nos constituye, y cualquier explicación no trasciende el campo de lo relativo donde sí puede tener validez. Es allí donde funciona el pensamiento, más allá no, más allá tiene que enmudecer, lo que no está mal pues es muy hablador, porque ha de toparse con lo desconocido, con la fuente infranqueable, con lo que ha recibido muchos nombres, pero en realidad no puede tener ninguno. Es asombroso ¿verdad?, que en rigor no podamos dirigirle la palabra a nuestro fundamento esencial. En cuanto al balance, no me atrevo a hacerlo, pues me parece que implica un cierre. Se asemeja a un inventario espiritual, lo que exigiría más espacio del que ofrece una entrevista. Espero, sin embargo, que mis otras respuestas complementen las que acabo de darte.
Una de las maneras de emprender esta búsqueda es a través de un cuestionamiento del yo. Este proceso es paulatino: ante la derrota, hay un enfrentamiento crudo y descarnado con los diversos yo (Falsas maniobras); después, se presenta un estado de vacío (Intemperie —1977—). En Memorial se estanca este proceso hasta llegar a Gestiones (1992) y Anotaciones (1983), donde se da un concilio. ¿Qué implica este enfrentamiento como método? ¿Qué yo permanece?
Cuestionar el yo, enfrentarlo suena contradictorio. Es lo que suele hacerse, pero no creo que resulte difícil darse cuenta de que eso lo realiza el mismo yo. Así, además de dividirse, termina fortaleciéndose. Ésta es una lucha que se refleja, como bien lo señalas, en los libros que mencionas, todos escritos desde cierta depresión, especialmente Intemperie. En Memorial confluyen las diversas formas usadas en los libros anteriores. Gestiones también las mantiene, pero hay más despersonalización, un intento de expresarme indirectamente, mediante motivos, algo que, claro, tampoco estaba ausente en los demás libros. Yo no rehúyo la primera persona, ni creo que usarla signifique egotismo; muchos, en cambio, la evitan, pero carecen de humildad. Me preguntas qué yo ha quedado. Pues el actual, el que traza estas líneas para pasarlas a la pequeña Olivetti y enviártelas; el que se interrumpe para ir a comprar Tal cual, periódico que dirige Teodoro Petkof, periódico padrísimo, como dicen ustedes, los mexicanos; el que intenta darse al instante, habitarlo, pues sólo existe el presente y un incesante devenir, de manera que el que escribió mis libros es otro, el de ayer es otro, el de hace unos minutos, ya que cambiamos, es otro, otro y el mismo, pero ese mismo es sólo la sensación de ser, de sentirse siendo. “El presente es perpetuo”, dice un verso de Octavio Paz, quien siempre insistió en el valor absoluto del presente y del origen. ¿Habrá diferencia entre ellos? Estas dos constantes de Paz me parecen vitales para sus lectores, siempre que las tomen en serio.




El fracaso como lucidez
El cuestionamiento es en torno al yo pero también del orden; además, ambos aspectos, están ligados al concepto de derrota: se parte de un sentimiento de no pertenencia (Los cuadernos del destierro —1960—), que se expresa en el famoso poema “Derrota”. Después, dicho sentimiento se convierte en un espacio de libertad que desemboca en un estado de vigilancia y cuestionamiento de un sistema que nos presiona y que se manifiesta en el poema “Fracaso”, donde éste es una actitud ética. ¿Qué significó ese estadio de tal modo que fue punto de partida? Actualmente, ¿se encuentra en los poemas citados? ¿Su actitud surge de la experiencia que vivió en su exilio?
Los cuadernos del destierro es un poema en prosa sobre mi experiencia como exiliado en Trinidad (1952-1956), isla muy próxima a la costa oriental de Venezuela. Era entonces todavía colonia inglesa, de modo que durante cuatro años fui súbdito involuntario, pero gustoso, de la reina Isabel. A este periodo le debo un idioma que leo mucho, pero que hablo sólo cuando viajo a Estados Unidos o a Inglaterra. El libro recoge también mi situación íntima de los años sesenta que te mencioné. Hoy no me encuentro en “Derrota”, pero no porque crea tener éxito, esta palabra no forma parte de mi vocabulario, lo que ocurre es que ese poema lo escribió un joven con quien ya casi no hablo, es decir, yo hace cuarenta años. Te daré un ejemplo: en el poema se aprueba en cierta forma la lucha armada y hoy la rechazo. Hace muchos años me di cuenta de que no es ésa la vía para lograr determinado cambio social. Ahora pienso en términos de reforma, no de revolución. Ésta se me antoja, después de las experiencias del siglo que acaba de concluir, un sangriento anacronismo que en todos los casos terminó en dictadura. En cambio, hay revoluciones que no suelen tenerse por tales como la que ha ocurrido en la física, cuyas implicaciones filosóficas apenas comienzan a vislumbrarse o la comunicacional tan prodigiosa o la del movimiento ecológico, y tal vez estén en camino otras que no podemos anticipar. Mi atención está puesta en el individuo más que en lo colectivo. Siento más cercano el poema “Fracaso”; y actitud crítica siempre he tenido, sólo que ahora no procede de ninguna postura previa, sino del simple ver. Al menos me vigilo para que sea así. Cualquier ideología es perversa, aunque esté guiada por la buena intención, porque separa a los seres humanos. El bien que se busca termina trocándose en mal. Las revoluciones traen violencia, se vuelven sangrientas, instauran dictaduras, destruyen y se autodestruyen, todo por el bien del pueblo. Prefiero el sentido común, que es ajeno a carismas, redencionismos, salvaciones, a todas esas grandiosidades hipócritas cuyos promotores nunca se han visto a sí mismos. Si lo hicieran se darían cuenta de que el mal que pretenden combatir está también en ellos y eso es igualmente valedero para los que se les oponen, quienes, sin embargo, por estar más cerca de la realidad —al menos su retórica no tiene pretensiones mesiánicas— podrían acercarse al autoconocimiento.




La necesidad del “autohacerse”
Tanto en su poesía como en su ensayo, la crítica se orienta a cuestionar cualquier fundamentalismo ya sea económico, religioso o político, y se centra en cuestionar la realidad. ¿Por qué este escepticismo como método para sus indagaciones?
El politólogo alemán Thomas Meyer definió el fundamentalismo como “movimiento de exclusión arbitrario” muy opuesto a la modernidad y el cual “pretende ofrecer, en la medida en que condena toda posible alternativa, certezas absolutas, sostén firme, auxilio permanente y orientación incuestionable”. Esta definición que encontré en el libro El fundamentalismo religioso, de Klaus Kienzler (Alianza Editorial), permite detectar dicho fenómeno en muchos otros ámbitos. En todo caso, su auge se debe probablemente a que suministra a la persona que elige una creencia cerrándose totalmente, una seguridad que ella siente como inexpugnable. En realidad, no se trata de una elección. La creencia procede inicialmente del hogar, la escuela, el ambiente, y es sólo más tarde cuando puede afirmarse con carácter absoluto, impermeable a todo interrogar. Aparte de la religión, donde hay más propensión a incurrir en fundamentalismos es en el terreno de la política. Los estragos que causa este fenómeno y su acompañante inseparable, el fanatismo, están a la vista con una contundencia inaudita debido al terrorismo que es en su expresión extrema. En cuanto a mi método, en realidad no tengo ninguno salvo la cautela de ese ver que he mencionado.
¿Considera que esto debería ser un centro de reflexión contemporánea, dada la situación de las confrontaciones a gran escala a partir de lo religioso que observamos?
En realidad, todos los fanatismos son religiosos, pues entrañan una absolutización de lo relativo. En ellos subyacen las funestas deificaciones de causas. Fanático es el que extrema su adhesión a una ideología. Según Arthur Koestler “el problema de nuestra especie no es un exceso de agresión, sino una excesiva capacidad de fanática devoción”. El fanático se identifica totalmente con un credo, que puede estar representado por su tribu, patria, iglesia, Dios, historia, futuro, revolución, caudillo. Para reiterar lo que he dicho sobre el condicionamiento, agrego estas otras palabras de Koestler: “Para una vasta mayoría de hombres a lo largo de la historia, el sistema de creencias aceptado, por el cual estuvieron dispuestos a vivir o morir, no fue de su propia factura o elección; fue impelido hacia sus gargantas por los azares del nacimiento”, lo cual nos dice cuánto peso tiene en la historia lo que se acepta sin examen. A propósito de lo que vengo diciendo, pienso en el peligro que encierran las grandes palabras, pues en su nombre se suelen suspender la razón, la ética y la piedad, y entonces todo desmán, toda inhumanidad, todo horror se tornan posibles. Las citas que he hecho de Koestler proceden de su ensayo “La explosión cerebral”. Este escritor, testigo y víctima de las tragedias del siglo xx, que se prolongan en éste, no creía posible un cambio en el ser humano. Confiaba sí en que la ciencia pudiera crear una sustancia que impidiese las locuras del cerebro arcaico, el reptiliano, pues sólo a él se las atribuye, librando así de responsabilidad a la neo-corteza, el cerebro propiamente humano, que para mí, al contrario, es el más acusable. También Peter Sloterdijk apela a la tecnobiología con un fin parecido, en su libro Normas para el parque humano.
¿De qué manera refrenda su visión al observar la situación de su país?[1]
Me preocupa mucho la división del país. Estamos ante un gobierno que trata de fabricar una revolución que en ningún momento ha definido claramente, y ante una oposición que la rechaza por considerar que conlleva un propósito de dominación con miras a implantar un régimen hecho de retazos ideológicos de la vieja izquierda, militarismo y caudillismo, todo ello cubierto con el nombre de Bolívar cuyo uso desmedido da la impresión de que el gobierno ha literalizado el poema de Neruda a este héroe: “Todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada”, etc., lo que está bien en un poema, pero en la realidad resulta un exceso. En el país existe, sin duda, libertad de expresión, pero los llamados círculos bolivarianos —tenían que llamarse así, ¿verdad?— constituidos por el propio gobierno para su defensa, amenazan, insultan y agreden a periodistas y a manifestantes de la oposición. La justicia adolece de una falla radical: los poderes públicos —contralor, fiscal y defensor del pueblo— son personas que están al servicio del régimen y no al de la sociedad. También los magistrados del Tribunal Supremo fueron escogidos con la misma intención, pero últimamente dieron una muestra inesperada de independencia para consternación del gobierno que reaccionó inmediatamente con insultos y amenazas a los magistrados que no votaron como éste lo deseaba.  En una democracia es esencial que los poderes públicos sean realmente autónomos. A mi ver tal ha sido aquí el problema central pues sin justicia la verdad es inoperante. La división de poderes ideada por Montesquieu tenía el propósito de cerrarle el paso al despotismo y moralizar el Estado, urgencia por la que claman en vano desde su nacimiento los países de nuestro continente. “Es una experiencia constante —piensa— que todo hombre que posee poder tiende a abusar de él y esto último es, precisamente, lo que hay que impedir”, dice José Luis Aranguren en su libro Ética y política (Guadarrama). Por eso dije en una declaración que ese francés ha sido muy infortunado en nuestro país, sobre todo en el actual periodo. De tal anomalía —a la cual se suma el control de la Asamblea Nacional por el gobierno— se derivan los otros males que no voy a mencionar para no extenderme. Finalmente, no puedo pasar por alto que la cultura ha estado muy relegada. Daré un solo ejemplo: la Editorial Monte Avila tiene más de un año sin recibir el aporte del Estado para la publicación de libros. Es necesario sobre todo en Latinoamérica —permíteme insistir en esto— limitar el poder de los presidentes, tengan o no inclinación autoritaria, pues a veces actúan como reyes del periodo absolutista cuando simplemente son empleados públicos al servicio del país, y nunca al de una parcialidad, lo cual sería una aberración. Ellos son elegidos por el pueblo, denominación que incluye a todos los sectores de una nación, no por una divinidad. Ponerles coto mediante la constitución contribuiría a evitar que el poder los enloquezca, tal vez dejarían de sentirse importantes, y hasta se vuelvan humildes al perder los “humos de propia estimación”, para decirlo con frase de Santa Teresa. Después de todo, el brillo que presta el cargo dura poco, y al concluir, el mandatario pasa o debería pasar a ser un ciudadano corriente.


