Mostrando entradas con la etiqueta Adriano González León. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adriano González León. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de enero de 2025

En SABANAS EN EL CIELO está el mismo Adhely con sus versos traídos en la chácara del corazón

 



Crónicas del Olvido

SABANAS EN EL CIELO, DE ADHELY RIVERO

**Alberto Hernández**

1.-

Un hombre de acento campesino viaja bajo el cielo abierto; frente a él, la planicie, la pampa, la llanura, la sabana desnuda, casi borrada por el espejismo. El hombre se desplaza a caballo y habla solo. Habla con el padre muerto, con el padre vivo en la memoria. Habla con sus difuntos y con sus vivos, con los que una vez lo despidieron para irse a la ciudad, como una vez le ocurrió a otro campesino y poeta llamado Ángel Eduardo Acevedo. Y ese hombre, muchacho aún, enhorquetado en esa bestia (como le decimos a los caballos en el llano) ha comenzado a pronunciar, a recitar  desde sus adentros (y no ha parado hasta ahora) el canto de ordeño, a ajustarle cuentas a las horas, a oír la voz del madrugador quien silba y declama unas rimas mientras soba con mano amable la ubre de una vaca. Y así viene el hombre. Otras veces va. O sea, va y viene de su tierra, porque Adhely Rivero viaja sobre un caballo imaginario, en carro propio o en autobús. Entonces el horizonte barinés se abre como mujer deseosa y el poeta respira la tierra y los ojos dibujan la sabana y el cielo con la misma fuerza con que Pancho Lazo la trazó en sus versos. 

Vuelve “La vida entera” a instalarse en la porfía de Adhely Rivero. Retorna una vez más sin haberse borrado el rastro trazado por el camino mientras el paisaje se hacía más entrañable, más cercano, pese a los extravíos en la ciudad, a los dones de la universidad, a los favores de la cátedra y las publicaciones de sus voces y silencios. En esa vida completa, en la que caben todas las sabanas y todos los cielos transitados, está la poesía de este hombre, de este hijo del Gadín y el Guadarrama, de Arismendi y sus relámpagos, del mar soñado y el desierto encontrado en cada médano mientras el pequeño estero se traduce en un verso. 




2.-

Desde “15 Poemas” hasta “La vida entera” la existencia de Adhely ha estado centrada en las sabanas de Arismendi, en el cielo que se refleja en las aguas de las lagunas, pero también en el ojo redondo de los caballos y las reses. Hay una imagen cercana: sabana y cielo son la misma mirada, el mismo lugar por donde andan los huesos de los muertos y las trashumancias de los vivos. Sabana y cielo se encuentran en todos los horizontes donde cabe el espíritu. Por eso, entonces, el Llano es parte de esa conjunción celestial de imágenes creadas por la poesía, por las palabras que el hombre enhebra desde su montura, desde la memoria ahora situada en la ciudad, en la tentación de la urbe, en la que no obstante sigue existiendo el Llano y sus poderosas expresiones convertidas en palabras, en susurros, en poemas y poesía. Poemas porque destacan su carácter aforístico, en algunos, y poesía, porque sorprenden muchas imágenes que nacen de la sensibilidad de quien respira el aire completo de las sabanas y se extasía con el cielo que lo cubre mientras celebra la faena en el monte, la de vivir y la de mantener viva la memoria plena de costumbres, de su característico acento y hasta de su manera de danzar, de celebrar la música y hacer de la compañía amorosa un espacio también próximo al paisaje. El amor femenino es también el logos que habita el alma del poeta, la de este poeta que sigue cantando con el mismo ahínco mientras el cielo se acerca a la tierra convertida en llanura. 





3.-

En la contratapa de “La vida entera”, el poeta Enrique Mujica escribe, entre otras cosas lo siguiente: “Poesía fundada en el claro de lo abierto para decirlo con la expresiva categoría heideggeriana de SER y TIEMPO o con la incondicionada y cruda visión del hombre mismo de las llanuras”. Palabras de un hombre de raíz llanera quien también ha cabalgado sus letras entre matorrales y caminos de nuestra planicie nacional. Y, en efecto, en el claro de lo abierto, bajo el cielo, reflejo de la pampa, como ella misma, calco del cielo. Y así el viajero, porque este libro de Adhely es una odisea, un viaje que lo trajo del monte a la ciudad, una marca imborrable que se mantiene en la manera de pronunciarse en voces, en la manera de mirar el mundo, en la manera de destacar su presencia ante el Otro, ese personaje que es el Dios de todos, el que lo acompaña cada vez que bendice el recodo del camino o saluda con su característica respiración. 

ADRIANO GONZÁLEZ LEÓNFotografía coloreada de José Sardá.



4.-

Publicado por Rubiano Ediciones en 2024, el poeta se encumbra con textos como éstos: “Adónde va uno después del Llano”, como si el Llano fuese la continuación de ese cielo que arropa la sabana. “Nada es realidad mientras dormimos”, porque el llanero, y si es poeta más, no suele dormir completamente: siempre hay un fantasma que lo visita. “Dios se está poniendo viejo…”, oración que dibuja la edad del mismo poeta, como aquella reclamación final de Adriano González León en su novela: “Estoy viejo”, y desde ese instante el relato de sus desequilibrios. Dios es también ese espacio entre el cielo y la tierra: Dios es la sabana, esa infinitud. Y por eso, “Así se le hacen los años a una persona…”, razón por la cual a la voz del poeta le gustaría confesar que “Ya no vengo del lugar de origen”, porque la ciudad se vierte olvido en muchos de los que el éxodo campesino se convirtió en ciudadano de toldos, tiendas y multitudes. Pero el poeta, a pesar de la incertidumbre, de su apostolado regional, de apego a la tierra, de su desapego a otras costumbres, tiene el ardor de criticar la realidad: es antipoder, enemigo del abuso, enemigo de quien se hace fuerza contra el otro, por eso, y más allá de no acercarse a ese poder, dice: “Voy a quedarme en la poesía/ para ver si podemos vivir”.



Telúrica, íntima, casera, universal, llanera, venezolana, mundial. Traducida, hecha conjunción de voces en otras latitudes, la poesía de Adhely Rivero no pierde el rumbo: “Que nunca dejen de enviarme un relámpago”, y se refiere a la tierra, al terruño abierto bajo el cielo cargado de energía, de los ríos que secundan sus deseos, sus viajes, su travesía por las palabras y por el polvo de tantos caminos, desde su natal Arismendi hasta Valencia, sin dejar de nombrar al padre, suerte de mímesis ontológica, de espíritu ambulante en el espíritu inquieto del poeta.

Avenida Cedeño de Valencia. Fotografía de Richard Montenegro


Ver a este hombre caminar por la calle Cedeño, detenerse en cualquier esquina de su ciudad, porque Valencia es su ciudad populosa como Arismendi su pueblo natal visto desde la quietud de las nubes, verlo –digo- entrar o salir de un edificio y observar su andar, nos permite advertir que estamos frente a un personaje de ayer que se incorpora a diario al hoy de estos avatares, de esta su memoria cargada de nostalgia, por eso siempre dice “ponerle poesía al viaje”.

Adhely Rivero, Carlos Osorio y Enrique Mujica


Desde su perspectiva, de la realidad que nos incumbe ha escrito: “Los gobiernos y los toreros son imbéciles”, y sigue su andar campesino con la mirada aguda, puesta en la verdad que acaba de mencionar. Y no deja tampoco de ser la tierra desde el polvo de sus muertos en los pequeños cementerios de la memoria, medidos con precisión para que puedan caber los parientes en sus tumbas. 

Orlando Araujo

Y menos deja de ser un compañero de viaje desde la pasión de Orlando Araujo. O un amante quien asume sus riesgos y los publica “en su óseo cajón de ternura”.

Ha llegado el poeta a sostener el aliento: mira desde la casa que imagina, en la que vivió de niño, el horizonte y silba con la boca seca: “El tiempo no se ahorra/ no se puede guardar para más tarde”.



En este libro está todo el poeta de sus libros anteriores. Es el mismo poeta de sus versos traídos en la chácara del corazón. Y por eso seguimos con él bajo el cielo abierto mientras todas las sabanas del Llano venezolano se convierten en poesía.





*******




Adhely Rivero nació en Arismendiestado Barinas,  Venezuela en 1954. Está residenciado en Valencia desde 1970. Licenciado en Educación mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Fue Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde dirigió la Revista Poesía y coordinó el Encuentro Internacional Poesía de Universidad de Carabobo. Ha obtenido varios premios por su trabajo poético, entre ellos el Premio de Poesía Facultad de Ciencias de la Educación (dos años consecutivos) U. C. Premio ‘Miguel José Sanz’ de la Facultad de Derecho de la Universidad de Carabobo. Premio de Poesía de la Universidad de Carabobo. Premio de Poesía Universidad ‘Rómulo Gallegos’. Premio de Poesía ‘Cecilio Chío Zubillaga’ de Carora. Premio Único de Poesía 40 Aniversarios de la Reapertura de la Universidad de Carabobo. Ha publicado los libros: 15 Poemas (1984); En sol de sed (1990); Los poemas de Arismendi (1996); Tierras de Gadín (1999); Los Poemas del Viejo (2002); Antología Poética (2003); Medio Siglo, La Vida Entera (2005); Half a Century, The Entire Life, (2009): versión al Inglés de Sam Hamill y Esteban Moore. Poemas (Antología editada en Costa Rica) (2009): Compañera (2012). Poesíe Caré, Poemas queridos (2016), Versión al italiano de Emilio Coco, publicado en Colombia. Está representado en varias antologías nacionales y en la antología italiana La Flor de la Poesía Latinoamericana de hoy, tomo I, II, editada en Italia, 2016. Ha participado en diversos e importantes Festivales de poesía a nivel nacional e internacional, entre ellos, el Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia, en 2007 y 2016. Festival Internacional de Poesía Al-Mutanabi en Suiza. 2008. Festival Internacional de Poesía de Bogotá, Festival Internacional de Poesía del Mundo Latino, México. Festival Internacional de Poesía de los llanos Colombo-Venezolano en Yopal, Colombia. Feria Internacional del Libro de Bogotá, Colombia, Feria Internacional del Libro de Caracas, Venezuela. Festival Internacional de Poesía de Venezuela. Festival Internacional de poesía de los llanos colombo-venezolano en Arauca, Colombia. Encuentro Internacional Poesía Universidad de Carabobo, Feria Internacional del Libro Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela. Bienal Internacional de Literatura “Mariano Picón Salas”, Mérida, Venezuela. Sus poemas han sido traducidos al inglés, portugués, italiano, alemán, francés y árabe. La revista POESIA le rindió homenaje en su número 156.

 


*******







Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua. 

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Recientemente ha publicado «Poética del desatino» y «El sollozo absurdo».


Enlaces relacionados:


COMPAÑERA de Adhely Rivero





ADHELY RIVERO ENTRE LA LÍNEA Y LA SOMBRA




Invitación al "Recital de Poesía" con los escritores Carlos Ochoa, Adhely Rivero y Carlos Villaverde este 29 de noviembre a las 10 am en la Galería Braulio Salazar




ADHELY RIVERO Y SU ÉNFASIS DEL AGUA EN “TIERRAS DE GADÍN”




ADHELY RIVERO Y EL PAISAJE DE ARISMENDI




GENTE ÍNGRIMA: LA SOLEDAD COMO ENCUENTRO



ADHELY RIVERO EN SOL DE SED





GENTE INGRIMA, DE ADHELY RIVERO





Invitación a la presentación del libro "Sabanas en el cielo" de Adhely Rivero este jueves 24 de octubre en la FILUC 2024





LOS POEMAS DEL VIEJO: IMAGEN Y MEMORIA





A CIELO ABIERTO, EL OTRO PAISAJE DE ADHELY RIVERO




Las SABANAS EN EL CIELO de Adhely Rivero





Teófilo Tortolero, caliéntame con fiebre de tu buena compañía en Nirgua




LA VIDA ENTERA (THE ENTIRE LIFE) DE ADHELY RIVERO




JOSÉ PULIDO: LA VOZ DE ADHELY RIVERO VIENE CON MÚSICA SOLEMNE




LA POESÍA DE ADHELY RIVERO: ROSTROS Y FULGORES DE UN PAISAJE





POESIE CARE – POEMAS QUERIDOS de Adhely Rivero




El sutil hilo de la memoria poética de ADHELY RIVERO. 





Los 53 años de la Revista Poesía: Cauce y camino de los ríos encontrados



El poeta Adhely Rivero estará hoy, 28/06/2024, a las 11 AM en el programa radial "Mejor Vivir" de Arnaldo Rojas



Adhely Rivero: Cumplir 70 años... venirme a poner viejo ahora que me está gustando habitar bajo este cielo.




DAS SEELENFEL - CAMPO DEL ALMA. Un poemario bilingue Aleman-Español de Adhely Rivero




DAVID CORTÉS CABÁN: EL LIBRO DE CANOABO, DE ADHELY RIVERO proclama mediante la palabra bondadosa un sentido más lúcido y humano de la vida




UN HOMBRE SILBA CON LA BOCA SECA EN LA FRONTERA INVISIBLE DE ADHELY RIVERO



Disfruten el video del "Recital de Poesía" con los poetas Enrique Mujica, Carlos Ochoa y Adhely Rivero



"Recital de Poesía" con los poetas Enrique Mujica, Carlos Ochoa y Adhely Rivero el 7 de diciembre




La honda gratitud de Adhely Rivero hacia el entorno natural en su Mundo Poético



El poeta Adhely Rivero será homenajeado en la Filuc 2023



Los Poemas Queridos de Adhely Rivero



III Concurso literario de la Facultad de Derecho “Miguel José Sanz” en 1980



SEPARADOS EN EL TIEMPO Y EN EL ESPACIO (3)


sábado, 31 de agosto de 2024

Adriano González León a 13 Voces. Un cortometraje de Iván Feo


Adriano González León  (Valera, 14 de noviembre de 1931-Caracas, 12 de enero de 2008).



Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes el cortometraje hecho por el finado Iván Feo (n. CaracasVenezuela, 3 de marzo de 1947 - f. Caracas, Venezuela, 5 de agosto de 2024),  Adriano a 13 Voces. 

Iván Feo (n. CaracasVenezuela, 3 de marzo de 1947 - f. Caracas, Venezuela, 5 de agosto de 2024)



Este corto de 25 minutos fue realizado para celebrar los 35 años del Premio de novela "Biblioteca Breve" (Seix-Barral) a "País portátil" de Adriano González León  (Valera, 14 de noviembre de 1931-Caracas, 12 de enero de 2008).


Disfruten de las imágenes

25 minutos. 2004.


Adriano a 13 Voces... Iván Feo

238 visualizaciones  Fecha de estreno: 15 dic 2020





Enlaces relacionados:


Iván Feo: No soy estrella de cine porque vivo en Venezuela


 

Adriano González León: LA EDAD ES UN LENGUAJE QUE RETIENE EL OLVIDO

Una entrevista de Alberto Hernández

 

ADRIANO GONZÁLEZ LEÓN: Los latinoamericanos vivimos en un gran país que va de los Pirineos a la Tierra del Fuego


Adriano González León: lector es el que no le tiene miedo a las sorpresas del lenguaje

Una entrevista de Rafael Simón Hurtado


ADRIANO Y LA ESCRITURA por José Pulido


Adriano González León en un frasco de Ají Portatil


El escritor venezolano Adriano González León: No todos nuestros actos están destinados a la eternidad.

Una entrevista de José Pulido.



jueves, 7 de septiembre de 2023

Adriano González León parecía un ser mitológico

Un texto de José Pulido

 




Otro de los textos que escribí sobre Adriano González León y sus seres queridos. Lo repito para quienes no lo conocían. 


PALABRAS QUE BUSCABAN OÍDOS DIVINOS


La luz de la tarde era amarillenta, casi rosada; la atmósfera de la ciudad podría estarse marchitando. El gran ventanal mostraba un árbol joven muy arrimado al edificio. En la mesa había ensalada, cordero y un arroz al curry con un toque de coco. 

-Andrés…-llamó Verónica, indicando su asiento al niño. 

Andrés jugaba sonriéndole a la soledad en un sofá; Verónica lo observaba con minuciosidad de madre. Ternura absorta. Adriano entrecerraba los ojos como un cazador de imágenes y sin ninguna duda en ese instante bautizaba con palabras especiales los detalles de su entorno. Era como un guerrero que ha guardado sus armas. Con la diferencia de que sus palabras seguían estando ahí, refulgentes espadas de amoroso filo.

Andrés pasó a su lado y se sentó haciendo aterrizar en su plato un avión invisible o una nave espacial.  Adriano lo miró con un intenso y rápido orgullo que luego se posó mansamente en el rostro de Verónica. Entonces la mano de blanco y leve revoloteo dejó caer en las copas aquel vino que sonó como un río subterráneo. 

-El rio de Heráclito…no se bebe dos veces el mismo vino…-bromeó Adriano.

He podido parecer un buen prospecto intelectual, si le hubiese respondido   “Heráclito, el tinto”, pero en aquellos días me concentraba en el realismo sucio y otras lecturas venidas a menos. Sin embargo, tenía plena conciencia de que Adriano acertaba en su pasión por la palabra, que consideraba música y ejecución a la vez. El conocimiento era su mar eterno. Era un navegante que persistía buscando los misterios del sonido humano que lo convirtieron en poeta.

La verdad es que siempre hablábamos de literatura y de poesía. Como amigo suyo nunca desaprovechaba la oportunidad de conocerlo más y de recibir su genialidad y sus conocimientos con toda la cercanía posible. Pero muchas veces nos dejábamos envolver por el ritual de los tragos, por el grial tintineante del whisky. Y las ocasiones en que podía experimentar al Adriano casero, amoroso y recogido en su hogar, constituían momentos de importancia indiscutible. En la intimidad de su casa, Adriano demostraba que podía prescindir de todo menos de sus amores y de la poesía. La poesía había fortalecido su capacidad de recordar todo lo vivido, desde el primer día que supo para qué servían los ojos.

-De Heráclito me interesó siempre su desmedida inteligencia en una época donde había sabios hasta para regalar. Todos esos carajos se la pasaban meditando y revolviendo la ciencia con la filosofía- dijo Adriano.

-A mí se me ha quedado enredada en los breñales de la curiosidad aquella frase que es mitad misteriosa y mitad posmoderna: “El pensamiento es una enfermedad sagrada y la vista un engaño”- respondí y traté de ahondar en Heráclito, pero apenas había leído sus quehaceres de un modo superficial.  

-Son metáforas creadas sin la intención de que lo fueran: “La armonía invisible vale más que la visible”, “No es posible bañarse dos veces en el mismo río”. Borges dijo que la del río era una de las dos metáforas esenciales- opinó Adriano.

Comenzamos a reírnos de tanta seriedad porque automáticamente recordamos un chiste que se gestó la última vez que salió a colación el rio de Heráclito. ¿Por qué será que en cada reunión amistosa repetimos anécdotas, temas, ocurrencias?. 





Tiempo atrás, habíamos estado hablando de que nadie se baña dos veces en el mismo rio y Andrés tendría cinco años. Él conocía la corriente espesa y maloliente del pobre Guaire que fluye a unas tres cuadras del apartamento. Y en aquel entonces Andrés levantó su cara de niño serio para mirarnos y decir:

-En el Guaire no te puedes bañar ni una sola vez, papá.

Verónica y Petra terminaron de servir los postres.


Río Guaire en 2004. Imagen tomada de Wikipedia.

-A mí me gusta mucho el Cántico de Jajó. Creo que contiene una de las metáforas más bellas que se han soltado en este continente:  “…unos páramos cercanos donde crece la hierba de la eternidad”- dije, homenajeando a un ser hecho de idiomas, a un escritor maestro poeta de humilde altivez.  

Pero ya estaba en otra onda. Jugaba con Andrés fingiendo que le iba a robar el postre con una cuchara sopera. Un postre de helado y pastel. Adriano hacía de espadachín con Andrés, a sabiendas de que el fresa-mantecado de su postre terminaría pasando íntegro al plato del niño. 

El asunto es que disfrutábamos esas comidas que eran la expresión del equilibrio placentero logrado por Verónica con su talento y su cultura, pero también resultaba de mucha hondura observar el ángulo familiar de Adriano, un hombre totalmente civil, tallado en libertades por los libros. Era como tener de padre a todas las fábulas de Esopo y de esposo a la Divina Comedia.

Verónica y Petra eran amigas y hablaban de lo que ellas escribían, de lo que escribíamos nosotros y de otros temas diversos matizados por la experiencia con los hijos y la lidia con las manías de los esposos escritores. Verónica me ayudó en varias ocasiones con la sicología de los personajes que se me volvían locos o tenían reacciones difíciles de justificar.

Nada podía compararse a una conversación, sin mayores apuros, sostenida con Adriano. Era como estar en posesión de una fuente emanando literatura, gracia pagana y secretos poéticos en una sola voz. 

Su modo de comportarse ante la vida era una fiesta convocada por el intelecto y el arte. Hablaba o escribía y estallaban los fuegos artificiales de esa festividad, donde entregaba su escritura a manera de tributo para el espíritu que supiera descifrarla.

En 1998, Adriano le dijo en una entrevista a María Luisa Páramo: “La anécdota no cuenta mucho, cuenta fundamentalmente el pálpito del idioma”.

Y luego se explayó al respecto: “El idioma es por sí sólo un contenido, es una anécdota y una verdad. Cada palabra cuenta y puede contar por sí sola una historia, si el lector tiene imaginación. Las palabras están llenas de emociones, de paisajes y de vidas interiores que el lector puede construir”.

Adriano parecía un ser mitológico.  Enrojecía al toque de sus pasiones: era un hombre crepúsculo. Reaccionaba sensiblemente, al más leve roce de lo injusto: era un hombre con nervios de caballo. Alcanzaba alturas perfectas con sus palabras: tenía alas enormes y descendía gentilmente cuando se cansaba de volar.

Después de leer sus textos resultaba difícil asombrarse con otras escrituras. Solo era más sorprendente conocerlo en persona. Relacionarse con Adriano constituía una aventura espiritual: él era la representación estética de un lenguaje. Disfrutaba ejerciendo el idioma castellano, dialogando, confrontando la existencia con esas palabras que brotaban desde lo más profundo de su genética. Y ese lenguaje fluía con el permiso de las viejas magias, porque en su ejecución había una improvisación venida de muy lejos. En las verdes tierras campesinas que alimentaban los sentimientos de Adriano, un duende que fingía ser pastor, tocaba el caramillo buscando los oídos divinos.  

La flauta de bambú que llora en la orilla del río/

el río que nos acerca la eternidad,/

Adriano González León poseía el refuerzo de conducta de una mirada sincera y burlona que se había formado en la atmósfera cultural de una aldea. Fue un poeta arrastrado por el torrente de la narración. Nunca pudo retornar al punto donde ese río crecido se lo llevó junto con los platanares, los caballos, los habitantes de su mundo infantil, juvenil, ideológico.

Por eso se acercó tanto a Mallarmé, Baudelaire, Rimbaud, Verlaine, Vallejo, Homero, Virgilio y toda la grandeza: ellos tendrían que decirle alguna vez que él era un poeta de pies a cabeza. Han debido respetar el mapa de su ruta poética pero los lectores exigían más historias. Muy pocos lectores se percataron de que el sabor inquietante de la poesía es lo que fascina en sus relatos.

Cuando escribió para los doce grabados del maestro Marco Miliani, amigo suyo de siempre, Adriano puso de manifiesto esa poesía que llenó su ser, su existencia y sus angustias. Todos lo saben: El libro de las escrituras, publicado en el año 1992 por la Galería Durban en una edición limitada, pero de ilimitada intensidad.

Ella tenía un sello sobre su corazón/

tenía ovejas en el cabello/

un bosque de cedros/

andaba, a ciegas por las calles,/

buscando un lecho de amor. 

Era un civil de pie a cabeza. Ningún uniforme cubriría jamás su modo de encarar la existencia. Nada podía encasillarlo.


Rodolfo Izaguirre



Rodolfo Izaguirre, uno de sus mejores amigos desde la época del liceo Fermín Toro, escribió:

“Apenas sí éramos un grupo de jóvenes enfrentado a la dictadura perezjimenista. Durante el día, sin aspavientos ni comentarios, cada uno asumía su responsabilidad cívica, de resistencia clandestina, de dura actividad política; pero en las noches nos esperaban las cervezas en el bar, las inflamadas discusiones sobre literatura, los fragmentos de textos y poemas a leer, los cadáveres exquisitos que eran como relámpagos de viva imaginación. Adriano compartía con Guillermo Sucre el liderazgo del grupo y nos enfrentábamos a la tradición literaria del país. Guillermo elevó el ensayo y la crítica literaria a alturas no conocidas hasta entonces y Adriano renovó la narrativa con Las hogueras más altas y luego con País Portátil, obras emblemáticas dentro de los procesos cumplidos por la cuentística y la novela venezolanas. Sin ninguna heroicidad como no fuese la de abrir todas las ventanas en un período difícil para la vida política del país apareció Sardio y en consecuencia la revista del mismo nombre que conoció ocho números entre los años de 1958 (mayo-junio) y mayo-junio de 1961”.





Cuando apareció Pelo Blanco, mi primera novela, Adriano González León le dedicó un programa de televisión. Ese día grabaríamos a la una de la tarde y comenzamos a beber a las diez de la mañana en su apartamento esperando al equipo con cámara y demás artefactos.  Adriano estaba haciéndole honor a la amistad. No creo que en esa temporada mi escritura mereciera un minuto de su atención, pero él me quería y yo lo quería: nos hicimos amigos de poesía oculta, de leernos poemas que nunca sacábamos a la luz y de pasar horas hablando de asuntos de escaso interés municipal, como por ejemplo las diversas y casi antagónicas traducciones de Las flores del mal.




Aunque he señalado que bebíamos desde temprano cuando hizo aquel programa, (que resultó maravilloso como todo lo que Adriano verbalizaba), no significa que su característica determinante fuera la de un empedernido bebedor. Adriano bebía porque su espíritu corría como el agua limpia sobre la dureza oscura de las piedras. La poca comprensión que hubo respecto a su arte como invocador de palabras era un cauce de piedras. 

“La vida como venga”, decían los gitanos. Y esa gitanada lo invadía a veces transformado en el virus de la melancolía que mencionaba Aristóteles.

Si alguien sueña y quiere contar el sueño, busca las palabras que le den forma y sentido a lo que ha soñado. Las palabras siempre son muy antiguas y con sólo invocarlas reproducen árboles y flores, mares y montañas, caras y movimientos, casas y calles, sentimientos y belleza, horror y ternura. Porque las palabras son figuras poéticas llegando hasta nosotros en el río del lenguaje que viene creciendo desde la más remota antigüedad. 

Y Adriano se bañaba todos los días en ese río.





*******



José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores