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martes, 27 de septiembre de 2022

A 118 años del nacimiento de Mario Briceño Iragorry

 


Crónicas del Olvido


A 118 años del nacimiento de Mario Briceño Iragorry


“NO HAY ABISMO, HAY CAMINOS”

Alberto Hernández


1

¡Cuánta Venezuela latió en la incertidumbre de aquel hombre que pasó por muchos esteros, avatares y pruebas que hoy aparecen en medio de tantas espinas! ¡Cuánto país olvidado se reveló en las páginas de una obra que sigue siendo ardor en quienes recurren a ellas para encontrarse con los mismos acentos extraviados, los amagos verbales y hasta las heridas incurables que hoy son llagas dolorosas! ¡Cuántos momentos para no olvidar a quien hizo mapa y patria a través del insomnio, la cárcel, el exilio y la responsabilidad al frente de algunos cargos burocráticos!

Mario Briceño Iragorry encarnó aquel país que hoy es un ladrido silencioso provocado por cierta jauría irrelevante. Este humanista e intelectual, nacido en Trujillo el 15 de septiembre de 1897, emerge de su silencio en boca de alguien que ha decretado otra muerte, la que le asigna la intemporalidad de la ignorancia, la bravuconada de una apuesta falsa. A 118 años de su nacimiento, Mario Briceño Iragorry retorna al mapa vivo de esta Venezuela irredenta, rebelde y enloquecida por la fiebre histórica de saberse dolor ajeno, levantisco, oscuro, sembrado en la imaginación de la retórica, en la quebradiza pronunciación de alguien que jamás ha leído una de sus brillantes páginas.

¡Cuánta Venezuela, entonces, será necesario recorrer y vivir para que el absurdo no nos siga carcomiendo el alma, no nos siga alterando el destino, el mensaje que no termina de llegar desde lo más profundo de la racionalidad!

Briceño Iragorry dejó sembrada una semilla. No ha germinado en algunos de sus coterráneos. El país, el que entra y sale de ciertos asombros, sabe que MBI es un temblor en nuestra historia, un aparte como también lo es Mariano Picón Salas.

2

A 118 años de su nacimiento, el nombre de Mario Briceño Iragorry se revuelca en su tumba, sobre todo en la tumba que los venezolanos llevamos en la sangre. En la migraña de un decreto regional que intentó borrarlo de su terrón por “traidor a la patria”. De modo que estamos frente a una de las calumnias más horrendas que se hayan enunciado en nuestro país. Mario Briceño Iragorry fue un hombre que pasó por muchos caminos tortuosos, como le ocurrió, por ejemplo, a Ramos Sucre, a Rómulo Gallegos, a Teresa Carreño, a Pedro Emilio Coll, a tantos otros que vivieron, trabajaron o sufrieron el ritmo circadiano de la política criolla. MBI ejerció la burocracia como muchos que dejaron páginas brillantes para regocijo de quienes hoy somos sus herederos.

Allá en Trujillo, donde un muy reducido grupo la tomó con su memoria y obra, el nombre de Mario Briceño Iragorry continuará siendo factor de discusión para bien, para seguir haciendo país, nacionalidad y orgullo.

3

Algunas obras de Briceño Iragorry lo revelan como uno de los intelectuales más preclaros del país. Así, “Lecturas venezolanas”, páginas que —como afirma José Nucete Sardi— contienen una “colección de páginas literarias de escritores nacionales, antiguos y modernos”. “El caballo de Ledesma”, que avanza en la historia para contarnos la de un Quijote americanizado que hace frente a los piratas que atacaron Caracas. Oviedo y Baños lo escribe así al comienzo de la obra del trujillano: “Sólo Alonso Andrea de Ledesma, aunque de edad crecida, teniendo a menoscabo de su reputación el volver la espalda al enemigo sin hacer demostración de su valor, aconsejado, más de la temeridad que del esfuerzo, montó a caballo, y con su lanza y adarga salió a encontrar al corsario, que marchando con las banderas tendidas, iba avanzando la ciudad, y aunque aficionado el Draque a la bizarría de aquella acción tan honrosa dio orden expreso a sus soldados para que no lo matasen...”.

La historia, por demás fascinante, se hace en la prosa de MBI un espacio donde palpitan las acciones de un anciano que salió solo a defender un país. Una lección que merece ser estudiada para salirle al paso a tanto estrafalario.

4

En “Casa León y su tiempo” nos encontramos con el verdadero camaleón de la política. Un sujeto que cambiaba de traje de acuerdo con las circunstancias. Pues bien, Mario Briceño Iragorry lo desnudó, lo dejó a merced de su propia ambición, de sus intereses oscuros, de sus traiciones y perversiones. Se trata entonces de un personaje que vive en el diario devenir de la historia de este país.

Tres, sólo para mencionar tres obras, abrevan en la memoria de este país engullido por la miseria intelectual, por la arrogancia política, por la avilantez de quienes no miden la boca para ensordecer la atmósfera social e histórica de un mapa aturdido por tanto sismo verbal.

Mario Briceño Iragorry pertenece a los inmortales. Por allí anda, solitario pero fortalecido por la acritud de quienes jamás han sabido ser aceptados por el mundo de la cultura.

Alguien sufre de pesadillas en estos años.

5

Una vez el maestro dijo: “No hay abismos, hay caminos”, y así quedó escrito. En 1991, incorrupto su cuerpo luego de cincuenta años de su muerte, fue exhumado y cortado para extraer su corazón. Ese evento describe muy bien una de las tantas muertes de este hombre, como lo ha dicho Miguel Ángel Campos. Sumemos la del insulto, el de algunos enfermos y trasnochados de Trujillo, para enviarlo a la eternidad donde aún palpita su corazón.


Enlaces relacionados:

Mario Briceño Iragorry: 1952 Y LA USURPACIÖN DEL VOTO POPULAR



*******


Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 


sábado, 16 de abril de 2022

Mario Briceño Iragorry: 2024 Y LA USURPACIÓN DEL VOTO POPULAR






Crónicas del Olvido

Mario Briceño Iragorry:

“1952: USURPADO EL VOTO POPULAR”

**Alberto Hernández**

1.-

Nada nuevo bajo el sol. El 30 de noviembre de 1952, “fecha en que la incipiente democracia venezolana sufre un duro revés que la marcará en su renacimiento e historia”, como afirma Francisco Salazar en el opúsculo al texto que Mario Briceño Iragorry tituló “1952: Usurpado el voto popular”, se refleja en la fecha que aturde a un país en manos de la degeneración política más peligrosa de Venezuela, esta de hoy, esta del siglo XXI.

En efecto, “ese día de 1952, la regencia del país, ejercida por una Junta Militar presidida por el entonces Coronel Marcos Pérez Jiménez, convoca a elecciones a la Presidencia de la República”, como redacta Salazar, quien más adelante dice que “Los aspirantes son, además de Pérez Jiménez, el candidato de URD, Dr. Jóvito Villalba, y de COPEi, Dr. Rafael Caldera”.

El relato señala que Villalba ganó las elecciones por un margen muy grande, pero las Fuerzas Armadas se pusieron al lado del gobierno y su abanderado castrense y le dieron un duro golpe a las aspiraciones libertarias de los venezolanos de aquellos días.

2.-

Don Mario, en su excelente narrativa, ahonda en el asunto y cuenta, con la anuencia de un epígrafe de Esquilo (“Prometeo Encadenado”) que dibuja aquel episodio y que lo calca en estos ratos que nos han tocado vivir:

“Implora, adula, adora siempre al que manda. En cuanto a mí nada se me da de Zeus y aun menos que nada. Que obre y reine a su gusto mientras dure esta corta tregua, que no tardará en dejar de ser el dueño de los dioses”.

Esquilo, su visión política desde el drama.

Y Venezuela, aquella Venezuela, que al parecer no ha cambiado nada, se ahoga en esas palabras del griego. Se asfixia en la conducta de quienes se creen dueños del país, aquel Pérez Jiménez, este Chávez muerto que reencarna en Maduro como hijo putativo.

Ese “Sentido y vigencia del 30 de noviembre”, como subtitula Mario Briceño Iragorry, es la otra vértebra histórica de este país que no termina de madurar.

En su ensayo Briceño Iragorry precisa que la respuesta del régimen fue comprar la conciencia de todo el país, toda vez que “Por las poblaciones del interior fueron lanzadas verdaderas jaurías vestidas de piel de oveja. Su misión era enrolar al pueblo trabajador, a la clase media, a los empleados públicos en las listas de futuros votantes gubernamentales. Las autoridades estatales, bajo la dirección del ministro del Interior, suministraban dinero, divisas y carnets. Entre los célebres telegramas cuyas copias fueron publicadas de furto por AD, figura el de un gobernador que solicitaba cien mil bolívares para poder intensificar las inscripciones. A las clases pobres se dio dinero, abrigos, leche en polvo, planchas de zinc para el techo de sus casas, y el pueblo cazurramente aceptaba la dádiva y ofrecía voto”. Por supuesto, los más comprometidos con el régimen militar recibían los mejores regalos. Créditos agrícolas, construcciones y mejoras de viviendas para los bien enchufados, como ocurre hoy, y muchas compensaciones más.

Algún parecido con la conducta actual del chavismo-madurismo no es pura casualidad. Son de la misma estirpe.

3.-

Continúa don Mario Briceño su relato:

“Para facilitar el fraude, el Consejo Supremo Electoral mejoró el Diccionario de la Lengua Castellana y admitió que un cartón circular puede ser llamado tarjeta. Así era más fácil convencer al pueblo de que votara por la tarjeta redonda, única de esa forma entre todos los cartones electorales”.

La mágica fórmula del régimen se acerca a la muy mágica de este CNE donde son las máquinas quienes deciden nuestro futuro. Máquinas que son manipuladas por cerebros ya denunciados en el mundo como tramposos.

“Antes de la medianoche del 30 ya se conocía el resultado de las elecciones. El sistema de escrutinio era fácil y la población había acudido a numerosas salas. A las meras 6 pm ya las mesas electorales estaban contando votos y levantando actas. El 1 de diciembre Venezuela amanecía como el hombre de pueblo que viste ropa limpia para la alegría dominguera. URD había triunfado en 17 Estados, en el Distrito Federal y en un territorio. Con 67 escaños en la Asamblea Constituyente superaba los votos de mayoría.

Pero al mismo tiempo se rumoreaba que las fuerzas armadas apoyarían al gobierno en su intento de no reconocer el triunfo del pueblo. Se supo que la tesis de los nuevos golpistas se afincaba sobre los votos emitidos por los miembros de Acción Democrática y del Partido Comunista”.

Es decir, no hay nada nuevo. Hoy, con un montón de años encima, la república, la que ellos maltratan en minúsculas, sufre el mismo golpe. Venezuela ha sido nuevamente víctima de quienes con trampas y abusos continúan mandando en Miraflores. 1952 es 2018 con el añadido de que estos perversos de hoy usan la dictadura para quebrarle el espinazo a la economía y hacerse de la voluntad popular a través del hambre.

4.-

El historiador que es Mario Briceño Iragorry continúa abriendo senderos. Nos dice:

Producido el 2 de diciembre el nuevo golpe de Estado de las Fuerzas Armadas –ahora no contra el Ejecutivo, sino directamente contra el pueblo-, Vicente Grisanti y nueve más de los miembros que integraban el Consejo Supremo Electoral, se negaron, en acto de alta dignidad cívica, a respaldar con su presencia el monstruoso atentado”.

La dignidad cívica hoy es barro de chiquero en el CNE.

Por supuesto, no se hizo esperar la represión, la persecución contra los que se opusieron a la barbarie del régimen de Pérez Jiménez. Pero también la dictadura envió a sus esbirros a cambiar actas que, como precisa Briceño Iragorry, fue “una cesárea “post-mortem” para dar vida a un feto ya difunto”.

Más adelante denunció el historiador:

“Algunos hombres débiles se prestaron a ello; otros en cambio, resistieron y fueron perseguidos y encarcelados. Encarcelados y perseguidos fueron también los diputados electos”. Es decir, el calco no se puede negar: lo de hoy es la receta de los tradicionales golpes de Estado latinoamericanos. Un grupete de delincuentes se apropia de un país y lo desmantela, como es el caso de éste que hunde cada día más las manos en las riquezas nacionales.

Pérez Jiménez llamó a “diálogo” a los “derrotados”, pero estos no se prestaron a ser parte de un juego criminal. Don Mario sigue aclarando el panorama a quienes desconocen la historia de esta tierra que ha caído en manos de civiles y militares que han violentado los derechos fundamentales.

“El 15 de diciembre la Directiva de URD fue invitada a celebrar una conferencia con el ministro de Relaciones Interiores del régimen. Después de haber conversado sin llegar a la deseada aceptación del fraude, Jóvito Villalba, Humberto Bártoli, Luis Hernández Solís, Raúl Díaz Legórburu, Ramón Tenorio Sifontes, Víctor Rafalli y J.A. Medina Sánchez fueron secuestrados en las propias puertas del gabinete ministerial por oficiales de la Guardia Nacional y embarcados esa misma noche rumbo a Panamá, sin equipaje, sin dinero, sin papeles, sin aviso alguno a sus amigos y deudos”.

Si no les parece algo similar a lo que ahora acontece, entonces estamos ciegos, con la única diferencia -en descargo de Pérez Jiménez,- que el dictador de marras sacó a los mencionados políticos del país en lugar de encerrarlos en alguna picota como el Helicoide que él dejó como elefante blanco y ahora es una mazmorra usada por los rojos para silenciar a sus adversarios.

Venezuela no se sigue llamando como antes. Ese apellido que le puso Chávez mancilla el apellido de aquél que un día se llamó Libertador y ahora es un dibujo mal elaborado por el gusto de un sujeto a quien nadie reconoce como jefe de Estado.



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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 





viernes, 24 de julio de 2020

EL MENSAJE SIN DESTINO DE MARIO BRICEÑO-IRAGORRY.





“MENSAJE SIN DESTINO”, DE MARIO BRICEÑO-IRAGORRY

**Alberto Hernández**

“Siempre he creído necesario contemplar los problemas del país a través de otros ojos, y en consecuencia, no me guío únicamente por lo que miran los míos. A los demás pido prestada su luz; y el juicio de mis ojos, así sea opaco ante los otros, lo expongo al examen de quienes se sientan animados a una común inquietud patriótica”.


1.-
¿Hacia qué destino se dirige el país? ¿Cuál sería el mensaje para su perdurabilidad? ¿Con qué recursos morales, intelectuales, culturales, políticos o sociales podría moverse hacia el lado donde habitan la buena educación, la paz, el progreso económico, la solidaridad? ¿Quién podría en los próximos meses encontrar el mensaje y el destino para sacudirnos el pelaje de la transgresión, el crimen, el latrocinio y la vulgaridad de un régimen que viola todas las normas?
Esas preguntas caben aún en las páginas que nuestro autor dejó escritas. El pensamiento político venezolano ha estado bien representado en ensayistas, académicos y estudiosos de nuestras comunes tragedias, entre ellos Mario Briceño-Iragorry a través del volumen “Mensaje sin destino”, libro que ha contado con varias ediciones, la primera en 1951 con el título “Mensaje sin destino. Ensayo sobre nuestra crisis de pueblo”.