                             Lisbeth Salas, para el libro Rostro y decires. Tomada de aqui



Misterio y realidad
Hay cierta trayectoria del espíritu que inicia con una negación “de los caminos de gracia”; posteriormente acepta un “hambre de gracia”, hasta que llega a la aceptación del fluir con la vida. Así, concilia dos aspectos, la razón y esta apertura “al misterio de vivir”, es decir, llega a una “mística personal”, como dice. ¿El concepto del ethos clásico es la manera de conciliar estos aspectos?
Sí, procuro ir con la vida sin oponerle resistencia. Casi me dejo llevar, aunque a veces me atasco. Dependemos de esa fuente, pero no la poseemos, más bien le pertenecemos. Ver, sentir eso es una apertura que puede significar mucho para quien esté muy envuelto por su ego. Debo decir que siempre evito la palabra mística porque se presta a confusión. Al usarla conviene tener la precaución de precisar qué tratamos de decir con ella. Razón y misterio no se oponen, lo que pasa es que ella llega a un punto después del cual no puede seguir. Allí se encuentra con el espacio del misterio, palabra que por cierto tiene la misma etimología del término místico. Deriva como éste de mistés, que designaba en Grecia a la persona iniciada en los ritos secretos. Si lo que se llama certeza religiosa tiene que ver con creencia, pues no tengo ninguna. ¿Creer significa religión? Pienso que no, aunque es lo que piensan los más. Pero sentir el misterio que nos rodea y nos constituye sí me parece religiosidad.
Como ha dicho, en sus concepciones hay un privilegio de lo existente, e incluso, el concepto del misterio de vivir, se afinca en la realidad (por ejemplo, niega cualquier concepción que privilegie otra realidad más allá de ésta). ¿De qué manera esta visión se fue conformando dentro de su proceso crítico? ¿Qué se deja de lado o qué se gana?
La palabra realidad para mí es otro nombre de lo desconocido, que nunca será conocido. Es todo cuanto sucede, pero también lo nouménico. Detrás de lo existente hay una especie de inteligencia ¿verdad? Marco Aurelio tiene una frase que me gusta y viene al caso. Él habla de “la mente gobernadora del universo”. Piensa, por ejemplo, en nuestro cuerpo. Ahí tienen lugar innumerables y complejos procesos que afortunadamente no dependen de nuestra mente consciente. El yo no podría manejarlos, produciría un desastre como pasa con todo lo que toca. Es otra mente absolutamente impersonal la que los lleva cabo. Alan Watts tiene sobre esto páginas esclarecedoras. Preguntas qué se gana. Creo que nada y todo. Se deja de lado la mezquindad, y si aparece en nosotros nos damos cuenta. En realidad, no somos dueños de nada. El yo se apropia de todo empezando por el cuerpo, lo que le es más próximo. Si alguien, pongamos por caso, tiene un don, cualquiera que sea, el yo se lo apropia cuando en rigor el mérito de éste estribaría en lo que haga con él, pero básicamente no le pertenece. Comprender esto puede ponerle fin a la vanidad. Acabo de notar que estoy hablando como alguien que sabe y eso me alarma; pido me disculpen.
De pronto se vuelve la sombra, al yo que todo lo trastoca; por ejemplo, en Memorial: “hoy descubrí que el borde maligno aún existe”. Después escribe “Caemos, recaemos”. Una vez llegado al concilio, ¿éste permanece? ¿Qué es lo alcanzado entonces?
Porque no existe ninguna garantía. Podemos deprimirnos o sentirnos ansiosos o ser visitados por el miedo. Aunque se haya lidiado con el yo, es posible que esos estados se aparezcan y se trate de hacer algo, pero no creo que enfrentarlos con la idea de vencerlos sea lo más conveniente. Tal es el impulso habitual. Como si se tratara de una pelea, pero en este caso la inveterada agresividad de los humanos no tiene cabida. Ellos quieren siempre dominar, controlar, triunfar. Uno de los poemas de D. H. Lawrence que traduje hace tiempo es precisamente “Triunfo”. Lo copio.
Me parece que durante cinco mil años por lo menos
los hombres han querido triunfar, triunfar, triunfar,
triunfar sobre sus semejates, triunfar sobre obstáculos
triunfar sobre el mal
hasta que ahora la palabra misma es asqueante, no la
podemos oír más.

Si miráramos en nuestros corazones, veríamos
que detestamos la idea del triunfo,
estamos hartos de eso.
El trayecto no es lineal. Tampoco la palabra resultado sería apropiada y nada tiene permanencia, como lo sabía bien Heráclito.



El erario del poeta
Una característica de su escritura es un discurso contundente, pero sobrio, temperado, ajeno a la “verbosidad abundosa”, como usted dice, que se da a la par de un proceso de escritura meditado. Estos aspectos se reflejan en temas escritos a partir de una auto exploración honesta. ¿Desde qué convicción surge esta actitud de vida y escritura? ¿La asume como una estética?
Hoy pienso más las palabras, lo que tal vez no sea conveniente para la poesía, pero ¿qué puedo hacer? En su reino no caben las decisiones. Los cambios se dan un poco solos. Van apareciendo sin que uno se dé cuenta, aunque están vinculados con nuestro movimiento interior. Mi actitud no es estética, si bien le doy, claro, mucha importancia a la forma, sin ella no hay poema ni nada, y lo que haya de ética en mi trabajo nace de un sentimiento de unidad, de esa unidad que subyace en todo lo existente. Uno puede rechazar posiciones ideológicas de otros sin perder de vista que son seres humanos, y lo más importante es esta condición. Percatarse de que ella está por encima de todo es muy saludable en este mundo tan lleno de violencia. El crimen en política comienza con la palabra enemigo. Usarla es ya prepararlo.
Su escritura tiene varios registros: el poema breve y metafórico escrito en sus primeros libros; los poemas en prosa, abundantes y plenos de imaginería, y por último los aforismos y los “dichos”, donde sintetiza su pensamiento. ¿De qué manera este proceso estético se ha desarrollado a la par del proceso existencial? ¿Qué trayectoria de decantación implica el haber llegado a los aforismos?
Trayectoria existencial y proceso estético son inseparables. Los cuadernos del destierro fueron escritos desde la depresión, luego, poco a poco, iba saliendo de ella, lo cual se puede palpar en los libros siguientes. Junto a los de poesía fueron surgiendo los de prosa y por eso están como entrelazados. Las lecturas han sido vitales para mí. Me interesa mucho el pensamiento vedántico, el taoísmo, el zen, y del lado de acá Whitman, Rilke, Lawrence, Pessoa, Ungaretti, Milosz (Czeslaw), Michaux; han sido una presencia constante en mí. También Jung, Watts, López Pedraza. He leído mucho a los clásicos, sobre todo los españoles, y de los modernos a Ortega, Unamuno, Machado, Salinas y Guillén. De Hispanoamérica me han acompañado siempre sus maestros, Reyes, Henríquez Ureña (Pedro), Sanín Cano, Borges, Paz, pero en fin sólo puedo mencionarte algunas de mis lecturas. Es cierto, me atrae el apunte como el de Anotaciones, la forma gnómica de Dichos, el aforismo. Tal vez eso se deba a cierta urgencia por ir derechamente al blanco sin todo el acompañamiento explicativo que suelen llevar los escritos más completos. Tal vez influya también mi gusto por leer, que no me deja salir de la escritura breve. Tal vez mi propia limitación, no sé, pero confieso que admiro a los poetas abundantes, mis opuestos, aunque los leo poco. Los veo como a príncipes que hunden sus manos cada vez que quieren en su erario verbal y de ahí sacan toda clase de joyas. Yo soy más bien lento, paso semanas, meses, años revisando un poema, indeciso, avergonzado, pobre.
Un tema constante a lo largo de sus libros es una revisión del lenguaje, del poema y del poeta. Para usted, la poesía es contrapeso del poder, una ofrenda. En cuanto al autor “uno sólo espera de los poetas un óbolo que sirva para el trayecto”. Pero ante la barbarie, ¿el poema y poeta tiene algún sentido?
