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viernes, 13 de junio de 2025

Las escritoras negadas por el machista Boom latinoamericano


Rosario Castellanos, Elena Garro, Clarice Lispector, María Luisa Bombal y Silvina Ocampo





"Las mujeres no escriben. Y cuando escriben, se suicidan": las escritoras latinoamericanas durante el Boom


Elena Poniatowska es una de las escritoras de la generación del Boom que más reconocimiento ha recibido, aunque fue posterior. FUENTE DE LA IMAGEN,RONALDO SCHEMIDT/GETTY IMAGES




Juan Carlos Pérez Salazar, @JCPerezSalazar



1 septiembre 2016


El recuerdo es de Cristina Peri Rossi, la gran escritora uruguaya: "Había una biblioteca que para mi era fundamental, la de un tío mío -comunista, soltero, intelectual-. Tendría unos mil libros que fui leyendo en los ratos que él no estaba, porque los tenía en su cuarto (...). Un día me dijo, muy severo: 'Imagino que todavía no has leído todos los libros que tengo, pero sí te habrás dado cuenta de cuántos libros de mujeres hay'".


"Y le dije: sólo tres. Hay uno de Alfonsina Storni, uno de Safo y uno de Virginia Wolf. Y me respondió: 'Mmmm. ¿Y te leíste las solapas para ver cómo murieron?'. Le dije: las tres se suicidaron. Y me contestó: 'Bueno, aprendé: las mujeres no escriben. Y cuando escriben, se suicidan".

Alfonsina Storni. Imagen tomada de aquí.


Cristina pertenece a una generación fabulosa en las letras latinoamericanas, la que empezó a darse a conocer en la década de los 60 y explotó en toda su dimensión en los 70. La generación que hizo que muchos críticos y lectores consideren a la de América Latina como la gran literatura mundial de la segunda mitad del siglo XX.


Pero es posible que muchos de esos lectores y críticos, si se les pregunta por algún nombre de la época, mencionen a los sospechosos de siempre: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, José Donoso o Guillermo Cabrera Infante.

Todos hombres.



La leyenda dice que la poetisa Safo de Lesbos acabó con su propia vida. Pintura de Safo por Karl Agricola


Camadas extraordinarias

Pero paralela a esa extraordinaria camada de escritores -y muchas veces entrelazada a ella- había también un grupo excepcional de escritoras, muchas de las cuales incluso ahora solo son conocidas en sus países. Y a veces ni siquiera en ellos.

Clarice Lispector


Un rápido repaso mental de las más conocidas nos da, además de Peri Rossi, a las mexicanas Elena Garro, Rosario Castellanos y Elena Poniatowska; la argentina Luisa Valenzuela, la colombiana Albalucía Ángel y las brasileñas Nélida Piñon y Clarice Lispector. Y faltan muchas.

Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes son dos de los más grandes escritores latinoamericanos.



La escritora mexicana Carmen Boullosa ("Las paredes hablan" y "La mano de Lepanto"), de la generación inmediatamente posterior, es una apasionada del tema y recuerda bien esos años.

La escritora mexicana Carmen Boullosa, de una generación posterior al Boom
Foto de JUAN BARRETO. 



"Me acuerdo que mi librero, cuando yo era jovencita, por supuesto que tenía a Donoso, García Márquez, Cortázar, Reinaldo Arenas. Muchísimos varones en español. Y tenía muchas autoras de otros idiomas: Katherine Mansfield, Virginia Woolf, Anaïs Nin, Emily Brontë, que habían alcanzado el prestigio literario para llegar al inocente librero de una jovencísima escritora.

Rosario Castellanos. Imagen tomada de aquí.


"En cambio, no tenía -y ahora que lo pienso me parece casi un crimen- a Rosario Castellanos, que fue una grandísima autora estrictamente contemporánea a la gente del Boom... (La novela) 'Los recuerdos del porvenir' la publicó Elena Garro en 1963 (el mismo año que Cortázar sacó "Rayuela" y Vargas Llosa "La ciudad y los perros"). Y el Boom no las tomó a ninguna de las dos. Ahí es donde uno ve que es mucho el asunto de género".

Imagen tomada de la BBC 

"Porque es verdad que Elena Garro estaba más loca que una cabra, puso los pies donde no tenía por qué ponerlos, pero no fue el caso de Rosario Castellanos, que era muy respetada, embajadora de México en Israel. Murió en 1974, o sea que hubo tiempo para que la levantara el Boom. Y no lo hicieron".


"A uno lo suicidan"


A la colombiana Albalucía Ángel, un hombre también le habló de suicidio, aunque de una manera muy diferente a la del tío de Peri Rossi.


En una entrevista que le hice hace algunos años, Albalú (como la conocen en Colombia) contó lo que le dijo su amigo Álvaro Cepeda Samudio (escritor colombiano, gran compinche de Gabo e integrante del famoso grupo barranquillero de La Cueva), cuando ella estaba en medio de una crisis por la presión y el rechazo que sentía por haber decidido ser escritora.


"Me dijo: 'No te dejes engañar, no te dejes suicidar'. Yo no le entendí. 'Es que a uno lo suicidan', me explicó. Tuve la fuerza de irme, porque yo iba a terminar probablemente como él, que sintió que la sociedad lo había acosado, Me decía mucho: 'Váyase, París es igual. Es uno el que no es igual'".


Cristina Peri Rossi reside en España desde los años 70. FUENTE DE LA IMAGEN,LIL CASTAGNET


Albalucía Ángel (como Cristina Peri Rossi, Elena Poniatowska o Nélida Piñon), fue una de las escritoras que conoció de cerca a los escritores del Boom. Primero a García Márquez, en los años 50, cuando aún no era García Márquez.


"Yo entré a La Cueva invisible y así salí. Me acuerdo perfectamente de Germán Vargas, de (Ramón) Vinyes, me acuerdo del ambiente, de los gritos de Álvaro... Y esa fue la tuerca grande de mi existencia para realmente prensarme dentro de ese mundo y decir: ¡Yo voy a ser escritora!".


Luego volvería a reencontrarlo en Barcelona, en la época en que la ciudad no sólo era la capital de Cataluña sino de la literatura latinoamericana, pues allí vivían, además de Carmen Balcells y Carlos Barral (la agente y el editor claves del movimiento), Gabo, Vargas Llosa y Donoso. Y Julio Cortázar viajaba cada que podía desde París.

Nélida Piñon


También vivían Nélida Piñon y Cristina Peri Rossi. Una muestra del cruce que existió entre escritores y escritoras de la generación del Boom, que algunas veces fue de colaboración.


A Albalú, por ejemplo, tanto Julio Cortázar como la que entonces era su esposa, Ugné Karvelis, intentaron -sin éxito- que se tradujera al francés su novela "Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón".

Ugné Karvelis

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Obras imprescindibles de escritoras latinoamericanas contemporáneas del Boom


Rosario Castellanos: Balún Canán; Oficio de tinieblas.

Albalucía Angel: Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón; Misiá Señora.

Elena Garro: Los Recuerdos del porvenir; La culpa es de los Tlaxcaltecas.

Cristina Peri Rossi: Cuentos reunidos; La Nave de los Locos.

Clarice Lispector: La hora de la estrella; La araña.

Nélida Piñon: La república de los sueños; Voces del desierto.

Luisa Valenzuela: Como en la guerra; Cola de lagartija.

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Compañero Cortázar

Julio Cortazar. Caricatura de Julio Ibarra. Cortázar tuvo excelentes relaciones con varias de las escritoras de su generación.


Cristina Peri Rossi también recuerda con mucho cariño a Cortázar. "Es uno de los hombres con los que me he sentido más cómoda. Con afinidades muy grandes. Por ejemplo, en la época en que no existían las películas de Spielberg, él y yo amábamos los dinosaurios y nos pasábamos inventando cuentos de dinosaurios...".

Jurassic Park (1993) Theatrical Trailer

https://m.youtube.com/watch?v=_jKEqDKpJLw&pp=ygUNanVyYXNzaWMgcGFyaw%3D%3D


Peri Rossi dice que no se sintió opacada por los escritores del Boom. "Yo no lo sentí personalmente. América Latina es muy diversa y en realidad me siento mucho más ligada a Argentina que a otros países. Por lo tanto me bastaba que hubiera unos cuantos escritores latinoamericanos... que no son los del Boom precisamente. Por ejemplo, yo admiraba mucho a Juan José Arreola, que me parece el gran renovador del cuento en América Latina, más que Borges".


"Yo casi que por manera de ser no me hago amiga de los escritores porque sean escritores. Yo le decía siempre a Julio: 'si hubieras sido de otra profesión -salvo militar o cura- habríamos sido amigos...'. Además porque a veces la escritura me parece el aspecto más interesante de una persona. Entonces yo no me sentí opacada, pero quizás porque soy una inconsciente, no sé".


Sin embargo, reconoce que "era muy difícil hablar de emociones y sentimientos con esa generación de hombres".

Vargas Llosa con Patricia Llosa, Donoso y su esposa Pilar Serrano, Mercedes Barcha, mujer de Gabo. Imagen tomada de El Español


María Pilar Donoso, esposa del chileno José Donoso, es más severa en su texto "El Boom Doméstico" (apéndice al libro "Historia personal del Boom", de su marido) donde habla del machismo de los García Márquez y Vargas Llosa de esos años y cómo parecían no respetar intelectualmente a las mujeres.

La historia de Cambridge de la literatura femenina en América Latina. Un texto clave... que sólo se consigue en inglés. FUENTE DE LA IMAGEN,BBC MUNDO


En "La historia de Cambridge de la literatura femenina de América Latina" (publicada en diciembre de 2015, aún sin edición en español), hay un capitulo titulado "Boom y Boomito", donde se indica que resulta paradójico que un movimiento que fue en buena parte impulsado por una mujer (la editora y agente catalana Carmen Balcells), no incluyera a mujeres.

Carmen Balcells junto a algunos autores del boom latinoaméricano: García Márquez, Jorge Edwards, Vargas Llosa, José Donoso y Ricardo Muñoz Suay

"Como un producto de su tiempo, ella no estaba lista para ver que las escritoras latinoamericanas estaban escribiendo ficción cautivadora desde los años 50, aunque en una producción que permanecía aislada (...). Desde los 50, en Latinoamérica, en especial después de avances legales importantes como el voto femenino y la igualdad de derechos civiles, un número importante de mujeres acogieron el género de la novela".



"Me pareció muy bien el Boom"


En una entrevista que le hice el año pasado, Elena Poniatowska dijo que su camino no había sido tan difícil como el de sus antecesoras que nacieron o vivieron en México, artistas como Tina Modotti, Leonora Carrington o Antonieta Rivas Mercado.

Antonieta Rivas Mercado.



"Es un gran mundo de mujeres olvidadas, bueno, salvo Frida Kahlo que ahora es casi la Virgen de Guadalupe, pero en general las otras eran muy olvidadas y no sólo eso, sino muy expuestas, consideradas locas. En México, las mujeres que se salían del camino establecido eran satanizadas y tenían una vida muy dura. Y acababan en cierto momento enloqueciendo de tanto que sentían que eso era lo que el público quería que ellas fueran. Que demostraran con su vida que ellas no eran normales".

Tina ModottiImagen tomada de aquí.



Poniatowska -la última mujer en recibir el Premio Cervantes de Literatura y la segunda latinoamericana, tras la cubana Dulce María Loynaz- fue muy cercana a los escritores del Boom. "A mí me pareció muy bien el Boom, yo quise muchísimo al mexicano Carlos Fuentes. Quise muchísimo a Julio Cortázar y no se diga a García Márquez".

Dulce María Loynaz. Imagen tomada de aquí.


"Elena es única y es una grande", dice Carmen Boullosa. "Ha tenido una receptividad ahora del tamaño de lo que es ella, pero esa misma receptividad no la tuvieron Rosario Castellanos o Silvina Ocampo".