La definición de pueblo hoy es una ambigüedad. Ha sido usada para hacer y deshacer, pero sobre todo para destruir la verdadera concepción del término “pueblo”, razón por la cual hoy es necesario optar por el de ciudadano. No porque el primero nos parezca odioso sino porque ha sido muy manoseado, lo cual lo hace inútil a esta altura de los distintos abusos que comete el poder con ese pueblo que “vota” por él y es convertido en esclavo, en mendigo, como es el caso de la Venezuela de estas horas aciagas.

2.-

Volver a nuestros clásicos es una necesidad. Volver a don Mario Briceño-Iragorry se torna imperioso, porque a través de sus líneas podremos ver más claramente lo que nos pasa hoy. Su estudio, precisamente, se afinca en ese término: “Pueblo”.

En tal sentido, nuestro ensayista advierte que el pueblo venezolano no tiene conciencia histórica, y por tanto no es un “pueblo histórico”.

Para el caso, más que el “pueblo político” (en sí bastante informe), nos interesa el pueblo en función histórica”. Y justamente no somos “pueblo” en estricta categoría política, por cuanto carecemos del común denominador histórico que nos dé densidad y continuidad de contenido espiritual, del mismo modo que poseemos continuidad y unidad de contenido en el orden de la horizontalidad geográfica”.

En conclusión, Briceño-Iragorry califica al conglomerado social de “pueblo antihistórico”. Afirma el autor que el venezolano no ha alcanzado a asimilar “su propia historia en forma tal que pueda hablarse de vivencias nacionales, uniformes y creadoras…”

El estudio de Mario Briceño insiste en esta manera de concebir a quienes forman parte del hábitat de este mapa que se ha agitado en medio de convulsiones que lo han llevado, no sólo a perder espacio, sino a ser maltratado por fuerzas internas y externas, como está ocurriendo hoy en pleno siglo XXI.

Hace una crítica a los historiadores porque “en la mayoría de los trabajos de historia nacional se ha dado , con marcadas excepciones, notoria preferencia a una historia de tipo litúrgico y de criterio ´calvinista´”. Es decir, una visión demasiado rígida y apegada a los cánones de costumbres ajenas a nuestra formación histórica.
3.-

Un planteamiento de nuestro autor se centra en el militarismo, vieja herencia que tiene sus raíces en la misma Independencia, donde se forjaron los héroes uniformados. 
“La historia bélica, que hasta hoy ha tenido preferencia en la didaxia, ha sido para el pueblo venezolano como punto de interés permanente, donde ha educado el respeto y la sumisión hacia los hombres de presa”.

Los hombres de presa” son los militares acostumbrados a repeler, recibir órdenes, meter la barriga y sacar el pecho, y llenarse de medallas de adorno. Y se afinca el ensayista: “Porque nuestra historia no ha sido los anales de grupos que formaron las sucesivas generaciones, sino la historia luminosa o falsamente iluminada, de cabecillas que guiaron las masas aguerridas, ora para libertad, ora para el despotismo”. Nos toca en estos días la del despotismo, el abuso, el disparo a mansalva, la burla, el relincho de falsos periodistas, la mofa del poder hacia los desvalidos, la muerte por hambre, enfermedades y persecución. 

Briceño-Iragorry afirma que los historiadores no han hecho bien su trabajo. Y habla de los de su época, quienes se han centrado más que todo en el áurea romántica de los eventos que les ha tocado registrar.

Lamentablemente andamos lejos de gozar la recia posición constructivista que nos ponga en posesión de aquellos instrumentos de educación cívica. Se rinde “culto” a los hombres que forjaron la nacionalidad independiente, pero un culto que se da la mano con lo sentimental más que con los reflexivo”. Y aún ocurre en el estamento político: Bolívar y Manuelita Sáenz, Negro Primero y el permiso a Páez para morir en plena batalla de Carabobo. La versión dionisíaca, cursi, si se quiere, de los libertadores. Semidioses que han salido de una “historia” sesgada, sensiblera, “bolivarianamente” idiota. Por eso aconseja “formar una teoría ejemplar de lo bolivariano”.

Negro Primero. Por Pedro Centeno Vallenilla.

Habla nuestro autor de la “liturgia de las efemérides”, de que “Hemos dado prioridad a la parte teatral de las circunstancias” y de la historia como una “hipérbole histérica”. Por todo eso, responsabilidad a las deficiencias de nuestra educación.

4.-

Para no abundar más, dejo a los lectores las siguientes ideas de don Mario Briceño-Iragorry:

“En Historia, lejos de existir acontecimientos que pudieran catalogarse como pasmos o silencios en el devenir social, existen metástasis que explican la presencia de procesos que sufrieron retardo en su evolución natural. En Historia no hay cesura. Su ley es la continuidad”.

Razón por la que “nuestro país es la simple superposición cronológica de procesos tribales”, que sólo han sustituido “un fracaso por otro fracaso”.

Queda a los lectores continuar revisando estas páginas para que esa continuidad no sea rota por la desmemoria, y que logre al fin el destino del mensaje enviado.


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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 

domingo, 27 de mayo de 2018

Mario Briceño Iragorry: “NO HAY ABISMOS, HAY CAMINOS”


Mario Briceño Iragorry



Crónicas del Olvido


“NO HAY ABISMOS, HAY CAMINOS”


Alberto Hernández

1.-

¡Cuánta Venezuela latió en la incertidumbre de aquel hombre que pasó por muchos esteros, avatares y pruebas que hoy aparecen en medio de tantas espinas¡ ¡Cuánto país olvidado se reveló en las páginas de una obra que sigue siendo ardor en quienes recurren a ellas para encontrarse con los mismos acentos extraviados, los amagos verbales y hasta las heridas incurables que hoy son llagas dolorosas¡ ¡Cuántos momentos para no olvidar a quien hizo mapa y patria a través del insomnio, la cárcel, el exilio y la responsabilidad al frente de algunos cargos burocráticos¡
Mario Briceño Iragorry encarnó aquel país que hoy es un ladrido silencioso provocado por cierta jauría irrelevante. Este humanista e intelectual, nacido en Trujillo el 15 de septiembre de 1897, emerge de su silencio en boca de alguien que ha decretado otra muerte, la que le asigna la intemporalidad de la ignorancia, la bravuconada de una apuesta falsa. A muchos años de su nacimiento, Mario Briceño Iragorry retorna al mapa vivo de esta Venezuela irredente, rebelde y enloquecida por la fiebre histórica de saberse dolor ajeno, levantisco, oscuro, sembrado en la imaginación de la retórica, en la quebradiza pronunciación de alguien que jamás ha leído una de sus brillantes páginas. 

¡Cuánta Venezuela, entonces, será necesario recorrer y vivir para que el absurdo no nos siga carcomiendo el alma, no nos siga alterando el destino, el mensaje que no termina de llegar desde lo más profundo de la racionalidad¡

Briceño Iragorry dejó sembrada una semilla. No ha germinado en algunos de sus coterráneos. El país, el que entra y sale de ciertos asombros, sabe que MBI es un temblor en nuestra historia, un aparte como también lo es Mariano Picón Salas.

Mariano Picón Salas.
2.-

Hoy, el nombre de Mario Briceño Iragorry se revuelca en su tumba, sobre todo en la tumba que los venezolanos llevamos en la sangre. En la migraña de un pasado decreto regional que intentaba borrarlo de su terrón por “traidor a la patria”. De modo que estamos frente a una de las calumnias más horrendas que se hayan enunciado en nuestro país. Mario Briceño Iragorry fue un hombre que pasó por muchos caminos tortuosos, como le ocurrió, por ejemplo, a Ramos Sucre, a Rómulo Gallegos, a Teresa Carreño, a Pedro Emilio Coll, a tantos otros que vivieron, trabajaron o sufrieron el ritmo circadiano de la política criolla. MBI ejerció la burocracia como muchos que dejaron páginas brillantes para regocijo de quienes hoy somos sus herederos.