La poesía, el arte, el pensamiento son como contrapeso del poder y de la sociedad. Aquél tiende a volverse perverso y ésta a aletargarse. Se requieren antídotos fuertes para contrarrestar esas calamidades ¿y dónde encontrarlos sino dentro de la cultura? Se suele pensar que la poesía puede muy poco frente a la barbarie porque sólo le interesa a una ínfima minoría, pero ésta es una legión del espíritu y por medio de ella actúa la poesía llegando así a ámbitos más amplios. En todo caso, lo más importante es el desarrollo de la conciencia; en tal sentido la lectura, pero no sólo de poesía, es decisiva.




El hombre crucificado por su existencia
¿Cómo se puede conciliar esta búsqueda de la dignidad, este “autohacerse”, con el escepticismo que siente hacia el ser humano? ¿Éste es permanente y definitivo?
Escepticismo, para lo que uno siente en este momento, es un término eufemístico. Basta ver lo que ocurre todos los días en el mundo para no incurrir en optimismos, que nos colocan, voy a usar una frase que le robo a Juan Goytisolo, en las afueras de la realidad. La verdad es que nos hemos acostumbrado al horror. Ni siquiera el más extremo, el de los genocidios, no conmueve a la mayoría de los seres humanos. Voy a citar sólo uno. Según Mathieu Ricard, en un diálogo con su padre Jean Francois Revel, los chinos asesinaron un millón de tibetanos además de destruir seis mil monasterios y oprimen el Tíbet, todo ello ante la indiferencia mundial. En casi todos los países se violan los derechos humanos. Los más civilizados son los que fabrican más y mejores armas. El último aporte de Italia a la cultura, por medio de la fiat, es el haber perfeccionado las minas antipersonas. Ahora no las hace de metal sino de plástico para que no puedan ser detectadas. Mujeres y niños seguirán siendo las víctimas de esas bombas. Las armas atómicas y químicas continúan siendo una amenaza. No se le ve fin a la insania antirreligiosa de las religiones más mortíferas. El más inteligente de los depredadores sigue hiriendo la tierra, que es como si hiriera su propio cuerpo. Los brotes de violencia aparecen en cualquier parte, cesan en un lugar y surgen en otro. La delincuencia, el terrorismo y la corrupción son enfermedades endémicas y a todo lo anterior se añade el crecimiento desmedido de la población, que reproduce sin cesar los problemas; pero no seguiré esta enumeración. Son tan sabidos los males que nos rodean. En cuanto a los países hispanoamericanos, parecen destinados a no acertar. Suelen ser víctimas de caudillismos militaristas o de regímenes democráticos que terminan destruidos por la viveza criolla. En nuestras naciones lo único que parece prosperar es el ego. ¿Cuándo tendremos gobiernos donde realmente prevalezca la honestidad, una honestidad que sea inexpugnable? Yo siempre espero que aparezca el hombre ético. Sin embargo, a la democracia, aunque siempre nos deja insatisfechos, hay que cuidarla; esto se lo digo, con abuso de confianza, a mis queridos mexicanos, y la mejor manera de hacerlo es ampliándola, despojándola de sus vicios, haciéndola socialmente más justa y por tanto más sólida. Casi siempre es posible mejorarla, a menos que haya fuerzas diabólicas que lo impidan. Termino, a modo de desquite, con una pregunta. ¿Cómo anda la de ustedes?
[1] Cabe señalar que esta pregunta se le realizó todavía en el contexto del gobierno de Hugo Chávez.


