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domingo, 8 de mayo de 2022

Los porqués de lo qué estaba pasando en América Latina en el 2019 según ocho escritores




Protesta en Venezuela. Fotografía de José Antonio Rosales.



En el año 2019 toda la América hispana era un hervidero de protestas debido a las mas diversas causa sociales, políticas y económicas vigentes en nuestros países en ese momento. Luego llegó el Covid -19 afortunadamente, para los gobiernos, que implicó aplicar una política de cuarentena que a efectos prácticos desmontó las protestas. Ahora en este 2022 es justo preguntarse si las condiciones que generaron esa eclosión de protestas aun existen... Nosotros creemos que si existen....

Atentamente 

La gerencia


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¿Qué estaba pasando en América Latina en el 2019?




¿Qué está pasando en América Latina?


Espoleadas por el populismo, la crisis económica, la corrupción, la violencia y las eternas desigualdades, las masas del continente se han lanzado a las calles en las últimas semanas. Ocho escritores nos revelan los porqués de la crisis actual en sus países.






EL CULTURAL

18 noviembre, 2019


Un nuevo fantasma recorre América Latina: alentadas por el populismo, la crisis económica, la corrupción, la violencia y las eternas desigualdades, las masas de Chile, Ecuador, Nicaragua o Perú se han lanzado a las calles en las últimas semanas dejando imágenes de un continente en combustión. La convulsa realidad latinoamericana parece aportar cada día un nuevo conflicto, pero dada la fragmentación y la heterogeneidad regional es necesario matizar las diferencias de cada una de las luchas para no caer en planteamientos apocalípticos. Pues a regímenes dictatoriales asociados a una constante y degradante violación de los derechos humanos, Venezuela y Nicaragua, se unen países donde los problemas se centran en lo económico, como Argentina y Chile, en las luchas sociales, como Ecuador, en la inestabilidad política, como Perú, o en la inseguridad y la violencia terrorista y social, como Colombia y México. Para adentrarnos en sus realidades, ocho escritores oriundos de estos países nos aportan la visión local y nos adelantan cómo acabarán reflejados estos conflictos en la ultimísima literatura.



Protestas en América Latina | Manifestaciones en Latinoamérica - En Punto


Arde Troya… o Santiago


HUESO

Curiosa es la persistencia del hueso
su obstinación en luchar contra el polvo
su resistencia a convertirse en ceniza

La carne es pusilánime
Recurre al bisturí a ungüentos y a otras máscaras
que tan sólo maquillan el rostro de la muerte

Tarde o temprano será polvo la carne
castillo de cenizas barridas por el viento

Un día la picota que excava la tierra
choca con algo duro: no es roca ni diamante

es una tibia un fémur unas cuantas costillas
una mandíbula que alguna vez habló
y ahora vuelve a hablar

Todos los huesos hablan penan acusan
alzan torres contra el olvido
trincheras de blancura que brillan en la noche

El hueso es un héroe de la resistencia



Óscar Hahn. Chile


Chile se enfrenta a un estallido social de enormes proporciones, originado en la vergonzosa desigualdad económica y social que existe en el país: pensiones bajísimas, sueldos miserables, medicamentos a precios prohibitivos, y una población endeudada hasta la asfixia. Chile tuvo un gran crecimiento económico en los últimos 20 años, pero solo unos pocos se beneficiaron y de manera abusiva, y la mayoría apenas recibió las sobras del banquete. Hasta que la gente dijo: “¡Basta!”, y ahí fue cuando ardió Troya. O Santiago, en este caso. Lo asombroso es que nadie sabe quién o quiénes conducen los movimientos de protesta. Esto redunda en que tampoco hay interlocutores válidos con quienes dialogar o negociar. Los presidentes de los partidos políticos han querido arrogarse ese rol pero carecen de credibilidad frente a los manifestantes. Ellos los ven como co-responsables de lo que ocurre, porque durante treinta años unos u otros han gobernado el país, haciendo poco o nada para resolver la desigualdad y las otras demandas que son el combustible de las protestas. En cuanto al gobierno, ha tenido una actitud vacilante y acomodaticia, demostrando que no entiende nada de lo que está pasando. Para una democracia es muy grave que el Presidente y el Congreso hayan perdido legitimidad.


La verdad es que aún es pronto para saber cómo se reflejarán en futuras obras literarias estas jornadas en las que muchos manifestantes optan por la creatividad y la alegría para manifestar sus protestas. Por lo que a mí mismo se refiere, el año pasado apareció un libro que refuta la tesis de que el tema central de mi poesía es lo fantástico. Sostiene, en cambio, que más bien es una poesía de la violencia. Recientemente hubo una marcha de trabajadores en Montevideo, y según supe, uno de los dirigentes obreros leyó mi poema “Hueso”, que tiene que ver con los detenidos-desaparecidos. Y hace unos pocos días, los chilenos y los mexicanos de Guadalajara, México, que organizaron una marcha de solidaridad con lo que estaba pasando en Chile, también leyeron públicamente ese mismo poema. Y bueno, está mi último libro, Reencarnación de los carniceros, que acaba de ser publicado por Visor. El tema central es la guerra, sobre todo el peligro de una guerra nuclear. Difícil encontrar una violencia mayor que esa, creo yo.


Protestas en Chile: cómo empezaron y qué hay detrás de la furia en "el paraíso de América Latina"


Zonas opacas, complicadas




Mónica Ojeda. Ecuador


Ecuador ha estallado por el cansancio popular ante medidas de gobiernos que se autodenominan de izquierdas pero que son neoliberales, como el de Lenin Moreno. Medidas que blindan a las personas con mayor nivel adquisitivo, y que empobrecen y limitan al sector más vulnerable de la población, el indígena, un colectivo  marginado que sufre los embates del racismo y que ha decidido levantarse porque la eliminación del subsidio a la gasolina representaba para él un coste inasumible. Una excusa, porque lo que impulsó en realidad a los manifestantes fue la intervención del Fondo Monetario Internacional en Ecuador, que le hizo un préstamo a cambio de reducir lo que ellos denominan el gasto fiscal y gasto público y que nosotros llamamos “estado de bienestar”.

Son días difíciles, pero también felices, en los que no creo que los intelectuales tengan relevancia, no en el sentido de que no sean políticamente activos, que lo son, sino en el de que no son los protagonistas; ese papel lo desempeña gente que no tiene nada que ver con la creación ni con la academia ni con la élite intelectual.

Personalmente no me interesa la literatura como instrumento político o de denuncia. La violencia y la desigualdad están presentes en mis libros pero no de forma explícita sino a través de relatos sobre la violencia sexual o la que todos podemos ejercer sobre otra persona a la que supuestamente amamos. También el tema de la desigualdad está aludido en mis novelas. Mi literatura está lejos de mi beligerancia política, de mi feminismo, de mi antiracismo, lo he querido así porque mi trabajo va directo hacia zonas de incomodidad ética y me gusta lanzarme hacia allá totalmente libre. Sin embargo, mi escritura como acto político tiene que ver con hablar sobre cosas complicadas, y  creo que esas zonas de opacidad y esas zonas donde no hay un lenguaje claro son donde me gusta habitar literariamente hablando. En cambio políticamente en mi vida diaria me gusta ser muy clara. Por eso encuentro tan distinto el lenguaje literario del de la denuncia. Distantes aunque no imposibles de encontrarse porque hay trabajos de escritores que  venero que están muy cerca de la denuncia, como Raúl Zurita.


Duros enfrentamientos en Ecuador mientras Lenín Moreno ofrece diálogo


Escribir para animar la esperanza






Gioconda Belli. Nicaragua


En Nicaragua hemos pasado a un estado de represión y de agresiones del gobierno a la población, que tienen visos de psicosis patológica de Murillo y Ortega. Para evitar que la población se manifieste despliegan enormes contingentes de policías y antimotines, cada vez más dispuestos a golpear a la gente y que no respetan nada, ni nadie porque saben que tienen garantizada la impunidad. Cuando hay misas para los asesinados o para los excarcelados, rodean las iglesias con murallas de antimotines. Cada medio día, Murillo en su alocución al país, mezcla de prédica religiosa e informe de los “logros” del estado, no ceja de incitar al odio hacia la oposición. Ese odio se expresa en amenazas de muerte pintadas en las paredes de las casas de opositores, patrullas de policía que ostentosamente se colocan frente a las casas de quienes fueron presos políticos.

El gobierno se niega a sacar a los 136 presos políticos que aún están en la cárcel, aduciendo que sus delitos son comunes. No hay calma. Lo que hay son prohibiciones, asedio y la pretensión de silenciar todas las expresiones de rechazo de la población hacia el régimen. Y, sin embargo, las protestas continúan. Hay protestas “exprés” casi a diario, pequeños grupos que salen con la bandera del país y luego se dispersan. Vivimos sin libertades, gobernados por dos personas fanáticas y capaces de cualquier atrocidad para conservar su poder. Los medios internacionales han dejado de poner atención porque las formas de matar la libertad que está usando el régimen ahora son más sofisticadas y perversas.

Afortunadamente, en mi país hay una tradición de participación política de escritores y artistas y esta vez no ha sido diferente. Muchos músicos han debido irse al exilio porque temían por su vida, pero los que nos quedamos somos testigos y voceros de ese pueblo sacrificado otra vez. Claro que es difícil crear en estas condiciones, pero a la vez es una necesidad no claudicar y denunciar con la palabra, la música y otras artes, lo que está pasando. Y animar la esperanza, la convicción de que como seres humanos tenemos derecho a una existencia con respeto y justicia.

Porque la creación es lo contrario de la violencia; es la vida contra la muerte. Uno siente el impulso de no dejar que la negrura de los corazones de quienes nos gobiernan logre apagar el impulso vital que nos hace creer que la justicia tendrá que llegar, aunque tarde. Yo escribo y promuevo, desde PEN Nicaragua, la organización internacional de escritores y periodistas que presido, la discusión intelectual, la lectura, los espacios de libertad mentales. Siempre he sido un animal político, de allí que lo que vivo, lo bueno y lo malo, sea alimento para crear y encontrarle sentido a lo que estamos viviendo. He escrito mucha poesía en este tiempo, pero no soy ajena a que el horror de lo que veo me afecte. ¿Cuántos tiranos alcanzan en una vida? dice un poema que escribí. Se necesita fuerza para no deprimirse, sobre todo cuando uno se ha pasado toda una vida luchando y ha visto morir a tantos por librar a Nicaragua de la dictadura. Es terrible pensar que se vive en el país de Sísifo. No puede ser.

Lo curioso es que es después de los años 80  hubo un momento en el que los creadores más jóvenes apostaron por el “arte por el arte”, ese vivir al margen de la calle se acabó el año pasado con la rebelión de abril. Nadie de las nuevas generaciones ha permanecido indiferente. Lo triste es que muchos se han tenido que marchar del país porque las oportunidades de trabajo, de estudio, se han reducido dramáticamente y ser joven, como cuando Somoza, ha vuelto a ser peligroso.



Ola de protestas deja más de 20 muertos y sume a Nicaragua en el caos.



¿Todo es basura y debe ser destruido?








Confieso mi asombro. Ante las violentas manifestaciones que paralizaron hace poco Bogotá (y Santiago de Chile, Quito…) me siento, como decía el añorado Carlos Monsiváis, desarmado. Sí, como él, “o ya no entiendo lo que está pasando, o ya no pasa lo que estaba entendiendo”. Por eso no creo que los literatos estén reaccionando distinto al pueblo en general: la mayoría y en especial los más jóvenes participan con entusiasmo en las protestas así sea solo celebrándolas desde Twitter. Ellos quisieran formar parte de un “nuevo orden” que derribe al establecimiento cultural. No creen que haya mérito alguno en lo conseguido por las generaciones anteriores. Todo lo que hay es basura y debe ser destruido. Y los que miramos atónitos e incrédulos sin saber qué pensar ni qué hacer, debemos ser arrasados también como carrozas viejas que forman parte del statu quo. En estos momentos el que duda y trata de entender es un enemigo más y un tibio al que hay que borrar con el ventarrón de la historia.


¿Qué provocó la ola de protestas en Colombia? | BBC Mundo.


Una crisis sostenida




Mariana Enríquez. Argentina


Me cuesta pensar en estos conflictos en términos latinoamericanos, porque cada país tiene su idiosincrasia particular y motivos diferentes para estar en problemas. Por ejemplo Chile y Ecuador tienen procesos políticos y sociales completamente diferentes que están eclosionando por motivos distintos. En Argentina, donde no hay realmente un estallido social, el problema es eminentemente económico. Es por eso por lo que esta vuelta al kirchnerismo una vez más se da porque el gobierno de Macri fue muy malo, no hay más. El anterior presidente no consiguió ninguno de los objetivos del liberalismo económico que se pretendían y las políticas de austeridad resultaron insoportables para una población que está sufriendo más inflación, pobreza y desempleo que con Cristina Kichner. Cualquier parámetro que uno tome, con Macri fue peor, así que, aunque comprendo que puede ser visto como una regresión, porque es el gobierno anterior, para la gente que votó a Alberto Fernández fue en realidad una corrección, un modo de olvidar estos últimos cuatro años.

Argentina tiene una crisis tan sostenida en el tiempo que creo que es momento de dejar que funcione la política. Me parece que a veces el “ruido” de los intelectuales opinando constantemente en una situación tan compleja termina siendo banal. Hay muchísimos problemas sociales muy graves que exigen una resolución pronta y creo que está bien que los intelectuales nos repleguemos únicamente hacia la posición de ciudadanos, porque está probado que cualquier interpretación acerca de Argentina no funciona. Es mejor escuchar a la gente y tratar de comprender qué vota en lugar de estar opinando exaltadamente todo el tiempo, una postura un poco vanidosa.

Aunque utilizo el género de terror como una forma de pensar la realidad, porque el realismo puro no me satisface, mi literatura es bastante política. El género de terror y el fantástico reflejan la sensación de angustia y de incomprensión de un mundo que se resquebraja y la sensación de crisis permanente, que son las principales características de la realdiad. La incertidumbre, el no saber lo que va a pasar, la sensación de estar caminando sobre algo muy frágil que en cualquier momento puede desvanecerse. Todo eso, que se ha convertido en una realidad cotidiana y sostenida en mi país, tiene algo de pesadilla y se refleja en mi literatura. 

Protesta en Argentina contra Macri y el FMI. 2018.



Secuestrados por el necrocapitalismo






Antonio Ortuño. México


La crisis de violencia en México lleva años fuera de control. Sumando las dos presidencias anteriores se cuentan más de doscientos mil asesinatos. Y en esta ya van más de treinta mil. La tendencia no deja de crecer, esencialmente porque hay una impunidad total. Por colusión, por corrupción y también porque el sistema de justicia está desbordado. Lo mismo da. Como no hay castigo, el crimen organizado, que hace años que es millonario, influyente y poderoso, se convierte en casi invencible. Y crece. El gobierno actual no parece tener una idea clara de cómo enfrentarlo. Defiende que no seguirá la política agresiva de los anteriores y apuesta por discursos morales y proyectos sociales a largo plazo, pero hasta ahora el poder y las cuentas bancarias siguen tan tranquilas.

Desde Europa hay una mirada entre condescendiente y caduca de América Latina y en especial de México. Se insiste en referentes que nada tienen que ver con la realidad, una mezcla de series de televisión y romanticismo. Pero lo que pasa en México es algo casi inconcebible para quien tenga como referente solo la realidad europea: en México hay una guerra sin ideologías que se rige por parámetros de algo que podríamos llamar necrocapitalismo, donde la única victoria posible es ganar más dinero y ampliar el negocio a balazos.

Desde muchas ópticas diferentes, un buen número de artistas e intelectuales llevan años pensando y creando en medio de esta situación y hay huellas perceptibles de ello. Por ejemplo, Rulfo escribió marcado, justamente, por una época de violencia terrible, la Guerra Cristera, que se llevó a muchos de los suyos. Y destiló la zozobra de las víctimas con un talento que sigue vigente. Varias de las obras cruciales de las artes mexicanas del último decenio tienen que ver con la fricción con esa violencia intolerable y a la vez habitual en que estamos metidos.

Esta realidad es un tema crucial en lo que escribo. Mi última novela, Olinka, se asoma al salvajismo detrás del “civilizado” lavado de dinero de gente “bien” que en apariencia nada tiene que ver con el crimen. Pero no me considero un notario ni un glosador de horrores. Escribo en pie de guerra contra ellos. La literatura, decía Pound, no solo propone belleza sino también delimita la fealdad. Y escribir también es un modo de desmontar el lenguaje (oficial, social, criminal) que acuna y tolera esos horrores.


Traidores y narcisos




Alonso Cueto. Perú


En América Latina y quizá en todo el mundo se ha roto la confianza entre los líderes y la gente, que no se siente representada por políticos como Evo Morales. Los ven como traidores y narcisos. En cuanto a la experiencia del pueblo, uno puede vivir mal pero no perder la esperanza de vivir bien. La gente más pobre tiene a la más rica muy cerca y las desigualdades son incentivos a la violencia más grandes que la pobreza. Lo que diferencia a la crisis actual de las anteriores es que no tiene líderes. Es un movimiento dirigido desde las redes sociales. Todos están de acuerdo y no necesitan un liderazgo. No los mueve una ideología o una doctrina sino una sensación, la indignación, la rabia, la rebeldía. Los manifestantes no quieren imponer otro modelo sino protestar por lo que ven a su alrededor.

Porque el Perú está protegido por un gobierno que ha despertado una considerable simpatía después del cierre del congreso, algo a todas luces constitucional y políticamente necesario. Es uno de los países con más reservas internacionales, casi cero inflación y un presidente, hasta el momento, libre de corrupción. En ese caso, creo que lo importante es que mientras la gente tenga algo que proteger (una pequeña propiedad, un vehículo) va a intentar sobrevivir sin protestar. Cuando venga el cansancio por la supervivencia, habrá un estallido social pero no podemos saber cuándo ocurrirá. Por lo pronto, el gran mérito del gobierno peruano ha sido despedir la era del fujimorismo. 

Mientras, Europa considera aceptables situaciones acá que en sus propios países estimaría intolerables, quizá porque sigue mirando a América como un continente en experimentación. Y considera que toda rebelión latinoamericana es justa si viene de la izquierda. La ideología de la izquierda es una especie de garantía moral de sus líderes, lo que es absurdo. Afortunadamente, los creadores peruanos están a la altura del momento actual, empezando por Mario Vargas Llosa.

En cuanto a mi propia obra se refiere, el Perú es un país fascinante para un escritor porque es una mezcla de razas y de culturas. El conflicto natural, el resultado de esa apasionante convivencia de muchas etnias, es la materia prima de una narración. Por eso el Perú y otros países latinoamericanos producen narraciones, porque en cierto modo la literatura siempre es consecuencia de la diversidad y es hija del mal. La narrativa empezó el día en el que la serpiente entró al paraíso. Siempre he agradecido ser un escritor peruano.



Marcha tras cierre del Congreso. Peru. 2019.


Demagogia irrigada con petróleo






Karina Sainz Borgo. Venezuela


Lo que ocurre en Venezuela es de una gravedad profunda. Lo excepcional ha terminado normalizándose. La economía está completamente dolarizada, la inflación galopa y el régimen hace tiempo que ha asumido sus procedimientos dictatoriales. El contexto regional padece una mayor inestabilidad, ya no solo en Centroamérica, también en Chile y Bolivia. Eso atomifica la discusión pero agrava las consecuencias de la crisis venezolana, no olvidemos la gran cantidad de migración que produjo el éxodo. Y no hay nada nuevo. Si acaso, en Venezuela, más hambre, más pobreza, más carestía, más violencia, más impunidad y al mismo tiempo, menos democracia, menos Estado de Derecho, menos leyes y, sobre todo, una profunda sensación crepuscular en la posibilidad de convocar a elecciones. Supongo que fue inevitable: al menos en la región, Venezuela fue el primer y más intenso ciclo de populismo. Una espita de demagogia que, irrigada con petróleo, impulsó otras. Y aunque en algunos casos la naturaleza de ese populismo tiene sus propias causas, el Bolivarianismo del siglo XXI, como lo llamaban sus perpetradores, ejerció una influencia.

A menudo me preguntan si los creadores e intelectuales venezolanos han, hemos estado a la altura del momento actual. Y es difícil de contestar. ¿Cuál es la altura correcta? ¿Hablar e informar? Sin duda, creo que sí. ¿Luchar por la libertad personal y las libertades ciudadanas? También. ¿Intentar generar un relato que nos conduzca a nosotros mismos a entender los errores? También. ¿A reinventarse a pesar de la carestía interna y la diáspora? También. Las dimensiones de los tiranos que nos gobiernan han conseguido achicarnos, pero moralmente creo que aún no se los hemos permitido. Quizá por eso, la violencia, la desigualdad, tal vez no me condicionen literariamente pero sí forman parte de mi sensibilidad personal. La protagonista de La hija de la española asegura que ella nació en un lugar en el que hasta las flores depredan. Yo también. De las promociones de creadores más jóvenes que siguen malviviendo allí casi prefiero no hablar, me genera aprehensión el tema y la etiqueta generacional. Creo que cualquier ciudadano entiende que el silencio es una palada más de tierra en el funeral nacional. La creación pura y dura jamás está exenta de conflicto. Y en un régimen como el que gobierna hoy mi país, cualquier gesto de belleza e inteligencia es también un acto de resistencia.

Protestas violentas en Venezuela.


Venezuela alcanzó un récord de manifestaciones en 2019.




Karina Sainz Borgo: "Vivimos tiempos de cierta cursilería ideológica"



Tomado de El Cultural.




lunes, 11 de abril de 2022

Vasija de barro. Rapsodia literaria ecuatoriana interpretada por el Coro de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires

 







Estimados Liponautas


Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes Vasija de barro. Rapsodia literaria ecuatoriana interpretada por el Coro de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.




Vasija de barro. 1252 visualizaciones hasta el 11 de abril de 2022.


Vasija de Barro

Yo quiero que a mí me entierren

Como a mis antepasados,

en el vientre oscuro y fresco

de una vasija de barro.

Cuando la vida se pierda,

tras una cortina de años,

vivirán a flor del tiempo

amores y desengaños.

Arcilla cocida y dura

alma de verdes collados,

luz y sangre de mis hombres,

sol de mis antepasados.

De ti nací y a ti vuelvo,

arcilla vaso de barro

con mis muertos yazco en ti,

en tu polvo enamorado.

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Vasija de Barro

Danzante del Ecuador.

Letra de escritores y pintores ecuatorianos.

Música de Gonzalo Benítez Gómez.

Arreglo: Guy Fourcaud, y Coro de Filosofía y Letras.

Coro de Filosofía y Letras de la UBA.

Director: Andrés Aciar.

Grabado entre mayo y Junio de 2020.

Recitante: Oriana Cosso

Solista: Leonardo Rivadeneira.

Quenacho: Andrés Aciar.

Realización del video: Julián Barsky.

Coro:

Cecilia Taminelli 

Oriana Marchan

Maru Peralta 

Oriana Cosso

Julián Barsky 

Carlos Carmona 

Juan Ignacio Nichols

Leonardo Rivadeneira

Agustín Mendoza 

Augusto Ferraro

Sofía Vilas

Angélica Santamaría 

Ciudad de Buenos Aires, Argentina


miércoles, 20 de junio de 2018

Yolanda Pantin: La poesía venezolana reciente está atravesada por la cuestión política que vivimos





Estimados Liponautas

Hoy tenemos el agrado de hacerlers llegar esta entrevista a la poetisa venezolana Yolanda Pantin.

Deseamos disfruten de la entrada.


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Entrevista: Yolanda Pantin: ‘Siempre quise ser artista’

JUN, 08, 2018 |

La autora en medio de las estanterías de la Biblioteca del Centro Cultural Benjamín Carrión.




El escritor está solo



El escritor está solo

solo ante él

solo ante el mundo

solo ante la persona que ama

Esto último lo aterra

“¿cómo solo?”

Trata de poner en orden sus pensamientos

-la persona amada tiene los ojos color miel-

El escritor tiene un gran miedo

“¿qué diferencia este amor del otro?”

-la persona amada lo mira desde el fondo de sus ojos-



El escritor está aterrado



El amor blande su arma contra un niño


Yolanda Pantin

De «Poemas del escritor»   

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La escritora venezolana, Premio Casa de las Américas, participó en ‘Escritor Visitante’. 

Redacción DAMIÁN DE LA TORRE AYORA

La poeta venezolana Yolanda Pantin no esconde su cara de asombro al entrar a la Biblioteca del Centro Cultural Benjamín Carrión (CCBC). Los libros son lo primero en llamar su atención. Pero, después, con una mirada más curiosa, se fijará en cómo ingresa la luz a aquel espacio: la luz, al igual que el lenguaje, son sus obsesiones.

Ella llegó a Quito para participar en la sexta edición de ‘Escritor Visitante’, una propuesta del CCBC y La Caracola Editores. En el encuentro compartió su ponencia ‘Luces y sombras de la poesía venezolana reciente’, fue entrevistada en vivo y ofreció un recital poético.

Parte de la denominada Generación del 78. La poeta dice que de aquella época conserva el espíritu anárquico, “algo que permanece vivo, aunque el tiempo nos vuelva más calmos”. Y con esa calma, y dejando escapar algunas risas, respondió cada pregunta que se le planteaba.

De izquierda a derecha: Yolanda Pantin ,Vasco Szinetar y Carol Prunhuber


El olfato está conectado a la memoria. Años atrás, perdiste este sentido. ¿Escribir te ha permitido mantener la memoria? 

Un poco más de 20 años que he perdido ese sentido. Curiosamente, la pérdida del olfato coincidió con la salida mía de mí. La poesía es un caminar, un  recorrido, y hasta ese momento había estado atrapada en mí, ensimismada, con las puertas y ventanas cerradas. Cuando perdí el olfato, se abrieron las puertas y ventanas: entró la luz. Hay un verso de Blanca Varela que parece una obviedad, pero lo entiendo perfectamente: “La luz existe”. 


Esa luz ¿cómo cambió tu poesía?

Hay un libro, de los que quiero más, que es ‘La épica del padre’, que lo publiqué en 2002. Un libro que sale cuando estoy fuera de mí. Uno compensa, cuando falta algo. Y, fíjate, mis últimos libros tienen que ver con la memoria, a la que traigo con otras herramientas para extraer lo que había fermentado en mí. En mis inicios hay mucho de memoria, mucho olfato, mi primer libro, ‘Casa o Lobo’, es un ejemplo.


¿Y la literatura, en general? 

La literatura me permitió el poder levantarme sobre mis pies; una estructura para levantarme anímicamente; la oportunidad de expresar cosas; me dio la aventura de leer y conocer; de reconocerme con una tradición poética venezolana; de reconocerme con otros poetas latinoamericanos y, sobre todo,  me dio el lenguaje, que en mi caso es una búsqueda voraz que la hallé en la poesía… que me hizo ver qué robo de los otros (risas).


Entonces, sí ha robado…

Por supuesto (las risas continúan). Yo siempre fui una lectora voraz, que estaba tratando siempre de quitarle algo al otro que me permitiera avanzar. De hecho, creo que es eso la literatura: la vinculación intelectual apasionada por el lenguaje. Lastimosamente, eso ya quedó aplacado en mí.


¿Por qué? 

Porque ya no tengo esa angustia, esa necesidad. Siento, y lo expresé en una

Lo que murió en mí fue lo literario”.frase, que “lo que murió en mí, fue lo literario”. No la poesía, me refiero a lo literario. Ahora me quedo tranquila con el pozo que tengo.

Ese pozo se fue llenando en el tiempo. ¿Con qué empezó? 

La ligazón mía con la poesía, como escritora, tiene que ver en el momento en que estudiaba Letras, cuando trágicamente murieron dos hermanos míos. En ese momento justo estaba en unos seminarios estudiando a César Vallejo. Entonces, la muerte de mis hermanos con ese entendimiento que me brinda Vallejo, de que la poesía es la búsqueda del lenguaje, se hizo un solo cuerpo. Desde ahí busco lenguaje, lenguaje, lenguaje. Después, también necesité entender que la poesía es experiencia, y ahí me serví de los contenidos muy profundos de Blanca Varela. También, Luis Cernuda me enseñó muchísimo, aprendí que uno va en búsqueda de los libros. Ahí es cuando me di cuenta que soy como una mina. No te hablo de esconder tesoros, pero sí ese espacio que te permite escarbar profundamente para encontrar muchas cosas, contenidos. Eso es lo que me ha permitido ir matando a mis libros.


¿Cómo se mata a un libro?

Buscando el lenguaje. Es un ejercicio que se hace de forma sucesiva. Mira, son cosas que me cuestan explicar. Ponerle fe al lenguaje implica avanzar, y eso conlleva a destruir lo anterior. Por ejemplo, al inicio, en ‘Casa o Lobo’, está la muerte de mis hermanos, la casa materna que se destruye y necesito levantarla con las palabras. Con ‘Correo del corazón’ demuelo esa casa al abordar a Caracas, la experiencia cotidiana, lo banal. Así, sucesivamente, he matado libros. 

Estudiaste arte, ¿verdad?

Sí, pintura y dibujo en la escuela del Estado de Aragua. Mis padres siempre me apoyaron y alentaban. La verdad, siempre quise ser artista, por eso era hasta un poco vaga, porque solo quería dedicarme al arte. Tenía buenas críticas, pero me di cuenta que eso no era lo mío. Ahí me decidí por la poesía, porque también leía muchísimo.

¿Pero sigues dibujando?

Sí, pero solo para mí.

¿Sientes que dibujas cuando el lenguaje no alcanza?

Uy, creo que sí. En estos tiempos de aridez venezolana he dibujado mucho, pero solo para mí, como lo he hecho siempre.

Pero en un inicio tú ilustrabas las revistas que fundaste…

Solo lo hice los dos primeros números de ‘Rastros’. Unos dibujos muy feroces.

Has calificado a tus dibujos. ¿Podrías calificar a tu poesía?

No. O sí: empecinamiento (risas). Claro, jamás me rindo, y sigo con ese espíritu anárquico (vuelve a reír). Retomando a lo que te decía de que dibujo para mí en estos tiempos, sabes que descubrí a la fotografía, que me ha ayudado muchísimo en estos tiempos difíciles. 

¿Cómo?

Porque también me ayudan en la búsqueda del lenguaje. Porque con ella volví a encontrar la luz. Bueno, cuando hablo de fotografía me refiero a la digital, porque lo de revelar no me gusta. Soy muy impaciente, me gustan las respuestas rápidas. Sabes, mi mamá fue una gran fotógrafa. Tenía su cámara y vivía tomándonos fotos. Digitalicé todo su archivo, y descubrí que la belleza de su composición no estaba en los sujetos, sino en lo que estaba detrás de nosotros: un rincón de la casa, un pedazo de mueble, un objeto que habíamos olvidado. 

Mencionaste la aridez que vive Venezuela. ¿Cómo afecta eso a tu poesía?

Hay que entender que la poesía venezolana, la reciente, la de jóvenes y mayores que escribimos en la actualidad, está atravesada por la cuestión política que vivimos, una circunstancia que nos conlleva a la circunstancia de estar presos en una tragedia histórica. Hay poetas muy lúcidos que toman esto como una preocupación. En mi caso, me dije que yo no me voy rendir, que puedo escribir y llegar desde la belleza de la ficción a los grupos vulnerables, a los niños, por ejemplo, como contándoles un cuento. Me dije: “solo voy a llegar a lo que toca la luz”, y eso es lo que comparto. 



Perfil

Yolanda Pantin

°  Poeta, dramaturga y editora venezolana (Caracas, 1954). Recibió el premio Fundarte de Poesía de la Alcaldía de Caracas, en 1989; en México el premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval, en 2015, del Seminario de Cultura Mexicana por su obra general; y en España el premio Casa de las Américas de Poesía, en 2017. Ha sido residente de la fundación Rockefeller y obtuvo la beca Guggenheim.


Tomado de La Hora.



Yolanda Pantin. Bellas ficciones. Lobos. Raíz
589 Visualizaciones desde el 10 nov de 2016 hasta el nov 03 de 2025





viernes, 14 de noviembre de 2014

¿Es cierto que Venezuela tiene el salario mínimo más alto de América latina?






El salario mínimo mensual en Venezuela en enero 27 de 2024 es de 130.000 Bolívares digitales, que al cambio oficial del Banco Central de Venezuela (36,14 bolívares por dólar) equivale a 3,6 dólares mensuales 


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Es un verdadero placer presentar el ejercicio de economía aplicada que Asdrúbal Oliveros y Gabriel Villamizar han realizado con el salario mínimo venezolano en comparación con los salarios mínimo de los países vecinos. Más aún cuando este se incrementará un 15% este próximo 1 de Diciembre. Pero el salario mínimo per se, no es un dato interesante, lo realmente interesante es cuanto se puede comprar con él; su poder de compra, lo que los economistas medimos con el salario mínimo real. 

Tomado de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)




Lo que nos reporta más información es su evolución en el tiempo. La siguiente tabla nos permite hacernos una clara idea de como han ido evolucionando los salarios mínimos reales a lo largo de estos diez últimos años. 

Tomado de Panorama Laboral 2013 – América Latina y el Caribe (OIT)


Sin embargo la comparabilidad entre los salarios mínimos reales de los países se reduce a comparar sus distintas tasas de variación anual, es decir si ha crecido o disminuido más o menos que el de otro país. Aquí, el uso de números índice sólo facilita el cálculo de las variaciones anuales.

Para realizar una verdadera comparación entre países es necesaria su conversión a una única moneda, siendo el dólar el mejor candidato.

Convertir los salarios mínimos de los distintos países a dólares permite comparar los importes, pero no su poder de compra. Para eso tendríamos que fijar una cesta de consumo, como por ejemplo la Canasta Alimentaria Normativa (CAN) que mide el INE venezolano. Obviaremos los problemas que aparecen al establecer una única cesta de consumo para distintos países: productos que en algunos países no existen o no se comercializan por distintos motivos. 

Una verdadera comparación del poder de compra del salario mínimo, nos obligaría a calcular, para cada uno de los países, cuántas de estas cestas de consumo se pueden comprar con el salario mínimo. Obviamente para ello deberíamos usar los precios de estos productos en cada uno de los países analizados.  Así si habríamos tenido en cuenta los distintos costos de la vida en los distintos países.



En el artículo de Oliveros y Villamizar no se realiza ese último análisis, sin duda por falta de información tan desagregada. Por lo que nos tendremos que contentar con una lista de salarios mínimos expresados en dólares.

La cuestión del tipo de cambio que permita pasar de las monedas nacionales al dólar se evidencia fundamental. Más aún cuando este tipo de cambio es fijo, como por ejemplo el tipo de cambio del Bolívar (VEB) está fijado por el gobierno venezolano, y la compra o venta de las divisas se deben realizar en una agencia gubernamental. Si a todo esto le añadimos que existe más de un tipo de cambio oficial, la problemática se convierte en exponencial. Afortunadamente Oliveros y Villamizar nos explican con facilidad estas cuestiones en su artículo. Cabe comentar que en el resto de países comparados la situación respecto al tipo de cambio es bien dispar: desde Argentina, donde también el tipo de cambio está fijado por el gobierno, existiendo hasta 15 tipos distintos. Cuestión que exigiría un tratamiento similar al Peso (ARS) argentino realizado por los autores al Bolívar. Perú tiene un sistema de flotación sucia, es decir el Banco Central de Reserva del Perú fija una bandas de cotización del Nuevo Sol y en caso que el tipo de cambio fijado libremente en el mercado las sobrepasara, obligaría al Banco a actuar en el mercado de divisas (vendiendo o comprando dólares) para que el tipo de cambio volviera al interior de la banda de fluctuación fijada. La mayoría de los países tienen un tipo de cambio flotante, es decir fijado más o menos libremente en los mercados de divisas, lo que plantea el problema de que valor del tipo de cambio tomar: el de un día concreto, una media mensual, anual... Y por último el caso de Ecuador que no requiere su conversión, pues su moneda es directamente el dólar. 

La conclusión de los autores, expresada en el último párrafo del presente artículo es demoledora: el gobierno influye directamente en el bienestar de sus ciudadanos mediante la fijación de distintos tipos de cambios a las distintas importaciones. 


La primera condición necesaria para el cumplimiento de esta afirmación es que la economía venezolana sea absolutamente dependiente del exterior, es decir se importa todo (o casi). Merece la pena hacer hincapié en cómo ha llegado la economía venezolana a esta absoluta dependencia exterior. La explicación más sencilla (y muy simplificada) es que la economía venezolana padeció el mal holandés hace tiempo y ahora se encuentra con sus secuelas. Las exportaciones de petróleo venezolanas produjeron una fuerte entrada de divisas, fruto de lo cual revalorizó el tipo de cambio (se hizo más barato el dólar), abaratando los productos importados frente a los productos venezolanos. La consecuencia a medio plazo fue la desaparición de las empresas productoras venezolana. Pasado el tiempo, las importaciones han llegado a ser tan importantes que es probable que hayan superado el efecto positivo de las exportaciones de petróleo, sobre todo si el precio del crudo ha caído o lo ha hecho la producción de este oro negro. Pudiéndose producir la rocambolesca situación que ahora las brutales importaciones obliguen a una devaluación del tipo de cambio (encarecimiento del dólar) que hipotéticamente favorecería las ventas de los productos venezolanos frente a los importados, pero ya no queda industria autóctona que los pueda producir. 


El efecto del tipo de cambio en el bolsillo de los venezolanos es evidente si estos consumen un producto importado, a mejor tipo de cambio aplicado en su importación más barato es adquirirlo. ¿Cómo afecta a los productos producidos en Venezuela? La economía es tan dependiente del exterior que incluso la producción de bienes locales requiere de la importación de algún factor productivo clave o fundamental: materias primas, maquinaria, trabajo cualificado… De tal suerte que un tipo de cambio desfavorable encarezca el coste de producción, incremento que se traslada al precio final que paga el consumidor. Por esta razón, si el gobierno aplica un tipo de cambio más favorable a la importación de estos inputs productivos estratégico, puede reducir el coste de producción. Bajo estas premisas ahora si es comprensible la importante capacidad del gobierno de abaratar aquellos productos que desee  (y con ello incrementar el bienestar de los venezolanos que los consuman). Simplemente tiene que aplicar un tipo de cambio más favorable a las importaciones de los productos (o insumos) pertinentes. 

La segunda condición necesaria: todo lo anterior será cierto SI Y SÓLO SI la reducción de los costes de producción (vía mejora del tipo de cambio) se traslada completamente al precio final de venta: el que paga el consumidor. Es decir que los empresarios no intenten mantener los precios (en lugar de reducirlos) para incrementar su beneficio, los trabajadores no intenten incrementar sus salarios aprovechando el “hueco” dejado por la reducción de costes o que el gobierno no intente incrementar los impuestos indirectos que graban estos productos aprovechando el menor coste de producción.


by PacoMan


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¿Tiene Venezuela el salario mínimo más alto de América Latina?; por Asdrúbal Oliveros y Gabriel Villamizar



En reiteradas oportunidades voceros del Gobierno han defendido como un logro social importante el incremento del poder de compra del trabajador venezolano. Tras el aumento del salario mínimo decretado en mayo, el presidente de la República, Nicolás Maduro, aseguró que el salario mínimo de los trabajadores venezolanos se posicionó como el mayor de América Latina (algo negativo si se ve desde la óptica de la competitividad de la industria nacional).


Calculado a la tasa oficial de VEB 6,3/US$ (una de las tres tasas oficiales existentes en la actualidad), el salario de VEB 4.251 equivale a US$674 al mes, lo que hace que las aseveraciones del Presidente se cumplan. Sin embargo, cabe preguntarse ¿por qué se calcula el salario a ese tipo de cambio y no a otro?

¿Un costo de vida a VEB 6,30/US$? Por lo general, el Gobierno calcula el costo de vida de los trabajadores (y por lo tanto su poder de compra) a la tasa de cambio de importación (o de producción) de los bienes usados en el cálculo de la Canasta Alimentaria Normativa (CAN) que mide el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).


La CAN es un indicador estadístico que mide el costo mensual de un conjunto de alimentos que “cubren la totalidad de los requerimientos nutricionales” de una familia de cinco miembros, y que sirve de referencia para la fijación del salario mínimo, las mediciones de pobreza y la formulación de políticas de subsidios.

Hay que señalar que la CAN toma en cuenta el menor costo posible al que se pueden adquirir los alimentos en cuestión, que representan apenas 19,1% de los bienes medidos en el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC).



Sacando cuentas. El problema surge cuando toca asignar uno de los cuatro tipos de cambio que actualmente coexisten en nuestra economía al 80,9% restante de la canasta INPC que no toma en cuenta el Gobierno al momento de fijar la política salarial. La multiplicidad de rubros (13 en total) y de tipos de cambio hace que el cálculo del salario en dólares de los trabajadores venezolanos sea todo un reto.


De esta forma, nos hemos dado a la tarea de calcular un tipo de cambio ponderado que refleje el costo en dólares de los bienes consumidos por el venezolano promedio. El primer paso consiste en tomar en cuenta la manera en que se financian las empresas que producen bienes y servicios en cada uno de los 13 rubros (alimentos y bebidas no alcohólicas, bebidas alcohólicas y tabaco, vestido y calzado, alquiler de viviendas, servicios de la vivienda, equipamiento del hogar, salud, transporte, comunicaciones, servicios de educación, restaurantes y hoteles, y bienes y servicios diversos), es decir, cuantos dólares adquieren a través de Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex), Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad I), Sistema Cambiario Alternativo de Divisas (Sicad II) y paralelo, de manera de determinar el tipo de cambio ponderado por rubro.


El segundo paso es considerar los tipos de cambio estimados y el peso de cada rubro sobre la canasta INPC, de manera de poder calcular el tipo de cambio que enfrenta el consumidor venezolano.


Estimamos que para 2014 el consumidor venezolano enfrente un tipo de cambio cercano a VEB 26,7/US$, como resultado principalmente de un tipo de cambio de VEB 14,7/US$ para los alimentos y las bebidas no alcohólicas, un tipo de cambio de VEB 33,7/US$ para el vestido y calzado y de VEB 10,2/US$ para los servicios de transporte.



Como siempre, los cálculos dejan factores sin considerar que se deben mencionar: no se incluyen los efectos de la escasez, muy elevada en algunos rubros alimenticios, factor que pudiera en algunos casos modificar levemente las ponderaciones de la canasta; no se toma en cuenta el sobreprecio al que deben enfrentarse los consumidores cuando adquieren productos en comercios informales; y por último no se toman en cuenta los costos de transacción (tiempo perdido en averiguar dónde se encuentran los productos y en la espera por obtenerlos), que pueden ser medidos en tiempo de horas de trabajo perdidas. A pesar de ello, la estimación de tipos de cambio ponderado permite identificar rubros que por su peso en la canasta de consumo o por el elevado tipo de cambio al que se transan pudieran estar causando una pérdida del poder de compra del salario en dólares.


Dime un tipo de cambio y te diré cuanto ganas. 

 Como se mencionó con anterioridad, a un tipo de cambio de VEB 6,3/US$ el salario mínimo del trabador venezolano se acerca a los US$674 mensuales, monto que comienza a disminuir a medida que se utiliza un tipo de cambio mayor. Es así como US$674 al mes se convierten en US$354, al usar un tipo de cambio Sicad I (actualmente de VEB 12,0/US$), lo que se traduce en una pérdida de 46,2% de poder de compra; se convierten en US$85 al usar un tipo de cambio de Sicad II (VEB 50,0/US$), una pérdida de 87,4%; o en tan sólo US$43 al usar el tipo de cambio paralelo al momento de escribir estas líneas, una pérdida de poder de compra de 93,7%.


Ahora, al usar un tipo de cambio ponderado de VEB 26,7/US$, el salario del trabajador se cifra en US$157 al mes, un monto que está 76,7% por debajo del estimado por voceros gubernamentales.



De primeros a últimos.  

Así como el sueldo se desinfla a medida que se toman en cuenta tipos de cambio más altos o tipos de cambio que consideran toda la canasta de consumo, los “logros” sociales se disuelven y las posiciones en las clasificaciones internacionales se pierden.


Si se toma en cuenta el tipo de cambio de VEB 6,3/US$, Venezuela se ubica como el país con el mayor sueldo mínimo de América latina con US$647 al mes, superando por US$197 (43,7%) a Argentina, y por US$439 (211,1%) a Bolivia, país que ocupa el último lugar.


Si se toma en cuenta el tipo de cambio que enfrenta el consumidor venezolano, de VEB 26,7/US$ para este año, Venezuela se ubica con un sueldo mínimo de US$157, colocándose de último entre estos países.




Un ancla selectiva puede más que un aumento de sueldos. 

 El aumento del salario mínimo ha sido una de las medidas utilizadas por el Gobierno para mitigar el incremento del costo de vida de los trabajadores, producto en parte del incumplimiento en las metas de inflación, lo cual no constituye una opción viable en vista de la indexación de los costos laborales (mayores salarios se traducen en mayores costos laborales y por lo tanto en mayores precios de los bienes).


Consideramos que siendo el Gobierno quien controla el flujo de divisas hacia el sector privado y, por lo tanto, hacia los distintos sectores industriales cuenta con el poder para abaratar el costo de vida de los trabajadores venezolanos si redirige recursos o implementa programas que ayuden a incrementar la productividad hacia los rubros que enfrentan un mayor tipo de cambio ponderado como equipamiento del hogar y vestido y calzado o hacía aquellos que tienen un mayor peso sobre la canasta de consumo como alimentos y bebidas no alcohólicas, transporte o alquiler de viviendas. Esto contribuiría enormemente a apreciar el tipo de cambio que enfrentan los trabajadores y a aumentar así su poder de compra externo.


Tomado de Prodavinci


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En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.


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