Allá en Trujillo, donde un muy reducido grupo la tomó contra su memoria y obra, el nombre de Mario Briceño Iragorry continuará siendo factor de discusión para bien, para seguir haciendo país, nacionalidad y orgullo.




3.-
Algunas obras de Briceño Iragorry lo revelan como uno de los intelectuales más preclaros del país. Así, Lecturas Venezolanas, páginas que –como afirma José Nucete Sardi- contienen una “colección de páginas literarias de escritores nacionales, antiguos y modernos”. El caballo de Ledesma que avanza en la historia para contarnos la de un Quijote americanizado que hace frente a los piratas que atacaron Caracas. Oviedo y Baños lo escribe así al comienzo de la obra del trujillano: “Sólo Alonso Andrea de Ledesma, aunque de edad crecida, teniendo a menoscabo de su reputación el volver la espalda al enemigo sin hacer demostración de su valor, aconsejado, más de la temeridad que del esfuerzo, montó a caballo, y con su lanza, y adarga salió a encontrar al corsario, que marchando con las vanderas tendidas, iba avanzando la ciudad, y aunque aficionado el Draque a la bizarría de aquella acción tan honrosa dio orden expreso a sus soldados para que no lo matasen…”.

La historia, por demás fascinante, se hace en la prosa de MBI un espacio donde palpitan las acciones de un anciano que salió solo a defender un país. Una lección que merece ser estudiada para salirle al paso a tanto estrafalario.


4.-
En Casa León y su tiempo nos encontramos con el verdadero camaleón de la política. Un sujeto que cambiaba de traje de acuerdo con las circunstancias. Pues bien, Mario Briceño Iragorry lo desnudó, lo dejó a merced de su propia ambición, de sus intereses oscuras, de sus traiciones y perversiones. Se trata entonces de un personaje que vive en el diario devenir de la historia de este país.
Tres, sólo para mencionar tres obras, abrevan en la memoria de este terruño engullido por la miseria intelectual, por la arrogancia política, por la avilantez de quienes no miden la boca para ensordecer la atmósfera social e histórica de un mapa aturdido por tanto sismo verbal.
Mario Briceño Iragorry pertenece a los inmortales. Por allí anda, solitario pero fortalecido por la acritud de quienes jamás han sabido ser aceptados por el mundo de la cultura.
Alguien sufre de pesadillas en estos días.



5.-
Una vez el maestro dijo: “No hay abismos, hay caminos”, y así quedó escrito. En 1991, incorrupto su cuerpo luego de 50 años de su muerte, fue exhumado y cortado para extraer su corazón. Ese evento describe muy bien una de las tantas muertes de este hombre, como lo ha dicho Miguel Ángel Campos. Sumemos la del insulto, el de hace unos años en Trujillo, para enviarlo a la eternidad donde aún palpita su corazón


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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

En Venezuela ha publicado sus trabajos en la Revista Nacional de Cultura, Imagen, Solar, Poda, et al. Miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo. Integrante de “Crear en Salamanca”, página digital de la ciudad castellana. Igualmente, en Cervantesmileshighcity de la ciudad de Denver, Estados Unidos. Y en diferentes blog nacionales e internacionales.

Ha publicado ensayos y textos poéticos en las revistas Turia de España, Arcos de la Frontera, Piedra de molino, España,  en Il foglio volante de Italia, ; ,  entre otras.

Ha participado como conferencista o lector de su obra en varias ediciones de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (FILUC), en Venezuela.


En 2018 fue reconocido en la XVII Edición del Premio Anual Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana por su novela “El nervio poético”.



Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Stravagnza (Italia 2012), 70 poemas burgueses (Caracas 2014), Ropaje (Cancún, México. 2012), Los ejercicios de la ofensa (Estados Unidos. 2010)
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