Silvina Ocampo. Imagen tomada de aquí


Es entonces que menciona a la mexicana Nellie Campobello, a quien yo no conocía.


"Nació en 1900, o sea que es un poquito anterior (al Boom), pero murió en los 80, secuestrada por su abogado y su propia secretaria para desvalijarla de sus propiedades. En los 60 publicó Mis Libros, ilustrado por José Clemente Orozco, el gran pintor. Y no la toman. Y no sólo eso, la abandona completamente el mundo literario y la dejan morir cautiva. En el más absoluto abandono y en el desamor total. ¿Por qué? Porque era mujer".


Nellie Campobello. Imagen tomad de aquí.


¿Ha cambiando la situación en los últimos años? A simple vista parece que sí. Elena Poniatowska es leída y respetada en el mundo entero. Y la figura de Clarice Lispector no hace sino crecer: la novela Contigo en la Distancia, de la chilena Carla Guelfenbein, premio Alfaguara de 2015, es una biografía novelada de la brasileña, y sus libros son reeditados y traducidos de manera constante.


Cristina Peri Rossi no ha dejado de producir y publicar, pero Albalucía Ángel (que paró de escribir a mediados de los 80) es raramente reeditada en Colombia.


Y advierte Carmen Boullosa: "A mi generación le tocó diferente... Pero no fue tampoco igual, ¿eh? Eso que quede claro. Una mujer tiene que ganar diez veces más bonos para que no la miren por encima del hombro. Y aún así lo hacen".


https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-37176102





La mujer dentro del boom latinoamericano
17 Visualizaciones desde el 16 nov de 2023

https://m.youtube.com/watch?v=OcjXIwDbuZA&pp=ygUcYm9vbSBsYXRpbm9hbWVyaWNhbm8gbXVqZXJlcw%3D%3D




Las MUJERES del ✅ BOOM LATINOAMERICANO | Las olvidadas del boom | Pitecantropo
5198 Visualizaciones desde el 30 ago de 2021

https://m.youtube.com/watch?v=uA4S36MecNc&pp=ygUcYm9vbSBsYXRpbm9hbWVyaWNhbm8gbXVqZXJlcw%3D%3D





Ya nadie lee a Elena Garro?

https://m.youtube.com/watch?v=BisWKfiNqfo&pp=ugUEEgJlcw%3D%3D

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miércoles, 10 de mayo de 2023

JULIO CORTAZAR a José Pulido: LO CONFIESO, TENGO MOMENTOS DE DESÁNIMO

 



Julio Cortázar, cuando estuvo en Caracas acompañado por su esposa Carol


LO CONFIESO: TENGO MOMENTOS DE DESÁNIMO


Una mosca dulcera, saltona y caprichosa quiere recorrerlo y se agarra con sus patitas a la superficie marrón de los zapatos. Luego avanza como alpinista por la larga pierna de un bluejeans viejo, se ciega con el resplandor de una guayabera blanca y vuela hasta el hombro. Parece indecisa ante la barba, el cabello largo y medio despeinado. La cara de gladiador está allá arriba, la frente sobresaliente como un leve casco que se arruga y los ojos, dos peces azules suspendidos e inmóviles pero atentos, están también en la cima. La mosca se decide, revolotea y en ese instante Julio Cortázar lanza un torbellino de humo de tabaco y la aventura llega a su final.

Julio Cortázar y su esposa Carol hablan con Jacobo Borges y, cuando Diana abre un poco las cortinas, sienten que aún no les desaparece el trasnocho, porque se han vuelto a deslumbrar. Pasaron unas pocas horas en Caracas en escala Managua-Panamá-Maiquetía.

Cortázar habla de Nicaragua:

—De hecho los nicas están en pie de guerra, la invasión parece inminente, no son nada optimistas en ese plano, esa es la impresión que se saca. Los milicianos se preparan, aunque creo que no son fatalistas, reina un clima de tranquilidad: van a enfrentar lo que venga pero esperan que no venga nada. Nicaragua está obligada a aprestarse a la defensa dedicando enorme energía y tiempo a eso. Encontré que han superado muchas cosas y hay alimentos, mercados nuevos…

Están oyendo Jacobo, Diana, Teodoro Petkoff y José Carrasquel. El escritor llegó a Caracas con ganas de conversar con el pintor Jacobo Borges, uno de sus mejores amigos y con otro amigo suyo, Petkoff, a quien de vez en cuando le pregunta ¿cómo está la crisis del petróleo?

—Usted ha tenido mucho contacto con Nicaragua, ¿medita una novela sobre la revolución sandinista? —se le planteó la interrogante.

Cortázar explica entonces que hizo un cuento:

—Me motivó un viaje clandestino que hice a Nicaragua antes del triunfo sandinista. Estuve en Solentiname con Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez durante tres días. Hablé con los pescadores… ¿Somoza?, no se enteró nunca porque allí me cuidaron bastante.

Comenta que ha escrito muchos artículos sobre la cuestión nicaragüense. Opina que la revolución nica es diferente a la cubana. “Las revoluciones calcadas, en general, no funcionan. Me he dado cuenta de que es exagerado usar la palabra revolución porque en Nicaragua ha habido una liberación, no una revolución: ellos se liberaron de una tiranía pero las estructuras se han mantenido".

Carol se mueve desde diversos ángulos tomando gráficas de la charla. Cortázar habla en ese instante de la vez que estuvo en Berkeley, y se percató de que los estudiantes norteamericanos no estaban enterados de lo que pasó en Cuba. Creían que Cuba era una nación independiente que de improviso fue sojuzgada por la URSS.

—¿Hay posibilidades de invasión en Nicaragua y El Salvador?

—La posibilidad existe —responde— porque Ronald Reagan como persona es una suerte de típico fascista y tiene una violencia personal que quizás se debe a aquellos papeles de cowboy en el cine… además, es muy bruto e ignorante y se ha rodeado de gente como Haigh, quien es un paranoico.

Cortázar hace notar que en EE.UU. hay grandes diarios que le hacen a Reagan una oposición que el mandatario no esperaba, y es que el pueblo norteamericano no desea otro Vietnam. El Salvador les parece algo así.

—Podía haber una intervención armada sin que apareciesen los yanquis por parte alguna: En Honduras hay unos cincuenta asesores argentinos. Yo vi, por cierto, en San José de Costa Rica, hace pocas horas, varios helicópteros norteamericanos con soldados. Venían del Canal de Panamá, dicen que en ejercicios militares. A mí se me apretó el estómago y pensé: “Carajo, esto es la frontera con Nicaragua”, y uno se da cuenta de que hay unas tenazas cerrándose.

—¿Qué sucede con Argentina?

—Los cementerios son muy pacíficos y allá los militares se pasan el poder como se suceden los pases en el fútbol, pero los militares juegan en el mismo equipo…

Julio Cortázar se refiere a la situación económica argentina, con un dato que le parece el mejor símbolo de esa crisis: el mate, la yerba que para la gente del Paraná, por ejemplo, es mitigante a la hora de acabarse la comida, fue siempre lo más barato que hubo en el mercado.

—Hoy —explica— el hombre va al almacén con su calabacita, para que le pongan hierba, porque no puede comprar un kilo de mate: cuesta demasiado.

FRANCÉS

Los brazos largos, delgados de Cortázar, llevan y traen las manos grandes, de nudos visibles, pecosas. Hace un gesto después de contar que él y Gabriel García Márquez enviaron a François Mitterrand un telegrama señalando que en Nicaragua se siente la amenaza de la invasión. “Lo hicimos desde Managua”. Cortázar piensa que lo de El Salvador fue el punto principal en la reunión del Presidente francés con Reagan.

A esta altura rebota la pregunta que todo un público lector ha querido hacer a Julio Cortázar:

—¿Por qué la ciudadanía francesa?

Cortázar sonríe. Sus dientes manchados de nicotina, cortos, infantilmente rotos, a través de los cuales las palabras salen con un gangueo francés, subyacente en el “¿Vos que creés?” se quedan para siempre fijados en la película de la cámara.

—Las objeciones que tenía en los aeropuertos o con cada policía, la pérdida de media hora mientras el policía veía mi pasaporte, han desaparecido con el pasaporte francés. Ese pasaporte me resuelve grandes problemas. Yo en este momento soy un ciudadano francés que continúa siendo un escritor latinoamericano: eso no tiene que cambiar, el corazón lo tengo en el lado izquierdo y el pasaporte en el derecho, dice.

"AGENTE CUBANO"

Chupa su tabaco y agrega: “Desde hace 30 años vivo en Francia y no me había nacionalizado porque la embajada argentina y la CIA habían dado información falsa al gobierno francés. Decían que yo era un agente cubano pagado con el tabaco de La Habana… (ríe y comenta: “En vez de estar pagado con el oro de Moscú”), me consideran sospechoso de estarme metiendo en problemas franceses. El mismo día de la toma de posesión de Mitterrand , él invitó a muchos intelectuales: estaban Miguel Otero Silva, García Márquez, y yo también. Mitterrand me dijo que él conocía la injusticia cometida conmigo y a los quince días me entregó el pasaporte francés…

Más adelante expresa:

 —La normalización de mi situación en el plano francés no cambia mi posición hacia Latinoamérica, que es de gran fidelidad. En América Latina, en cualquier país latinoamericano, me siento como en casa y me adapto en pocos días y esto que digo no es simple palabrerío.

Cortázar señala: “La idea de que renegaba de la nacionalidad latinoamericana venía de los argentinos”.

—Allá —dijo— el chauvinismo y el nacionalismo son de los peores males. Convierten a los niños en patrioteros. De chico mis maestros me enseñaban cuidadosamente que éramos los más heroicos. “San Martín era superior a Bolívar, cuidado con los chilenos que son traidores, con los  uruguayos que fueron provicia argentina, cuidado con los brasileños”… era un chauvinismo que nos metían en la cabeza y nosotros lo creíamos. Algunos lo siguen creyendo y ahora son generales…

Cortázar es un hombre tan sencillo como alto, tan humilde como modesto. Parece asombrado todavía del triunfo determinante de su literatura en el mundo.

Cree que el nacionalismo sano, en la identidad nacional y en la unidad de Latinoamérica en la diversidad. “¿Soñamos porque somos poetas?”, se pregunta.

—La política también es un cuento fantástico, arguye para repetir después algo que dijo Lenín: “Hay que soñar y tener control de los sueños”.



—¿Está inscrito en algún partido político?

—Siempre fui independiente.

—La política… ¿no le coarta su trabajo creativo en algún momento?

—Mi vocación es literaria —dice Cortázar—, y de pronto parece sentir muchos deseos de hablar de ese tema:

—Hay días, en que he estado de viaje entre una reunión de un comité y un congreso, me digo “Caray, no tengo tiempo para escribir una novela”. Lo confieso: Tengo momentos de desánimo. Pienso que me llaman para defender una causa porque soy un escritor conocido, pero no me dejan escribir, me cuesta trabajo. Luego reflexiono y sé que uno siempre encuentra tiempo para escribir. Por ahora me dedico a los cuentos, pero tengo dos novelas en la cabeza.

La mosca ha vuelto y esta vez observa a Julio Cortázar desde una posición más estratégica: se ha posado en el borde de un florero de mesa.

—Una novela lleva de ocho meses a un año de tranquilidad, eso requiere para que te entregues a ella. Si la interrumpes, se enfría como la sopa y a nadie le gusta la sopa fría, pierdes el control de los personajes y esas cosas. Un día me voy a ir a una isla del Pacífico a escribir. Volveré con una novela…

Interrumpe el hilo de lo que dice para contar que en Argentina se sorprendieron en una ocasión porque apareció un cuento suyo que estaba dedicado a Borges. “No puede ser”, comentaron los lectores argentinos y tenían razón: al final del cuento decía: Este cuento se lo he dedicado al pintor venezolano Jacobo Borges.

Hace poco estuvo reunido con uno que se escribe sin “s” al final: Tomás Borge, el hombre fuerte de Nicaragua. Cuenta Cortázar que Tomás Borge lo observaba leer los diarios de Managua y le decía: “Lee también La Prensa”.

Borge me dice: Lee La Prensa. Todos los días hay ataques contra el régimen sandinista. Lo he visto leyéndola y a veces se pone lívido de rabia. Si dependiera de sus vísceras la mandaría al diablo, pero él sabe que es necesario que eso siga… en Nicaragua hay mucha libertad, aunque lo tergiversen con informaciones que sostienen lo contrario. Los sandinistas tienen una gran paciencia.

Durante unas pocas horas Cortázar estuvo en Caracas. Durmió y desayunó en la capital venezolana.

—¿Cuál ha sido el libro suyo más vendido?

—Rayuela… Es el que me gusta más también— apunta sin dudas.

—¿Y entre sus cuentos?

—Soy más cuentista que novelista y creo que mi mejor cuento es El perseguidor.

La mosca se ha llenado de valor para llegar hasta la altura de aquella cara. Quizás le atrae el brillo de los anteojos.

Cortázar medita un instante y pregunta:

—¿Por qué vos me decís usted si yo te estoy tuteando?

Y en ese momento, de conversaciones menos periodísticas, la mosca pasa en vuelo aguerrido rumbo a la barba del escritor.

Precisamente, cuando Julio Cortázar se pone de pie y lanza su bocanada de humo, que oculta al florero de mesa por unos segundos y llena el espacio con el fuerte aroma del tabaco.

La mosca se mareó, dio varias volteretas y cayó al piso.

Un zapato marrón se le vino encima.

El Nacional, 16 de marzo de 1982.





RECORDANDO A CAROL


(Carol nos retrató con él y sin él. Y a Cortázar lo retrató hasta que la muerte los fundió en una sola imagen. Pocos meses después murió Carol. Julio resistió dos años sin ella porque tenía el respaldo amoroso de la literatura. “No hay más rollos” dijo la muerte.)

El cuerpo de muchacha camina hacia acá. Tiene cabeza de cámara fotográfica. La trompa es un lente de óptica envidiable. Es una mujer de treinta y tantos años. Las manos nerviosas y bonitas sostienen el negro aparato contra su rostro; también pulsa reminiscencias de niña con el ojo pegado a la cerradura, curioseando espíritus.

Ella busca imágenes que luego usará para las nostalgias diversas con que llenará de sabor el futuro, si es que llega. Apenas sobresale la frente por encima del visor réflex. Tiene el cabello muy corto. De repente usa su mano izquierda a manera de peine. Quizá recuerda que alguna vez tuvo una larga cabellera y que para ese entonces él era la voz poética y trastornadora de un libro. Ni siquiera pensaba en conocerlo. Cuando ella renació con su corte a lo garzón, leyó a conciencia aquel libro y  una inundación de hombre anhelado copó sus sentidos.



En este instante Julio mueve su mano larga en un gesto que inmediatamente elimina. Es algo muy parecido al modo de acariciar. Sí: seguramente quiere estar más cerca de ella para que su manaza alise todo el cabello como si debajo hubiera su gato.

Hay una belleza ahí, rondando esa búsqueda de ángulos, y se ha reído porque de repente el hombre enorme se le pareció a Abraham Lincoln. Ella se llama Carol Dunlop y usa parte de la eternidad para fotografiar a Julio Cortázar. Se nota que él quiere abrazarla, tenerla más cerca, pero en este preciso momento ella solo insiste en retener su imagen de hombre vencido por la luz de la tarde, titán encadenado al pensamiento, montaña de sueños tratando de encontrar fe para moverse.  Se amaban tanto. Y se notaba que estaban enfermos porque la tristeza marcaba sus ojos, sus caras, sus andares. Se amaban tanto que parecían dos escolares con toda la vida por delante.

A Julio, quien amaba la vida y sus sorpresas desde la niñez, no se le había desgastado el amor. Y Carol lo motivaba y lo conmovía.   Eso es lo que pude ver mientras ella fotografiaba y fotografiaba.




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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

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22/05/2024