El barco se acercaba lentamente hacia el puerto de Génova. Ya ellos notaban el movimiento alucinante de personas en el muelle. Los recién casados, muy juntos y aferrados a la baranda de la nave, susurraban sus impresiones. El joven esposo acercaba su rostro al cuello de la esposa y olía con fruición la piel durante un profundo instante, aprovechando que la mamá, el papá y el hermano de su amada se hallaban juntando el equipaje para descender a la bella ciudad
.
Los viajes, que eran tan difíciles de planificar, resultaban menos peligrosos y más plácidos si se realizaban en grupos. Era la primavera del año 1845 cuando la pareja de recién casados llegaba a Génova de luna de miel. Ya habían debatido en secreto la contrariedad de que no disfrutaban demasiado al carecer de la soledad y la privacidad que exige toda luna de miel que se precie.
Estaban acompañados en su aventura amorosa por la madre, el padre y el hermano de la joven esposa. Pero el joven esposo, además de amar a su inquieta dama, apreciaba mucho a su cuñado: era un muchacho muy culto y talentoso que ofrecía magníficas explicaciones de cuanto paisaje, fenómeno o construcción se topaban.
Por su parte, la recién casada sabía que su hermano no la incomodaría porque a él le gustaba irse de modo solitario a recorrer museos y palacios, calles y lugares. Aunque de todas maneras se preocupaba por él a cada rato debido a que era un joven tan apasionado como enfermizo.
Gustave Flaubert aproximadamente en 1850, daguerrotipo 10×8 cm.
Ese apasionado enfermizo tenía 22 años de edad y no había estado de acuerdo con la idea de acompañar a su hermana en la luna de miel, pero no quiso despreciar la posibilidad de conocer Italia. Todo el tiempo andaba observando, anotando y recreando personajes, situaciones, historias.
Se llamaba Gustave Flaubert y ya lo mencionaban en algunas tertulias del ambiente literario francés. Todavía no soñaba con escribir Madame Bovary pero lo hizo después de pasar por Génova. En esta ciudad se motivó para escribir una de sus obras más extraordinarias: Las tentaciones de San Antonio.
Al principio del tour, cuando sus padres imponían paseos por mercados o por diversos comercios, se fastidió un poco y en una carta le reveló a un compañero suyo de la escuela de Rouen, todo lo que le frustraba su situación. Al inicio de la carta le aconsejaba: “Nunca viaje con nadie, querido y dulce Alfredo, con nadie”.
Y a continuación explicaba:
“Quería ver a Aigues-Mortes y no vi Aigues-Mortes, Sainte Baume y la cueva donde lloraba Maddalena, el campo de batalla de Mario, etc. No vi nada de esto porque no estaba solo y no era libre. Porque viajar tiene que ser un trabajo serio: de lo contrario, es una de las cosas más tontas y amargas de la vida”.
En ese entonces el viaje estaba en su peor momento porque la madre y la recién casada temían que a Gustave le asaltara la epilepsia que un año antes le había afectado. Y el padre de Gustave andaba quejándose, enfermo de los ojos.
Sin embargo, en Génova, Gustavo Flaubert encontró una atmósfera que alegró su alma: los palacios, los jardines, las calles de la ciudad lo fascinaron. Escribió en ese entonces: “Es una ciudad bella, una ciudad verdaderamente hermosa. Caminas sobre mármol, todo es mármol, escaleras, balcones, palacios …”
Estuvo en el Palacio del Príncipe, asistió a un concierto en los Jardines della’ Aquasola; fue espectador en el teatro Carlo Felice; alquiló un bote y admiró Génova desde el mar. Y luego vivió una experiencia que borró el impacto de todos los palacios: la presencia de una mujer. Al parecer era tan impresionante que escribió: “Es la mujer más hermosa que he visto en mi vida: estaba ebrio de contemplarla, mientras bebía un delicioso vino a grandes sorbos”.
Flaubert sintió un gran temor en ese momento fantástico: imaginó que podía ser asaltado por la epilepsia si se acercaba a la dama y le expresaba su admiración. Ese temor impidió que se presentara y hablara con ella. Aquella bella mujer nunca supo que había impresionado ferozmente a Gustave Flaubert.
Un segundo deslumbramiento sería decisivo en su vida como escritor: visitó el Palazzo Balbi Senarega y allí vio el cuadro Las tentaciones de San Antonio, de Pieter Breughel el Joven, a quien llamaron “Infierno Breughel”. Fue tanta la emoción manifestada ante esa obra de arte, que el padre, la madre, la hermana y el cuñado de la fallida luna de miel, lo rodearon asustados pensando que era víctima de una nuevo ataque de epilepsia. Gustave los tranquilizó explicándoles el significado de aquella pieza.
Mucho después escribió sobre San Antonio ayunando, hambriento pero también acosado por deseos carnales; además de la doble hambre pensaba en riquezas: creyó encontrar una copa de oro de la cual salían monedas de oro, diamantes, gemas preciosas de todos los colores. Y las mujeres exuberantes se le ofrecían semidesnudas o medio vestidas.
Así fue: de esa visita al Palazzo Balbi Senarega surgió la obra que denominó Las tentaciones de San Antonio y que los críticos calificaron como “Una deslumbrante fiesta del espíritu”.
Jorge Luis Borges escribió al respecto:
“De los muchos libros de Flaubert, el más raro es Las tentaciones de San Antonio. Una antigua pieza de títeres, un cuadro de Pieter Breughel, el Caín de Byron y el Fausto de Goethe fueron su inspiración. En 1849, al cabo de un año y medio de trabajo tenaz, Flaubert convocó a Bouilhet y Du Camp, sus amigos íntimos, y les leyó con entusiasmo el vasto manuscrito, que constaba de más de quinientas páginas. Cuatro días duró la lectura en voz alta. El dictamen fue inapelable: arrojar el libro a las llamas y tratar de olvidarlo. Le aconsejaron que buscara un tema pedestre, que excluyera el lirismo. Flaubert, resignado, escribió Madame Bovary, que apareció en 1857 En cuanto al manuscrito, la sentencia de muerte no fue acatada. Flaubert lo corrigió y lo abrevió. En 1874, lo dio a la imprenta”.
La obra de Pieter Breughel el Joven, que Flaubert admiró, fue adquirida en los últimos tiempos por un coleccionista cuyo nombre se mantiene en el anonimato, pero este propietario cedió en préstamo el cuadro en el año 2016 a la Galería Nacional del Palazzo Spínola, en Génova, para que el público pudiera conocer la interesante pieza de arte flamenco.
En el año 2002, la Galleria di Palazzo Spinola intentó adquirir la obra, que formaba parte de la colección de la familia Balbi degli Odescalchi, pero la negociación no llegó a concretarse. Posteriormente, el generoso coleccionista que la adquirió, la prestó para que los genoveses y demás visitantes de la ciudad admiraran lo que en una inolvidable ocasión dejó sin palabras a Gustave Flaubert.
Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.
Vive en Génova, Italia.
En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado acreadores y artistas.
Hoy le hacemos llegar una entrevista al fotógrafo Jorge Luis Santos, coautor junto al poeta José Pulido del libro Ávila vertical. Un título que recalca lo evidente, para cualquier venezolano, porque horizontal es la odalisca rendida a los pies del sultán enamorado. En este libro Santos hace un acercamiento visual al Ávila utilizando ese formato tan popular ahora, gracias a las cámaras de los teléfonos móviles, como es el formato rectangular vertical en las fotografías. Las 111 fotografías fueron presentadas en ocho capítulos a los cuales José Pulido hace el lobby o presentación de cada una de las estancias y en esta entrada ustedes tendrán la portunidad de conocer parte del trabajo del maestro José Pulido plasmado en este libro. Recordemos que el maestro pulido esta radicado en la cuna del viajero genovés más importante y querido en Venezuela: Marco Rossi, personaje literario del cuento “De los Apeninos a los Andes” creado por Edmondo De Amicis para su libro Corazón: Diario de un niño. El mencionado cuento fue adaptado a formato de dibujo animado en Japón, los japoneses le llaman a este formato animé, en 1976 y fue titulado Haha o Tazunete Sanzenri (母をたずねて三千里lit. Tres mil leguas en busca de mamá?). Esta comiquita fue transmitida en Venezuela, por el desaparecido canal televisivo RCTV.
«Marco: de los Apeninos a los Andes» (Entrada en español) [CC]
La cifra 111 nos lleva a la cifra 3 (1+1+1) símbolo de la trinidad, la creación, la conservación y la destrucción y también nos hizo recordar la terrible habitación 101 de 1984. Curiosamente el número 8 en la cultura china representa la prosperidad. El título del libro nos hizo rescatar de la memoria el título de otro libro de fotografía llamado Valencia cenital.
Como ya es nuestra costumbre tratamos de contextualizar los mejor posible la entrada, para que el lector tenga un agradable acercamiento al tema, apoyándonos en el respaldo necesario y una mejor presentación. Y concentrando la mayor cantidad de información en un formato digital abierto. Aquí cualquier internauta tendra una cantidad respetable de información de acceso abierto. Ninguno tiene la obligación de usar Facebook, Instagram u otra plataforma para tener acceso a la información. Aquí cualquier internauta podrá disfrutar de ella libremente en cualquier formato.
Y la conjunción de la belleza del montaje, el respaldo y el libre flujo informativo nos convierte en lo que siempre pregonamos: la mejor página cultural de Venezuela.
antes que surgiera la idea de confeccionar una muralla
que llamaríamos ciudad;
ese antiguo aire es lo que me reconforta.
El Ávila es un pájaro con mastranto en las alas,
es un dolor de incendios guardados en un cofre de raíces.
El Ávila es como decir amén cuando se reza por Caracas.
José Pulido
*******
(CORTESÍA JORGE LUIS SANTOS)
EL ÁVILA EN NOSOTROS
El Ávila es un cerro enorme, pero uno lo carga siempre para arriba y para abajo. Como un retrato en la cartera. Como una cédula de identidad. Como un pasaporte que nadie te puede quitar.
José Pulido: "Subir el Ávila es como obtener un poco más de vida. Cuando estás allá arriba respiras distinto. Dicen que Humboldt fue el primero en subir el Ávila. Y que Andrés Bello y un cura que lo acompañaban se quedaron a mitad de camino. Pero la verdad es que mucho antes que Humboldt subió Francisco Fajardo y unos cuántos indígenas".
Lo he llevado por las calles líquidas de la bella Venecia; lo he paseado por Roma y lo he lanzado como una moneda en la Fontana di Trevipidiendo un deseo; ha subido con nosotros por las montañas de Génova y lo he dejado caer a los pies de quienes escuchan cuando uno lee poesía en esta ciudad fabulosa donde George Gordon Byron, Percy Shelley, Mary Shelley, Paul Valery, Gustav Flaubert, William Butler Yeats y tantos otros lanzaron al aire sus respectivos recuerdos esenciales, como enseñando un camino: cargamos lo que amamos.
En Génova son normales las cuestas y se avanza por escaleras constantes. Cuando deambulo por esas calles elevadas, de repente me detengo para respirar y en un parpadeo siento que estoy subiendo por uno de los senderos del Ávila. Veo la tierra rojiza en una parte del camino. Veo las piedras y el monte. Veo de súbito un cauce seco y cayendo un desorden de bejucos sobre piedras, y las piedras grises se quedan inmóviles pero como si rodaran entre raíces.
Recuerdo a la nieta detenida en una de las cuestas diciendo “aquí me sacan una foto”. Y más adelante sentándose en una escalera de tierra explicando su rutina: “aquí me como un chocolate”.
"Con mi amor", escribió José Pulido debajo de esta foto: su esposa, la periodista Petruska Simme.
Petra y yo subíamos entusiasmados el Ávila desde hace años. Y luego lo hacíamos un poco más lentamente, llevando a la nieta: Palomita, quien tenía cuatro años en aquel entonces. Subíamos unas veces hacia Sabas Nieves y otras hacia Quebrada Quintero porque a la niña le fascinaba bañarse en la cascada y perseguir grandes mariposas azules.
Desde lejos las cascadas parecen unas vetas de plata y de más cerca son como cortinas movidas por la brisa. Cuando están apenas a unos metros se escuchan como un rezo. La montaña siempre está hablando sobre la frescura que genera, al quedarse lo más quieta posible bajo tan particular forma de cielo.
Quebrada Quintero. P.N. El Avila. Caracas. Venezuela
Respirábamos el aire fresco que parecía salir del chorro de agua, respirábamos los pasos de la gente que iba y venía; respirábamos el bullicio de las guacharacas. Los mangos que en algunos lugares caen y parecen antiguos, siguen sonando igual en nuestros corazones.
El Ávila se sube en los escalones que voy ascendiendo en esta ciudad. El mar se encarga de recrear los tornasoles del cerro que pintaba Manuel Cabré.
Un cuervo grande se detiene en un muro y sus plumas comienzan a llenarse de colores hasta convertirse en una guacamaya y luego en un Querrequerre y de pronto parece extrañarse y levanta vuelo porque no desea volverse tucusito.
Once años tardó el montañista y fotógrafo venezolano en dar forma al libro "Ávila vertical", disponible en El Buscón
"El Ávila no es solo el norte de los caraqueños, sino un símbolo de la venezolanidad”, afirma el autor de estas fotografías (CORTESÍA JORGE LUIS SANTOS
JUAN ANTONIO GONZÁLEZ
07/12/2025 01:00 am
Es mágica, sin duda. Está presente en la vida diaria de millones de caraqueños y al mismo tiempo en la de los que han escogido habitar esta ciudad que muchas veces se expresa a dentelladas. Sus más de 80 hectáreas de extensión caben en los lienzos de Cabré y de muchos otros artistas que han intentado representarla en óleo sobre tela, o en esculturas, o en videos, o en fotografías… Es poesía y añoranza, porque a pesar de sus dimensiones se puede ver en la mirada de los poetas o encontrarla en el equipaje de nostalgias de quienes han decidido apartarse de un país gobernado por la furia. Es el Ávila, sin más.
"Humboldt escribió sobre el Ávila y hubo una investigación de plantas, de la vegetación. Humboldt no paseaba: trabajaba".
“Para mí, la montaña es mi amada, es una novia”, dice sin titubear el montañista y fotógrafo Jorge Luis Santos (Caracas, 1965), autor de las 111 imágenes reunidas en el libro Ávila vertical, una producción editorial de Banplus Banco Universal que, además, cuenta con la palabra poética del admirado José Pulido para introducir cada una de las ocho secciones en las que se divide la publicación, diseñada por Zilah Rojas. Las estancias se titulan: Lengua de agua, Rutas apacibles, Piedra es templo, Estructural, El silencio humano, Dimensión de lo vertical, El verdor y El mapa de abajo.Elrevelado de películas es de Pavel Bastidas López, la corrección de textos es de Greta de Pascual, la traducción de los textos al inglés es de PauletteAlexandra Pagani Masson, y la traducción de los poemas corrió a cargo de Pablo Abel Pulido Simnee impresa por Brizzolis (Madrid).
“El paisaje natural es el espíritu del paisaje artificial”, escribe Pulido para englobar los 43 años que Santos lleva recorriendo la montaña y que son la expresión más genuina de su ser y su sentir. Las fotografías de Ávila vertical ocuparon once años en la vida del artista, de 2014 a 2025, los justos para acercarse de una manera inusual al cerro que abraza este valle de ruidos y sobresaltos.
El poeta José Pulido y el fotógrafo Jorge Luis Santos en Génova (CORTESÍA MARGARITA EXPÓSITO HERVÁS)
Con su cámara Hasselblad XPan, comprada de segunda mano desde Estados Unidos -una nueva podía sobrepasar los 6.000 dólares- y reparada luego aquí, Jorge Luis Santos comenzó a hacer panorámicas horizontales del Ávila, pero las fotos resultantes no terminaron de gustarle.
“En algún momento volteé la cámara y no fue sino después de revelar en el laboratorio, porque se trata de una cámara analógica, que ví una foto vertical y sentí que ahí había algo. Desde entonces comencé a acostumbrar los ojos, o la estética de la mente, no a la fotografía vertical, sino a la panorámica vertical, que es muy rara. Evidentemente, las primeras fotos no salían muy bien, pero de tanto darle empezaron a salir las fotografías que a mí sí me interesaban. Usé esa cámara solamente para hacer fotografías verticales”, recuerda Santos. Y con aquella revelación, el camino que antes le tomaba hacer en hora y media, con esa cámara llegó a durar diez horas. “Era (y es) un momento más humano, más tranquilo, de contemplación. Yo iba (voy) meditando por la montaña”, explica el artista sobre una pasión que no cesa.
Usando rollos de película en blanco y negro, de 400 ASA, Santos llegó a realizar alrededor de 2.500 fotografías que el autor siempre pensó para un libro. “En 2024 entendí que tenía un cuerpo de trabajo. El primer reto que tuve que enfrentar fue cómo organizar estas fotografías porque no quería que fuera una guía del Ávila o una guía de caminos o de excursionismo. Quería que fuera un asunto estético”. Una vez que Santos dio con los “capítulos” de su futuro libro, recurrió a José Pulido para que cada uno de ellos abriera con un poema de su autoría.
"El Ávila no es solo el norte de los caraqueños, sino un símbolo de la venezolanidad”, afirma el autor de estas fotografías (CORTESÍA JORGE LUIS SANTOS)
“Creo que Jorge Luis ha experimentado un placer intenso buscando estas imágenes, atrapando todos los sentimientos que la montaña ha despertado en él. Su arte se ha vuelto más certero y precioso en esta ocasión y cuando me ofreció la oportunidad de acompañar ese logro suyo me emocionó porque entendí que era un modo visual de tener el país aunque esté lejos”, escribe Pulido como si hiciera suyas cada una de las fotografías de Santos.
“Para mí, la montaña es mi amada, es una novia”, insiste el fotógrafo para quien sería una mentira decir que conoce todo el Ávila, porque “es enorme”. Reconoce, eso sí, que aprendió a ser fotógrafo en la montaña. “Quitando las familiares, mis primeras fotos fueron hechas en el Ávila, en el Lagunazo, en el Pico Oriental… En excursiones que hacía con un primo o con amigos empecé a hacer fotografías de nosotros en la montaña y mis primeros autorretratos me los hice en Lagunazo, en el año 86. Siento que con Ávila vertical hay un crecimiento; me satisface haber conseguido una forma particular de retratar el Ávila”.
Jorge Luis Santos: "Para mí, la montaña es mi amada, es una novia” (CORTESÍA JORGE LUIS SANTOS)
Con los deseos de poder organizar en 2026 una exposición a partir de una selección de las fotografías de Ávila vertical, Jorge Luis Santos no se cansa de volver a la montaña, a la que seguirá acercándose, dice, de tres maneras: “Una, cuando estoy entrenando, porque soy montañista, ahí de lo que voy pendiente es del reloj, sin disfrutarla; otra, cuando salgo de excursión con mis amigos, que vas en un modo un poco más lento que cuando entrenas y vas viendo la naturaleza, y la tercera es cuando la fotografío, donde la contemplación es total, la visión es más completa y más espiritual, más tranquila, más sanadora. El Ávila no es solo el norte de los caraqueños, sino un símbolo de la venezolanidad”.
Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.
Vive en Génova, Italia.
En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado acreadores y artistas.
Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras.Ha sidoinvitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova.Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova.
Publicaciones más recientes:
El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.
Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.
Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.
*******
Jorge Luis Santos García, fotógrafo, centra su trabajo personal en tres ejes fundamentales: la espiritualidad, la naturaleza y la sexualidad. Estos pilares le permiten adentrarse en la fotografía documental de manifestaciones religiosas y populares, en la fotografía de naturaleza como acercamiento del conocimiento del “yo” y en el desnudo como herramienta de explicación de la alegría humana como hecho divino. Finalmente mezcla estos tres pilares de manera conveniente, para expresar ideas y conceptos personales.
Cuenta con 22 exposiciones individuales nacionales (Venezuela) y 6 internacionales realizadas en Argentina, Chile, Brasil (2), España y Francia. Ha participado en 124 exposiciones colectivas, 66 en Venezuela y 58 internacionales, realizadas en Alemania, Argentina, Australia, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, España, India, México y Uruguay.
Obtuvo el 1er premio del 11º Festival Internacional de Fotografía Paraty Em Foco (Brasil), año 2015, uno de los más prestigiosos de Latinoamérica. Además cuenta entre otras 13 distinciones con premios en Venezuela, Colombia, Bolivia, Cuba, Ecuador, España y Argentina. Su obra está representada en instituciones nacionales y foráneas.
Autor de los libros “Palmero es fe y cerro” (2011), “Pedregal, los mismos de ayer” (2012), “Fotografía” (2016), “Pido, prometo y pago” (2016) y "Piso 9" (2019)