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martes, 11 de noviembre de 2025

Un puente muy lejano, Venezuela, la libertad y el colaboracionismo







Estimados Liponautas

Hoy compartimos esta nota, publicado en el EXtwitter, acerca de las impresiones de @LuisCarlos al conocer el Museo de la libertad de Groesbeek en Holanda y las conexiones que realizó al vincular la situación de la Holanda ocupada en la Segunda Guerra Mundial con la ocupación de Venezuela por el chavismo en la actualidad. 

Durante la invasión nazi los ciudadanos tenían las siguientes opciones: Adaptarse, colaborar o resistir. Las mismas opciones que tienen los venezolanos ahora. Los empresarios se adaptaron y colaboraron para beneficiarse y generaron y mantienen la crisis humanitaria.

¿Pero solo ellos cayeron en esa actitud?:

 No, también instituciones como universidades y academias cayeron en esa actitud. Ninguna de forma contundente se ha pronunciado contra el estado de cosas vigente. 

¿Y los intelectuales o eso que llaman élite cultural?

La gran mayoría de ellos se adaptaron. Y gran parte colabora al participar en eventos "culturales" que solo buscan dar la imagen de que en Venezuela no pasa nada y si el evento los beneficia mucho mejor. Es increíble la cantidad de "ambosladistas" existente en este variopinto gremio.

En estos momentos es bueno preguntarse si al asistir o participar en eventos de ese tipo en que nos convertimos: ¿Seremos unos adaptados, unos colaboradores o somos parte de la resistencia?


¿Acaso la libertad en Venezuela es un puente muy lejano...?


Museo de la libertad de Groesbeek en Holanda





Esperamos disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia




*******


El Presidente Chávez con Dudamel y Abreu el 20 de febrero de 2010. Foto: Prensa Presidencial


2 de marzo de 2024


@LuisCarlos


Una de las cosas que cambió recientemente mi percepción sobre el conflicto político venezolano fue visitar el Museo de la Libertad (@Nooit1Verhaal) en Países Bajos





El antes se llamaba Museo de la Liberación porque allí en Groesbeek se realizó uno de los últimos combates contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Con el paso del tiempo han ido agregando mucho más material sobre otras libertades en el mundo, sin dejar de recordar la Operación Market Garden (tema central de la película de 1977  A BRIDGE TOO FARy los esfuerzos de los holandeses por sobrevivir al totalitarismo.



El panel se refiere a las decisiones que debían tomar los ciudadanos ante la ocupación alemana:

- Acomodarse (adaptarse)

- Resistir

- Colaborar

La resistencia holandesa estaba conformada apenas por el 0,5% de la población, mientras que los colaboradores de los nazis eran el doble, el 1%. La gran mayoría de la población, si no se fue de la región, asumió que debía acomodarse y seguir, quizás creyendo que de esa manera no se vería afectada. La hambruna provocada por los nazis en 1944 los sacudiría generacionalmente para recordarles que no.


La Increíble Operación Market Garden / Más Resumida Que Nunca (1.25 Minutos)

https://m.youtube.com/watch?v=6Rzv3yNRK6s&pp=ygUYT3BlcmFjacOzbiBNYXJrZXQgR2FyZGVu0gcJCQMKAYcqIYzv


Desde noviembre le estoy dando vueltas a las cifras. La resistencia siempre fue minoría y sus riesgos eran altísimos. Los colaboracionistas no solo se activaron allí sino también en la propia Alemania, en la Francia de Vichy y muchos otros contextos autoritarios. Siempre se crean incentivos y hay algo de ánimo propio para trabajar con quienes hacen daño.


A BRIDGE TOO FAR (1977) | Official Trailer | MGM

https://m.youtube.com/watch?v=yPPycZo8H7c&pp=ygUcdW4gcHVlbnRlIG11eSBsZWphbm8gdHJhaWxlcg%3D%3D

Es natural que todos piensen en la sobrevivencia, pero algunos solo la piensan en términos personales, otros la calculan para su familia o su grupo de pertenencia, y otros tratan de trabajar por la libertad de todos. En Países Bajos, por ejemplo, fueron asesinados 3 de cada 4 judíos. Esa tensión siempre se va a mantener y es el origen de la diversidad de agendas con las que debemos lidiar en entornos donde la democracia está asfixiada.


No sé si estas cosas las miden los encuestadores o si los mismos encuestadores ya escogieron a cuál grupo pertenecen. Eso sería terrible porque en lugar de calcular escenarios y medir opinión pública, solo intentarían imponerle su opinión al público y moldear los escenarios según la agenda de sus financistas. Esperemos que algunos se sigan rebelando.

Imagen tomada de aquí.


Tampoco sé si los empresarios que calculan las ganancias de trabajar con los agresores, cuentan también el daño que ocasionan. En Venezuela, por ejemplo, se dio la paradoja de que el lobby empresarial que busca normalizar la falta de libertades, dijo tantas veces en espacios diplomáticos que el país estaba muy bien y en recuperación, que con su discurso optimista colaboraron en la caída en los fondos de la ayuda humanitaria 2023-24 para el país. Hoy la cantidad de gente que necesita asistencia y que está en la pobreza más precaria, no podrá ser absorbida por ninguna de sus empresas. Tampoco esas personas podrán consumir los productos que dicen ofrecer.


Negando la crisis, la profundizaron. Por eso las agencias humanitarias tienen un alcance mucho menor al de las necesidades de la población.


Finalmente, no sé cuál será el destino de los actores políticos que decidieron cooperar y darle más poder al poder a cambio de migajas. Seguirán teniendo espacio en medios, seguirán jugando el rol títere "de Vichy", quizás sigan recibiendo dinero de la corrupción, pero hasta eso tiene límites y se acabará. Quizás queden para el museo de la desfachatez.


Una de mis dudas no resueltas es por qué hay gente que en estos contextos decide hacer daño.



Otra duda es por qué incluso, en circunstancias de horror, hay cínicos que intentan equilibrar las responsabilidades "de lado y lado". El ambosladismo es otra forma de complicidad y debe denunciarse.


La resistencia siempre fue minoría, es lo que me repito desde que leí los paneles de la exposición. Pero viéndolo al revés, es impresionante cómo aún siendo censurados y perseguidos, los miembros de la resistencia consiguieron formas de comunicarse y coordinar, preservaron su dignidad y la de los suyos. Compartieron valores que atravesaron momentos oscuros e inspiran hasta el presente, sin necesidad de sentir vergüenza por no alcanzar sus objetivos más rápido o sin necesidad de ayuda externa. Decidieron estar en el lugar más difícil en los peores momentos, y eso es valioso. No fueron derrotistas. Controlaron sus miedos. Eso lo podemos aprender hoy.


Cualquiera quisiera que ese movimiento fuese algo masivo, contagioso, que interrumpiera por un momento la vida de quienes fingen normalidad para provocar los cambios que hacen falta, pero así no funcionan las vanguardias. Más bien hay que fortalecer los nexos de confianza y seguridad entre los que trabajan por ser libres.


Los museos también son lugares de resistencia. (No estamos tan seguros de eso en Venezuela. Las cursivas son de los editores del blog)


https://freedommuseum.com/


https://whichmuseum.es/museo/freedom-museum-groesbeek-223


https://twitter.com/LuisCarlos/status/1764106725240512584


https://x.com/LuisCarlos/status/1764106725240512584?lang=es





Freedom Museum Groesbeek reaches highest point - ZJA

988 Visualizaciones desde el 9 may 2019 

https://m.youtube.

com/watch?v=dIt54u7wmuo&pp=ygUYZnJlZWRvbSBtdXNldW0gZ3JvZXNiZWVr




Liberty museum in Groesbeek. A walkthrough with a beautiful collection

447 Visualizaciones desde el 29 nov 2021 hasta la fecha de publicación de la entrada

https://m.youtube.com/watch?v=cySEwY8-6tA&pp=ygUYZnJlZWRvbSBtdXNldW0gZ3JvZXNiZWVr







martes, 12 de agosto de 2025

Heidegger nunca dejó de ser un nazi


Hitler - Heidegger. Imagen tomada de Philosophy news.




De Hitler a Putin pasando por los rojipardos: lo que el nazi Heidegger le enseñó a Dugin


Conversamos con el pensado francés François Rastier, que ofrece en 'Naufragio de un profeta' una imagen inédita y tétrica del filósofo alemán a la luz de sus 'Cuadernos negros'




Por Daniel Arjona


05/09/2022 - 05:00


En 1916 Martin Heidegger tiene 27 años y escribe en una carta a su prometida Elfride: "La judaización de nuestra cultura y de las universidades es, en efecto, aterradora y creo que la raza alemana deberá encontrar la fuerza interior suficiente para llegar a lo más alto". En 1920, a los 31, se lamenta en otra misiva: "Todo está inundado de judíos y sanguijuelas". En 1932, ya con 43 años, vota por primera vez al partido nazi y al año siguiente se afilia. Es en 1933, ya con Hitler en el poder, cuando, recién nombrado rector de la Universidad de Friburgo a los 44 años, imparte su discurso de adhesión al nacionalsocialismo y, en otra carta, critica que su colega Karl Jaspers "siga ligado" a su mujer, que es judía. Pero justo después, como se creía hasta hace no mucho, repudiaba el régimen tras dimitir de su cargo y abandonar el partido. Sin embargo, como demuestran una serie de estudios recientes y la publicación en 2015 de sus ominosos 'Cuadernos Negros', no es que Heidegger dejara de ser nazi, sino, más bien, es que la Alemania de Hitler no le parecía "lo suficientemente nazi". Entre aquellos que se ocuparon de señalar, a la contra de un pensamiento occidental envenenado de heideggarismo —desde la izquierda de la deconstrucción a la extrema derecha de Dugin—, que el emperador de la filosofía del siglo XX iba desnudo, que su filosofía no escondía otra cosa que un nazismo feroz, encontramos nombres como los de Adorno, Marcuse, Cassirer, Julio Quesada o Emmanuel Faye. Y ahora es el lingüista y semiótico francés François Rastier (Toulouse, 1945) el que asesta el golpe definitivo al maestro oscuro en un libro tan breve como demoledor: 'Naufragio de un profeta. Heidegger hoy' (Laetoli, 2022). Hablamos con un Rastier, que asegura que "jamás he podido leer a Heidegger y a sus apologistas sin un malestar que no tiene nada de existencial mientras tantos autores ilustrados se encomendaban a él".

'Naufragio de un profeta', de François Rastier. (Laetoli)



PREGUNTA. Durante mucho tiempo se intentó perdonar el nazismo de Heidegger como un pecado de juventud. Pero, incluso antes de la publicación de 'Los cuadernos negros', como demostró por ejemplo Emmanuel Faye, bastaba leerle bien para saber que su nazismo era una convicción profunda. ¿Cómo es posible que tantos se engañaran así separando artificialmente al hombre del filósofo? 


RESPUESTA. A los 44 años, Heidegger no era ya un joven y tampoco un nazi ordinario. En tanto que rector de la Universidad de Heidelberg, presidió, por ejemplo, una ceremonia donde se realizó un auto de fe de libros. Una semana después del fin de su etapa del rectorado, se sentó en la Comisión para la Filosofía del Derecho al lado de Alfred Rosenberg, ideólogo del régimen nazi, y de Hans Frank, conocido más tarde por ser 'el verdugo de Polonia', para elaborar las leyes raciales de Núremberg. Sostuvo al Partido nazi hasta el final del Reich, y más tarde se aseguró con éxito, de manera velada y casi esotérica, la difusión de la ideología nazi. La separación entre el nazi ordinario y el filósofo genial es un cliché apologético que no tiene en cuenta ni los hechos históricos ni el análisis filosófico. Separar al nazi ordinario del filósofo genial es un cliché apologético que no tiene en cuenta la historia ni el análisis filosófico 


P. Y en 2014 llegan 'Los cuadernos negros', donde emerge como un nazi extremista. Usted explica que los heideggerianos se dividen en dos grupos: los que aseguran que no es para tanto y los que dicen: "Sí, ¿y qué?". Me interesan estos últimos, especialmente los de izquierda. ¿Qué les lleva a admirar su nazismo como una necesaria provocación filosófica? ¿Tal vez la fascinación por la violencia? 


R. Desde 1933, numerosos autores, como Marcuse, que fue alumno suyo, habían puesto en guardia, pero no fueron escuchados. El nazismo de la filosofía de Heidegger era un secreto a voces. Los escritos políticos eran conocidos, pero se evitaba ponerlos en relación con los escritos académicos. Sin embargo, algunos elementos decisivos fueron revelados en 2005 por Emmanuel Faye [en el libro 'Heidegger. La introducción del nazismo en la filosofía', traducción en Akal, 2009], gracias a los cursos de Heidegger que podían ser consultados en los archivos (todavía cerrados hasta 2046). La publicación a partir de 2014 de los 'Cuadernos negros', programada por el mismo Heidegger, que cubren un período de 40 años, expone su antisemitismo y la radicalidad de su nazismo: compara, por ejemplo, la Alemania vencida con un campo de concentración… para alemanes. Y, sin embargo, se continúa considerando que Heidegger es indispensable para 'pensar' la Shoah. Además de antidemocrático, el radicalismo universitario va de la mano de una fascinación por la violencia: desde Foucault, admirador de Jomeini, a Badiou, partidario de los jemeres rojos.


P. ¿Y qué tiene la filosofía de Heidegger para que Occidente, de los posestructuralistas franceses a la derecha más reaccionaria, lleve un siglo hipnotizado por ella? 


R. Heidegger impresiona por su grandilocuencia, se aprovecha de la fuerza del equívoco, de la ausencia de definiciones, que favorecen los comentarios indefinidos: dosifica las lecturas filosóficas de sus libros, y también lanza signos que los iniciados saben reconocer. 


P. ¿El ataque de la izquierda posmoderna a la razón y la ciencia habría existido sin Heidegger? R. Heidegger escribía en 1916 a su novia que quería llevar adelante una 'lucha a muerte' contra la razón. Como decía Goya, "El sueño de la razón produce monstruos". El movimiento de la deconstrucción, inspirado explícitamente en Heidegger, se ha convertido en un movimiento internacional, hegemónico en los medios intelectuales, en el que todas las tendencias están de acuerdo en deslegitimar la racionalidad en beneficio de lo vivido, lo sentido, etc. La extrema derecha siempre ha sabido leer a Heidegger y Dugin lo presenta como su principal inspirador 

Ulrich von Buelow, director del Archivo de Literatura alemana de Marbach, muestra uno de los ‘Cuadernos negros’ de Heidegger (2014) 
Getty


P. Por último, quiero saber si lo he entendido bien. Usted afirma algo terrorífico: que Heidegger no solo nunca dejó de ser un nazi, sino que se rio de todos los que le justificaban para convertirse, con los 'Cuadernos negros', en el padre del renacimiento del neonazismo y la extrema derecha actual, desde Le Pen a Dugin, pasando por el islamismo radical. ¿Es así? 


R. La extrema derecha siempre ha sabido leer a Heidegger y Alexander Dugin lo presenta como su principal inspirador. El nacionalsocialismo se presentaba por supuesto como revolucionario, incluso cuando Heidegger lo calificaba en ocasiones de "demasiado burgués". Más cerca de nosotros, el Partido Nacional-Bolchevique cofundado por Dugin, con Eduard Limónov, se inspiraba en esta retórica. Los islamistas de la escuela de Fardid, como Mahmud Ahmadinejad, se han inspirado también en esta teoría del poder. El antisemitismo y la hostilidad a la democracia son claramente factores de unidad entre los islamistas y la extrema derecha, como pudo verse con el encuentro de Hitler con el gran muftí de Jerusalén. Pero Heidegger no es el único, su amigo Carl Schmitt goza también de un gran respaldo tanto en la extrema derecha como en la extrema izquierda. Habría que señalar asimismo el interés por un buen número de autores nazis, como Bauemler o Klages (de quien Derrida tomó el concepto de logocentrismo), incluso Gadamer, su discípulo predilecto. En fin, hay que tener miedo de que los rojipardos tengan futuro.


Los hijos de Heidegger: Dugin y la extrema derecha europea


El proyecto identitario es también un punto decisivo de encuentro entre los nacional bolcheviques rusos y los rojipardos europeos. Los nazis, sin resignarse al pesimismo de Spengler, querían restaurar el destino de Occidente y regenerarlo en la Gran Europa Alemana, cosa por la cual Heidegger reconoce "la responsabilidad occidental" de los alemanes. Ahora bien, esta responsabilidad parece recaer actualmente en Rusia por razones políticas y étnicas. Desde hace mucho tiempo, medios de extrema derecha europeos han visto en Rusia la reserva genética de la raza blanca. En su discurso del 17 de abril de 2014, Putin ensalzó el "código genético ruso, tan flexible, tan resistente, nuestra ventaja competitiva", y el "hombre de mundo ruso" (Russkiy mir), movido por un "objetivo moral superior". Esta superioridad genética y moral funda el discurso de Alexandr Dugin, que se apoya principalmente en Heidegger, como lo manifiesta su obra 'Martin Heidegger. The Philosophy of Another Beginning'. En el pasado cofundador del Partido Nacional Bolchevique (nazbol), Dugin teoriza un neoeurasianismo inspirado en primer lugar por Carl Schmitt, Ernst Niekisch y Julius Evola. Recientemente, ha publicado una obra en la que reconoce a Heidegger como el único modelo para fundar una nueva filosofía ultranacionalista. Consejero de la Presidencia de la Duma y famoso como eminencia gris de Putin, dirige desde 2001 el movimiento Eurasia, que promueve un Imperio euroasiático, en suma, una Europa dominada por Rusia desde Dublín a Vladivostok. En una declaración, nuestro filósofo escribe: "Ucrania debe ser limpiada de sus idiotas" y apela a continuación al "genocidio" de esa "raza de bastardos". Dugin es muy bien acogido por los heideggerianos alemanes, como da fe especialmente su diálogo consensuado con Friedrich Wilhem von Herrmann, último discípulo y asistente del Maestro y principal editor, antes que Trawny, de su obra "completa". La extrema derecha alemana felicita a Dugin por querer "unir las formas más radicales de la resistencia nacional con las formas más radicales de la resistencia social". Además de sus encuentros con Von Hermann en Alemania, le han invitado a Hungría, a Grecia y a Francia, donde se presenta como amigo de Jean-Marie Le Pen. Sin embargo, el eurasianismo gana terreno, literalmente, en Ucrania, en las regiones de Crimea y el Donbás, así como en Moldavia, en Transnistria, etc. En estos puntos, las convergencias con nuestros rojipardos son numerosas. Badiou —que acaba de publicar un nuevo libro sobre Heidegger— declara lo siguiente: "Crimea es un símbolo de Rusia desde hace mucho tiempo" y justifica así la ocupación rusa: "Se tiene la sensación de estar en Rusia", mientras señala a los manifestantes de Maidán como partidarios del "separatismo ucraniano". Los prorrusos no son separatistas, se unen a Eurasia, mientras que Europa sería solamente en este asunto un "operador local" de la globalización. El odio a la democracia, a Europa y a Occidente sirve a un proyecto político general. Actualmente, es la escisión y la desaparición de la Europa autónoma y su integración en Eurasia lo que está en juego. Escisión en primer lugar de los Estados, en la Europa de los independentismos. Julio Quesada, por ejemplo, ha subrayado la popularidad del pensamiento identitario de Heidegger en ciertos independentistas vascos y gallegos. Luego, instituciones supranacionales contra las cuales los partidos de extrema derecha, por todas partes en auge, como en Eslovaquia y Hungría, hacen campaña ingeniándoselas para paralizarlas. Demostrar que el Ser-juntos (Gemeinwesen) es imposible en Europa en razón del "individualismo liberal y la regulación extraterritorial" ("durch liberale Individualisierung und exterritoriale Regulierung"), no siendo los ciudadanos más que selfis normalizados ("EU-normierte Selfies"), tal es, por otra parte, el discurso del último libro de Trawny, 'Europa und die Revolution'. 


Fragmento del libro 'Naufragio de un profeta. Heidegger hoy', de François Rastier, publicado por Editorial Laetoli, que acaba de salir a la venta en España.



https://www.elconfidencial.com/cultura/2022-09-05/martin-heidegger-nazismo-cuadernos-negros_3483419/

 



HEIDEGGER: ¿es el FILÓSOFO más IMPORTANTE del siglo XX?

https://m.youtube.com/watch?v=662FgCboiSg&pp=ygUYcm94YW5hIGtyZWltZXIgaGVpZGVnZ2Vy


Enlaces relacionados:


domingo, 8 de junio de 2025

¿Heidegger, ya volviste de Siracusa?

 

Imagen tomada de UNED

La aceptación del rectorado es el compromiso de dirigir espiritualmente esta escuela superior. La comunidad de los que siguen, profesores y alumnos, sólo se despierta y fortalece arraigando auténticamente y en común en la esencia de la Universidad alemana. Pero esta esencia sólo alcanza claridad, rango y poder si, ante todo, los propios dirigentes [i] son en todo momento dirigidos; dirigidos por lo inexorable de esa misión espiritual que obliga al destino del pueblo alemán a tomar la impronta de su historia.



¿De vuelta de Siracusa?


Esa pasmosa, tenaz, universal seducción que ha ejercido y ejerce la figura del “hombre fuerte” no sólo entre personas comunes y corrientes, sino entre representantes de la más conspicua intelectualidad, nunca dejará de sorprender


MIBELIS ACEVEDO DONÍS

07/09/2024 05:04 am



"La cultura no importa, Karl. Mira sus maravillosas manos". Quien así se solazaba en lo descrito era nada menos que Martin Heidegger. En conversación con Karl Jaspers, su íntimo y abismado amigo, el filósofo más influyente del siglo XX no ocultaba su estrambótica fascinación por el nuevo canciller alemán, Adolf Hitler. Corría el año de 1933, y Alemania era el hervidero que sabemos, el preámbulo de eventos que pondrían a la humanidad al borde del abismo. Tras un discurso en la Universidad de Heidelberg en el que Heidegger, rector de la universidad de Friburgo, había lanzado su apasionada arenga a favor del venidero Führer, un angustiado Jaspers lo increpó: “Si alguna vez compartimos algo que pueda llamarse impulso filosófico, ¡yo le imploro que se responsabilice de ese don! ¡Póngalo al servicio de la razón, de la realidad que tienen la valía y las posibilidades humanas, y no al servicio de la magia!”.



Martin Heidegger (marcado con una X) en un acto de propaganda nazi en noviembre de 1933 (Ullstein Bild). Imagen tomada de aquí.


Precisamente: esa pasmosa, tenaz, universal seducción que ha ejercido y ejerce la figura del “hombre fuerte” no sólo entre personas comunes y corrientes, sino entre representantes de la más conspicua intelectualidad, nunca dejará de sorprender. Jaspers usaba la palabra “magia”, y quizás no haya mejor forma de retratar el fenómeno, en tanto producto de una convicción que no responde a la lógica, sino a lo que prospera en la orilla opuesta: el mito y su embriaguez, la primitiva pulsión, el peso de la autoridad y la trampa que tiende al inconsciente; la subjetividad, el deseo, su semillero de sesgos y prejuicios. Lo irracional, en fin. Una posición que, adicionalmente, escapa a la dinámica simple del miedo y la coacción que somete a los más; y que en su lugar -he allí una peligrosa singularidad- parece (¿parece?) responder a una elección autónoma y consciente.


Filotiranos en cueros


La historia local ofrece también espejo de esa dislocación; y es la gestión de los positivistas en tiempos del gomecismo -José Gil Fortoul, César Zumeta, Pedro Manuel Arcaya y, particularmente, Vallenilla Lanz y su vibrante y bien urdida pieza sobre el “Cesarismo democrático”- una prueba emblemática de ello. Debido a una mezcla étnica en la que, según la tesis de Vallenilla, prevalecía el individualismo anárquico y los instintos disgregativos, la sociedad venezolana requería de un tirano civilizador, capaz de garantizar el orden y el progreso. Ese hombre fuerte -léase, Juan Vicente Gómez- se anunciaba entonces no como alternativa, sino como “única fuerza de conservación social”.

Vallenilla Lanz


En esas aguas turbias de la justificación del poder despótico, abrevó el propio Sartre, por ejemplo. En la revista Les Temps Modernes, escribía en abril de 1953: "La sociedad soviética, en peligro de muerte en medio de las democracias burguesas, debía imponerse una disciplina de hierro o desaparecer". El carismático, mundano, brillante autor de El ser y la nada -quien, tras la invasión a Indochina, acusó al general De Gaulle de promover un culto a la personalidad que lo hacía tan “fascista” como Hitler- paradójicamente también defendió y justificó a la Cuba de Castro, la China de Mao y, tempranamente, a la URSS de Stalin (aunque tuvo un momento de rebeldía cuando en 1956 criticó la invasión soviética a Hungría, ordenada por Jrushchov. “La URRS no ha colonizado ni explotado sistemáticamente a las democracias populares”, afirmó en 1957; “lo que es verdad es que las ha oprimido durante ocho años"). Eso no hizo que renunciara a su obstinada fe, no obstante. Como pasó con Heidegger y Jaspers, Sartre fue amargamente interpelado por su antiguo compañero de tertulias y cafés, luego rival intelectual, Raymond Aron. Ambos, Heidegger y Sartre, eran desnudados así en toda su ofensiva filotiranía.

Raymond Aron


Intelectuales en busca de religión


Con todo y su mirada desencantada, un liberal y digno hijo de la Ilustración como lo fue Aron rechazaba el determinismo marxista y creía en la emancipación, la modernización y el progreso. En el valor irrenunciable de la libertad como fuente de evolución humana. En la honestidad del filósofo y librepensador, capaz de juzgar la realidad en atención a sus señales inequívocas, tal como es y no como quisiéramos que sea. Acuciado por lo que percibe en Sartre como resultado de una insoportable frivolidad, Aron contraataca; escribe entonces El opio de los intelectuales (1955).


“¿Sigue teniendo sentido la disyuntiva izquierda-derecha?”, lanza como provocación y abreboca. La reflexión, una sofisticada arremetida contra ideas anacrónicas que volvieron a ponerse de moda en la Europa de posguerra, denuncia la insensatez con la que algunas mentes privilegiadas, “revolucionarios de gran corazón y cabeza ligera”, se entregaban a los galanteos del poder o picaban los anzuelos de populistas y demagogos. Filósofos que, en periodos de estallidos de fervor moral más bien cercanos al patriotismo jacobino, “preferían las formas al fondo” y optaban por la adicción al “estupefaciente ideológico”. Mismos que ignoraban -o decidían ignorar- los juegos que en ese sentido despliega todo régimen político para asegurarse cierto brillo y legitimidad narrativa. Hablamos de la propaganda y sus artífices; esa que, según Goebbels, -a quien la naturaleza brutal de los medios le tenía sin cuidado- “no es ni buena ni mala”, pues su “valor moral es determinado por el objetivo que busca".

Siracusa.


Siracusa, aunque mal pague


Para atender a esas tareas e inventar costuras ad hoc, surge este refinado militante, este miembro de la intelligentsia, este remozado intelectual orgánico obligado, en teoría, a asumir las funciones “organizativas” y “conectivas” en los procesos de producción de la hegemonía. En la práctica, casi siempre un validador de la utopía totalitaria y sus palabras sagradas; sea revolución y dictadura del proletariado, o apropiación a juro del Lebensraum, el “espacio vital” de la comunidad Wolk. Sea el estallido prometeico que anuncia al “hombre nuevo”, o el que reivindica la genuina voluntad de poder del “súper-hombre”, el Übermensch. Eso, en fin, dependerá de lo que dicte el César de turno, el proyecto que este encarna y el Zeitgeist al que astutamente responde.


En esa misma línea de pensamiento que Julien Benda rubrica con su “Trahison des Clercs” en 1927, Mark Lilla se inscribe con Pensadores Temerarios: intelectuales y política (2001). Las semblanzas de mentes formidables seducidas por el poder despótico, devotos de ídolos y fetiches como el propio Heidegger o Carl Schmitt, sirven para recordar los célebres viajes de Platón a Siracusa, a partir del año 388 a.C., gracias a la invitación de un discípulo, Dión; y su malhadado cruce, primero con Dionisio “el viejo”, a quien aspiraba a convertir en filósofo-rey; y luego con Dionisio “el joven”. Platón no sólo no pudo hacer de aquellos tiranos unos gobernantes virtuosos, sino que terminó perseguido y esclavizado. A santo de eso, Lilla rescata una anécdota: cuando Heidegger retornó a su trabajo docente en 1934, un colega le espetó un saludo que era más un mordisco que un retozo: “¿De vuelta de Siracusa?”. (Asesores con muchos menos quilates, autores de manuales para autoritarismos del siglo XXI, alcahuetes del despojo y la mentira oficial, hacen méritos para una estocada similar cuando a su regreso a España, sean recibidos por atónitos colegas).

Chomsky y Chávez



@Mibelis



https://www.eluniversal.com/el-universal/190251/de-vuelta-de-siracusa



Heidegger: Entre el existencialismo y el nazismo

https://m.youtube.com/watch?v=n-4YNGCLp_g



HEIDEGGER: ¿es el FILÓSOFO más IMPORTANTE del siglo XX?

https://m.youtube.com/watch?v=662FgCboiSg&pp=ygUYcm94YW5hIGtyZWltZXIgaGVpZGVnZ2Vy


Sobre Heidegger y su relación con el nazismo - Heidegger 2

https://m.youtube.com/watch?v=k9LMMeGnqjc&pp=0gcJCdgAo7VqN5tD



Enlaces relacionados:







domingo, 30 de octubre de 2022

Imre Kertész, premio Nobel de literatura: "Quien no ha sido feliz, no sabe morir"


Imre Kertész. Imagen tomada de El País.




Inéditos de Imre Kertész

El escritor húngaro, premio Nobel de Literatura en 2002, corrige actualmente sus diarios

En esta selección de apuntes inéditos reflexiona sobre su obra, Europa y la memoria de Auschwitz

Imre Kertész 16 JUL 2013 




El pensamiento político quizá no sea muy productivo, pero ya que no nos queda más remedio que dedicarnos a él, acabaremos conociéndonos mejor. Gracias a Dios, no hay motivo para el optimismo.

***

Ayer domingo. Vanitatum vanitas, se habla para triunfar. Me llamó la atención: la necesidad de mitificar. Los hombres no paran de contarse historias, en apariencia para entretenerse los unos a los otros; de hecho, sin embargo, para ir tejiendo, remendando y manteniendo en buen estado la red de la mitología, conservando su mundo a través del relato. Este discurso vivo existe aún en las esferas más elevadas; poco a poco, sin embargo, se van acabando las historias y los hombres. Reina ya el silencio aquí y allá, la contemplación pasiva de las imágenes de los medios, la desorientación, el mutismo, las acciones absurdas, no motivadas por ninguna mitología válida.

***

[…] El secreto de mi existencia es el deseo de amor y, al mismo tiempo, la falta de amor. El vacío se desvela a raíz de algún que otro hecho minúsculo. La forma de vida correcta —es decir, una que no me angustiara— sería la encaminada única y exclusivamente hacia la escritura. Ello, sin embargo, exigiría una soledad absoluta. La soledad me protegería de la angustia causada por el secreto de mi existencia; en cambio, aparecerían entonces ciertos temores concretos, por ejemplo, el miedo y la angustia debidos a la propia soledad. Conclusión: no existe una solución. Conclusión: existe la solución, pero la temo. Si consiguiera querer realmente la muerte, estaría a salvo de la angustia. Pero supondría un esfuerzo psíquico que sólo podría realizarse en soledad. Es de noche, una noche primaveral, y sé que mi existencia es un gran regalo y que yo —como todo el mundo— lo estoy dilapidando.Y eso que en la vejez es preciso vivir de manera concentrada. ¿O es inevitable la disolución psíquica en la vejez?


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“La Europa unida…”. Pero ¿cuál sería su mito fundamental? Se ve con claridad: no es casual que Auschwitz se convierta ahora en cuestión viva, en fuente de las cuestiones vivas, después de que se derrumbara el imperio soviético. El mito cristiano ya no vive. La imagen del ‘mal’, al que el mundo occidental más o menos podía oponerse (y así fundamentar su autoconciencia), se deshizo al desintegrarse la Unión Soviética. La gran negatividad frente a la cual pueda erigirse el mito de la aspiración a un mundo más ético es sólo Auschwitz. Lo que resulta característico políticamente, característico en lo que respecta a la conciencia política general, es que Yugoslavia —su derrumbe inesperado y total bajo el signo del odio, el hundimiento de ese territorio floreciente, el trabajo destructivo completo de la locura— haya pasado a un segundo plano, haya quedado casi relegada al olvido en medio de la frenética marcha de los acontecimientos.

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Sentado junto a la ventanilla del tren se me ha aparecido la imagen de la construcción de la nueva Europa que nace bajo el signo de la competencia con Estados Unidos y que, más allá del sistema monetario y de la subsistencia económica, no posee ninguna coherencia cultural; es más, la cultura es perseguida a la manera estadounidense, para triturar a los hombres y convertirlos en amebas carentes de toda sustancia, en masa obediente susceptible de ser teledirigida por ordenadores y como ordenadores. En este sentido —y ahora empiezo a verlo con más claridad— tengo, en efecto, algo que decir cuando insto a vivir espiritualmente Auschwitz —que es un trauma negativo, pero el único verdadero— y a construir un edificio ético a partir de ahí; al fin y al cabo tiene que haber una gran experiencia común cuya enorme ignominia precipite a los hombres a una comunión, a una comunión cultural, y los llene de un recuerdo nebuloso al que puedan oponerse, y esta oposición les proporcionará el trabajo moral necesario para la elevación o, como mínimo, para la conservación.

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En mi carta dirigida a X. Y. expongo lo siguiente: “Necesitamos el conocimiento histórico, pero necesitamos también el mito, del que, sin embargo, no disponemos. He partido del simple hecho de que en el mundo de la solución final, en el universo concentracionario, todos los conceptos e ideas éticos de nuestra cultura occidental (sic, de nuestra cultura occidental) se extinguieron por completo, se apagaron. ¿Dónde ocurrió Auschwitz? ¿En el ámbito de la cultura cristiana? ¿O en otra parte? ¿Y qué ámbito cultural encarará Auschwitz, si es que llega a hacerlo?… De este modo he llegado, pues, a los problemas fundamentales de la vitalidad y creatividad del hombre actual. Si en el hombre moderno ha quedado una creatividad ética, ésta tendrá que nutrirse de hechos completamente nuevos; no puede crearse una ética nueva a partir de la ética anterior a Auschwitz. Es preciso volver a comenzar de cero. Si Auschwitz actúa como un trauma en el mundo psíquico de las nuevas generaciones, éstas lo encararán como un trauma, y entonces podrá conducir a una nueva creatividad en todos los ámbitos, también en el de la ética. No consigo librarme de la idea de que esta aproximación sea probablemente ilusoria: sea como fuere, es la mía, quizá porque así resulta productiva, para mí y para mi estilo. Podemos discutir al respecto, como es lógico, pero el problema va cobrando perfiles vivos poco a poco, y vivimos como problemas candentes de nuestra época aquello que…”.Que en la partida de nacimiento de Fulano figure que es judío significa, traducido al lenguaje de la política, que Fulano es chantajeable en lo afectivo. Si bien esto puede haberme ocurrido en mi vida privada como persona que consta en el Registro Civil, en mi arte —espero— mi judaísmo sólo está presente como fuente de inspiración.En la actualidad: el buen arte todavía es posible, la posibilidad del gran arte, en cambio, resulta sumamente dudosa. Dudosa sobre todo porque en esta época que vegeta por falta de cultura ningún asunto aparece como un gran asunto; como si la grandeza misma se hubiera vuelto mezquina.

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Respecto a la novela que se está gestando, me he formulado algunas preguntas. 1. ¿Soy artista? De ser así, he de saber que la palabra, igual que su práctica, el arte, no posee ya ningún significado, ningún papel. Al artista sólo le queda una materia a la que puede dar forma: su vida. 2. ¿Quiero ser el profeta bien pagado de Auschwitz? No quiero. 3. ¿Quiero hacer perdurable mi nombre, “inmortalizarlo”? No, más bien todo lo contrario: reducirme a la nada. 4. ¿Qué huella ha de quedar, pues, del gran experimento de mi vida? Disolverlo y disolverme en la única forma posible del amor, a mi juicio: desaparecer por mor de la vida de otro. Es la única revolución que a mi entender se puede llevar a cabo, mi gran rebelión cósmica. 5. Como judío soy libre, me he liberado de la disciplina de todas las culturas; si se quiere, me he liberado de la “humanidad”.


"Quien no ha sido feliz, no sabe morir". El Espectador. Acantilado 2021



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Quien es verdadero se ha perdido. Quien se ha perdido es verdadero. Quien se pierde gana. Piérdete de manera triunfante y mísera. No existe otro camino.

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Nunca podría defender mis textos en una “discusión”, por ejemplo, porque sólo puedo responder de la calidad de mis frases, no de su “contenido”. Este “contenido” es tan sólo el producto del momento y contiene mucho “de mí” (en el sentido de que es característico de mí), pero no considero “defendible” la ilación de los pensamientos ni puedo responder de ella. Esos textos son meras propuestas y no tienen más objetivo; la única enseñanza que puede extraerse de ellos no se referirá entonces a lo que contienen, sino a su autor: esta forma de pensar lo define en este preciso momento, esto quería escribir y así quería escribirlo… Pero ¿qué piensa? Probablemente ni él lo sabe; de ahí que esos escritos se consideren siempre sorpresas, sobre todo para él, para el autor.000
Lo que he entendido en los últimos diez años, de forma muy resumida: la lucha fundamental se libra entre el estatismo, por un lado, y la “democracia”, el “liberalismo” o, si se quiere, la forma de vida individual, por otro. El espíritu estatista está representado por la tembleque intelectualidad de Europa del Este y por la capa de los pequeños capitalistas y funcionarios públicos que le tienen pánico a la competencia: el estatista quiere una subsistencia segura, ventajas claras por igual en el mercado intelectual y en el comercial; la tendencia estatista comenzó a imponerse desde el Rhin hacia el Este después de la Primera Guerra Mundial, precisamente tras desintegrarse los Estados autoritarios, y la crisis económica exacerbó hasta la histeria el deseo de seguridad personal y el resentimiento respecto a los mejores y más talentosos que disfrutaban de ciertas ventajas naturales. De ahí que el estatismo sea siempre contrario al valor y necesariamente ideológico; las formas modernas del estatismo son el nazismo y el comunismo. Una observación interesante: los Estados, los Gobiernos, son por naturaleza siempre hostiles al espíritu y a la cultura; pero que los propios depositarios de la cultura, los escritores, los artistas, los periodistas apoyen la hostilidad a la cultura sólo es posible en Estados de mentalidad estatista como, por ejemplo, Hungría.

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En la disputa con olor a bosta y completamente superflua entre los lidiadores llamados “urbanos” —los unos— y “populares” —los otros— hay a pesar de todo algo digno de atención en la medida en que va más allá de las fronteras del país. (*) Es el antiguo miedo, la antigua lucha entre Oriente y Occidente, el temor a volverse superfluo, el temor a lo “extraño”, ese temor capaz de asesinar, de destruir, de devastar y aniquilar a todo el mundo. Las formas de vida arcaicas que se presentan como “valores” aunque, de hecho, sólo sean inamovibles. Y en última instancia la cuestión de la usurpación del poder. La historia acaba siempre de la misma manera: las fuerzas “arcaicas”, “populares”, crean un sistema estatal tiránico; el sistema es incapaz de proporcionar los bienes necesarios a la población; y entonces o se desintegra o desencadena una guerra que luego pierde. Y a continuación todo empieza de nuevo.

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¿Puede extinguirse el sentimiento que ha creado las religiones? ¿Ha existido una época irreligiosa alguna vez? ¿Fue irreligiosa la antigüedad? Pero es que la antigüedad descubrió la metafísica, la idea del “eterno retorno”, lo cual viene ya de una sensibilidad a la “religión”. Pero el fervor, la redención, el gran sentimiento cargado de vida y de muerte es, con todo, un sentimiento moderno, nunca antes habido, que hizo grande a Europa; y ahora que Europa es cada vez más pequeña, el sentimiento también se desintegra. Resulta extraño que sea un fenómeno tan frágil. ¿Cómo ponerlo en palabras, cómo disertar sobre ello? El gran descubrimiento de Marx fue que la “existencia determina la conciencia”; pero qué vacua es esta frase, pues qué existencia determina qué conciencia, y dónde está ese filósofo o psicólogo o economista capaz de definir la existencia, separarla de la conciencia y a continuación demostrar en la conciencia qué parte corresponde al arbitrio de la “conciencia” y qué parte es, por así decirlo, “existencia pura”? En el fondo, nuestra vida consciente se manifiesta en las palabras de una manera que, al fin y al cabo, da la razón a Wittgenstein. Ahora bien, si Wittgenstein tiene razón, tendremos que renunciar a toda certeza y volver a los balbuceos de la vida en la fe.

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No debo escribir más ensayos porque entonces me introduzco en la “humanidad”, participo de sus mentiras y doy testimonio de la esperanza, de una esperanza en la que no creo en absoluto si me mantengo del lado de mi arte y, por tanto, de mi radicalidad. En realidad, para ser sincero, me conceden cierta importancia desde un punto de vista artístico en Hungría, donde no puedo ejercer ninguna influencia, donde, si de ellos dependiera exclusivamente, ni siquiera escribirían mi nombre; en Alemania han imaginado que pueden aprovecharse de mí en cierto sentido —en el de una manipulación honesta, por así decirlo—; pero ahora allí también se vuelve la tortilla y se desvela la gran verdad del mundo: la esencia de Auschwitz. Así como hasta la Primera Guerra Mundial se podía considerar que se estaba viviendo en la cultura cristiana, hoy habrá que formularlo diciendo que la cultura occidental se ha convertido en la cultura de Auschwitz. Hoy estamos viviendo la cultura de Auschwitz.

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Creo que en Auschwitz concluyó la historia (clásica) del cristianismo y de los judíos. Lo que viene después ya no es historia intelectual ni cultural ni religioso-espiritual (en el sentido cristiano-judío). Que Auschwitz resalte como un hecho de particular significancia entre los acontecimientos habituales —y habitualmente repugnantes— en el ámbito de los exterminios étnicos y de los exterminios producidos por los fanatismos religiosos e ideológicos se debe justamente a su significado esencial: Auschwitz manifiesta el final de una cultura que ha durado dos mil años. ¿Qué importancia tiene, en comparación, el antisemitismo? Un próximo Auschwitz sólo sería ya un tópico aburrido, la fugaz confirmación de algo que de todos modos ya sabemos; así se explica en parte la apatía callada y obtusa que el mundo ha mostrado respecto a los sucesos de Yugoslavia.Lo que hoy separa a los judíos de los no judíos no es una diferencia religiosa y cultural, sino la consecuencia psíquica del hecho de que los judíos fueron amenazados con el exterminio y acabaron en parte exterminados. Esto es una cruda realidad y no una diferencia mental o cultural. Y, con todo, vivimos inmersos en las consecuencias psíquicas de ese hecho.

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“Vivir en la verdad”: significa vivir repudiado, vivir en la pobreza, en la más completa soledad intelectual, “fuera de la humanidad”. No lo hago. Vivo próspero y feliz (¡gracias a Dios!). Se plantea entonces una pregunta. Y cuando escribo, he de descender al abismo de esta pregunta y escuchar desde allí mi voz.

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Urbanos y populares (urbánusok y népiesek): corrientes antagónicas y muy vivas en la vida intelectual húngara desde comienzos hasta mediados del siglo XX. Los unos eran cosmopolitas y abiertos a las tendencias modernas; los otros volvían la mirada al pasado y a las tradiciones rurales de Hungría. En algunos aspectos, la división se ha mantenido hasta el día de hoy. (Nota del traductor).

Traducción de Adan Kovacsics.




Tomado de El País.