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sábado, 7 de diciembre de 2024

La Verdad, un cortometraje que divulga la represión que padece Venezuela

 






La Verdad, un ShortFilm de Venezuela


La Verdad | ShortFilm | Venezuela
6006 visualizaciones  5 dic 2024


En un país sumido en la represión, una madre venezolana, vive un día aterrador cuando presencia desde su ventana cómo sus vecinos son llevados presos tras protestar pacíficamente. Desesperada, contacta a su hijo, un joven guardia nacional, para confrontarlo sobre su papel en el sistema opresivo. Mientras el miedo y la tensión crecen, La madre deberá elegir entre el silencio o arriesgarlo todo para defender la verdad.

Creditos:


Actriz: Elba Escobar.

Actor: Pedro Pablo Porras


Escrita y Dirigida: Alejandro Solanilla

Asistente de Dirección:  David Zamora

Dirección de fotografia: Alejandro Solanilla

Audio: Berty Rodriguez / Adrian Salas

Vestuario: Emiliana Zelkowicz 

Musica: Alon Peretz / Lamus Dekel


Agradecimientos especiales:

Elba Escobar

Pedro Pablo Porras

Luis Zelkowicz 

Maricela Gonzalez

Cristina Forestieri

Nelson Ladicani

Daniel Mironaenko


*******



La Verdad: Un cortometraje con un mensaje a las fuerzas armadas de Venezuela



Tensión, frustración y muchas otras emociones son las que provocan los poco más de cuatro minutos que dura el cortometraje La Verdad, una pieza con un mensaje enfocado en las fuerzas armadas de Venezuela.


Ambientado en las protestas postelectorales, narra una conversación entre una mujer que presencia una represión violenta y su hijo, un uniformado de la Guardia Nacional.


El director de la obra, Alejandro Solanilla, dijo en entrevista concedida a El Carabobeño que el objetivo de es que el contenido llegue a los militares del país. “Todos estamos sufriendo, todos la estamos pasando la mal, ¿qué más hay que esperar?”.


La frustración de no poder luchar en las calles de Venezuela al estar como migrante en Estados Unidos, fue su inspiración. Además de alzar la voz porque no pueden hacerlo dentro del país.


El título “La Verdad” se refiere a que existe solo una, aunque se trate de ocultar. Solanilla señaló que los funcionarios y sus familiares también enfrentan la misma realidad del resto de los venezolanos, y por eso el mensaje es para ellos.


El mayor desafío que tuvo durante la realización del cortometraje fue el riesgo al que se expuso todo el equipo, basado en la censura impuesta en Venezuela. También hacer el trabajo con la actriz Elba Escobar, a quien agradeció por aceptar la propuesta. “Sé que es muy delicado y que no todo el mundo está dispuesto a jugársela, pero ella leyó el guion y me dijo que sí, que quería ser parte de esto, que ella también quería hablar de esto”.



La Verdad sin fines económicos

Este es un proyecto profesional que asumió por completo el director, con la meta de que el mensaje llegue a todos los venezolanos, dentro y fuera del país, que les toque el corazón y hacerlos reflexionar.


La obra fue grabada una parte en Puerto Rico y otra en Estados Unidos en jornadas de ocho hora por dos días. “Todo fue financiado por mí y lo logré con pocos recursos y el apoyo de amigos”.


“La Verdad” se estrenó este jueves 5 de diciembre en YouTube y cualquier persona puede verlo de forma gratuita.




Un carabobeño que sueña en grande

Mientras estudiaba artes audiovisuales en la Universidad Arturo Michelena de Carabobo en 2014, participó activamente en las protestas de calle. En ese momento hizo un cortometraje sobre las personas que se iban del país y ese sentimiento de que quizás no volverían. Luego le tocó vivir esa experiencia al irse a Norteamérica donde comenzó a trabajar en diferentes áreas hasta que llegó la oportunidad de hacer lo que le apasiona.


Fue así como realizó el documental “La Voz de los Migrantes”, junto a Sergio Noel y Adrián Salas, que fue la primera pieza de este tipo de otras que ha hecho. También ha dirigido videos musicales y comerciales. Su sueño es hacer un largometraje en Venezuela.


Durante sus años  en el exterior ha conocido a muchos venezolanos que trabajan en grandes proyectos. “Existe un club gigante de personas demasiado talentosas de nuestro país que están detrás de proyectos que jamás te imaginarías”.



https://www.el-carabobeno.com/la-verdad-un-cortometraje-con-un-mensaje-a-las-fuerzas-armadas-de-venezuela/



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domingo, 24 de noviembre de 2024

El Grupo Uno, una pandilla desbordada de fotógrafos valencianos.


(Leonardo Rojas, Alberto Ochoa, Carmen Labarca, Walter Smitter, Rubén Bruno, Wilson Prada, Manuel Arminotti / Hernández Aguilera, 1988)


Analogón


Carabobo ha sido y es una cuna cultural. 




Luis Cabrera

16 de junio de 2021

12:30 pm

Por: Luis Cabrera / @salteveneno



Carabobo ha sido y es una cuna cultural. Todas las disciplinas artísticas han encontrado exponentes de alto calibre en esta entidad, sobre todo, en su capital Valencia. La fotografía no ha sido la excepción.



En el año 1986, un grupo de fotógrafos decidió reunirse para conformar un movimiento que tenía como principal objetivo realizar exposiciones y charlas sobre fotografía. En este grupo coincidieron autores con experiencia y otros que para ese entonces estaban dando sus primeros pasos en este oficio. Su punto de coincidencia fue buscar una identidad en la expresión artística a través de la cámara. Así nació el Grupo Uno.


La primera actividad que los reunió fue una exposición en el Colegio de Abogados, donde participaron: Manuel Arminotti, Rasim Begovich, José Bruno, Rodolfo Castrillo, José Connolly, María Eugenia Chacín, Nelson Chalbaud, José D’Antico, Guillermo D’Auf Maur, Adolfo Estopiñán, Edgar González, Virgilio González, Ricardo Iglesias, Roberto Mata, Pedro Pacheco, Alejandro Robles(+) , Leonardo Rojas, Walter Smitter, Nordis Velásquez, Anaxímenes Vera y José Voglar.


Más tarde se incorporaron Alberto Ochoa y Carlos Fuguet, entre otros, consolidando actividades dentro y fuera de Valencia, compartiendo experiencias con el Grupo Diafragma, conformado por autores de Maracay como Wilson Prada.


El Grupo Uno marcó un precedente en la historia cultural de la ciudad. Por primera vez un grupo de fotógrafos asumió las riendas de esta disciplina y ocupó espacios originalmente dedicados a otras expresiones artísticas, para abrirle paso a la fotografía dándole rango y valor cultural.


Múltiples son las variables que atentaron en contra de la continuidad de este proyecto, pero el camino que abrieron no se perdió en el tiempo. Hace 35 años que la fotografía en Valencia se manifestó con ahínco dando inicio a un movimiento que le abrió las puertas a muchos otros autores en el resto del país.


Si bien es cierto que estos y esos tiempos muy diferentes entre sí, debemos rescatar las coincidencias como: La ausencia de espacios que organicen actividades sobre fotografía, por lo que la responsabilidad recae en los mismos fotógrafos; la necesidad de generar espacios para la discusión, reflexión y promoción de los trabajos fotográficos a través de la autogestión y alianzas estratégicas de entes y empresas interesadas en el arte.


Existe además una necesidad indeleble de agruparse para poder darle forma a proyectos de esta índole, de confrontación frente al hecho fotográfico, que permita el crecimiento profesional de quienes se incorporen, abriendo oportunidades de intercambios y actividades con fotógrafos de otras ciudades o países.


Ejemplos más recientes surgidos en Valencia son Prisma GIF (Instagram: @prismagif) y Sin Permiso (Intagram: @sinpermiso_foto), quienes desde lo presencial y lo virtual han volcado sus esfuerzos en generar espacios para la fotografía, y gracias a las herramientas comunicacionales, esto ha tenido eco en otros países latinoamericanos.


La historia de la fotografía contemporánea de Valencia se sigue escribiendo. Hay mucho por hacer: Conversatorios, ensayos, manifiestos, libros, fotolibros, exposiciones, proyecciones, talleres de formación, volver a abrir una escuela de fotografía. La ciudad lo merece, es uno de esos actos de rebeldía ante la apatía y desinterés de la gestión cultural tradicional.


Para celebrar los 35 años de la creación del Grupo Uno, Leonardo Rojas estará organizando una exposición fotográfica en el Teatro Municipal de Valencia, con algunos integrantes originales y otros invitados. Desde estas líneas, les invito a acompañarlos en este reencuentro, visitar esta muestra si se quiere antológica y hablar de esa experiencia con otros dentro y fuera del ámbito digital. Esta es una manera de honrar el trabajo de cada uno de estos fotógrafos, de agradecerles el esfuerzo por sembrar esa iniciativa en nuestra memoria sociocultural.





Tomado de El Carabobeño



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miércoles, 4 de septiembre de 2024

Giovanni Nani, rector de la UAM, y su equipo acosan a los estudiantes contrarios a la dictadura de Maduro

 



En esta universidad no se habla mal de Maduro


Las autoridades de la Universidad Arturo Michelena se infiltraron en grupos de WhatsApp de sus estudiantes. Allí detectaron a aquellos que se pronunciaban contra el fraude electoral del 28J y criticaban el respaldo abierto del rector al oficialismo. A los descubiertos les ofrecieron la “oportunidad” de escoger sus propios castigos: o arrepentimiento y suspensión hasta por dos semestres en el campus o, ya a merced de la ley de la calle, expulsión permanente y denuncia ante la Fiscalía por delitos de odio. La universidad prolongaba así su historial de cruce con prácticas y cuerpos de represión.


Esa tarde de agosto de 2024 era como cualquier otra para O., quien acababa de hacer sus deberes estudiantiles del día y decidió tomar un breve descanso en casa. Se sentó y empezó a revisar su celular para pasar el tiempo. Entonces se tropezó con un detalle que rompería su rutina.


Notó que al teléfono le había llegado una notificación de Google advirtiéndole que la dirección de correo electrónico que normalmente usaba como estudiante de la privada Universidad Arturo Michelena (UAM), presentaba fallas. Quiso ingresar a la cuenta para chequear el problema, pero se percató de que su sesión había sido cerrada por una orden de inhabilitación de la propia universidad. Enseguida revisó su usuario en Terna (la plataforma que la institución utiliza para cargar las notas y procesar los pagos de matrículas) y se encontró con el mismo resultado. 


Si bien en ese instante O. ya podía intuir por cuál motivo estaba ocurriendo todo aquel veto electrónico contra su persona, no pudo evitar el nerviosismo. Pero apenas recobró la calma, se puso a averiguar: entonces constató que decenas de estudiantes de la UAM tenían el mismo problema.


“Ahí, de inmediato, fue que supe que no se trataba de un error, sino de algo a dedo”, contó O. al reportero de Armando.info. Bajo esa premisa, varios de los afectados, como O., se coordinaron para obtener tanto una versión oficial como una solución para el percance. Preguntaron a las autoridades universitarias y no obtuvieron respuesta alguna en esos primeros contactos. El asunto no era menor para el grupo de jóvenes: mientras se mantenía la inhabilitación, perdían la posibilidad de entregar tareas y realizar exámenes. Podía hasta ocasionar la interrupción de sus estudios universitarios. 


Tuvieron que pasar unos días más para que comenzaran a sonar los teléfonos personales de los estudiantes o, en algunos casos, de sus padres y representantes. Con las llamadas, hechas desde la Consultoría Jurídica de la UAM, se les convocaba a una reunión en la recién inaugurada sede de la universidad en el centro histórico de Valencia, la capital del estado Carabobo, en el centronorte de Venezuela​. Allí iban a descubrir que el incidente con sus accesos electrónicos no había sido accidental.



Esto es por tu bien



Cuando S., otro de los estudiantes inhabilitados en la esfera virtual, acudió a la cita, uno de los docentes que lo recibieron le preguntó si sabía por qué estaba allí. S. respondió con un tajante “no”. ​L​a respuesta sirvió para que Pedro Flores, Vicerrector Académico y Consultor Jurídico de la institución, a la cabeza del grupo de autoridades universitarias en esa reunión, ​empezara a contradecirle con las "pruebas" en la mano. A S. le pusieron enfrente una carpeta con cuatro folios. Cada una de esas hojas contenía una relación de capturas de pantalla con comentarios que S. había intercambiado unos días antes a través de un grupo de estudiantes en WhatsApp. Al propio autor sus posts le lucían apenas sarcásticos; pero, por lo que le decían, ahora S. se enteraba de que las autoridades universitarias los encontraban ofensivos.


Le dieron a firmar un “acta de apercibimiento”. No puso reparos en hacerlo. Por el acta, S. se obligaba a presentar desde sus cuentas de redes sociales una disculpa pública a la UAM, así como a dejar de ​e​mitir críticas ​c​ontra la institución o mensajes que sus directivos pudieran calificar como “expresiones ofensivas”. De no cumplir lo estipulado, advertía el documento, habría consecuencias.




Como esta fueron entregadas varias “actas de apercibimiento” por parte de la Consultoría Jurídica de la UAM, en las que se informa a los estudiantes "infractores" de la obligación de disculparse so pena de castigos mayores. Crédito: Imagen tomada del documento.

¿Cuáles podrían ser esas consecuencias? Las autoridades universitarias no se ahorraron pormenores al describirlas en la reunión. En el peor de los casos, dijeron a los estudiantes, podían tocarles de 20 a 30 años de prisión por delitos tipificados en la Ley Contra el Odio. Por lo tanto, insistía Pedro Flores, junto a Luis Cabrera, Director Académico de la Facultad de Humanidades, Letras y Artes, y a Fredy Martínez, abogado y docente de la universidad (quien luego en su cuenta de X negaría haber hecho algo así), la sanción disciplinaria que la universidad les imponía era por su bien; si se acogían a ella, iban a tener la “oportunidad” de resolver el conflicto mediante una “vía institucional” establecida por la UAM. La alternativa a esa mano tendida que se les ofrecía a los estudiantes, sería la de enfrentar el sistema judicial regular que el oficialismo chavista-madurista controla con riendas cortas.


“Hay dos formas de resolver esta situación”, aseguró Flores en uno de esos careos con estudiantes, para luego advertir: O “nosotros ponemos todas esas captures [imágenes de los mensajes en Whatsapp o publicaciones en las redes sociales de los estudiantes] en manos de los órganos judiciales y policiales para que hagan la averiguación correspondiente, porque estamos frente a un delito", o "la universidad ha decidido resolverlo en el ámbito académico y universitario para que las consecuencias no sean más graves, lo cual no garantiza que los órganos judiciales o policiales [no] inicien una averiguación de oficio o por instancias de alguna persona que se sienta afectada”.


Los miembros de la Consultoría Jurídica de la UAM tenían cada caso documentado con un expediente como el que habían mostrado a S., según confirmaron otras cuatro fuentes con conocimiento de las reuniones. Además, esas autoridades revelaron que las indagaciones habían estado a cargo de una “comisión designada por la universidad”, cuyos miembros no se dieron a conocer aduciendo consideraciones “de confidencialidad”. 


Una de las tareas acometidas por esa comisión habría sido la de determinar el rango de gravedad de cada uno de los casos, de modo de clasificarlos a posteriori en tres categorías:  "Menos grave, grave y gravísimo”; las penas que se les aplicarían a los potenciales sancionados tendrían severidades distintas, también según ese escalafón. Así, a los responsables de los casos “menos graves” y “graves” solo se les plantearía la firma del acuerdo de “arrepentimiento”. Pero a los de los casos considerados como “gravísimos” se les reservó una elección diabólica: debían escoger entre retirarse voluntariamente de la casa de estudios por dos semestres consecutivos, por un lado, o sufrir una expulsión de por vida, por el otro.    


Allí no acabaron las advertencias de las autoridades universitarias. Avisaron a los estudiantes que no se molestaran en publicar sus historias o hablar con periodistas, porque tenían documentado caso por caso y, si alguno lo hacía, iban a saber de quién se trataba, según la versión de diversas fuentes.


Por la misma fórmula, al menos 60 estudiantes de la UAM, con O. y S. entre ellos, se encontraron entre la espada y la pared. En un evento sin precedentes en la educación universitaria venezolana, que combinó restricciones a la libertad de expresión con la vigilancia electrónica, una comisión encubierta de la UAM se había dedicado a monitorear sus comentarios en chats grupales de mensajería o en redes sociales (muchas veces publicados bajo cuentas anónimas sin una clara vinculación con el estudiantado) para usarlos en su contra. Se les acusaba de transgredir con esas publicaciones la Normativa de los Alumnos que, supuestamente, cada uno de ellos había aceptado por defecto al momento de inscribirse.




El Vicerrector Académico y también Consultor Jurídico de la UAM, Pedro Flores Tirado, ha encabezado personalmente la 'razzia' estudiantil. Crédito: Imagen tomada del sitio web de la UAM.



Mordaza universitaria



El proceso usado por las autoridades universitarias (valiéndose de personas infiltradas para espiar y extraer de grupos privados de Whatsapp los mensajes de los estudiantes) parte de una seria irregularidad, según argumentaron varios abogados especialistas consultados para esta historia, que pidieron no ser identificados: viola el derecho a la intimidad y la privacidad de las comunicaciones de los estudiantes, que se establece en el artículo 48 de la Constitución vigente desde diciembre de 1999. No hay disciplina educativa que suplante la Constitución.


En tal sentido, de acuerdo con las mismas fuentes, las capturas de pantalla presentadas por la Consultoría Jurídica como pruebas de alguna falta presunta pudieran carecer de validez por haberse obtenido de forma contraria a lo dispuesto en la legislación. Para poder intervenir comunicaciones privadas, como pudiera interpretarse que ocurrió en este caso, es necesario contar con una orden de un tribunal para no incurrir en una violación, también, de la Ley Sobre la Protección a la Privacidad de las Comunicaciones.


“Hablar de esa forma del rector (...) es un hecho que podría ser sancionado si ocurre dentro del recinto universitario. Pero hay un problema: si esa conversación se obtiene violando la privacidad de las comunicaciones, entonces no lo puedes sancionar”, explica uno de los abogados. Y continúa: “Pero, además, no tienes que llamar a nadie a una reunión. Por el contrario, el procedimiento es notificarle primero al estudiante que se le abrió un proceso disciplinario y el estudiante en ese proceso disciplinario se defiende. ¿Qué es defenderse en este caso? Presentar argumentos y pruebas de que ellos no dijeron lo que la autoridad dice o, por ejemplo, argumentar que los captures son una violación a su derecho a la privacidad de las comunicaciones”.


Lo peor era que la razzia en el campus no tenía que ver con algún episodio estrictamente universitario; estaba relacionado con las elecciones presidenciales del 28 de julio.


Días antes de la jornada comicial, algunos estudiantes habían creado un grupo de Whatsapp para usarlo, sobre todo, como un espacio donde podían comentar las declaraciones que Giovanni Sebastián Nani Lozada, Rector de la UAM, venía ofreciendo en distintos medios de comunicación nacionales, incluyendo canales de TV. En efecto, el rector Nani, ingeniero de profesión, empezó súbitamente a encarnar en público el rol de un analista político-electoral; hasta entonces, nadie le conocía esa faceta. En sus intervenciones en medios, aseguró haber realizado lo que llamó un “análisis predictivo” sobre los resultados de las, entonces, venideras elecciones presidenciales. Según el estudio, decía el rector, el candidato a la reelección, Nicolás Maduro, despuntaba como favorito para ganar la contienda con 53% de los votos. El presunto análisis, siempre de acuerdo a Nani, se habría alimentado con data proveniente de un estudio de opinión hecho por el Centro de Medición e Interpretación de Datos Estadísticos (CMIDE 50.1), una encuestadora fantasmagórica cuyos método, reputación y propia existencia habían quedado muy en entredicho tras algunas revelaciones en la prensa


Desde luego, los comentarios en el chat de estudiantes no solían ser amables con Nani. De hecho, empezaron a escalar en intensidad y virulencia, no solo en los chats de WhatsApp, sino en otras redes sociales. El tema empezó a llamar la atención. Muchas personas se sumaron al foro, y no todas eran conocidas. Ahora los verdaderos estudiantes que participaron en el grupo lo lamentan; algunos debieron ser infiltrados. “Eran espías, sapos”, comentó una fuente que pidió resguardar su identidad por temor a represalias.


Indicios del uso por parte del rector Giovanni Nani de las mismas técnicas de infiltración y vigilancia en las redes sociales y, sobre todo, en grupos de WhatsApp, también se encuentran en otros ámbitos. Por ejemplo, hace quince días Nani denunció en medios regionales cercanos al chavismo a la periodista María del Rosario Charito Rojas, una personalidad de la radio local, a quien acusó de difamarlo de manera continua. Para sustentar los señalamientos, mostró imágenes del intercambio privado en un chat llamado Periodismo Activo, que conformaban reporteros y editores del estado Carabobo. Con respecto al grupo de WhatsApp, Nani hizo además "un llamado a las autoridades del Estado para que investiguen a los administradores de este grupo promotor de la violencia”. Rojas se sintió obligada a dejar el país..



Mañas viejas de viejos conocidos



Hay algunas relaciones que perduran con el tiempo, aunque solo se sostengan por un componente esencial: la lealtad. Y la lealtad es a menudo unidireccional. 


Es lo que describe la relación que une en términos de subordinación a Pedro Flores y Luis Cabrera, dos de los inquisidores en la reunión con los estudiantes, con el rector Giovanni Nani Lozada, quien se apropió del cargo en agosto de 2022 sin la aprobación mediante el voto de la mayoría de los miembros de la Asociación Civil Universidad Arturo Michelena, propietaria de la UAM, de acuerdo con las actas constitutivas de la institución.


Siguiendo la estela dejada por Nani durante su ascenso en la institución, Cabrera y Flores no sólo han escalado posiciones entre los directivos de la universidad, sino que también se han beneficiado con títulos de doctorado para los cuales ni cursaron materias ni presentaron tesis, como publicó Armando.info el pasado mes de marzo. Es una relación que se ha ido tejiendo desde al menos el año 2014, según fuentes con conocimiento interno de la universidad, y que se ha consolidado a tal punto que ambos actúan a disposición del rector sin objeciones.


Las maneras represivas dentro de la universidad ya se asomaron hace diez años, cuando una ola de protestas sacudió por varios meses las calles de ciudades en todo el país. En ese año de 2014, los empleados y estudiantes de la UAM conocían a Luis Cabrera solo como “el señor que administraba un local de venta de shawarmas”, contaron fuentes. El negocio funcionaba en un espacio alquilado dentro del llamado bulevar, un pasillo que alberga distintos expendios y que, por lo tanto, concentra parte de la vida diaria en la institución. Tanto, que también escondía un secreto: en habitáculos entre sus muros se llegó a retener a estudiantes para que no pudieran acudir a las manifestaciones callejeras de 2014, según denunciaron para esta historia antiguos integrantes de la directiva de la UAM y varios estudiantes afectados entonces.




El profesor Luis Cabrera, quien a la izquierda de la imagen aparece estrechando la mano del rector de la UAM, Giovanni Nani (a la derecha), es el otro funcionario que encabeza la persecución a los estudiantes 'disidentes'. Crédito: Instagram de la UAM.


Según los testimoniantes, quienes hace una década los confinaron eran funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin, policía política) que habían ingresado al recinto universitario vistiendo uniformes del personal de mantenimiento, un servicio que para ese momento Giovanni Nani dirigía. A los estudiantes los interrogaron y les pedían revelar los nombres de sus colegas que participaban en la organización de las protestas o, de lo contrario, los incluirían en una lista negra que iba a ser entregada a la justicia chavista.


Algunos de ese grupo de estudiantes sufrieron consecuencias casi de inmediato. Por ejemplo, uno de ellos, que habló con Armando.info a condición de mantener su identidad en estricta reserva, notó en aquella ocasión cómo los funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y de la Policía Municipal de San Diego, un municipio en el extrarradio de Valencia, quienes solían custodiar las calles cercanas a la UAM para sofocar las protestas, comenzaron a llamarlo por su nombre y a hacer demostraciones de que conocían sus datos personales, como su lugar de residencia. Luego, a mitad de ese semestre, ocurrió un “error” en el sistema Terna que borró todas sus notas y materias que había cursado. La falla fingida casi lo llevó a tener que reiniciar desde cero sus estudios universitarios, pero una constancia de estudios que había solicitado unos meses antes, a manera de precaución, le permitió solventar el problema.


“Un día se me acercó una persona que para ese momento no era profesor, pero que terminó siendo profesor más adelante, me llamó por mi nombre y me dijo que quería hablar conmigo”, relata el exalumno de la universidad. “Cuando me siento a hablar con él, me dice: ‘Yo sé quién eres, yo sé cuáles son tus notas y cuáles materias estás cursando, y yo no quiero dañarte a ti. Si me das el nombre de todas las personas que están en el Movimiento Estudiantil, te dejo a ti fuera de la lista, pero, si no, tu información yo se la voy a dar al grupo del Sebin’”. Quien lo presionaba era Luis Cabrera.


El estudiante supo luego, por personas que lo contactaron desde el interior del cuerpo de seguridad, que las fotos de él y de otros estudiantes de la UAM eran exhibidas en una cartelera en la sede regional del Sebin, ubicada en el municipio Naguanagua, un suburbio de Valencia.



Censura en la teoría política



Durante esos meses de protestas, que se extendieron desde febrero hasta mayo de 2014, Giovanni Nani recorría el campus universitario señalando a los manifestantes y dando indicaciones a personas no identificadas para que, según comentaron cinco testigos al reportero de Armando.info, tomaran fotos, grabaran y siguieran a los protestantes por toda la universidad. Para entonces, los estudiantes lograron identificar que una de esas personas tenía el apellido “Brito” y que, si bien estaba inscrito en un postgrado que se desarrollaba los fines de semana en la UAM, no asistía a clases.


Otro reflejo de las relaciones cercanas entre la UAM y los cuerpos de seguridad se encuentra en el relato de Roberto Romero, quien hace algunos años se desempeñaba como profesor de la cátedra de Ideas Políticas y Económicas en la Escuela de Comunicación Social.


En las aulas existía lo que él define como un “microcosmos” de diversidad de pensamientos políticos entre los estudiantes. Un día comenzó a notar la presencia de personas desconocidas, que ni siquiera se presentaban o firmaban lista, en el salón donde daba clases. No tenía que tratarse de algo irregular: en medio de ese ambiente abierto que Romero recuerda, también era frecuente que estudiantes de otros cursos le preguntaran si podían ingresar a sus clases. Pero Romero se percató de que la situación se repitió por segunda y tercera vez, hasta que se decidió a actuar.


“Comencé a notar rostros y comportamientos que no tenían que ver con la forma de actuar de los estudiantes”, contó. En una de esas ocasiones, Romero interrumpió la clase y le pidió a la persona desconocida que saliera del salón para poder conversar de manera privada. “El tipo se queda callado, sale y me pregunta que en qué me puede ayudar”, relata el exprofesor de la UAM, que le respondió: “Tú eres de la inteligencia de alguien, ¿quién te mandó?”. El sujeto soltó una carcajada y aseguró que, debido a un acuerdo entre la Gobernación de Carabobo (a cargo entonces de Francisco Ameliach) y Giovanni Nani, tenía instrucciones de vigilarlo.


Quince días después de ese episodio volvió a ocurrir lo mismo, pero con otra persona. Cuando lo confrontó, en esa ocasión frente a sus alumnos, el hombre abrió su billetera y le mostró un carnet que lo identificaba como funcionario del Sebin. En el pasado, por su rol como dirigente del movimiento estudiantil del año 2007, Romero asegura que mantuvo cierta rencilla con Ameliach, un exmilitar y dirigente del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en Carabobo.


Esta versión de los hechos fue confirmada a Armando.info por tres diferentes fuentes, entre estudiantes y exdirectivos de la UAM, quienes alegaron haber sido perseguidos o intimidados por funcionarios de seguridad del Estado tanto en la universidad como fuera de ella.




A esta estudiante, como a decenas de otros más, la UAM forzó a retractarse públicamente para evitar sanciones mayores. Crédito: Imagen tomada de Instagram.


Armando.info solicitó respuestas a la Dirección de Administración de la UAM por correo electrónico. Como reacción por esa vía, Luis Cabrera negó que existiera cualquier “coacción o amenaza por parte de las autoridades de la Universidad Arturo Michelena contra estudiantes de esta casa de estudios que hayan emitido opiniones políticas a través de redes sociales sobre las elecciones del pasado 28 de julio”. 


En la breve misiva, Cabrera también solicitó a Armando.info que "se ponga fin a la persecución hacia nuestros estudiantes y profesores en relación con una situación que ya ha sido aclarada y forma parte del pasado".


Sobre esto último, remite a unas declaraciones emitidas el 19 de agosto por el propio rector, Giovanni Nani, en las que este, en respuesta a tempranas denuncias de periodistas sobre represalias en la UAM después de las elecciones, las desmiente y sostiene que forman parte de un "ataque sistemático contra las universidades privadas". "¿Con qué finalidad?", se pregunta de manera retórica Nani en el video, para enseguida responderse: "Porque las universidades están en paz. Venezuela están en paz y los estudiantes están tranquilos y apostando por la paz".


Luego hace referencia a las tribulaciones vividas en la UAM, de la que dice fue "víctima de la violencia" desde el 29 de julio, día siguiente al de las elecciones, a través de "redes sociales (...) y grupos de Whatsapp". Dirigiéndose a los padres y representantes de los alumnos de la universidad, Nani aparece asegurando que "aquí nunca castigaríamos a su hijo o al familiar que usted tiene estudiando aquí porque piense diferente o apoye una política o apoye a otro grupo político" y, tras mostrar algunos pantallazos con mensajes "de odio" en Whatsapp, recalca que su "intención principal fue siempre manejar esto a lo interno, por eso se llamó a estos muchachos a conversar con ellos, a lo interno, [para] hacerles ver que la violencia no tiene cabida en la universidad".


Pero ya se ve en qué tono se plantearon esas "conversaciones", que incluyeron claras amenazas de llevar los casos ante la Fiscalía. Para algunos todavía, la letra con sangre entra.


Tomado de Armando.info







viernes, 20 de julio de 2018

Una tarde de cuarto creciente en la Universidad Arturo Michelena





Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes una breve crónica enviada a nuestra redacción donde se hace un acercamiento a una de las más recientes actividades de la Sociedad Astronómica de la Universidad de Carabobo que fue realizada en la Universidad Arturo Michelena ubicada en municipio San Diego de la ciudad de Valencia.  Las actividades fueron dos charlas realizadas el 19 y 20 de junio de 2018. La primera charla fue dictada por el Dr Nelsón Falcón a las 11 y media de la mañana y la segunda por el ingeniero Alcides Ortega a las 7 y 30 de la noche. El texto fue realizado por Rosalinda Figueroa una de la asistentes a la actividad y estudiante de la universidad Arturo Michelena.

Aprovechamos este medio para agradecer al público asistente a las actividades y al profesor Alfonso Bejarano por la invitación a realizar estas actividades en la Universidad Arturo Michelena.

Deseamos disfruten de la entrada.


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Queridos amigos…



            Cuando la luna, el miércoles 20 de junio del 2018 estaba en cuarto creciente, una tarde común y corriente en la Universidad Arturo Michelena se convirtió poco después en lo que sería una experiencia inolvidable en mi vida.



            ¿Quieres asistir a una charla sobre astronomía? Me preguntaron, y yo sin dudar ¡Por supuesto! Respondí.



            No hay nada mejor que una buena conversación, y las charlas dictadas estuvieron tan cargadas de conocimientos, que la tarde pasó volando entre preguntas, respuestas y risas…Al momento de salir de la charla, debo admitir, me sentía ansiosa y entusiasmada. Cuando llegó la hora de ver a través del telescopio, al principio no vi nada más allá de la oscuridad del firmamento nocturno, pero  una vez el paisaje se hizo visible, vi cosas maravillosas, más de las que podía imaginar. Lo que más me encantó fue ver en toda su magnífica expresión la espectacular Luna, que, a través del telescopio ¡Vaya que se veía majestuosa! Además, las estrellas y planetas brillaban con tanta intensidad que casi contaban una historia… En fin, yo me encontraba consumida por la emoción. Al terminar, lo que sentía no lograba expresar; era un regocijo de sensaciones…



            Toda una experiencia entre las charlas, la vista guiada en telescopio, y el compartir entre amigos y compañeros, que esa noche se sintió como en familia, viendo las estrellas e intercambiando anécdotas.

Asistentes a la charla de astronomía junto con el ductor de la misma Alcides Ortega que esta agachado junto al telescopio con una franela color negro.


            La vivencia de las charlas de difusión astronómica y la observación del firmamento nocturno en la Universidad Arturo Michelena ha sido inolvidable; un  tema de conversación constante y de inspiración para mí y el resto del grupo con quienes he compartido. Siempre he tenido curiosidad por lo que hay más allá de nuestro cielo, pero a raíz de esta experiencia, cada vez más me intrigan los misterios de universo.



            Hablo en nombre de los estudiantes que asistimos a las charlas que, como aficionados con respecto al tema, y seres curiosos que somos, estamos en una constante búsqueda de conocimientos y respuestas,  y recomendamos sin dudas esta experiencia.



            Me tomé la libertad preguntarle quienes asistieron a la charla; su opinión acerca de esta experiencia, y sus respuesta fueron: “Definitivamente una noche para recordar”…“Brutal”…“Una magnífica noche estrellada”…”Ver los planetas hizo que valiera la pena quedarse hasta tarde”…“Nos pusimos al día con nuestro vecindario planetario, ¿pero que tanto?”…”Que genial la pasamos esa noche”…“Muy buenas charlas ¿cuándo será la próxima?”...



Se despide, hasta la próxima.



Rosalinda Figueroa Romero

Estudiante de  Diseño Gráfico, Universidad Arturo Michelena.

@rosalinda_fr


E-mail: rosafiguerome@gmail.com


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Actualizada el 27/02/2024