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martes, 10 de diciembre de 2024

Yuri Valecillo,México, el Covid y las “Crónicas de la incertidumbre”

 



Una particular crónica del covid


(A propósito de la exposición fotográfica “Crónicas de la incertidumbre” de Yuri Valecillo).


Carlos Yusti


San Martino del Carso

Valloncello dell' Albero Isolato, 27 de agosto de 1916


De estas casas

no ha quedado

más que algún

fragmento de muro


De tantos

que me querían

no ha quedado

ni siquiera eso


Pero en el corazón

ninguna cruz falta


Es mi corazón

el pueblo más devastado


Giuseppe Ungaretti - San Martino del Carso
2535 visualizaciones  19 ene 2022




El World Press Photo del año 2024 ha seleccionado la foto hecha por el fotoperiodista palestino Mohammed Salem. En la fotografía una mujer abraza a una niña que acaba de fallecer en la Franja de Gaza. No se muestra ni el rostro de la mujer ni el de la niña. La mujer, cuyo rostro, el espectador no puede ver, ya que está oculto por su brazo, viste un atuendo largo de color azul y un velo marrón que le cubre el cabello, mientras el cuerpo y la cabeza de la niña que la mujer rodea con un abrazo, están envueltos en una tela blanca, señal dolorosa de que ya no está con vida.


Una mujer palestina abraza el cuerpo de su sobrina
Mohammed Salem, Palestina, Reuters
Muestra a Inas Abu Maamar (36) sosteniendo el cuerpo de su sobrina Saly (5), que fue asesinada, junto con su madre y su hermana, cuando un misil israelí alcanzó su vivienda en Jan Yunis, Gaza.



La foto me recuerda un verso del poema “San Martino de Carso”, de Giuseppe Ungaretti: “Mi corazón es el país más devastado”Ambos condesan una crónica de ese horror doloroso que desata toda guerra.


Susan Sontag


Susan Sontag escribió: “Todas las fotografías son memento mori. Hacer una fotografía es participar de la mortalidad, vulnerabilidad, mutabilidad de otra persona o cosa. Precisamente porque seccionan un momento y lo congelan, todas las fotografías atestiguan la despiadada disolución del tiempo”. Pero es también una forma de capturar un instante que se volverá historia; es como una crónica del tiempo que discurre inexorable con su gloriosa (o terrible) carga de acontecimientos.



Esta exposición de Yuri Valecillo “Crónicas de la incertidumbre” (que se exhibe en la SAQ gallery, dirigida por Sebastián Monjarás) busca ser algo así como una crónica del día a día de la pandemia del covid-19. No son fotos que retratan el doloroso espanto de la pandemia; mucho menos el horror vacui del encierro y la soledad por cuarentena. Las fotografías van al encuentro del individuo común quien, a pesar de todas las contingencias que la pandemia impone, sale a la calle a buscar el sustento ensayando así una doble supervivencia. Todo desde esa perspectiva de la incertidumbre y ganándole otro día al contagio o a la muerte.

Yuri sale a la calle y va registrando con su cámara la realidad cernida por la pandemia y los actores (o actrices) principales de sus fotografías son músicos callejeros, vendedores ambulantes, caleteros, dueños de pequeños negocios, limpiabotas, estudiantes en protesta, etc. En suma, gente que necesita trabajar y la cual dándole la espalda a la ciudad desolada y a los titulares de los periódicos reportando los contagios o los decesos a causa de la pandemia.


De izquierda a derecha los poetas Mario Rey, Jorge Jurado, Jocabeth Ochoa, Yuri Valecillo, Mario Guzmán(poeta), Pascual Borzell Iglesias (Fotográfo).


Luego de un tiempo y disipada la niebla desquiciada de la pandemia el fotógrafo tropezó con un dilema. ¿Cómo presentarlas para una exposición? Yuri estuvo cavilando por meses hasta que encontró la solución. Algunas fotos irían acompañadas por la primera plana de algún periódico, detallando el macabro balance de la pandemia.

Como fotógrafo Yuri intenta ir en sentido contrario. Detesta que lo incluyan en ese bando de los artistas de la fotografía.



No por falsa modestia, sino que está como más a sus aires en esa trinchera de los fotoperiodistas. No sin gran acierto Roland Barthes escribió: “La sociedad se empeña en hacer sentar cabeza a la Fotografía, en templar la demencia que amenaza sin cesar con estallar en el rostro de quien la mira. Para ello tiene a su disposición dos medios. El primero consiste en hacer de la Fotografía un arte, pues ningún arte es demente. De ahí la insistencia del fotógrafo en rivalizar con el artista, sometiéndose a la retórica del cuadro y a su modo sublimado de exposición.



La Fotografía puede ser efectivamente un arte: cuando no hay en ella ya demencia alguna, cuando su noema es olvidado y por consiguiente su esencia no actúa más sobre mí (…) El otro medio para hacer sentar cabeza a la Fotografía consiste en generalizarla, en gregarizarla, en trivializarla hasta el punto de que no haya frente a ella otra imagen con relación a la cual pueda acentuar su excepcionalidad, su escándalo, su demencia”.


Público asistente a la exposición.


Yuri busca en sus fotos que la demencia siga fraguando su decidida conmoción y avive alguna chispa en el espectador.


El fotógrafo Yuri Valecillo. Foto de Pascual Borzelli Iglesias



Hoy con todos esos adminículos tecnológicos cualquiera puede hacer fotos y como asevera Susan Sontag se ha transformado en una diversión tan rutinaria como el sexo o el baile.



Pero la foto que se detiene con paciencia y pasión en lo cotidiano, buscando esa estética del asombro, de lo mágico a pesar de crudeza, es una opción que es cultivada por una minoría de fotógrafos que todavía piensan que la demencia sigue intacta, acechante, y se puede encuadra en un instante.

Esta exposición de Yuri “Crónicas de la incertidumbre” condensa un poco su estilo; esa manera de interrogar a la realidad, de buscarle una estética sin afeites ni maquillaje.



Durante la pandemia todo fue jugar en esa ruleta de lo incierto. Sobrevivir y no dejarse doblegar por todos los apremios que conlleva la cuarentena es una experiencia poco agradable. Creo que en el fondo estas fotos de Yuri son una crónica particular/visual de la pandemia. No hay patetismo y si hay solo gente expuesta en su lucha silenciosa contra la pandemia. En las fotos la heroicidad está como velada, pero está allí como latido, como disposición a resistir, a sobreponerse al horror y valorar la vida como un don preciado que bien vale muchos y nuevos amaneceres.

Sebastián Monjarás y Yuri Valecillo durante la apertura de la muestra fotográfica.


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Carlos Yusti y Yuri Valecillo. Fotografía de Luis Alberto Angulo.

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Yuri Valecillo nació en Valencia en 1960. Desarrolla su actividad de manera continua en el diseño gráfico. Publica actualmente en más de veinte medios de Europa y América Latina, cuenta con 41 exposiciones individuales de fotografía y más de cincuenta portadas de revistas y libros, colaborador incesante en medios de Venezuela y América Latina, habla y lee francés, expositor de la Cátedra de Fotografía para la Revista Generación (México). Ha impartido cursos y talleres de fotografía en la Universidad de Carabobo (Venezuela). Coordinador de Fotografía de la revista Rino (México), Colaborador de la revista El Cotidiano (UAM), Cofundador de la Revista Generación, cuenta con varios escritos publicados.


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Carlos Yusti

(Valencia, Venezuela, 1959) es pintor, editor y escritor. Como editor, fue cofundador de la revista Zikeh y del grupo literario Animales Krakers en Valencia; formó parte del equipo de la revista cultural Predios y fungió como director de editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. En la web ha coordinado las páginas Arteliteral. Como escritor ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (1991), Vírgenes necias (1994), Cuaderno de argonauta (1996), De ciertos peces voladores (1997), Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión (2006), Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007), Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (2007) y Poéticas del ojo (escritos sobre arte). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. 



Enlaces relacionados:










































25/04/2026

jueves, 21 de septiembre de 2023

A menor diversidad ecológica habrá mayores brotes de enfermedades infecciosas

 

Deforestación para plantar soja en el Chaco, en América del Sur (© Jim Wickens / Ecostorm & MPD01605 / Flickr - Collage Rainforest Rescue - CC BY-SA 2.0). Imagen tomada de Salva las Selvas.


Estimados Liponautas


Hoy compartimos con ustedes esta nota de la Revista Humboldt que nos parece bastante relevante. Si algo es claro en la actualidad es la tendencia indetenible por parte de nosotros  de invadir los pocos espacios silvestres que aún existen y de complicar la sobrevivencia de otras especies al modificar o asesinar su entorno vital. Esos espacios aislados ante la humanidad por periodos de tiempo indeterminados pueden ser y son un saco que almacena diversas enfermedades infecciosas desconocidas y que traeremos a nuestra sociedad por nuestra indetenible manía de encajar en el suelo virgen nuestra pua urbanizadora infecciosa.  Pero ya pasamos una larga cuarentena por una pandemia, quizá ya nos acostumbramos a vivir enclaustrados con grilletes digitales.

Es muy probable que tengamos mas espacio libre para disfrutar, claro las próximas epidemias acabara´n con unos cuantos de nosotros. Tengamos la mascarillas a la mano, ahora vendrán con nuevos diseños y con WiFi incorporado...

Esperamos disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia.


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Pérdida de ecosistemas y brote de enfermedades


 María Toledo-Garibaldi


Tras la rápida tala de selva tropical para las plantaciones de aceite de palma, como sucede aquí en Borneo, se ha observado un aumento de los casos de malaria. 



Tras la rápida tala de selva tropical para las plantaciones de aceite de palma, como sucede aquí en Borneo, se ha observado un aumento de los casos de malaria. | Foto (detalle): Zoonar | Georg A © picture alliance




Existen muchas pruebas de que la pérdida de biodiversidad en los ecosistemas puede influir directamente en el surgimiento de enfermedades como el COVID-19. Parte de la solución está en aprender y adoptar prácticas sostenibles a pequeña y gran escala.


Los humanos estamos destruyendo los ecosistemas a un ritmo alarmante. Con la pérdida de biodiversidad, perdemos también los llamados servicios ecosistémicos, o sea, las muchas formas en que la naturaleza sostiene la vida humana. Estas incluyen, por ejemplo, la reducción de la contaminación del aire, la regulación de la temperatura, la filtración y purificación el agua y la polinización de cultivos. Además de la pérdida de estos servicios, la deforestación o la contaminación de los mares podrían tener otras repercusiones negativas y directas en la vida humana, como los brotes de enfermedades infecciosas.


En la mayoría de los ecosistemas existen virus, bacterias, hongos y parásitos que pueden causar enfermedades en la gente. Esto no quiere decir que los ambientes naturales son necesariamente fuentes de infección o lugares de riesgo para las personas. Todo lo contrario: Un ecosistema saludable, como un bosque que no ha sido alterado significativamente por el ser humano, ha desarrollado “defensas” ante la mayoría de patógenos que ahí habitan. Un ecosistema con alta diversidad de especies es más resistente a los impactos de los patógenos microbianos, porque hay más probabilidades de que algunas de las especies del ecosistema ya hayan desarrollado resistencia a la enfermedad. En un ecosistema saludable, si una especie resistente desaparece, otra nueva llega a ocupar su lugar. Ahora, en el escenario opuesto, ¿qué sucede en un ecosistema no saludable, deteriorado o destruido?


Si un ecosistema no es saludable, ya sea por la pérdida de biodiversidad, pérdida de hábitat, cambio de uso del suelo, contaminación o invasión de especies exóticas, es probable que esos biotopos y las especies que viven en ellos sean más vulnerables a los patógenos.


El brote de enfermedades forma parte de la historia de la humanidad. Sin embargo, me parece que cada vez hay más patógenos peligrosos para el ser humano, capaces de provocar más enfermedades. Esta percepción ha llevado a científicos como Kate Jones del University College en Londres o Andrew P. Dobson de Princeton University, a hipotetizar que puede existir una relación entre la pérdida de ecosistemas y su biodiversidad y los patógenos emergentes.


Equipos de veterinarios, biólogos de la conservación y ecólogos están tratando de entender la relación entre el uso agrícolo de la naturaleza y el surgimiento de enfermedades infecciosas. Por ejemplo, la organización EcoHealth Alliance ha desarrollado diversos proyectos de prevención de surgimiento de enfermedades infecciosas bajo una perspectiva de conservación de ecosistemas clave. Su proyecto “Predict” ha recolectado alrededor de 140,000 muestras de especies de vida silvestre consideradas de alto riesgo en Bangladesh, Costa de Marfil, República Democrática del Congo, China, Egipto, India, Indonesia, Jordania, Liberia, Malasia y Tailandia, para crear una base de datos de virus, con la intención de que, si uno llegara a infectar a los humanos, se pueda identificar más rápidamente. Otro de sus proyectos se dedica a estudiar los ecosistemas desde una perspectiva de manejo de flora y fauna silvestre, para evitar que los patógenos microbianos abandonen los bosques a través de huéspedes, como los humanos, lleguen a las urbanizaciones cercanas y eventualmente desencadenen la próxima pandemia.


La malaria, el Zika, el dengue, el chikungunya y la fiebre amarilla son enfermedades transmitidas por mosquitos, cuya incidencia, especialmente en regiones subtropicales, se ha relacionado con eventos de deforestación. Esto sucede porque las áreas recientemente deforestadas, con su combinación ideal de luz solar, agua y temperaturas cálidas, son el caldo de cultivo ideal para los mosquitos portadores de enfermedades. Esto, a su vez, pone en riesgo a las poblaciones cercanas. Por ejemplo, un estudio del 2009 detectó que la deforestación en el Amazonas peruano y las alteraciones ecológicas asociadas conducen a la presencia de larvas Anopheles darlingi -los huéspedes del patógeno que causa la malaria-, lo cual aumenta el riesgo de malaria para los habitantes de la región. En la isla de Borneo también se registró un aumento dramático en los casos de malaria tras la rápida deforestación para plantaciones de aceite de palma.   


Adicionalmente, el Instituto Internacional de Investigaciones Ganaderas (International Livestock Research Institute) reportó en 2012 que más de dos millones de personas en el mundo han muerto a causa de enfermedades zoonóticas, es decir, aquellas que son transmitidas de animales a humanos, como el SIDA, el Ébola y el Nipah.


Además, el Instituto Internacional de Investigación Pecuaria informó ya en 2012 que más de dos millones de personas en el mundo han muerto por enfermedades zoonóticas, aquellas que se transmiten de los animales a los humanos, como el sida, el ébola y el virus Nipah.


El VIH, por ejemplo, cruzó la barrera entre especies al pasar de los chimpancés a los humanos y la teoría más aceptada de cómo sucedió es que cazadores de carne de animales salvajes contrajeron el virus después de matar y comer carne de primates. En la actualidad, aproximadamente 38 millones de personas son portadoras del patógeno del VIH, que puede desencadenar el síndrome de inmunodeficiencia adquirida SIDA. El Ébola también pudo haberse introducido en la población humana por contacto estrecho con órganos, sangre y secreciones de animales infectados, como murciélagos frugívoros, chimpancés, gorilas, monos, antílopes o puercoespines. El virus de Nipah, que suele causar meningitis, se aisló por primera vez en Malasia en 1999 y se cree que se transmitió de murciélagos frugívoros a cerdos de granja, y posteriormente de cerdos a humanos.


En el caso del virus SARS-COV2, que causa la enfermedad COVID-19, los científicos aún no saben exactamente cómo infectó por primera vez a los humanos. Estudios apuntan a dos posibles teorías sobre su origen. Una es que el virus pasó de murciélagos a humanos a través de algún animal hospedero intermedio, ya que no hay casos documentados de transmisión directa murciélago-humano. La segunda teoría es que el virus podría haberse transmitido directamente a los humanos, residió entre ellos por un tiempo sin llamar la atención y, finalmente, evolucionó hacia su forma patógena actual, en la que continúa mutando. Según esta teoría, el coronavirus podría haberse transmitido de un pangolín a un humano.


Los ejemplos presentados buscan ilustrar cómo el surgimiento de enfermedades causadas por patógenos microbianos podría verse favorecida por la manera en que el ser humano trata a la naturaleza y los problemas medioambientales resultantes. Aunque esto sigue siendo controvertido en la comunidad científica, las investigaciones mencionadas apuntan a una conexión en ese sentido. El modelo extractivo y explotador de los recursos naturales, que incluye la urbanización, la deforestación, el desarrollo agrícola, la minería y el comercio de vida silvestre, se ven agravados con el cambio climático.

Imagen tomada de Salva las Selvas.


La solución no es simplemente mantener los ecosistemas intactos y sin humanos, ya que es imposible. Una respuesta a los crecientes problemas ambientales que nos afectan cada vez más es aprender y adoptar prácticas sostenibles aplicables a pequeña y gran escala. Es importante entender que existe una conexión inexorable entre la salud de los ecosistemas y la salud y bienestar humano. Todas las personas somos responsables de mantener un planeta saludable por nuestra sobrevivencia y la de todas las especies.

abril 2021

María Toledo-Garibaldi


María Toledo-Garibaldi es candidata al doctorado en silvicultura de la Universidad de Toronto. Durante más de diez años su trabajo de investigación se ha enfocado en ecología vegetal en diferentes tipos de vegetación de México, así como estudios ecológicos y de planeación del bosque urbano de la Ciudad de México. Por sus proyectos, María ha recibido diversos premios y reconocimientos, como el Doctoral Research Award por parte del International Center of Development Research (Canadá), Women for Climate de C40 Cities (Francia-México), así como financiamiento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y del Instituto Mexicano de Cinematografía (México). María Toledo ha trabajado como docente en universidades de México y de Canadá y cuenta con diversas publicaciones en revistas científicas y de divulgación de la ciencia, así como entrevistas en diversos medios de comunicación.  


Tomado de Revista Humboldt


miércoles, 22 de septiembre de 2021

En cuarentena Carlos Yusti, Viaja alrededor de su habitación

 


Imagen tomada de SEMA.



Confinamiento y oficio


Carlos Yusti 


jueves 15 de julio de 2021



POZZO.- Lo que yo me pregunto es qué puedo hacer para que el tiempo se les haga menos largo. Les he dado huesos, les he hablado de multitud de cosas, les he explicado el crepúsculo, de acuerdo. Pero veamos: ¿es esto suficiente…, eso es lo que me tortura…, es suficiente?

Samuel Beckett, Esperando a Godot


Llevo fatal esto de la cuarentena y he intentado algunos trucos para que el tiempo se acorte. Todo confinamiento es sólo la tarea de la espera y recordé a los desasistidos personajes de la pieza teatral Esperando a Godot, los cuales están a la expectativa y aguardan a que Godot aparezca, pero éste nunca lo hace. Durante la espera ventilan su soledad y sus silencios. Van como diseñando de alguna manera esa espera llena de ansiedad y soledad, con mucho de náusea existencial y extenuación.


Este confinamiento echa por tierra esa elevada idea, con mucho percudido romanticismo a cuestas, de que lo mejor para escribir es aislarse; hacer como hizo Montaigne que se enclaustró en su torre con sus libros y escribió esos espléndidos ensayos por los cuales hoy todavía es leído.


Michel de Montaigne.


Atrapado en esta claustrofobia beckettiana he decidido diseñar algunos particulares ritos de esta espera por cuarentena. Creo que la mejor manera de llevar el confinamiento es diseñarlo como si de una torre a lo Montaigne se tratara. Hacer del apartamento (o la casa) un parque de distracciones domésticos: reparar todo lo estropeado, regar las plantas, etc. Por supuesto para los ratos de ocio entrarían todas las películas y series necesarias; el paseo por la Internet es como ineludible y en este entretanto consigo una entrevista que le hizo Sánchez Dragó a Francisco Umbral, y ante la pregunta de si se considera un escritor autodidacta éste responde, cito de memoria, que en el fondo todos los escritores son un poco autodidactas, ya que a escribir no enseña nadie. No se hace uno escritor asistiendo a la universidad, o participando en algún taller literario. Se aprende a escribir en el trabajo persistente con las palabras; la lectura es importante, también es bueno tener cierta disposición a escuchar el voceo trasparente de la calle, pero lo imprescindible es sentarse a escribir.


Francisco Umbral.Imagen tomada de El Mundo.


Don Quijote, que era un gran lector, y que alucinaba con las novelas de caballería, como hoy muchos alucinan con las novelas al estilo Guerra de tronos, dice que varias veces se vio tentado a escribir.


Lo que me llevó a pensar en esas extrañas actividades (leer y escribir) en las que he sido un autodidacta montaraz y sin complejos e incluso, hasta cierto punto, algo engreído.


En mi caso esos objetos que denominan libros eran inexistentes en la casa y mis padres, aunque buenas personas, no eran lectores eruditos; eso sí, había revistas de toda índole y mamá era adicta al papel periódico ya que compraba todos los diarios; incluso un joven militante comunista del barrio le llevaba con puntualidad Tribuna Popular; del resto, en lo que a libros se refiere, todo era árido desierto.


Hacerse lector (o convertirse en escritor) en cada individuo (sea hombre o mujer) se realiza de manera inesperada y como por etapas. Pero lo que sí parece ser un axioma comprobado es que para leer es requisito pasar la frontera de la lectura; algunos lo hacen por los caminos verdes leyendo suplementos de comiquitas o esa literatura subalterna contenida en las novelas vaqueras y policiales. Otros, los más privilegiados, cruzan la frontera de la lectura con todos los papeles en regla y antes de llegar a la pubertad ya se han leído todos los clásicos. Por supuesto no todos los lectores se convierten en escritores. Don Quijote, que era un gran lector, y que alucinaba con las novelas de caballería, como hoy muchos alucinan con las novelas al estilo Guerra de tronos, dice que varias veces se vio tentado a escribir, pero otros asuntos que ocupaban sus pensamientos le impedían sentarse y ponerlo todo en papel.


Guy Montag personificado por Oskar Werner en un fotograma de la película Fahrenheit 451 de 1966. Imagen tomada de Medium.com.

Sin duda se lee (o se escribe) como una manera de zafarse del analfabetismo funcional que inunda las redes, de traspapelar la cotidianidad con la ficción y así esquivar el encierro enajenante de la realidad, como han enseñado algunos personajes de la literatura como Emma Bovary, que vive su propia novela romántica, como el Quijote que se arma caballero o como Guy Montag, el protagonista de Fahrenheit 451, que es un bombero cuya labor consiste en incinerar libros, quien de pronto comienza a cuestionar su irracional trabajo. También está ese ejemplo real de Xavier de Maistre (1763-1852), quien en 1790 se enfrentó a un duelo, quizás con un marido celoso. Salió sin un rasguño, pero no escapó a una pena abultada de prisión, revocada por un arresto domiciliario tomando en cuenta su origen distinguido. Estuvo 42 días confinado en su propio apartamento. Años después de este incidente escribió el libro Viaje alrededor de mi habitación, una travesía inmóvil llena de ingenio, ironía y reflexión filosófica. Era un viaje interior hacia la memoria, hacia esa enorme satisfacción de no hacer nada.


Xavier de Maistre


Escribir tiene dos componentes que parecen repetirse: el aislamiento y la comunión. El escritor necesita su cuota de soledad respectiva para encontrarse con sus demonios particulares, con los adminículos de la imaginación y con el ruido de las palabras a las que es necesario pulir con obsesiva obstinación hasta sacarles ese brillo inconfundible de la música.


La soledad es como esa torre de Montaigne, pero invertida (de la que escribe Borges en un poema: “Vienen del patio donde el aljibe es una torre inversa entre dos cielos”), como ese profundo agujero sin escapatoria, o como lo escribió Marguerite Duras: “Hallarse en un agujero, en el fondo de un agujero, en una soledad casi total, y descubrir que sólo la escritura te salvará. No tener ningún argumento para el libro, ninguna idea del libro, es encontrarse, volver a encontrarse, delante de un libro. Una inmensidad vacía. Un libro posible. Delante de nada. Delante de algo así como una escritura viva y desnuda, como terrible, terrible de superar. Creo que la persona que escribe no tiene idea respecto al libro, que tiene las manos vacías, la cabeza vacía, y que, de esa aventura del libro, sólo conoce la escritura seca y desnuda, sin futuro, sin eco, lejana, con sus reglas de oro, elementales: la ortografía, el sentido”.


Marguerite Duras. Imagen tomada de Pinterest.


El escritor requiere, luego de largas jornadas con las palabras, salir a la calle; entrar al bar (o al café) para reunirse con otros escritores, con otros hambrientos de libros y lecturas para compartir desde ese nexo exclusivo que la literatura crea. Mientras los demás se desgastan en duras jornadas de trabajo, el escritor está allí en el café derrochando tiempo, convirtiendo todo en un efímero y ramificado relato oral.



La literatura escrita (o leída) puede salvar a cualquiera del confinamiento forzado que se efectúa sobre muchos individuos por razones de Estado.


Anthony Burgess. Imagen tomada de Revista Yume.


Algo de vagancia tiene este “oficio” de escribir. Anthony Burgess escribió que su aspiración era ser músico y pasaba muchas horas frente al papel pautado para escribir apenas cinco minutos de música. Por supuesto su música no interesaba para nada, pero sus narraciones de escritor principiante, en las que apenas invertía menos de una hora, se las pagaban bastante bien. Burgess escribe: “La literatura de ficción hubiera podido seguir siendo sólo un hobby el resto de mi vida de no haberme encontrado un día desahuciado por la medicina a causa de un tumor cerebral, y en la necesidad de ganarme el pan durante el año que me quedaba de vida. Pero seguí viviendo, y la literatura era entonces, igual que sigue siéndolo ahora, el único trabajo que podía encontrar. Me considero un parado más que recurre a la literatura para poder vivir”.

Susan Sontag.Imagen tomada de Infobae.


La literatura escrita (o leída) puede salvar a cualquiera del confinamiento forzado que se efectúa sobre muchos individuos por razones de Estado. Escribió Susan Sontag que el editor Fritz Arnold le contó que sus años en prisión se hicieron soportables debido a que se le permitió leer libros. Por su parte Sontag le confesaba que la lectura le había salvado cuando era apenas una colegiala en Arizona. Sontag se sentía atrapada en una realidad grotesca, o como ella escribe: “La disponibilidad de la literatura, de la literatura mundial, permitía escapar de la prisión de la vanidad nacional, del filisteísmo, del provincianismo forzoso, de la inanidad educativa, de los destinos imperfectos y de la mala suerte. La literatura era el pasaporte de entrada a una vida más amplia; es decir, a un territorio libre. La literatura era la libertad. Y sobre todo en una época en que los valores de la lectura y la introspección se cuestionan con tenacidad, la literatura es la libertad”.

Roberto Bolaño. Imagen tomada de Archivo Bolaño 


Quizás se escribe para evadirse de esas cárceles imaginarias (o reales) que la realidad impone. Sin duda Burgess se decidió escritor debido a un tumor que lo había encerrado en la mazmorra del miedo. Otro ejemplo, con todo el dramatismo del caso, fue el de Roberto Bolaño, que escribió como un desesperado en un intento de ganarle tiempo a la muerte. Se lee y se escribe para huir, pero también para tener una lectura distinta y más elaborada/subrayada de la realidad.

Claudio Magris. Imagen tomada de Americanuestra.com

Estamos realizando el viaje más inesperado alrededor de nuestra habitación y quizás sea esa nuestra odisea sin Ítaca, como escribió Claudio Magris. Viajando sin hacer nada… a la espera, sólo esperando.


Imagen tomada de La Vanguardia.



Tomada de Letralia.



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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.

Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia