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jueves, 21 de septiembre de 2023

A menor diversidad ecológica habrá mayores brotes de enfermedades infecciosas

 

Deforestación para plantar soja en el Chaco, en América del Sur (© Jim Wickens / Ecostorm & MPD01605 / Flickr - Collage Rainforest Rescue - CC BY-SA 2.0). Imagen tomada de Salva las Selvas.


Estimados Liponautas


Hoy compartimos con ustedes esta nota de la Revista Humboldt que nos parece bastante relevante. Si algo es claro en la actualidad es la tendencia indetenible por parte de nosotros  de invadir los pocos espacios silvestres que aún existen y de complicar la sobrevivencia de otras especies al modificar o asesinar su entorno vital. Esos espacios aislados ante la humanidad por periodos de tiempo indeterminados pueden ser y son un saco que almacena diversas enfermedades infecciosas desconocidas y que traeremos a nuestra sociedad por nuestra indetenible manía de encajar en el suelo virgen nuestra pua urbanizadora infecciosa.  Pero ya pasamos una larga cuarentena por una pandemia, quizá ya nos acostumbramos a vivir enclaustrados con grilletes digitales.

Es muy probable que tengamos mas espacio libre para disfrutar, claro las próximas epidemias acabara´n con unos cuantos de nosotros. Tengamos la mascarillas a la mano, ahora vendrán con nuevos diseños y con WiFi incorporado...

Esperamos disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia.


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Pérdida de ecosistemas y brote de enfermedades


 María Toledo-Garibaldi


Tras la rápida tala de selva tropical para las plantaciones de aceite de palma, como sucede aquí en Borneo, se ha observado un aumento de los casos de malaria. 



Tras la rápida tala de selva tropical para las plantaciones de aceite de palma, como sucede aquí en Borneo, se ha observado un aumento de los casos de malaria. | Foto (detalle): Zoonar | Georg A © picture alliance




Existen muchas pruebas de que la pérdida de biodiversidad en los ecosistemas puede influir directamente en el surgimiento de enfermedades como el COVID-19. Parte de la solución está en aprender y adoptar prácticas sostenibles a pequeña y gran escala.


Los humanos estamos destruyendo los ecosistemas a un ritmo alarmante. Con la pérdida de biodiversidad, perdemos también los llamados servicios ecosistémicos, o sea, las muchas formas en que la naturaleza sostiene la vida humana. Estas incluyen, por ejemplo, la reducción de la contaminación del aire, la regulación de la temperatura, la filtración y purificación el agua y la polinización de cultivos. Además de la pérdida de estos servicios, la deforestación o la contaminación de los mares podrían tener otras repercusiones negativas y directas en la vida humana, como los brotes de enfermedades infecciosas.


En la mayoría de los ecosistemas existen virus, bacterias, hongos y parásitos que pueden causar enfermedades en la gente. Esto no quiere decir que los ambientes naturales son necesariamente fuentes de infección o lugares de riesgo para las personas. Todo lo contrario: Un ecosistema saludable, como un bosque que no ha sido alterado significativamente por el ser humano, ha desarrollado “defensas” ante la mayoría de patógenos que ahí habitan. Un ecosistema con alta diversidad de especies es más resistente a los impactos de los patógenos microbianos, porque hay más probabilidades de que algunas de las especies del ecosistema ya hayan desarrollado resistencia a la enfermedad. En un ecosistema saludable, si una especie resistente desaparece, otra nueva llega a ocupar su lugar. Ahora, en el escenario opuesto, ¿qué sucede en un ecosistema no saludable, deteriorado o destruido?


Si un ecosistema no es saludable, ya sea por la pérdida de biodiversidad, pérdida de hábitat, cambio de uso del suelo, contaminación o invasión de especies exóticas, es probable que esos biotopos y las especies que viven en ellos sean más vulnerables a los patógenos.


El brote de enfermedades forma parte de la historia de la humanidad. Sin embargo, me parece que cada vez hay más patógenos peligrosos para el ser humano, capaces de provocar más enfermedades. Esta percepción ha llevado a científicos como Kate Jones del University College en Londres o Andrew P. Dobson de Princeton University, a hipotetizar que puede existir una relación entre la pérdida de ecosistemas y su biodiversidad y los patógenos emergentes.


Equipos de veterinarios, biólogos de la conservación y ecólogos están tratando de entender la relación entre el uso agrícolo de la naturaleza y el surgimiento de enfermedades infecciosas. Por ejemplo, la organización EcoHealth Alliance ha desarrollado diversos proyectos de prevención de surgimiento de enfermedades infecciosas bajo una perspectiva de conservación de ecosistemas clave. Su proyecto “Predict” ha recolectado alrededor de 140,000 muestras de especies de vida silvestre consideradas de alto riesgo en Bangladesh, Costa de Marfil, República Democrática del Congo, China, Egipto, India, Indonesia, Jordania, Liberia, Malasia y Tailandia, para crear una base de datos de virus, con la intención de que, si uno llegara a infectar a los humanos, se pueda identificar más rápidamente. Otro de sus proyectos se dedica a estudiar los ecosistemas desde una perspectiva de manejo de flora y fauna silvestre, para evitar que los patógenos microbianos abandonen los bosques a través de huéspedes, como los humanos, lleguen a las urbanizaciones cercanas y eventualmente desencadenen la próxima pandemia.


La malaria, el Zika, el dengue, el chikungunya y la fiebre amarilla son enfermedades transmitidas por mosquitos, cuya incidencia, especialmente en regiones subtropicales, se ha relacionado con eventos de deforestación. Esto sucede porque las áreas recientemente deforestadas, con su combinación ideal de luz solar, agua y temperaturas cálidas, son el caldo de cultivo ideal para los mosquitos portadores de enfermedades. Esto, a su vez, pone en riesgo a las poblaciones cercanas. Por ejemplo, un estudio del 2009 detectó que la deforestación en el Amazonas peruano y las alteraciones ecológicas asociadas conducen a la presencia de larvas Anopheles darlingi -los huéspedes del patógeno que causa la malaria-, lo cual aumenta el riesgo de malaria para los habitantes de la región. En la isla de Borneo también se registró un aumento dramático en los casos de malaria tras la rápida deforestación para plantaciones de aceite de palma.   


Adicionalmente, el Instituto Internacional de Investigaciones Ganaderas (International Livestock Research Institute) reportó en 2012 que más de dos millones de personas en el mundo han muerto a causa de enfermedades zoonóticas, es decir, aquellas que son transmitidas de animales a humanos, como el SIDA, el Ébola y el Nipah.


Además, el Instituto Internacional de Investigación Pecuaria informó ya en 2012 que más de dos millones de personas en el mundo han muerto por enfermedades zoonóticas, aquellas que se transmiten de los animales a los humanos, como el sida, el ébola y el virus Nipah.


El VIH, por ejemplo, cruzó la barrera entre especies al pasar de los chimpancés a los humanos y la teoría más aceptada de cómo sucedió es que cazadores de carne de animales salvajes contrajeron el virus después de matar y comer carne de primates. En la actualidad, aproximadamente 38 millones de personas son portadoras del patógeno del VIH, que puede desencadenar el síndrome de inmunodeficiencia adquirida SIDA. El Ébola también pudo haberse introducido en la población humana por contacto estrecho con órganos, sangre y secreciones de animales infectados, como murciélagos frugívoros, chimpancés, gorilas, monos, antílopes o puercoespines. El virus de Nipah, que suele causar meningitis, se aisló por primera vez en Malasia en 1999 y se cree que se transmitió de murciélagos frugívoros a cerdos de granja, y posteriormente de cerdos a humanos.


En el caso del virus SARS-COV2, que causa la enfermedad COVID-19, los científicos aún no saben exactamente cómo infectó por primera vez a los humanos. Estudios apuntan a dos posibles teorías sobre su origen. Una es que el virus pasó de murciélagos a humanos a través de algún animal hospedero intermedio, ya que no hay casos documentados de transmisión directa murciélago-humano. La segunda teoría es que el virus podría haberse transmitido directamente a los humanos, residió entre ellos por un tiempo sin llamar la atención y, finalmente, evolucionó hacia su forma patógena actual, en la que continúa mutando. Según esta teoría, el coronavirus podría haberse transmitido de un pangolín a un humano.


Los ejemplos presentados buscan ilustrar cómo el surgimiento de enfermedades causadas por patógenos microbianos podría verse favorecida por la manera en que el ser humano trata a la naturaleza y los problemas medioambientales resultantes. Aunque esto sigue siendo controvertido en la comunidad científica, las investigaciones mencionadas apuntan a una conexión en ese sentido. El modelo extractivo y explotador de los recursos naturales, que incluye la urbanización, la deforestación, el desarrollo agrícola, la minería y el comercio de vida silvestre, se ven agravados con el cambio climático.

Imagen tomada de Salva las Selvas.


La solución no es simplemente mantener los ecosistemas intactos y sin humanos, ya que es imposible. Una respuesta a los crecientes problemas ambientales que nos afectan cada vez más es aprender y adoptar prácticas sostenibles aplicables a pequeña y gran escala. Es importante entender que existe una conexión inexorable entre la salud de los ecosistemas y la salud y bienestar humano. Todas las personas somos responsables de mantener un planeta saludable por nuestra sobrevivencia y la de todas las especies.

abril 2021

María Toledo-Garibaldi


María Toledo-Garibaldi es candidata al doctorado en silvicultura de la Universidad de Toronto. Durante más de diez años su trabajo de investigación se ha enfocado en ecología vegetal en diferentes tipos de vegetación de México, así como estudios ecológicos y de planeación del bosque urbano de la Ciudad de México. Por sus proyectos, María ha recibido diversos premios y reconocimientos, como el Doctoral Research Award por parte del International Center of Development Research (Canadá), Women for Climate de C40 Cities (Francia-México), así como financiamiento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y del Instituto Mexicano de Cinematografía (México). María Toledo ha trabajado como docente en universidades de México y de Canadá y cuenta con diversas publicaciones en revistas científicas y de divulgación de la ciencia, así como entrevistas en diversos medios de comunicación.  


Tomado de Revista Humboldt


martes, 7 de mayo de 2019

La Isla de Pascua sufre amenazas climáticas.


El Ahu Tongariki, de 200 metros de longitud, es la plataforma funeraria más grande de Rapa Nui o la Isla de Pascua. Tiene 15 estatuas de piedra volcánica o moai, ubicadas en la costa suroriental pascuence, frente al volcán Rano Raraku, y sobre ellas pende la amenaza del impacto del cambio climático en el vulnerable territorio insular chileno. Crédito: Orlando Milesi/IPS

Rapa Nui afronta amenazas climáticas para sus recursos y sus moai

HANGA ROA, Chile, 12 feb 2019 (IPS) - Activistas sociales y autoridades de Rapa Nui o la Isla de Pascua urgen a adoptar medidas para enfrentar el aumento de la temperatura del mar, la disminución de lluvias y una crecida de las marejadas que amenazan sus recursos pesqueros y sus moai, las misteriosas estatuas humanas de piedra volcánica.
En esta isla enclavada en el océano Pacífico, en la región de la Polinesia, a 3.800 kilómetros de las costas de Chile, el país del que es parte, ya son evidentes los efectos provocados por el cambio climático.
Ludovic Burws Tuki, profesor de la Aldea Educativa de Hanga Roa, donde los niños de la isla estudian educación básica y media, cuenta que con “el aumento de las temperaturas del agua algunos corales están empezando a blanquear” en las costas de Rapa Nui (rapa grande, en lengua rapanui).
“Miras la isla y ahora (febrero) debería estar amarilla, pero está verde. Hay un desfase de temporadas. Está lloviendo más en un momento en que no debería. Lluvia más fuerte, más corta y muy intensa que provoca erosión que llega al mar y cubre los corales”, relató a IPS.
“Ha subido la temperatura, pero mezclado con la basura, se ha generado una nueva alga en la profundidad de 80 metros (todavía en estudio), que empieza a crecer y a comerse el coral”, indicó Burws, quien también es asesor técnico de la organización Te Mau  o te Vaikava o Rapa Nui (Mesa del Mar de Rapa Nui).
Esa Mesa es un colectivo de 22 representantes de diversas organizaciones, que actúa desde 2014, con el objetivo de supervisar los problemas vinculados con el entorno marino de la isla de 163,6 kilómetros cuadrados, poblada por 8.000 habitantes permanentes, la mayoría del pueblo originario rapanui.
Otros daños provocados por el aumento de la temperatura es la casi desaparición del auke, una alga endémica “que antes era muy abundante”, explicó Burws.
Un problema que se une, dijo, a otro que también viene del mar y afecta a la población: “toda la basura que recibimos desde afuera se transforma en micro plástico que se comen los peces y luego comemos nosotros”.


El humedal Rano Kau, en el cráter del volcán del mismo nombre, aún no se ha secado como el situado en el cráter del Ranu Raraku. En este lugar se efectuaron ceremonias ancestrales, pero ahora el acceso está restringido pues su nivel de agua también descendió fuertemente. Crédito: Orlando Milesi/IPS
Pedro Edmunds Paoa, alcalde del municipio de Isla de Pascua, del que Hanga Roa es su capital, dijo a IPS que “desde que en 1984 se identificó la corriente de El Niño, la isla ha ido sufriendo mermas en su fauna y flora marina”.
“Hoy día se están pescando atunes chiquitos. Nosotros tenemos nombres para cada especie y cada tamaño. El que se está pescando se llama auhopu, que es un atún de 40 centímetros, un bebé atún. Porque en nuestras aguas el atún ova, nace, se cría y después migra”, contó.
“Yo quiero repoblar mi mar”, subrayó la autoridad municipal. “El mar nuestro sufrió y sufre el calentamiento global, se  calentó en cinco a seis grados sobre lo que normalmente debe tener”, describió con alarma.
Añadió que una medición, efectuada hace un tiempo por un barco científico de la estadounidense Administración Nacional Oceanográfica y Atmosférica (NOAA), “detectó a 800 metros mar afuera de Hanga Roa y a 40 metros de profundidad, temperaturas de 29 grados (centígrados)”. Tradicionalmente, la temperatura superficial en la zona no pasaba de 24 grados y a esa profundidad era muy inferior.
Para repoblar el mar, Edmunds impulsa un acuerdo con la chilena Universidad del Norte que tiene una estación de estudio, desarrollo y reproducción de especies, desde algas hasta peces azules como el atún, la vidriola, el pez espada y otros.

El humedal Rano Kau, en el cráter del volcán del mismo nombre, aún no se ha secado como el situado en el cráter del Ranu Raraku. En este lugar se efectuaron ceremonias ancestrales, pero ahora el acceso está restringido pues su nivel de agua también descendió fuertemente. Crédito: Orlando Milesi/IPS
Al alcalde le preocupa también la merma de corales, que “están acostumbrados a una cierta temperatura”. “Al matar corales se mata especies que nacen de ellos, porque los corales son vida que acoge otras vidas y a partir de ahí se va creando la  cadena de lo menor a lo mayor”, explicó.
Edmunds denuncia que el cambio climático no es el único responsable de la merma de atunes y otras especies marinas propias de la isla. La disminución, dijo, es favorecida también “por la pesca excesiva de naves extranjeras que entran a nuestras aguas, a pesar de que ellos insistan en que no pescan en nuestras aguas”.

“Vamos a tener una gran escasez del recurso hídrico  y también el patrimonio se va a ver muy afectado tanto por el aumento del mar como por el de las marejadas”, pronosticó a IPS la abogada Tiare Aguilera Hey, quien trabaja en la planificación urbana y territorial.
Ese patrimonio al que hace referencia está constituido por los moai, las míticas y gigantescas estatuas volcánicas que son exclusivas de Rapa Nui, y que junto con los ahus o altares ceremoniales, también pétreos, fueron declarados patrimonio de la humanidad en 1995 por la Unesco.
Es un patrimonio que “se concentra principalmente en zonas costeras”, destacó la especialista.
Además, “van a disminuir las precipitaciones y, por lo mismo,  la erosión, la acidificación y una serie de consecuencias que irán en desmedro de la agricultura y de la pesca, principalmente”, indicó.
Aguilera es originaria de la isla, a la que retornó en 2013 después de realizar estudios en España y China. Desde entonces, asesora a la Comisión de Desarrollo de la Isla de Pascua, un órgano de decisión indígena rapanui.
Un parque, un consejo y una zona para defender al mar
A mejorar la situación del entorno marino va a contribuir la entrada en operación del parque marino Motu Motiro Hiva, una iniciativa que quedó definitivamente plasmada en febrero de 2018,  con el decreto que lo instituyó, junto con Consejo del Mar, responsable de su manejo y cuyo plan debe estar listo en agosto.
Con 150.000 kilómetros cuadrados, el parque forma parte del Área Marina Costera Protegida de Usos Múltiples de Isla de Pascua, que se estableció en junio siguiente, que abarca 720.000 kilómetros cuadrados y es la más grande en su tipo de América Latina.
Hay más de 1.000 moai (estatuas humanas) en la Isla de Pascua (Rapa Nui en lengua indígena), construidos con roca volcánica. En el entorno del volcán Rano Raraku hay varios semienterrados que parecen salir de la profundidad de la tierra. Unos 120.000 turistas llegan cada año a la isla chilena de la Polinesia, atraídos por este mítico arte. Crédito: Orlando Milesi/IPS


También el 29 de junio de 2018 se eligió a los 11 integrantes del Consejo del Mar, que preside la gobernadora pascuenceLaura Terita Alarcón Rapu. Seis de sus miembros, como se determinó en su creación, son rapanuis y fueron electos en forma especial por su comunidad.
“Pero para un manejo que no sea de papel  se necesitan unos 8.000 millones de pesos (12,3 millones de dólares) y en el presupuesto 2019 del país no se destinan más allá  de 300 millones”, advirtió Burws, con base en estimaciones de organizaciones no gubernamentales.
El nuevo parque marino se suma al parque Rapa Nui, creado en 1996 y cuya administración el gobierno entregó en 2016 a la Comunidad Indígena Ma’u Henua.

Abarca 40 por ciento del territorio pascuense y en él se ubican las estatuas humanas moai, de uno a 10 metros, talladas en toba,  y los altares ceremoniales ahus, el mayor atractivo para los 120.000 turistas que llegan anualmente a la isla.
Aguilera destacó que la nueva administración indígena  va a contar con un departamento de cambio climático para estudiar los humedales, que disminuyeron considerablemente el nivel de agua dulce, entre otros instrumentos, dejados por el organismo gubernamental que era responsable del parque anteriormente.
“A nivel local se están adoptando muchas iniciativas desde instituciones diversas que han tomado la batuta con respecto al cambio climático”, elogió la especialista.
Aguilera citó también entre las medidas ambientales positivas surgidas en Rapa Nui, algunas promovidas por la Municipalidad (alcaldía), como una gran campaña de reciclaje o la transformación en sostenible de la fiesta anual cultural y deportiva denominada Tapati, así como acciones para reducir el uso de bolsas y bombillas plásticas y la creación de un sistema de transporte público.
Edición: Estrella Gutiérrez

Tomado de IpsNoticias



lunes, 10 de abril de 2017

Matthew Liao y su Increíble Hombre Menguante versus El Deshielo Polar




Estimados Amigos

Hoy en el Grupo Li Po les presentamos una entrevista un tanto extraña. En ella se expone el pensamiento del filósofo Matthew Liao, quien al parecer es profesor de Bioética por la Universidad de Nueva York. Confesamos que, leyendo sus opiniones, nos ha invadido cierta sorpresa. Aunque visitando su blog Ethics-Etc.com ya queda claro que no se trata de un pensador nada convencional; en semejante foro se muestran ideas muy controvertidas y, sin duda, polémicas.

   Leyendo la siguiente entrevista, sin duda cualquier lector se preguntará si este hombre habla en serio. Que el cambio climático deba combatirse manipulando la genética para crear seres humanos más bajitos suena a un chiste. Y la verdad es que tal vez lo sea.



   Sea como fuere, resulta un buen ejercicio leer las opiniones de este extraño filósofo. No nos dejarán en absoluto indiferentes, desde la opción de desarrollar la visión nocturna en los embriones, pasando por fomentar el uso de oxitocina para crear mayor empatía, o la idea de utilizar parches que desarrollen intolerancia a la carne roja.

   La ingeniería genética ha llegado, desde luego. Según nos cuenta Liao en esta entrevista al diario El País, ya podemos tener descendencia a la carta. Verdad o no, la posibilidad está ahí. Mejor estar informados, así que pasen y lean.


                                                                                                                Joan Antoni Fernández.

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El Increíble Hombre Menguante versus El Deshielo Polar

“Podemos darle a la gente la opción de tener un hijo alto o dos hijos de tamaño mediano”

MATTHEW LIAO | DIRECTOR DEL CENTRO DE BIOÉTICA DE LA UNIVERSIDAD DE NUEVA YORK



El filósofo propone reducir la estatura de las personas para luchar contra el cambio climático


7 ABR 2017 



El filósofo Matthew Liao, de 45 años, suele arrancar sus charlas con una frase chocante: “Estoy absolutamente en contra de toda forma de coacción, como las que los nazis perpetraron en el pasado”. Y Liao lo tiene que aclarar porque muchas de las ideas que pone sobre la mesa son absolutamente originales y polémicas. Liao, nacido en Taiwán y emigrado de niño a EE UU, propone la “ingeniería humana”: la modificación biomédica de las personas para luchar contra el cambio climático. Plantea, por ejemplo, reducir la estatura de los futuros ciudadanos. Para ello, solo habría que recurrir al diagnóstico genético preimplantacional que ya se emplea en clínicas de fertilidad para evaluar embriones con enfermedades genéticas. Los padres lo harían voluntariamente. Reducir 15 centímetros la estatura media de los estadounidenses significaría un recorte de su energía necesaria para vivir de más del 15%, según relata en El próximo paso: la vida exponencial, un nuevo libro de la iniciativa OpenMind de BBVA que analiza las implicaciones de la actual revolución tecnológica. Liao, de paso por Madrid para presentar el volumen, no es un charlatán. Es el director del Centro de Bioética de la Universidad de Nueva York, la institución con el departamento de Filosofía mejor valorado del mundo. El trabajo de Liao, según él sostiene, es “pensar con originalidad”. El tiempo dirá si es un visionario o solo un autor involuntario de ciencia ficción.



Pregunta. Usted propuso hacer humanos más pequeños en el Festival de Ideas Peligrosas, celebrado en la ciudad australiana de Sídney en 2012. ¿Cree que, efectivamente, es una idea peligrosa?

Respuesta. No creo que sea una idea peligrosa, creo que podríamos llevarla a cabo de manera segura. Ya hay maneras en las que podemos tener niños más pequeños. Por ejemplo, a través del diagnóstico genético preimplantacional. Ahora se oyen voces que dicen que quizá necesitamos algo similar a la política de hijo único de China. Es muy restrictivo decirle a unos padres que solo pueden tener un hijo. En ese contexto, si queremos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, podemos darle a la gente la opción de tener un hijo grande o dos de tamaño mediano o tres más pequeños.

P. No lo plantea en broma.

R. No, no es un chiste. Soy filósofo, así que todo es condicional. Si vas a exigir a la gente que solo tenga un hijo, entonces es mejor permitir que tengan más niños, pero de tamaños diferentes.

P. ¿Es ético que los padres tomen decisiones irreversibles sobre sus hijos?

R. En filosofía, el llamado problema de la no identidad plantea que si tienes dos embriones y coges el más pequeño, ese pequeño en realidad no podrá quejarse por la decisión de sus padres, porque si hubieras cogido el otro, él no existiría. En ese sentido, el pequeño se beneficia de la decisión de sus padres. La decisión no daña al niño. Y, por otro lado, hay que pensar en las consecuencias medioambientales. En China, la contaminación es tan horrible que a veces no puedes ver a las personas que están frente a ti. Si eres un niño que crece en esas sociedades, vas a tener problemas de salud. Y el niño se beneficiará también al crear un ambiente más limpio.



P. Usted propone incentivos fiscales o seguro médico gratuito para las familias que elijan tener hijos de menor estatura. Eso solo interesaría a las personas más pobres. Tendríamos ricos altos y pobres más bajos.

R. Eso es un problema. Tenemos que asegurarnos de que haya un umbral mínimo de altura. No estaría permitido que las personas pobres eligieran tener hijos por debajo de ese umbral, porque para ellos sería una situación aún más desventajosa. Deberíamos asegurarnos de que haya un cierto nivel de igualdad. En filosofía, hay una teoría que dice que debemos asegurarnos de que todo el mundo tiene suficiente: seas rico o pobre. Y las personas pobres estarían en una gran desventaja si permitimos que sean mucho más bajas. No debemos permitir eso.

P. Usted tiene dos niños, un buen sueldo y no necesita incentivos económicos. Si va a tener otro hijo dentro de 20 años, ¿elegiría que fuera más bajo solo por una postura ética contra el cambio climático?

R. Depende de con qué seriedad quieras afrontar el problema del cambio climático. Y otro tema es que hay que pensar en cuánta gente más lo hará. Si solo es tu hijo y no lo hace nadie más, no tendrá mucho efecto. Pero además hay un par de razones por las que ser bajo es, en realidad, bueno. ¿Cuántas personas de más de 100 años son muy altas? Muy pocas. Las personas altas tienden a morir mucho antes, porque tienen enfermedades cardiovasculares, tienen problemas de huesos. En promedio, las personas un poco más bajas viven más.



P. ¿Cuál es la otra razón?

R. Otro aspecto es que, por ejemplo, la NASA está pensando en colonizar Marte. Pensemos en la cantidad de recursos que se necesitan para transportar a una persona más alta en lugar de a una más pequeña a Marte. El miércoles volé desde Nueva York a Madrid y los aviones cada vez son más pequeños. Es mucho mejor ser más pequeño. Nuestra sociedad tiene lo que yo llamo el sesgo del statu quo. Pensamos que la altura que tenemos ahora es la óptima, pero si te remontas a hace un siglo, las personas eran en promedio 15 centímetros más bajas, pero eso no afectaba a sus habilidades cognitivas. La idea no es que necesariamente tengamos que hacer que las personas sean más bajas, pero con la ingeniería humana hay todo un grupo de soluciones en las que no hemos pensado. Algunas personas no se creen el cambio climático. Si no se lo creen, incluso el reciclaje les parecerá una reacción exagerada a un problema que no existe. Solo en el contexto de tomarnos muy en serio el cambio climático, y pensar que debemos hacer algo, estas ideas tendrán sentido. No estoy sugiriendo que necesitemos hacer a las personas más bajas, sino que hay un espacio teórico que debemos explorar.

P. Se puede pensar que su propuesta es discriminatoria con las personas altas. ¿Por qué no evitar la obesidad, con su mismo razonamiento?

R. Hay mucha controversia en el tema del peso. Vengo de EE UU y allí la gente tiende a comer más. Creo que al cabo del tiempo esto es realmente malo para la salud. Ya no hablamos de tamaño, sino de cuánto deberías pesar con tu altura para estar saludable. No me quiero meter en el tema del peso. La altura viene determinada en buena medida por la genética, mientras que el peso depende de lo que comes. Centrarse en la altura no tiene por qué discriminar a la gente alta. Es solo una opción, otra manera de combatir el cambio climático. No es una obligación. Pensemos en los restaurantes vegetarianos. ¿Son discriminatorios para las personas que comen carne? No, porque hay multitud de opciones de restaurantes que sirven carne. Se trata de dar a la gente una opción más: poder tener hijos de menor estatura, sabiendo que eso tendrá un efecto en el clima.

P. Para seleccionar niños de menor estatura se necesita dinero para las técnicas con embriones. Quizá sería más sencillo usar ese dinero, por ejemplo, para regalar bicicletas a la gente y reducir las emisiones, en lugar de hacer personas más pequeñas.

R. Es una buena sugerencia, pero la idea es tener múltiples soluciones, porque el cambio climático es un gran problema. Necesitamos una multitud de soluciones.



P. Con la revolucionaria técnica de edición genómica CRISPR será mucho más sencillo hacer niños más altos, más guapos, más inteligentes... ¿Qué opina de estas nuevas posibilidades?

R. He leído sobre CRISPR y esta especie de diseño de humanos. La gente habla de humanos sintéticos. Llegará el momento en el que podrás utilizar esta técnica para diseñar con precisión niños de menor estatura, o con un metabolismo del alimento más eficiente energéticamente. Creo que ocurrirá y quizá deberíamos pensar ya en sus límites éticos y también en qué podríamos hacer con esta técnica. Pondré un ejemplo que es más de ciencia ficción. Cuando despegué de Nueva York, al anochecer, había muchísimas luces en la ciudad. Cada noche, la iluminación consume muchísima energía en el mundo. Los gatos pueden ver igual que nosotros durante el día, pero siete veces mejor de noche. Algunos monos también tienen visión nocturna. ¿Por qué no explorar la posibilidad de tener visión nocturna nosotros? Imaginemos que pudiéramos tener niños con visión nocturna. Imaginemos cuánta energía podríamos ahorrar. Las razones por las que los gatos tienen visión nocturna son genéticas. Podríamos usar CRISPR para conseguirlo para nosotros. Imaginemos que los humanos tuvieran visión nocturna. ¿Sería buena o mala idea? Yo busco este tipo de soluciones, en las que todos ganan. Pensemos en los teléfonos inteligentes. Tú no tienes que obligar a la gente a comprar un móvil. Cuando empiece a venderse el iPhone 8, las tiendas de Apple tendrán colas enormes, porque el producto es intrínsecamente deseable. Si hablamos de visión nocturna, yo querré tenerla. Hacer niños de menor estatura es polémico, pero tomemos el ejemplo de la visión nocturna. Es una solución de ingeniería humana, que puede ahorrar muchísima energía.

P. Pone ideas realmente originales sobre la mesa.

R. Como filósofo, mi trabajo es pensar con originalidad, porque sabemos que las soluciones existentes no están funcionando: hacer que la gente recicle más, que use menos el coche... Mi favorita, y se la debo a mi mujer, es usar toallas de baño más pequeñas, porque las toallas grandes requieren mucha más energía para lavarlas. También hay soluciones de mercado, como el comercio de emisiones y los impuestos sobre el CO2. Pero EE UU está a punto de retirarse del Acuerdo de París. Y, además, el Protocolo de Kioto no ha conseguido gran cosa contra el cambio climático. Hay gente que se está tomando muy en serio la geoingeniería, las intervenciones a gran escala en el medio ambiente, con proyectos como rociar la estratosfera con aerosoles de sulfato para alterar la reflectividad del planeta. El problema es que puedes acabar destruyendo todo el planeta, abriendo de nuevo el agujero de la capa de ozono. Esto sería un gran error. En este contexto, hay todo un camino que no hemos explorado, que es la ingeniería humana. Deberíamos tomar estas nuevas soluciones muy en cuenta, en el contexto del cambio climático.



P. Usted habla de inducir el altruismo y la empatía con la hormona oxitocina. ¿Se refiere a añadirla en el agua?

R. No, todo lo que digo es voluntario. Bueno, ya ponemos fluoruro en el agua y es mejor para nuestros dientes. Pero la oxitocina puedes querer utilizarla de manera selectiva. Hay pruebas de que te hace ser más cooperativo y empático, pero tomarla debería ser voluntario. Quizá los políticos deberían recibir una inyección de oxitocina antes de acudir a una reunión.

P. Quizá su propuesta más realista sea el "parche de carne", similar a un parche de nicotina, para inducir farmacológicamente una intolerancia a la carne roja.

R. Sí, una persona de la industria farmacéutica me preguntó después de una charla si ya había patentado la idea. Creo que sería muy popular, por lo menos en Nueva York. Si vas por la ciudad, hay muchos restaurantes vegetarianos y veganos. Estos lugares venden sustitutos de la carne, porque la gente adora el sabor de la carne. La idea es contener ese deseo con un parche. No haría falta ser vegetariano. Podrías ponerte un parche para inducir la intolerancia solo a los animales que más metano producen, pero podrías seguir comiendo pescado, por ejemplo.






Tomado de El País

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Joan Antoni Fernández nació en Barcelona el año 1957, actualmente vive retirado en Argentona. Escritor desde su más tierna infancia ha ido pasando desde ensuciar paredes hasta pergeñar novelas en una progresión ascendente que parece no tener fin. Enfant terrible de la Ci-Fi hispana, ha sido ganador de premios fallidos como el ASCII o el Terra Ignota, que fenecieron sin que el pobre hombre viera un céntimo. Inasequible al desaliento, ha quedado finalista de premios como UPC, Ignotus, Alberto Magno, Espiral, El Melocotón Mecánico y Manuel de Pedrolo, premio éste que finalmente ganó en su edición del 2005. Ha publicado relatos, artículos y reseñas en Ciberpaís, Nexus, A Quien Corresponda, La Plaga, Maelström, Valis, Dark Star, Pulp Magazine, Nitecuento y Gigamesh, así como en las webs Ficción Científica, NGC 3660 y BEM On Line, donde además mantenía junto a Toni Segarra la sección Scrath! dedicada al mundo de los cómics. Que la mayoría de estas publicaciones haya ido cerrando es una simple coincidencia... según su abogado. También es colaborador habitual en todo tipo de libros de antologías, aunque sean de Star Trek ("Últimas Fronteras II"), habiendo participado en más de una docena de ellas (Espiral, Albemuth, Libro Andrómeda, etc.). Hasta la fecha ha publicado siete libros: "Reflejo en el agua", "Policía Sideral", "Vacío Imperfecto", “Esencia divina”, “La mirada del abismo”, “Democracia cibernética” y “A vuestras mentes dispersas”. Además, amenaza con nuevas publicaciones. Su madre piensa que escribe bien, su familia y amigos piensan que sólo escribe y él ni siquiera piensa.
      

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                                                                                                        Actualizada el 02/03/2024