Rafael Cadenas, Jalisco, 2009. FOTO Claudia Posadas (Detalle)

Tomado de Tierra adentro.


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YO PERTENECÍA a un pueblo de grandes comedores de serpientes: HOMENAJE A RAFAEL CADENAS




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La poesía de Rafael Cadenas y William Carlos Williams en el Arpa Jubilosa de la Revista Tricolor






sábado, 29 de diciembre de 2018

YO PERTENECÍA a un pueblo de grandes comedores de serpientes: HOMENAJE A RAFAEL CADENAS





2018, HOMENAJE A RAFAEL CADENAS


Javier Tellez


Este año que ahora llega a su término dejó sin duda a Venezuela muchos sucesos infortunados y la continuidad trágica de un gobierno inconstitucional que tarde o temprano tendrá que rendir cuentas al país, pero el 2018 nos trajo también algunas noticias de esperanza que sirven para reconfortarnos mientras se alumbra un porvenir libre para el pueblo Venezolano, entre ellas destacamos el reconocimiento internacional al escritor barquisimetano Rafael Cadenas, a quien le fue entregado, el 23 de octubre en Madrid, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en su vigésimo séptima edición, un reconocimiento de gran relevancia destinado a autores cuya obra poética constituye una aportación única al patrimonio cultural común de Iberoamérica y España. Rafael Cadenas es un intelectual de incontestable integridad ética, quien no solo es el gran poeta venezolano sino que también es es uno de los poetas vivos mas importantes de Hispanoamérica, por lo cual tiene mas que merecido este premio. 



En homenaje a Cadenas reproducimos aquí un poema de “Los cuadernos del destierro”, el primer libro que el poeta publicó y que fue escrito hace seis décadas, justo después de ser derrocada la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez:

YO PERTENECÍA a un pueblo de grandes comedores de serpientes, sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer de amor. 
Pero mi raza era de distinto linaje. Escrito está y lo saben -o lo suponen- quienes se ocupan en leer signos no expresamente manifestados que su austeridad tenía carácter proverbial. Era dable advertirla, hurgando un poco la historia de los derrumbes humanos, en los portones de sus casas, en sus trajes, en sus vocablos. De ella me viene el gusto por las alcobas sombrías, las puertas a medio cerrar, los muebles primorosamente labrados, los sótanos guarnecidos, las cuevas fatigantes, los naipes donde el rostro de un rey como en exilio se fastidia.

Mis antepasados no habían danzado jamás a la luz de la luna, eran incapaces de leer las señales de las aves en el cielo como oscuros mandamientos de exterminio, desconocían el valor de los eximios fastos terrenales, eran inermes ante las maldiciones e ineptos para comprender las magnas ceremonias que las crónicas de mi pueblo registran con minucia, en rudo pero vigoroso estilo.

¡Ah! Yo descendía de bárbaros que habían robado de naciones adyacentes cierto pulimento de modos, pero mi suerte estaba decidida por sacerdotes semisalvajes que pronosticaban, ataviados de túnicas bermejas, desde unas rocas asombradas por gigantes palmeras.

Pero ellos -mis antepasados- si estaban aherrojados por rigideces inmemoriales en punto a espíritu, eran elásticos, raudos y seguros de cuerpo.

Yo no heredé sus virtudes. 

Soy desmañado, camino lentamente y balanceándome por los hombros y adelantando, no torpe, mas sí con moroso movimiento un pie, después otro; la silenciosa locura me guarda de la molicie manteniéndome alerta como el soldado fiel a quien encomiendan la custodia de su destacamento, y como un matiz, sobrevivo en la indecisión.

Sin embargo, creía estar signado para altas empresas que con el tiempo me derribarían.





Los Cuadernos del destierro, Rafael Cadenas

Tabla Redonda, Caracas, 1960

Portada: Ligia Olivieri

Primera edición 

ARCHIVO Javier Tellez


Javier Téllez

domingo, 28 de octubre de 2018

Rafael Cadenas: En Venezuela nos urge instaurar la normalidad, que solo puede ser democrática




Derrota




 Yo que no he tenido nunca un oficio
 que ante todo competidor me he sentido débil
 que perdí los mejores títulos para la vida
 que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
 que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
 que me arrimo a las paredes para no caer del todo
 que soy objeto de risa para mí mismo que creí
 que mi padre era eterno
 que he sido humillado por profesores de literatura
 que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
 que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
 que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
 que tengo vergüenza por actos que no he cometido
 que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
 que he perdido un centro que nunca tuve
 que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
 que no encontraré nunca quién me soporte
 que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
 que seguiré toda la vida así y que el año entrante seré muchas veces más burlado en mi ridícula ambición
 que estoy cansado de recibir consejos de otros más aletargados que yo («Ud. es muy quedado, avíspese, despierte»)
que nunca podré viajar a la India
 que he recibido favores sin dar nada en cambio
 que ando por la ciudad de un lado a otro como una pluma
 que me dejo llevar por los otros
 que no tengo personalidad ni quiero tenerla
 que todo el día tapo mi rebelión
 que no me he ido a las guerrillas
 que no he hecho nada por mi pueblo
 que no soy de las FALN y me desespero por todas estas cosas y por otras cuya enumeración sería interminable
 que no puedo salir de mi prisión
 que he sido dado de baja en todas partes por inútil
 que en realidad no he podido casarme ni ir a París ni tener un día sereno
 que me niego a reconocer los hechos
 que siempre babeo sobre mi historia
 que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento
 que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo
 que no lloro cuando siento deseos de hacerlo
 que llego tarde a todo
 que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas
 que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable
 que no soy lo que soy ni lo que no soy
 que a pesar de todo tengo un orgullo satánico aunque a ciertas horas haya sido humilde hasta igualarme a las piedras
 que he vivido quince años en el mismo círculo
 que me creí predestinado para algo fuera de lo común y nada he logrado
 que nunca usaré corbata
 que no encuentro mi cuerpo
 que he percibido por relámpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi
 flotación, mi extravío una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano
 me levantaré del suelo más ridículo todavía para seguir burlándome de los otros y de mí hasta el día del juicio final.
 1963  
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Estimados Liponautas
El poeta venezolano Rafael Cadenas ha sido galardonado con el premio Reina Sofìa 2018, para celebrar la ocasión compartimos con ustedes su discurso de aceptación del premio.

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Palabras de Rafael Cadenas al recibir el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Universidad de Salamanca.

“Señora, señor Rector, señor Presidente del Patrimonio Nacional, autoridades, familiares y amigos. Este es un inmenso honor. Debo decir, una vez más, gracias. Esta palabra es muy importante. Se usa para agradecer, como en este momento, un bien recibido que además viene de la mano de la Reina Sofía y de las autoridades de la más antigua universidad española, por añadidura, en la conmemoración de los 800 años de su creación. Este cumpleaños la destaca entre las demás en edad en el mundo. En otro ámbito, el de la política, permítaseme una referencia diferente al motivo que nos reúne. Hay palabras tan principales, como aquella, por ejemplo, libertad, justicia, democracia, civismo, honestidad; las cuales cuando se ausentan de un país tornan muy difícil para sus ciudadanos el hecho de vivir realmente. Esas palabras, además, deben corresponder a lo que designan, sino habría que recurrir a lo que Confucio llamaba rectificación de los nombres, que se asemeja a nuestra adequat. Es que en Venezuela nos urge instaurar la normalidad, que solo puede ser democrática. Pero no voy a adentrarme en este punto porque no es la ocasión de hacerlo.

Quisiera sí señalar la importancia del lenguaje en el ejercicio de la política. Tiene la enorme tarea de enfrentarse a la neolengua de todo totalitarismo, un peligro para los seres humanos porque los vuelve absolutamente dependientes del Estado. Ahora, voy a decirles mis vínculos con España. A ella me une profundamente la lengua. Sobre esta relación no es necesario insistir. Menos evidente es la que he tenido con su literatura. Comencé a leerla siendo muy joven, creo que a los 14 años, y me cautivó. El desfile empezó con la Generación del 27. Rafael Alberti, Federico García Lorca, y Pedro Salinas fueron los primeros con quien estuve. Debo mencionar también a Miguel Hernández, cuya poesía se adhiere tanto a la memoria, y a León Felipe, que peregrinó por Hispanoamérica diciendo sus poemas y quien, a su vez, se adelantó en España, como Walt Whitman en Norteamérica, a la ampliación del poema, la cual lo hermana con la prosa. Recordemos que ya Lorca llamaba prosía a los poemas de Salinas. Más tarde, leí a Jorge Guillén y a Luis Cernuda. Luego pasé a los autores del 98. Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Azorín, y a Miguel de Unamuno, nombre inseparable de esta universidad. Este despertador de almas llegó temprano a Venezuela a través de las ediciones argentinas. De ellas tengo casi toda su obra. De Unamuno me interesa, además de su estilo, lo que él llamaba instinto de charla, su liberalismo y la idea de intrahistoria que realza a la gente del común, que no entra en la historia pero sostiene todo. En cuanto a la riña con Ortega y Gasset sobre lo de españolizar a Europa o europeizar a España creo que lo resolvió la creación de la Unión Europea. Como soy un gustador de la prosa, ¿qué amante del idioma no lo es?, disfruté la de todos los mencionados.



A mi regreso de Trinidad, a donde me exilió una de nuestras habituales dictaduras, que fue derrocada por un sector del pueblo y del ejército, la vida me llevó de la mano a estudiar en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Después di clases por más de 30 años, y en esa época una de las principales materias a mi cargo fue la de poesía española. Continúo este recuento. Con mi esposa, y gracias a ella, recorrimos mucho España. Inicialmente por iniciativa propia, después por invitaciones de la residencia de estudiantes, lugar sagrado para mí, Casa de América, o festivales como Poemat, a cada paso encontrábamos rasgos de nuestra filiación.

Ahora me referiré a un hecho capital de nuestra historia que a menudo se olvida: la llegada a Venezuela de los exiliados españoles durante o después de la guerra civil. Fueron miles y entre ellos vinieron profesores, científicos, escritores, que contribuyeron decisivamente con nuestra cultura. Como Juan David García Bacca, Pedro Grasset, Manuel García Pelayo, Marco Aurelio Vila, Juan Niño, Federico Riu, Manuel Granel, Guillermo Pérez Enciso, Mateo Alonso, Santiago Mariño y muchos otros. Todos dejaron su impronta perdurable en nosotros. Quisiera nombrar a otros, pero en razón de su cantidad no puedo. En realidad vinieron españoles de todas las profesiones. 

Hace años se publicó en Caracas un libro de dos tomos con biografías breves de ellos, aunque no de todos, y en 2015 apareció el libro Humanistas españoles en Venezuela, compilado por el escritor Tulio Hernández, hoy exiliado de Venezuela. Les daré una idea de lo dicho. Yo hice el bachillerato en una ciudad del interior, Barquisimeto, que originariamente se llamó Nueva Segovia de Barquisimeto; y recibí clases de tres profesores españoles. Es decir, no solo trabajaron en las universidades, sino también en el Instituto Pedagógico, en los liceos de Caracas y de otras ciudades.  


Antes de concluir, debo agradecerle a la profesora Carmen Ruiz Barrionuevo lo que a su vez ha hecho aquí por nosotros con el apoyo de la Universidad de Salamanca. Ella fundó hace años la cátedra que lleva el nombre de un gran poeta venezolano, José Antonio Ramos Sucre, a fin de conocer la poesía venezolana. Merece un gran reconocimiento de parte nuestra.

En una entrevista dije que la palabra crisis aplicada a Venezuela es un eufemismo. Nuestra situación es algo que va más allá de la crisis. Es de salida muy difícil. Termino con una observación tal vez oportuna. Creo que los nacionalismos son abominables. Traen odios, conflicto, guerra. Ojalá aprendamos y optemos por la amistad entre las naciones, por eso he evocado la que existe entre Venezuela y España, no sin recordarles a los que atacan este país que lo hacen en español ”.

Tomado de Prodavinci


Acto de entrega XXVII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana