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miércoles, 6 de noviembre de 2024

Laura Lorenzoni, bióloga venezolana en la NASA: Del espacio y del mar me atrae la inmensidad de lo que hay por conocer

 


Estimados Liponautas 

Hoy tenemos el agrado de hacerles llegar una entrevista hecha en el año 2021 a la bióloga de la NASA, Laura Lorenzoni. Laura nació en Venezuela y se graduó  en la Universidad Simón Bolívar USB


Imagen tomada de Em Órbita



Lorenzoni es parte de la misión PACE (acrónimo de Plancton, Aerosol, Nubes y Ecosistema Oceánico). 


Lanzan con éxito la misión 'Pace' de la NASA | Noticias Telemundo



El satélite fue lanzado a bordo del cohete de SpaceX, el Falcon 9, en Cabo Cañaveral, EE. UU, el 8 de febrero.






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Laura Lorenzoni, explorando mundos dentro de nuestro mundo


  Noelia González


JUN 08, 2021





Laura Lorenzoni. Cortesía Laura Lorenzoni


Laura Lorenzoni, originaria de Venezuela, hoy se desempeña como científica de programa en el Programa de Biología Oceánica y Biogeoquímica de la sede de la NASA.

cortesía Laura Lorenzoni



La carrera profesional de Laura Lorenzoni ha ido al ritmo de su curiosidad. La atracción por el espacio exterior y los mundos que este contiene marcaron el compás de sus primeros años de estudio universitario en Venezuela, a pesar de que en ese entonces no imaginaba hacia dónde la llevaría su pasión por el cosmos.


Resulta que Lorenzoni no es de las personas que se fijan en algo que piensan que quieren hacer. Su fórmula para avanzar ha sido menos predecible: prefiere seguir sus pasiones, atravesar las puertas que se abren frente a ella, y nunca dejar que le digan que no. Todo eso, mientras recibe el apoyo de su familia; la combinación perfecta para cumplir sueños que a simple vista parecen demasiado lejanos.


Lorenzoni amaba el espacio y sabía que quería ser científica, pero tenía que adaptarse a lo que tenía disponible. En su país no existe la carrera de ingeniería aeroespacial, pero pronto entendió que había otra manera de explorar otros mundos, sin necesidad de salir del planeta Tierra.


Qué es lo que me atrae del espacio: lo desconocido que puedes conocer. Y ciertamente conocemos más de nuestra Luna, y estamos en camino a conocer más de Marte, de lo que conocemos de nuestro océano”, dice. Profundidades impensables, especies jamás vistas, interacciones vitales; el reto de explorar lo desconocido del océano la llevó a dar la siguiente brazada.

Biblioteca de la Universidad Simón Bolívar


Estudió biología en la Universidad Simón Bolívar, en Caracas. Allí empezó a conocer nuevas caras del océano.



Recuerda tener que adentrarse en el mar de noche para recolectar muestras de zooplancton. “Y mira, por más familiar que yo hubiese estado con esa playa, entrar al mar de noche, con tu linternita, arrastrado tu red de plancton allá al fondo, te inspira respecto. Eso me quedó grabado”, recuerda Lorenzoni, que también solía hacer buceo nocturno. “El mar de noche es absolutamente fascinante. Si alguien quiere ir a otro planeta, debería bucear y bucear de noche”, dice.


Allí, un profesor la ayudó a conseguir una pasantía en un centro de detección remota con satélites. De pronto, ya estaba más cerca del espacio, y de la NASA.


Laura Lorenzoni. Cortesía Laura Lorenzoni


Hizo su tesis de grado en teledetección y otra puerta se abrió allí en Venezuela: la posibilidad de estudiar la Fosa de Cariaco, una de las principales cuencas anóxicas del planeta. Anóxica significa que no tiene oxígeno; aun así, en Cariaco hay vida microbiana. Esta fosa “ha sido utilizada para poder entender qué tipo de organismos pudieran existir en océanos de otros planetas”, explica Lorenzoni. Trabajar con Cariaco le dio la oportunidad de hacer la maestría y después el doctorado en Florida.

Mapa de la Cuenca de Cariaco


El sueño se terminó de completar cuando se abrieron para ella las puerta de la NASA. Hoy es científica del Programa de Biología Oceánica y Biogeoquímica (OBB, por sus siglas en inglés) en la Dirección de Misión Científica de la sede de la agencia. El programa OBB se centra en describir, comprender y predecir las condiciones biológicas y biogeoquímicas, las interacciones y los cambios en la capa superior del océano, a través de los datos de detección remota y los obtenidos en el campo.


Es muy curioso porque si tú le preguntas a chiquillos o a la persona normal qué hace la NASA, te van a decir ponen el rover en Marte o estudian galaxias lejanas”, dice Lorenzoni, que señala que muy poca gente “se da cuenta de que la NASA tiene un programa extremadamente robusto de ciencias de la tierra”.


Es que la agencia observa y estudia nuestro planeta desde adentro y desde afuera, con una flota de satélites que brindan una perspectiva única de nuestro mundo, y que dan “una cantidad increíble de información” que va mucho más allá de ayudar a pronosticar el clima de mañana, explica Lorenzoni.


Por lo general, “el espacio se lleva todo el glamour”, aun cuando la tecnología que posibilita la exploración de otros mundos haya sido desarrollada, en principio, para estudiar la Tierra. En ocasiones, nuestro océano es un buen lugar para probar estas tecnologías, que a su vez harán posible las investigaciones científicas. “El océano es un ambiente muy rudo. Tienes presiones absurdas, tiene condiciones que de verdad llevan al límite la tecnología que nosotros tenemos”, dice Lorenzoni. Por eso, explica, si funciona en las partes más profundas de nuestro océano, es probable que también funcionen en otros mundos.


Laura Lorenzoni. Cortesía Laura Lorenzoni


La exploración de la Tierra y la exploración espacial van de la mano; la primera viene antes que la segunda. Según Lorenzoni, conocemos muy poco sobre lo que hay en nuestros mares, “y si nos ponemos a pensar que la vida como nosotros la conocemos salió del océano, pues es fundamental entender qué es lo que tenemos aquí en este planeta para poder extrapolar qué posiblemente pudiera haber en otros lados”, comenta.


Conocer mejor nuestro océano también nos ayudará a responder varias preguntas importantes, explica Lorenzoni: qué va a pasar con el ciclo del carbono a medida que aumente el dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera y los mares se calienten; qué pasará con la cadena alimenticia en el océano.


En eso ha trabajado la campaña de campo oceanográfica de la NASA llamada Procesos de exportación en el océano desde la teledetección (EXPORTS, por sus siglas en inglés), que busca entender mejor cuál es el papel del océano en el ciclo global del carbono. Lorenzoni supervisa este programa.


Durante el despliegue más reciente de EXPORTS en mayo de este año, tres buques navegaron el Atlántico tomando medidas y recopilando datos de forma continua con plataformas de alta tecnología, incluidos varios vehículos autónomos. El siguiente paso es vincular esos datos con los satélites.


Esto permitirá entender qué está pasando con el fitoplancton, que es clave para la producción de oxígeno hacia nuestra atmósfera, y es la base de la cadena alimenticia de los ecosistemas acuáticos. Pero no solo eso: también ayudará a conocer qué está sucediendo con toda esa cadena trófica, lo cual es importante porque esta secuestra el carbono a la parte profunda del mar, ayudando a sacar CO2 de la atmósfera. Y eso “contribuye a frenar un poco el calentamiento global”, explica Lorenzoni.


Saber qué está pasando en el océano también ayuda a entender hasta dónde está llegando la huella del ser humano, incluso en los rincones más remotos. Recuerda lo que sintió cuando se enteró de que habían encontrado una bolsa plástica en la Fosa de las Marianas, en el Pacífico: fue aleccionador. Con más de 10 mil metros de profundidad, esta fosa es considerada el área más profunda de los océanos. “Pensar que hasta ese sitio ha llegado la huella humana es un poquito triste”, dice Lorenzoni, que dice que esto es “un recordatorio de lo interconectados que somos y lo importante que es cuidar de nuestro planeta en general”.

Laura Lorenzoni. Cortesía Laura Lorenzoni


Lorenzoni no pierde el optimismo. Ve “la preocupación honesta” de la gente en general sobre el problema de la contaminación por plásticos en los océanos y por la salud del ecosistema. En su hogar, enseña a su hijo de 10 años a pensar en la conservación. Dice que lo hace a través del ejemplo: ya sea enseñándole a respetar a una medusa o una estrella de mar que encuentran en la orilla, o transmitiéndole la fascinación por el buceo (su esposo también bucea). El hijo de Lorenzoni quiere ser arqueólogo submarino y espera con ansias cumplir los 12 años para poder bucear. “Compartir la pasión creo que es la cosa más efectiva para que él entienda lo importante que es nuestro océano y lo importante que es respetar sus recursos”, dice Lorenzoni.


Con el ejemplo de su trabajo, también busca inspirar y apoyar a la siguiente generación de científicos y exploradores. Lo siente como un “grandísimo honor”. “La parte más emocionante es esa: no solo poder darle pie a la ciencia que es buena, sino también tener la oportunidad de estar en una posición como en la que estoy y conectarme con chiquillos, y chiquillas sobre todo, que tal vez tengan el deseo, como lo tuve yo cuando era chiquita”, explica.


Dice que se siente privilegiada de haber contado siempre con el apoyo de su familia para lograr sus metas, y es consciente de que no todos los niños y niñas tienen ese apoyo disponible. “Mi recomendación para las chiquillas es: ¿quieres perseguirlo? Hazlo, no dejes que nadie te diga que no”.


También es importante no decirse que no a una misma, aclara Lorenzoni. Cuenta que aunque era “terrible en matemáticas”, pronto aprendió que “lo importante es capitalizar en nuestro fuerte”. Explica que perseguir lo que nos apasiona y en lo que somos buenos de verdad ayuda no solo a la autoestima sino también a desarrollar esa pasión. “Entonces”, concluye, “te conviertes en lo mejor que puedes ser”.


Por Noelia González


Centro de Vuelo Espacial Goddard, Greenbelt, Maryland



https://ciencia.nasa.gov/gente-de-la-nasa/laura-lorenzoni-explorando-mundos-dentro-de-nuestro-mundo/





miércoles, 18 de septiembre de 2024

Elon Musk, Emperador de Marte : la guerra civil es inevitable




Marx y la guerra de clases: ¿sueña Elon Musk con esclavos en Marte?


Los grandes avances tecnológicos y científicos, en manos de los capitalistas se vuelven instrumentos para redoblar la precariedad, el control de la mano de obra y el expolio


Josefina L. Martínez 11/08/2024


Elon Musk y Jeff Bezos, los dos hombres más ricos del mundo, serían dignos supervillanos de muchas películas, aunque en este caso la realidad es mucho peor que la ficción. Ambos son propietarios de emporios multinacionales que explotan a millones de personas y que incluyen ambiciosos proyectos espaciales, redes satelitales, investigación en IA, cadenas logísticas globales, plataformas de venta online, medios de comunicación, redes sociales, infraestructuras de servidores, fábricas automovilísticas y mucho más. La fortuna personal de Elon Musk se calcula en 240.000 millones de dólares y la de Jeff Bezos en 200.000 millones, según Forbes. Pero eso no es todo: ¡ambos compiten actualmente en la carrera espacial por Marte! La NASA tiene varios contratos con las empresas SpaceX (Elon Musk) y Blue Origin (Jeff Bezos), como parte de un programa para instalar bases en el planeta rojo.  

Elon Musk por LUIS GRAÑENA


Según una investigación del New York Times, SpaceX ha creado varias divisiones de investigación con el objetivo a largo plazo de construir una colonia autosostenible en Marte. El proyecto tendría por delante todo tipo de obstáculos. La creación de cohetes reutilizables de grandes dimensiones para trasladar enormes cantidades de materiales e insumos sería solo el primero de los problemas. Mientras algunos científicos estarían trabajando en el diseño de trajes espaciales para resistir condiciones ambientales hostiles, otros indagan si sería posible la reproducción biológica de la especie humana fuera de nuestro planeta. Elon Musk desmintió en X que hubiera donado esperma para evaluar las posibilidades de cultivar una pequeña colonia de terrícolas en el espacio, una posibilidad verosímil teniendo en cuenta su personalidad. Musk adhiere a la ideología pronatalista de los neorreaccionarios (NRx), un movimiento encabezado por millonarios ultraconservadores que financian al actual candidato a la vicepresidencia de EEUU, James D. Vance. Estos se definen como antiigualitaristas, contrarios a la ilustración y a la democracia liberal. Piensan que están llamados a “salvar a la humanidad” mediante el desarrollo tecnológico y políticas oligárquicas. Promueven que los países más ricos suban las tasas de natalidad (natalidad blanca, claro está), para evitar la amenaza del “gran reemplazo” provocado por oleadas migratorias. Musk ya tiene 10 hijos con diferentes mujeres. No es extraño que considere que su propia “semilla” sería la más adecuada para iniciar una nueva especie afincada en Marte. Más nazi, no se puede. 


Los delirios de grandeza de Elon Musk (le gusta llamarse a sí mismo “Emperador de Marte” o “Tecno Rey de Tesla”) no son ajenos a una época de crisis profunda del orden neoliberal occidental, en la que emergen figuras aberrantes que, a su modo, expresan la locura de la razón económica. Su ambición es llevar al extremo la irracionalidad capitalista, en su propio beneficio, como nuevos sheriffs acaudalados de un oeste salvaje. No por nada, Elon Musk es el capitalista más admirado por Javier Milei, otro que cree que tiene línea directa con la divinidad y que habla con sus perros en el más allá. Cierto es que también están unidos por intereses más “terrenales”: Musk busca quedarse con las codiciadas reservas de litio del norte argentino y ya ha comenzado su avanzada en el país con la empresa de satélites Starlink.


Si bien Marx ya había señalado que el capitalismo busca transformar el mundo entero a su imagen, quizás se hubiera sorprendido del grado de megalomanía de estas nuevas personificaciones del capital en el siglo XXI. 


Del sueño tecnológico californiano a los talleres ocultos del capital


Alguien podría pensar que estos supermillonarios juegan algún papel progresivo en la sociedad, ya que con su “iniciativa emprendedora” impulsan proyectos que beneficiarán a todos. Si creyéramos al pie de la letra el mito de Silicon Valley, Amazon debería su éxito a la genialidad de Jeff Bezos y su audacia para aprovechar las oportunidades del mercado. Ya planteamos en un artículo anterior algunas cosas sobre el credo ultraliberal de la libertad como libertad de mercado. Conforme a esta ideología, el emprendedurismo de las techabre el camino para que florezcan mil flores, porque todos tendrían la posibilidad de acceder al juego. El premio será para quienes arriesgan y ganan: una oda a la meritocracia neoliberal. Pero las cosas no son lo que parecen.


En 2021, Jeff Bezos realizó un viaje de diez minutos al espacio como parte de su proyecto de “turismo espacial”. En la rueda de prensa que dio al regresar, hizo declaraciones bastante provocadoras: “Quiero dar las gracias a todos los trabajadores de Amazon y a todos los clientes de Amazon. ¡Porque vosotros habéis pagado todo esto!”. Marx le hubiera dado la razón: lo pagamos todos. 


Amazon es la empresa de logística más grande del planeta y la mayor empleadora: más de un millón y medio de trabajadores precarios contratados de forma directa y cientos de miles que trabajan para Amazon a través de empresas externalizadas. En sus grandes almacenes, miles de trabajadores y trabajadoras son sometidos cada día a intensos ritmos de trabajo, controlados mediante escáneres, cámaras y algoritmos. Para Amazon, son un engranaje más en las cadenas globales de suministros y la “logística inteligente” que permite mover con rapidez y a través de largas distancias mercancías producidas en países con mano de obra todavía más barata y sin derechos. Por eso los trabajadores de Amazon salen a la huelga en muchos países con el lema: “No somos robots”. La empresa de Jeff Bezos es conocida por sus prácticas antisindicales en todo el mundo. Como analizamos con detalle en el libro Amazon desde dentro: el secreto está en la explotación (CTXT, 2024), Amazon utiliza tecnologías propias del siglo XXI para imponer condiciones laborales del siglo XIX. Y es ahí donde hay que buscar uno de los secretos más importantes de la fortuna de Jeff Bezos


Marx analizó los secretos ocultos de la producción capitalista, develando las mentiras del relato liberal sobre un “intercambio entre iguales” en el mercado laboral (uno de los sentidos comunes más extendidos en nuestra sociedad).  Cuando, de una parte, hay millones de personas que dependen de un salario para sobrevivir, y, del otro lado, se encuentran capitalistas multimillonarios, a eso no lo podemos llamar “intercambio igualitario”. La igualdad formal encubre una desigualdad sustancial que está presente en las relaciones sociales. Millones de seres humanos no pueden cubrir las necesidades mínimas de alimentarse, tener una vivienda, reproducirse y poco más, a no ser que pasen gran parte de su vida en el trabajo asalariado. Muchos otros ni siquiera tienen esa opción.


El secreto de la ganancia capitalista está en la apropiación del trabajo ajeno, eso que llamamos explotación. Como explicó el economista marxista belga Ernest Mandel: “El origen de la plusvalía está, pues, en el trabajo excedente, en el trabajo gratuito apropiado por el capitalista. ‘Pero eso es un robo’, se gritará. La respuesta debe ser ‘sí y no’. Sí, desde el punto de vista del obrero; no, desde el punto de vista del capitalista y de las leyes del mercado”. Es decir, se trata de un robo legalizado. Si los capitalistas pueden apropiarse de ese plusvalor creado por el trabajo de los obreros, es porque estos se han transformado en una mercancía (su fuerza de trabajo), porque no tienen otro modo de sobrevivir que vender su fuerza de trabajo en el mercado.


El capital es insaciable, su tendencia a la expansión y la concentración está inscrita en su ADN. Eso que fue vislumbrado por Marx adquiere dimensiones inéditas. Entre las empresas tecnológicas, la concentración de capital ha crecido con un ritmo fenomenal. YouTube fue adquirida por Google, Twitter fue comprada por Elon Musk, Facebook se quedó con Instagram, Amazon ha adquirido numerosas empresas que eran su competencia, desde cadenas de librerías online hasta supermercados. En un plazo de veinte años, el club de las empresas más grandes en términos de capitalización bursátil ha cambiado bastante. Mientras que en el año 2000 el top five lo encabezaban Exxon Mobil, General Electric, Microsoft, Citigroup y BP (hidrocarburos), para el 2019 el ranking lo lideraba Apple, seguida de Microsoft, Alphabet (Google), Amazon y Facebook. Su poder económico es tan grande, que algunos incluso creen ver la aparición de un nuevo tipo de feudalismo tecnológico. La realidad es que las tendencias a la concentración monopolística, propias del capitalismo desde fines del siglo XIX, no han dejado de aumentar en las últimas décadas. La competencia no desaparece, sino que se exacerba entre empresas de proporciones gigantescas.



Los secretos de Elon Musk: subvenciones estatales y explotación infantil


Elon Musk es propietario de Tesla, la empresa líder en producción de automóviles eléctricos. Cuando muchos países apuestan por planes para reemplazar los rodados de combustible fósil por nuevos modelos “sostenibles”, esa industria es un nicho para grandes negocios capitalistas. Una producción que viene siendo regada con miles de millones en ayudas estatales, desde los fondos europeos Next Generation a otras iniciativas de financiación. Noruega, el país con mayor porcentaje de coches eléctricos del mundo, sostiene ese crecimiento a base de una caja de subvenciones estatales sin igual, todo en nombre de la “transición verde”. Parece que para los negocios exitosos no alcanzaba con el libre mercado.


La industria de los coches eléctricos se presenta en el relato del “capitalismo verde” como la única solución para el futuro. Como si no hubiera otras opciones para el transporte urbano más racionales y menos destructivas del ambiente que la circulación de millones de automóviles para uso individual en carreteras atestadas. Pero los espejitos de colores que ofrece Elon Musk no pueden ocultar una realidad mucho más funesta. Como sabemos, las baterías de los coches eléctricos necesitan litio y coltán, así como otros minerales. Estos son extraídos por multinacionales en países del sur global en condiciones laborales inhumanas, expoliando bienes comunes naturales de pueblos y comunidades originarias. 


Las minas “artesanales” del Congo son uno de los casos más extremos. Según una investigación de Amnistía Internacional, la mayoría de los fabricantes de baterías eléctricas y empresas como Tesla compran coltán a proveedores que se abastecen de la minería que utiliza trabajo infantil. En 2020, el 70% de la producción mundial de cobalto provenía de ese país. Milicias armadas y el ejército se disputan el control de la región, mediante conflictos armados y abusos generalizados a la población. Diversas organizaciones han denunciado que más de 40.000 niños participan de la minería en la región este del Congo. Estos escenarios infernales son fuente de enormes ganancias para los capitalistas más ricos del planeta. Una vez extraído, el mineral se “lava” en los papeles mediante maniobras fraudulentas para hacer constar que su origen es otro. El Congo, que fue escenario de uno de los primeros genocidios a gran escala por parte de los ejércitos coloniales europeos, hoy reproduce aquella barbarie. En su momento, Marx señaló que el capital había llegado al mundo chorreando lodo y sangre. El capitalismo “verde” de Elon Musk, Von der Leyen y la Comisión Europea sigue siendo esa trituradora de huesos cruenta y mortal. Las guerras comerciales y crecientes choques entre potencias a nivel global anuncian nuevas disputas por los recursos y los mercados mundiales en un mundo convulso.


Mientras tanto, en sus fábricas de Tesla, Musk redobla sus políticas antisindicales para impedir la organización de los trabajadores. Podemos imaginar también cómo le gustaría organizar sus “colonias marcianas”: con esclavos sin derechos. 


Los grandes avances tecnológicos y científicos, en manos de los capitalistas se vuelven instrumentos para redoblar la precariedad, el control de la mano de obra y el expolio. Expropiar a los expropiadores, como propone Marx, es necesario para liberar las potencialidades del conocimiento y el trabajo humano y permitir que este tome nuevos rumbos que sean realmente emancipadores. 


Elon Musk ha posteado esta semana una frase en X: “Civil war is inevitable” [la guerra civil es inevitable]. Lo hizo como comentario para justificar la acción violenta de los grupos de choque racistas en Reino Unido, mientras estos atacaban centros de refugiados y a personas migrantes. “La guerra civil es inevitable”: con ese horizonte en mente, Elon Musk financia la campaña de Donald Trump y agita en la red X contra cualquier forma de resistencia organizada. Sus discursos racistas, tránsfobos y antiobreros señalan claramente en qué lado de la barricada se ubica. Si Marx tuviera hoy una cuenta en X, seguramente le respondería: “La guerra civil es inevitable, pero es una guerra de clases. Prepárate Musk, que esta vez podemos ganarla”




 


AUTOR >



Josefina L. Martínez

Periodista. Autora de 'No somos esclavas' (2021)



Tomado de CTXT.ES



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sábado, 13 de julio de 2019

Invitación a la Exposición conmemorativa 50 aniversario del Apolo 11 desde este jueves 18 Julio 2019 al Sabado 20 Julio 2019 (Todo el dia) en el Colegio de Ingenieros de Valencia




Estimados Amigos

El Grupo Li Po, la Asociación Carabobeña de Astronomía, la Sociedad Astronómica UC,  AsoVAC y el Centro de ingenieros del Estado Carabobo  los invitan cordialmente  a la Exposición conmemorativa 50 aniversario del Apolo 11 este  jueves  18 Julio 2019 al  Sabado 20 Julio 2019 (Todo el dia) en el Colegio de Ingenieros de Valencia –  Dr. Nelson Falcon -  Ing Alcides Ortega  – Sociedad Astronómica U.C.




Micro Charlas y proyección de documentales alusivos a la llegada del hombre a la luna y el Programa Apolo (En las Tardes). 


 


La actividad se realizará en el Salón Blanco del Colegio de Ingenieros.




Actualizada el 29/01/2024


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Actualizada el 27/02/2024

jueves, 4 de julio de 2019

Concurso de Pintura Rápida al Aire Libre: "50 Aniversario de la Llegada del Hombre a la Luna"




Celebrando el  50 Aniversario de la Llegada del Hombre a la luna . 

El CEVAC en conjunto con la Fundación Cultural @f_cultyvalor y la Asociación Carabobeña Astronomía @astroaca2018 esta preparándonos para darle significado a la llegada del hombre a la luna, la misión considerada como uno de los momentos más trascendentales de la historia de la humanidad. Compartimos la agenda para recordar ese 21 de Julio de 1969, cuando  Neil Armstrong se convirtió en el primer ser humano en pisar la superficie del satélite terrestre. Las actividades comienzan el 13 de julio con un Concurso de Pintura Rápida y finalizará el 19 de julio cuando la misión del Apolo 11  marcó un hito en el avance de la ciencia y la tecnología.


Este concurso se regirá por las siguientes bases.

Artículo 1. El concurso de Pintura Rápida al Aire libre 50 Aniversario de la Llegada del Apolo 11 a la Luna, se celebrara el día sábado 13 de julio de 2019.
Hora: 9 am hasta las 4 pm.


Lugar: Casa de la Cultura “ALDEMARO ROMERO” del Municipio San Diego. Estado Carabobo.

La Participación será abierta y constara de las siguientes categorías:
Categoría Apolo Infantil: Niños desde 7 años hasta 12 años de edad.


Categoría Apolo Juvenil: Adolescentes desde 13 años hasta 18 años de edad.


Categoría Apolo Adulto: Adultos de 19 años de edad en adelante.

Articulo 2 El soporte permitido es madera, lienzo o cartón en medidas comprendidas entre mínimo 30 cms x 40 cms. Y máximo 1 mt x 80 cms. La técnica es libre.
La preinscripción se hará desde el día de la publicación del flyer hasta el día 12/07/2019 a través del siguiente correo electrónico concursoapolo11@gmail.com, suministrando los siguientes datos: 


-Nombres y apellidos.


-Edad.

-Cedula de Identidad.

-Correo electrónico.

-Teléfono de Contacto

La Fecha de Inscripción será el día sábado 13/07/2019.
En el momento de la inscripción se le sellara el soporte, como requisito indispensable para la participación en el concurso.
Articulo. 3 El tema único para todas las categorías es “La llegada del hombre a la luna”.
Articulo. 4 El jurado estará conformado por tres artistas plásticos calificados.
El jurado se reunirá posterior a la jornada, para seleccionar las obras a ser expuestas desde el día 15/07/2019 hasta el 20/07/2019.
El día viernes 19/07/2019, el jurado dará a conocer los ganadores en cada una de las categorías y será publicado en las siguientes cuentas de Instagram de las instituciones organizadoras:


@f_cultyvalor

@astroaca2018

@cevacarabobo

Articulo. 5 Se establece un único premio para cada categoría. Todas las obras premiadas tienen carácter adquisitivo y pasarán a formar parte del Patrimonio Artístico de las Instituciones organizadoras.


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Actualizada el 27/02/2024