Mostrando entradas con la etiqueta Edgar Allan Poe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Edgar Allan Poe. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de mayo de 2015

Chucenita:

Píldoras de libros, cine, música y pintura en viñetas. Diazepan





Estimados Amigos

Hoy es domingo y le traemos otra tira de Chucenita.


Deseamos disfruten de la entrada.



******* 





Sol Linares:



Trujillo, Venezuela. Cuentista, novelista. En el año 2004 su cuento Bitácora de ti recibe la Mención Especial en el concurso Cuento, ensayo, y poesía organizado por la ULA. Más tarde gana la III Bienal de Literatura “Ramón Palomares” con su libro de relatos Cuentafarsas (Fondo Editorial Arturo Cardozo 2007; FUNDARTE 2010). Ganadora del Premio Internacional de Novela ALBA Narrativa 2010 con Percusión y tomate (Fundación Editorial El Perro y la Rana 2010; Fondo Cultural del ALBA 2010). También ha publicado La circuncisa (Monte Ávila, 2012) y Canción de la aguja (FUNDARTE, 2013) novela que recibe el Premio Municipal de literatura Luis Britto García en el 2014. Sus cuentos aparecen reseñados en varias revistas y antologías, como De qué va el cuento (Alfaguara, 2013), Antología sin fin (Escuela literaria del Sur). Colabora en varios periódicos nacionales con artículos literarios y de opinión. 


Enlaces relacionados:






















































































































Actualizada el 05/03/2024

viernes, 26 de octubre de 2012

Edgar Allan Poe: Aquel tipo del cuervo...





Luis Alemany | Madrid

  • Los anglosajones dicen de Poe que fue 'el peor de los grandes escritores'
  • Críticos, traductores y escritores explican el agravio



"Edgar Allan Poe: el peor de los grandes escritores", anunciaba anteayer un titular en 'Prospect Magazine', una revista de crítica del Reino Unido. Y nosotros, chicos de provincias literarias, nos quedamos un poco desconcertados. ¿Poe, mal escritor? Las pruebas, al parecer, se basan en un puñado de citas de autoridad: Aldous Huxley lo llamó "vulgar"; Kingsley Amis, "execrable"; George Orwell, "enfermizo, en un sentido clínico". Y hasta Arthur Conan Doyle presumía de ser bastante mejor escritor que el autor de Baltimore, frase que escandalizará a muchos lectores españoles. El artículo, en el fondo, estaba dirigido a ensalzar la figura de Poe más allá de sus zonas débiles y recordaba que el desdén hacia su obra es un asunto del mundo anglosajón, ya que en la Europa continental su buen nombre no está en duda. Pero, ay, ya nos dejaron la duda en la cabeza.


"Lo interesante del tema es que leí ayer un articulo sobre Dickens y el autor utilizaba citas de Huxley y de Orwell bastante parecidas a las mencionadas en el articulo que me mandas...", explica François Monti, crítico y traductor de literatura española al francés. "El periodista explicaba el desdén hacia Dickens como un menosprecio del modernismo vigente en esta época hacia la literatura de finales del XIX. ¿Ocurre lo mismo con Poe? No lo sé, yo tampoco sabía que no lo tomaban en serio. Es verdad que Poe tiene una imagen un pelín gótica y que eso puede explicar cosas. Pero para mí, Poe es el hombre traducido por Baudelaire y defendido por Mallarmé, no puedo no tomar su trabajo en serio...".


El novelista Alberto Olmos también está entre los desconcertados: "Poe no es un autor al que haya dedicado muchas horas. Sin embargo, no parece discutible que se trata de un autor esencial. Lo que sé es que, prácticamente, fundó el género policial, que ya es decir mucho. Aunque siento una mayor inclinación por Ambrose Bierce como autor del género de terror, no se podría entender ni a Bierce ni algunas piezas de Kipling ni, después, al propio Borges, sin Poe. Mi relato favorito de Edgar Allan es 'La caída de la casa Usher'. Su influencia es casi insoportable en la literatura fantástica posterior. Me parece digno de mención que en Japón un autor de cuentos de terror imitativos de los de Poe cambiara su nombre para firmarlos como Edogawa Rampo (que es como se leería a la japonesa Edgar Allan Poe). Piglia ha escrito algunos ensayos apasionantes sobre el detective en Poe. Su famoso poema 'El cuervo', sin embargo, me parece un poco literatura de sacristía, demasiado protocolario en su ranciedad (no en vano era una pieza mecánica perfecta, como él mismo explicaba en 'Filosofía de la composición'). A Poe le debemos el mejor consejo del mundo para escribir cuentos, eso sí: trata de concentrarte en transmitir una sola emoción".

'Poe es para los americanos uno de esos autores que nos obligaron a leer en el bachillerato', explica Scott Esposito.

Más impresiones para el desagravio: Javier Villán, poeta y crítico teatral de EL MUNDO, publicó ayer mismo una pieza entusiasta de 'Desaparecer', montaje de Calixto Bieito con texto de Poe. Quien conozca a Villlán, sabrá que es un entusiasta obsesivo del escritor estadounidense. "Poe es una cosa de aúpa. En el mundo anglosajón quizá lo desdeñen por lo que tiene de insólito, pero es un escritor superdotado como ningún otro para la narración del infierno. Uno vuelve a releer 'El cuervo' y ve el mismo prodigio de misterio. Ese 'never more' que expresa la idea de amenaza, desarraigo y maldad en sólo dos sílabas...".



Villán recuerda también el hilo que une a Poe con los malditos franceses. Y por ahí se dirige también el poeta Antonio Lucas, redactor en la sección de Cultura de este diario. "Lo que sucede con Poe es extraordinario. Abrió campo en varios frentes: novela policiaca, fantástica, de terror gótica, incluso ensanchó a su modo el simbolismo con aquel poema, 'El cuervo'... Y todo, probablemente, muy regado de whisky malo. Baudelaire lo tradujo al francés y dejó al descubierto un mundo que tiene mucho de fascinante, de explosivo en lo oscuro. En la prosa de Poe hay una psicología extremada del pavor, de la fragilidad y de la crueldad al mismo tiempo... Y luego están sus poemas, aquellos que no son 'El cuervo', como el titulado 'Anabel Lee', con su sonoridad, con sus capas de significado, con su 'esoterismo' incluso. Poe significa una forma de entrar a saco en los miedos del ser humano, quizá una senda aún sin desbastar que va a dar tiempo después en Kafka, en Lovecraft, en todo aquello que nombra la penumbra de la vida, donde tantas cosas suceden... Cuando uno lee a Poe por primera vez se queda en Poe. Hace poco se celebró el 200 aniversario de su nacimiento y regresó tímidamente. Es uno de esos autores que ya está ahí, sin marcha atrás. Quizá una moda pasajera lo empuja y le hace escaparate, pero sin que eso suceda sigue siendo Edgar Allan Poe, un tío muy extraño que entendió con un talento prodigioso que el hombre es, en definitiva, un puñado de gente rara".

Está bien. Seguimos siendo de Poe. Pero entonces, ¿de quién es el malentendido? ¿De los anglosajones ingratos? ¿O de nosotros, europeos continentales, llenos de pajaritos en la cabeza?
Javier Villán: 'Uno vuelve a releer 'El cuervo' y ve el mismo prodigio de misterio'
"Si quieres, puedo pedir más sobre el tema a un colega americano, un crítico", escribe François Monti.

'Yes, please'. Al cabo de unos minutos, Scott Esposito, editor de la revista de crítica literaria 'The Quarterly Conversation' manda un correo con la explicación definitiva.


"A Poe lo leímos todos en el bachillerato junto a un montón de autores de ese periodo (todo lo que va de Harriet Beecher Stowe y Washington Irving a Mark Twain, Walt Whitman, Emily Dickinson, etcétera), así que tendemos a pensar en él como 'uno de esos escritores' que te obligaron a leer. En realidad, era una literatura enseñada más en el contexto de la historia de EE UU que como literatura... Después, la verdad, no es un autor muy leído. Diría que no está en el programa de los grandes departamentos universitarios de literatura en inglés; pocos de mis amigos lo han leído con atendión o le tienen en mucha consideración. Su imagen es la del tipo aquel que escribió un poema sobre el cuervo y un par de historias de terror bien conocidas por sus adaptaciones de Disney. De modo que lo que no suena es la película, más que los cuentos... Sé que Michel Houellebecq escribió un libro sobre su devoción por H.P. Lovecraft, que probablemente sea lo más parecido a Poe que tenemos en el siglo XX... Y que es igual de ignorado. Así que sí, diría que Poe es más querido por los escritores franceses, españoles o argentinos (puede que hasta por los mexicanos) más que por nosotros".


 Tomado de El Mundo


Para descargar sus poemas y cuentos en inglés pulse aquí

Para descargar sus cuentos en español traducidos por Julio Cortazar pulse aquí

Para descargar La filosofía de la composición pulse aqui

Para descargar El cuervo en versión de Juan Antonio Pérez Bonalde e ilustrado por Gustavo Doré pulse aquí 



miércoles, 17 de agosto de 2011

Robert Louis Stevenson y las obras de Edgar Allan Poe






Las obras de Edgar Allan Poe. Editadas por John H. Ingram. Volúmenes 1 y 2, que incluyen los cuentos completos (Londres y Edimburgo: Adam y Charles Black, 1874). 


Edgar Allan  Poe

En posesión solamente de algunas obras del autor, sería demasiado aventurado emitir un juicio definitivo sobre su carácter, ya como hombre o como escritor; por eso, y aun cuando la nota biográfica de Mr. Ingram prologa debidamente el primer volumen, no creo que corresponda considerarlo aquí en detalle. Mr. Ingram ha hecho todo lo posible por limpiar el nombre de Poe de las calumnias de Rufus Griswold (caballero, por nombre siniestro, que compone una figura tan repulsiva en la historia de la literatura que muy bien pudiera haber sido acuñada por la virulenta imaginación de su víctima); pero en honor a la verdad, a ningún hombre le es dado hacer de Poe un personaje del todo atrayente. Mi corazón no alberga afecto alguno por el retrato que hace de él Mr. Ingram o por su carácter; aunque es probable que le veamos más o menos refractado a través del extraño medio de sus obras, se me antoja que tanto en los avatares de su vida como en su retrato, ahora expuestos a una luz más favorable; podemos detectar una cierta nota discordante, una tacha que no nos preocupamos de nombrar o examinar por mucho tiempo.


 Las narraciones como tales se nos ofrecen publicadas en dos volúmenes; y aunque Mr. Ingram no indica si han sido impresas cronológicamente, sospecho que no nos equivocamos al considerar algunas de las narraciones que figuran al final del segundo volumen entre las últimas que el autor escribió. No hay rastro en ellas del trabajo brillante, y con frecuencia sólido, de sus momentos más afortunados. Las historias están mal concebidas y escritas con desaliño. Hay demasiadas risas; en el mejor de los casos, un tipo de risa siniestra; la risa de aquéllos que, en sus propias palabras, «ríen, pero no sonríen nunca más». Parece haber perdido todo respeto a sí mismo, a su público y a su arte. Cuando en otro tiempo dibujaba imágenes horrendas, lo hacía con algún propósito justificadamente creativo y con una cierta mesura y gravedad adecuadas a la situación; pero en sus últimas narraciones, cual un necrófago o un loco airado, las desparrama indiscriminadamente, rebasando toda idea que pudiéramos tener del infierno. Hay un deber hacia los vivos más importante que cualquier compasión para con los muertos; ÿ sería criminal que el crítico que expresa su propio aborrecimiento y horror escatimase una sola palabra desagradable, a menos que, por su ausencia permita que otra víctima se embarre con la lectura del infamante Rey Peste. Quien fue capaz de escribir Rey Peste dejó de ser un ser humano. Por su bien, y movidos por una infinita piedad hacia un alma tan extraviada, nos agrada darle por muerto. Pero si Poe nos inspira compasión, no es compasión precisamente lo que sentimos al pensar en Baudelaire, capaz de sentarse a sangre fría y adecentar en un francés correcto este disparatado fárrago de horrores. Hay un grado de menosprecio que, de ser consentido, trasciende a sí mismo hasta convertirse en un estado de apasionada autocomplacencia; por eso, en bien de nuestro espíritu, será mejor no volver a pensar en Baudelaire o en Rey Peste.


Charle Baudelaire


sábado, 15 de mayo de 2010

Una Animación de El Corazón Delator

de Edgar Allan Poe hecha por UPA






Hoy le obsequiamos esta adaptación del cuento El Corazón delator de Edgar Allan Poe. Fue realizada por el estudio de animación UPA Pictures, o United Productions of America en 1953 y  contó con la narración del magnífico actor James Mason


Este estudio es muy conocido en Venezuela por dos personajes muy característicos como son el cegato de Mister Magoo y Gerald Mc Boing Boig; el niño que tenia, entre otros sonidos, el delicado toque de un claxon en su voz. Ellos poblaron las tardes infantiles de la televisión venezolana hace ya bastante tiempo cuando eran transmitidas por el canal televisivo RCTV, que fue clausurado de hecho 
el día 27 de mayo de 2007, al no renovarle la concesión, que se vencía justo en esa fecha, el gobierno de Hugo Chávez.





El cuento de Edgar Allan Poe "El Corazón delator" fue publicado por primera vez en 1843 en el diario The Pioneer. Es un gran trabajo el que realizó este estudio y un gran homenaje a Edgard Allan Poe y a su cuento que en 1953 cumplía 100 años de ser publicado.

Mister Magoo

El estudio UPA Pictures buscaba utilizar formas expresivas diferentes a la que estaban en boga en esa época prácticamente impuestas por el éxito de las películas del gran Estudio Disney. Este corto fue dirigido por Theodore D. Parmelee (New Brunswick, New Jersey, 10-10-1912/ Los Ángeles, California, 29-8-1964), mejor conocido como Ted Parmelee. En Venezuela se pudo apreciar otros trabajos de este director como fue "El Show de Bullwinkle" conocido también como  "Rocky, la ardilla voladora, y sus Amigos" programa televisivo que forma parte de los recuerdos infantiles de muchas personas en la actualidad. 

Ted Parmeleed a la derecha. Imagen tomada de The Family Parmeleed 


La producción de esta cortometraje corrió a cargo de Stephen Bosustow (Victoria, Columbia Britanica, Canada, 6-11-1911/4-7-1981) Paul Hull Husted, mejor conocido como Paul Julian, (Illinois, 25-6-1914/Van Nuys, California, 5-9-1995) se encargó del diseño; la adaptación fue hecha por William John Scott, llamado Bill Scott, (Philadelphia,Pennsylvania, 2-8-1920/Tujunga, Los Angeles, 29-11-1985) y Fred Grable. Pat Matthews se encargo de la animación, Jack Eckes del manejo de cámara y la musica era de Boris Kremenliev (Razlog,Bulgaria, 23 -5-1911 / Los Angeles,USA, 25-4-1988).(1920-08-02)

 Gerald Mc Boing Boig

Esta animación tiene el peculiar honor de ser  la primera en recibir la categoria "X" (apta solo para público adulto) por el British Board of Film Censors.

Fotogramas del cortometraje. Imagen tomada de CacheCine.



Disfruten a continuación de esta genial animación narrada por el inolvidable James Mason.

James Mason


Recuerden pausar el reproductor de música que esta a un costado del blog para poder disfrutar de este corto que anima uno de los cuentos del escritor estadounidense más querido en Valencia, la de Venezuela.*

* Ya no existe ese reproductor








*******










Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Pohttp://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films NeutrónAlfa Eridiani, Valinor, miNaturaTiempos OscurosGibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.


Enlaces relacionados:




















Actualizada el 09/10/2023

 
 

miércoles, 10 de marzo de 2010

El centenario olvidado

por George Bernard Shaw.

Un acercamiento a la obra de Edgar allan Poe. Parte II/II






Ahora con ustedes la segunda y ultima parte de este texto.


Traducción de Ana Useros para la revista Minerva 8.

*******


Edgar Allan Poe no era en lo más mínimo un filisteo. Escribió siempre como si su nativa Boston fuera Atenas, como si la Universidad de Charlottesville fuera la Academia Platónica y como si su hogar coronara las cumbres de Fiesole. Fue el mayor crítico periodístico de su tiempo e hizo visible el buen arte europeo en un momento en que los críticos europeos esperaban a alguien que les dijera qué decir. Su poesía es tan exquisita y refinada que la posteridad se negará a creer que pertenece a la misma civilización que la gloria de las lilas de la señora Julia Ward Howe o las honradas rimas de Whittier. Tennyson, que, si algo era, era un virtuoso, nunca produjo un éxito capaz de soportar ser leído tras cualquiera de los fracasos de Poe. Poe producía magia de una forma constante e inevitable allí donde sus mejores contemporáneos producían sólo belleza. Las piezas más populares de Tennyson, «The May Queen» y «La carga de la caballería ligera», no aguantan la repetición; tras algún tiempo se vuelven directamente nauseabundas. «El cuervo», «Las campanas», y «Annabel Lee» resultan tan fascinantes tras mil lecturas como lo fueron la primera vez.


George Bernard Shaw

La supremacía de Poe a este respecto le ha costado su reputación. Es éste un fenómeno que ocurre cuando un artista alcanza tal perfección que se coloca a sí mismo «fuera de concurso». El mejor pintor que ha producido Inglaterra es Hogarth, un dibujante milagroso y un colorista exquisito y poético. Pero los críticos nunca lo mencionan. Hablan hasta la saciedad de Romney, el Gidson de su época, hablan libremente sobre Reynolds, con nerviosismo sobre el gran Gainsborough; pero nada sobre Rowlandson y Hogarth; se pierden la gracia inextinguible de Rowlandson porque asumen que todas las caricaturas de esa época son feas y evitan instintivamente a Hogarth porque es inmanejable para la crítica. De la misma forma, han dejado de mencionar a Poe: por eso los americanos lo olvidaron cuando grabaron los nombres de sus glorias en su Panteón. Y, sin embargo, es el primer nombre, casi el único nombre, que el verdadero connoisseur busca allí.


Poe, con todo su virtuosismo, es siempre un poeta y nunca un mero virtuoso. Poe consideraba que Eureka, la formulación de su filosofía, era lo más importante que había hecho. Sus poemas siempre tienen como telón de fondo el universo. También los personajes de sus relatos. Incluso sus cuentos de humor, ante los que meneamos la cabeza en señal de desaprobación como si fueran errores, tienen esta cualidad elemental. El mismo Toby Dammit, aunque la simple mención de su nombre dispara el desdén del crítico culto, es más impresionante y termina más trágicamente que las serias invenciones de la mayoría de los narradores. El miope caballero que se casó con su abuela no es el blanco habitual que proporcionaría una farsa vulgar: la abuela tiene la elegancia y libertad de espíritu de Ninon de Lenclos y el nieto el porte de un marqués. Poe envió esta historia a Horne –cuyo Orión, por cierto, había reseñado como debe reseñarse la poesía–, con la petición de que lo vendiera a una revista inglesa. La revista inglesa lamentó que la deplorable inmoralidad de la historia la hiciera de todo punto impublicable en Inglaterra.



En sus cuentos de misterio e imaginación, Poe estableció un récord mundial para la lengua inglesa: quizá para todas las lenguas. La historia de la dama Ligeia no es sólo una de las maravillas de la literatura: no tiene parangón. Realmente no se puede decir nada de ella; nosotros, los demás, sencillamente nos quitamos el sombrero y abrimos paso al señor Poe. Es interesante comparar las historias de Poe con las de William Morris. No son meros relatos; son obras de arte completas, como las alfombras de rezo; y son, por emplear la expresión de Poe, «historias de imaginación». Son obras maestras del estilo. Lo que la gente llama estilo en Macaulay es, por comparación, simple método. Y son todo lo distintas que dos obras de arte del mismo tipo puedan ser. Morris no quiere tener nada que ver con el misterio. «Las historias de fantasmas», solía decir, «tienen todas la misma explicación: la gente miente». Su «Sigurd»tiene la belleza del misterio como contiene todas las otras clases de belleza, pues es, sin comparación, la mayor épica inglesa; pero sus historias se desarrollan a cielo abierto de principio a fin, mientras que en las historias de Poe nunca brilla el sol.

La limitación de Poe era su altivez frente a la gente corriente. Criaturas grotescas, negros, locos con delirium tremens, incluso gorilas, ocupan en su teatro el lugar de los campesinos corrientes, de los cortesanos, ciudadanos y soldados. Sus casas son casas encantadas; sus bosques, bosques mágicos; y los convierte en algo tan real que la realidad no aguanta la comparación. Su reino no es de este mundo.



Sobre todas las cosas, Poe es grande porque es independiente de las atracciones baratas, independiente del sexo, del patriotismo, de las peleas, del sentimentalismo, del esnobismo, de la gula y de todo el resto de las mercancías vulgares que circulan en su profesión. Eso es lo que le confiere una soberbia distinción. Aborda algo tan trillado como la emoción de una niña moribunda en «Annabel Lee», y lo desvulgariza al instante. Ni siquiera pudo entretenerse con historias de detectives sin antes purificar la atmósfera de éstas hasta que se volvieron más edificantes que la mayoría de los himnos antiguos o modernos. Sus versos a veces alarman y confunden al lector dejando entrever su propia belleza; pero esa belleza no es nunca la belleza de la carne. Nunca se le podría decir, como hay que decir con cierta inquietud a tantos artistas modernos: «Sí, amigo mío, pero éstas son cosas que las mujeres y los hombres deben vivir, no escribir sobre ellas. La literatura no es el agujero de una cerradura para que gente con hambre de afectos espíe los banquetes del cuerpo». Desde luego, nunca se convirtió en algo así en manos de Poe. La vida no puede dar lo que él nos da, excepto mediante el gran arte; y su instintiva observancia de esta distinción y el hecho de que nunca mendigó, como mendigaría la mayoría de los escritores, hacen de él el más legítimo y el más clásico de los escritores modernos.


También explica por qué no le importa demasiado a América, y por qué se le ha mencionado tan poco en Inglaterra en todos estos años. América e Inglaterra están regodeándose en la sensualidad que el inmenso aumento de riquezas ha colocado al alcance de sus manos. No les culpo: la sensualidad es un elemento de la vida muy necesario, y saludable y educativo. Desgraciadamente, está mal repartida; nuestras masas lectoras la buscan, piensan en ella, suspiran por ella y sólo obtienen unas muestrecillas de regalo. No se reparte con temperancia y de manera continua para que así deje de ser una preocupación. Cuando la distribución se ajuste mejor y la preocupación cese, habrá una noble reacción a favor de los grandes escritores como Poe, que empiezan justo donde el mundo, la carne y el diablo nos abandonan.