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lunes, 2 de mayo de 2022

Novalis: La voz del poeta tiene un poder mágico; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos.


Novalis (1799), retrato de Franz Gareis.



Novalis: EN LA POESÍA TODO ES INTERIOR


“En la poesía todo es interior: así como los otros artistas llenan nuestros sentidos exteriores con sensaciones agradables, el poeta llena el santuario interior de nuestro espíritu con pensamientos nuevos, maravillosos y placenteros. Cuando un poeta canta estamos en sus manos: él es el que sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos. Tiene una visión directa de la naturaleza de todos los acontecimientos y de todas las realidades, es capaz de observarlas en sus vivas y múltiples relaciones, y de compararlas con los demás objetos como si fueran figuras pintadas en un cuadro”.

* * * * * *

Enrique tenía entonces veinte años. Nunca había salido más allá de los alrededores de su ciudad natal, y no conocía el mundo sino por lo que había oído decir de él. Bien pocos libros habían caído en sus manos. En aquella ciudad, residencia del Landgrave, se llevaba una vida sencilla y tranquila, según las costumbres de aquella época.


Si es cierto que sólo una sabia distribución distribución de luces, colores y sombras es capaz de mostrarnos la escondida maravilla del mundo visible, y parece darnos una visión nueva y más alta de todo, no hay duda de que esta hábil distribución y esta sabia economía se encontraban por doquier en aquellos tiempos. Sin embargo, hoy en día la superior comodidad de que gozamos nos ofrece la imagen uniforme y sin matices de un mundo habitual y cotidiano.

En todas las transiciones, como si fueran una especie de reinos intermedios, diríase que hay una fuerza espiritual y superior que quiere salir a la luz; y del mismo modo como en el mundo en que vivimos los parajes más ricos en tesoros subterráneos y celestes se encuentran entre las grandes montañas, fragosas e inhóspitas, y las inmensas llanuras, asimismo entre los ásperos tiempos de la barbarie y las edades ricas en arte, en ciencia y en bienestar se encuentra la época romántica, llena de sabiduría, una época que bajo un sencillo ropaje encubre una figura excelsa.

¿A quién no le gusta pasear a la hora del crepúsculo, entre dos luces, cuando el día y la noche se encuentran y se rompen en mil sombras y colores? Hundámonos, pues, en los años en que vivió Enrique, cuando, pletórico de emoción, salía al encuentro de nuevos acontecimientos.

El muchacho se despidió de sus compañeros y de su maestro, el anciano y sabio capellán de palacio, que conocía muy bien las grandes cualidades de su discípulo y que, encomendándolo al cielo en sus pensamientos, le dijo adiós con gran emoción.

Enrique se separaba con tristeza de su padre y de su ciudad natal. Ahora es cuando sabía lo que era separarse de lo que uno ama. [...] Es inmensa la tristeza que se apodera de un joven en esta primera experiencia de lo pasajero de las cosas de este mundo; antes de llegar a este momento de la vida todo parece necesario, imprescindible, firmemente enraizado en lo más profundo de nuestro ser, e inmutable como él. La primera separación es el anuncio de la muerte: de su imagen ya no podrá olvidarse más el hombre [...].

Sus compañeros, que iban al principio callados, lo mismo que él, como si a todos les poseyeran sentimientos e impresiones semejantes, empezaron poco a poco a despertarse y a amenizar el viaje con toda clase de comentarios y narraciones.

-Hacéis muy bien en llevar a vuestro hijo allí -decían a su madre. Las costumbres de vuestro país son más dulces y agradables. La gente sabe preocuparse por lo útil sin menospreciar lo placentero. Cada cual busca el modo de satisfacer sus necesidades con una limpia alegría y respetando a los demás. El mercader se encuentra a gusto en Suabia; la gente le respeta. Las artes y los oficios prosperan y se ennoblecen allí; al que no es perezoso le parece ligero el trabajo: tantas y tan varias son las comodidades que éste le procura; y aunque esta ocupación pueda ser monótona y pesada, le asegura al hombre el goce de una gran variedad de frutos provenientes de múltiples y agradables actividades.

El dinero, el trabajo y los productos del trabajo se incrementan mutuamente, se expanden en seguida por el país y hacen florecer sus pueblos y ciudades. Y del mismo modo como las horas del día se emplean para el trabajo, las de la noche se dedican sólo a los hermosos placeres de las artes y la conversación. El espíritu del hombre busca descanso y variación, y en qué sitio puede encontrarlos de un modo más noble y más bello que en el libre juego y en las obras de una facultad tan elevada como es su espíritu creador.


-Aunque no queráis seguir el oficio de vuestro padre -prosiguieron los mercaderes- y prefiráis dedicaros, según nos han dicho, al estudio, no es preciso por ello que entréis en religión y renunciéis a los más bellos placeres de esta vida. Bastante mal es ya que las ciencias y el consejo de los príncipes estén en manos de una clase tan apartada de la vida común y con tan poco experiencia de las cosas como son los clérigos. En la soledad en que viven, sin tomar parte en los negocios del mundo, es forzoso que sus pensamientos adquieran un dejo de esterilidad y que no puedan atender a las cosas de esta vida. Hombres sabios y prudentes también los encontraréis en Suabia entre los laicos; podréis escoger la rama del saber humano que más os plazca: no os han de faltar los mejores maestros y consejeros.

Enrique, que al oír esto se había acordado de su amigo el capellán de palacio, dijo al cabo de un rato:

-Aunque yo, con toda mi inexperiencia de las cosas del mundo no os pueda contradecir en lo que decís sobre la incapacidad de los clérigos para juzgar y dirigir los asuntos terrenos, permitidme que os recuerde a nuestro excelente capellán de palacio, que sin duda es un ejemplo de hombre sabio y de maestro cuyas enseñanzas y consejos yo nunca podré olvidar.

-Respetamos de todo corazón a este hombre tan bueno -contestaron los mercaderes-; sin embargo, sólo estamos de acuerdo en lo que decís sobre su sabiduría, si por sabiduría entendéis aquel modo de comportarse en la vida que se aviene con la voluntad de Dios. Si le consideráis tan prudente en las cosas del mundo como versado y docto en las cosas que atañen a la salvación, permitidnos que disentamos de vuestra opinión. Esto no quiere decir que por ello deje de ser este religioso un hombre digno de la mayor alabanza: hasta tal punto está sumido en la ciencia de las cosas sobrenaturales, que no puede preocuparse de ver y penetrar las terrenas.

-Con todo -dijo Enrique-, ¿no os parece que aquella sabiduría superior es precisamente la más adecuada para conducir de un modo sereno y desapasionado los asuntos de los hombres?, ¿no os parece que aquella sencillez e ingenuidad, propias de un niño, son capaces de encontrar el recto camino que conduce a través del laberinto de las cosas de este mundo de un modo más seguro que aquella sabiduría segada por consideraciones de interés propio y desencaminada y cohibida por los muchos azares y complicaciones de la vida? No sé, pero me parece como si hubiera dos caminos para llegar a la ciencia de la historia humana: uno, penoso, interminable y lleno de rodeos, el camino de la experiencia; y otro, que es casi un salto, el camino de la contemplación interior. El que recorre el primero tiene que ir encontrando las cosas unas dentro de otras en un cálculo largo y aburrido; el que recorre el segundo, en cambio, tiene una visión directa de la naturaleza de todos los acontecimientos y de todas las realidades, es capaz de observarlas en sus vivas y múltiples relaciones, y de compararlas con los demás objetos como si fueran figuras pintadas en un cuadro. Tenéis que perdonarme que os hable como un muchacho soñador: sólo la confianza en vuestra bondad y la memoria de mi maestro, que desde hace tiempo me ha enseñado este segundo camino, que es el suyo, me han podido hacer tan osado.

-Hemos de reconocer -dijeron los buenos mercaderes- que no somos capaces de seguir el hilo de vuestros pensamientos… Nos parece que tenéis dotes para ser poeta: habláis de un modo tan fácil y suelto de todo lo que ocurre en vuestro espíritu…; nunca os falta la expresión exacta ni la comparación adecuada. Por otra parte, se os ve inclinado a lo maravilloso, que es el elemento de los poetas.

-No sé -dijo Enrique-; desde hace tiempo oigo hablar a menudo de poetas y de trovadores, pero nunca he visto a ninguno. No puedo ni sospechar cómo debe ser el extraño arte de estos hombres; sin embargo, anhelo siempre oír hablar de él… [Mi maestro] decía que, antiguamente había sido un arte mucho más extendido, que todo el mundo había tenido un conocimiento mayor o menor de él. Decía que había sido un arte emparentada con otras artes excelsas que hoy en día no se conservan. Que el cantor era un hombre distinguido de un modo especial por una gracia divina merced a la cual vivía en un mundo invisible desde el que, como iluminado, predicaba sabiduría celestial a los hombres bajo el ropaje de hermosas canciones.

A esto dijeron los mercaderes:

-En realidad, aunque muchas veces hemos oído con agrado los cantos de los poetas, jamás nos hemos preocupado por desentrañar los secretos de su arte. Es muy posible que la venida de un poeta al mundo tenga que ver con algún astro especial, porque realmente hay algo de maravilloso en este arte. Las otras se distinguen muy bien de ésta y se pueden comprender mucho mejor. Uno puede saber fácilmente lo que son la pintura y la música, y con paciencia y constancia puede uno iniciarse en estas artes: los sonidos están en las cuerdas, no hace falta más que adquirir la habilidad necesaria para moverlas y sacar de ellas una bella melodía.

En la pintura la gran maestra es la Naturaleza: ella es la que ofrece al hombre esta infinidad de hermosas y extrañas figuras, ella es la que da a las cosas colores, luces y sombras; una mano diestra, una mirada certera y un conocimiento del modo de preparar y mezclar los colores son capaces de imitar perfectamente esta gran espectáculo. Y por esto es muy fácil también comprender el efecto que estas artes producen en los hombres, el agrado que sus obras les proporcionan.

El canto del ruiseñor, el murmullo del viento, las luces, los colores y las formas nos placen porque dan agradable ocupación a nuestros sentidos; y como la Naturaleza, que es la autora de todas estas cosas, ha producido también nuestros sentidos y los ha conformado según ellas, la imitación artificial de la Naturaleza tiene que agradar forzosamente a éstos. La Naturaleza misma quiere gozar del inmenso arte que en ella se encierra: por esto se transforma en seres humanos; en ellos se alegra de su propia magnificencia, separa lo placentero y dulce de las cosas y lo vuelve a crear de un modo tal que, bajo las más variadas formas, puede disfrutar de ello en todo tiempo y lugar.

En cambio, en la poesía no hay nada externo sobre lo que podamos apoyarnos cuando queremos saber lo que es. No es un arte que cree nada con las manos o por medio de instrumentos. La vista y el oído no perciben nada de ella, porque la acción propia de este misterioso arte no es el hacernos oír el sonido de las palabras.

En la poesía todo es interior: así como los otros artistas llenan nuestros sentidos exteriores con sensaciones agradables, el poeta llena el santuario interior de nuestro espíritu con pensamientos nuevos, maravillosos y placenteros. Cuando un poeta canta estamos en sus manos: él es el que sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos. Tiempos pasados y futuros, figuras humanas sin número, regiones maravillosas y sucesos extraordinarios surgen ante nosotros, como saliendo de profundas cavernas, y nos arrancan de lo presente y conocido.

Oímos palabras nuevas y no obstante sabemos lo que quieren decir. La voz del poeta tiene un poder mágico: hasta las palabras más usuales adquieren en sus labios un sonido especial y son capaces de arrebatar y fascinar al que las oye.

Antiguamente toda la naturaleza debió de estar más llena de vida y de sentido que ahora. Fuerzas que hoy en día los animales apenas parecen advertir y que sólo el hombre es capaz de sentir y gozar, movían entonces cuerpos sin vida; y así era posible que hubiera hombres hábiles que, por sí solos, realizaran hazañas y provocaran fenómenos que actualmente se nos antojan totalmente inimaginables y fabulosos.

De este modo, según nos cuentan viajeros que todavía han oído estas leyendas de boca de la gente del pueblo, en tiempos muy remotos, en las tierras que ocupa ahora el imperio griego, debió de haber poetas, que, con el extraño son de maravillosos instrumentos, despertaban la secreta vida de los bosques y los espíritus que se escondían en las ramas de los árboles; hacían revivir las simientes y convertían regiones yermas y desérticas en frondosos jardines; domesticaban animales feroces y educaban a hombres salvajes, despertando en ellos amables instintos y artes de paz, convertían ríos impetuosos en tranquilas corrientes, y hasta llegaban a arrancar a las piedras de su inmovilidad para hacerlas mover al ritmo de sus cantos.

Estos hombres debieron de ser al mismo tiempo oráculos y sacerdotes, legisladores y médicos, porque su arte mágico era capaz de penetrar la más profunda esencia de la realidad; conocían los secretos del futuro, las proporciones y la estructura natural de todas las cosas, y hasta las fuerzas interiores y las virtudes curativas de los números, de las plantas y de todas las criaturas.

A partir de entonces la naturaleza, que hasta aquel momento había sido una selva en la que reinaba la confusión y la discordia, se llenó de múltiples y variados sonidos y de extrañas simpatías y proporciones. Y lo raro es que a pesar de que nos han quedado estas hermosas huellas que nos recuerdan la presencia en el mundo de aquellos hombres bienhechores, su arte o su delicada sensibilidad ante la Naturaleza se hayan perdido.

* * *



GEORG P. FRIEDRICH VON HARDENBERG (NOVALIS), 1772-1801. Enrique de Ofterdingen, capítulo II. Ediciones Orbis, 1982. Traducción cedida por Editora Nacional, Madrid. 

Archivado en: -CALEIDOSCOPIO — August 30, 2007 @ 1:37 am



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viernes, 22 de abril de 2022

"Gloria a la reina del mundo, la gran mensajera de universos sagrados, la protectora del amor dichoso..."

Himnos a la noche (Fragmentos)


Noche estrellada (1889). Vincent Van Gogh. Imagen tomada de HA!



HIMNOS A LA NOCHE
HYMNEN AN DIE NACHT

FRAGMENTOS

1

¿Qué ser vivo, dotado de sentidos, no ama por encima de todas las maravillas del espacio circundante, a la luz jubilosa – con sus colores, sus rayos y sus ondas, dulce omnipresencia al despuntar el alba? Como alma íntima y vital la respira el mundo gigantesco de los astros que flotan, en incesante danza, por su fluido azul – la respira la piedra, centelleante y en eterno reposo, la respira la planta, meditativa, que sorbe la savia de la tierra, y el salvaje animal, ardiente y multiforme – pero antes que todos ellos, la respira el egregio extranjero, de ojos pensativos y labios suavemente cerrados y llenos de sonidos. Como un rey de la naturaleza terrestre, la luz convoca todas las fuerzas a cambios innúmeros, crea y destruye infinitas ataduras, envuelve a todos los seres de la tierra en su aureola celestial – con su sola presencia revela el esplendor de los reinos de este mundo.

Dejándola atrás me dirijo hacia la sagrada, inefable y misteriosa noche. Lejos yace el mundo – sumido en honda cripta – desierto y solitario es el lugar. Una profunda melancolía vibra por las cuerdas del pecho. Quiero descender en gotas de rocío y mezclarme con la ceniza. –Lejanías del recuerdo, deseos de juventud, sueños de la infancia, breves alegrías y vanas esperanzas de una larga vida acuden cubiertas de grises ropajes, como niebla del ocaso a la puesta del sol. En otros espacios ha levantado la luz sus alegres tiendas. ¿No regresará al lado de sus hijos que esperan su retorno con la fe de la inocencia?

¿Qué es lo que de forma repentina surge del fondo del corazón y sorbe el aire suave de la melancolía? ¿Te complaces también en nosotros, noche oscura? ¿Qué es lo que ocultas bajo tu manto, que con fuerza invisible me penetra el alma? Un preciado bálsamo destila de tu mano, como si fuera un atado de amapolas. Tú haces que se levanten las pesadas alas del desánimo. Una oscura e inefable emoción nos invade – alegre y asustado, veo ante mí un rostro grave, un rostro que dulce y reverente se inclina hacia mí, y entre la interminable maraña de sus rizos, aparece la amorosa juventud de la madre. ¡Qué pobre y pueril aparece ahora la luz! – ¡Qué alegre y bendita la despedida del día! Sólo porque la noche aleja de tí a tus servidores, sembraste en las inmensidades del espacio las esferas luminosas que pregonan tu omnipotencia – tu retorno – mientras dure tu alejamiento. Más celestiales que aquellas brillantes estrellas nos parecen los ojos infinitos que la noche abrió en nosotros. Más lejos ven ellos que los pálidos ojos de aquellas incontables legiones – sin necesitar la luz, sus ojos atraviesan la profundidad del alma enamorada – llenando de indecible deleite un espacio más alto. Gloria a la reina del mundo, la gran mensajera de universos sagrados, la protectora del amor dichoso – ella te envía hasta mí – mi tierna amada – adorado sol de la noche – ahora permanezco despierto – porque soy tuyo y soy mío a la vez – tú me has anunciado que la noche es vida: tú me has hecho hombre – mi cuerpo se consume en ardor espiritual, y convertido en aire, que a ti me una y que íntimamente me disuelva, y eterna será nuestra noche de bodas.

3

Antaño, cuando derramaba amargas lágrimas, cuando disuelta en dolor mi esperanza se desvanecía, estando en la estéril colina que en estrecho y oscuro lugar albergaba la imagen de mi vida – solo, como jamás estuvo nunca un solitario, hostigado vivía por un miedo indecible – sin apenas fuerzas, sólo un reflejo de la miseria. – Cuando buscaba auxilio a mi alrededor – avanzar no podía, retroceder tampoco – y un anhelo infinito me aferraba a la vida fugaz, apagada – entonces, desde la distancia azul – desde la altura de mi antigua dicha descendió un estertor de desfallecimiento – y de repente se rompió el vínculo del nacimiento – las ataduras de la luz. Se desvaneció la gloria terrenal y con ella mi tristeza – la melancolía se fundió en un mundo insondable y nuevo – y tú, entusiasmo de la noche, sueño del cielo, viniste sobre mí – el entorno se fue levantando lentamente; sobre el paisaje, suspendido flotaba mi espíritu, libre, vuelto a nacer. La colina se convirtió en una nube de polvo – a través de la nube vi los rasgos transfigurados de la amada. En sus ojos descansaba la eternidad – cogí sus manos, y las lágrimas se convirtieron en vínculo centelleante, inquebrantable. Pasaron milenios huyendo hacia la lejanía, como tempestades. Abrazado a su cuello lloré lágrimas extasiadas por la nueva vida. – Fue el primero, el único sueño – y desde entonces sólo vivo una fe eterna e inalterable en el cielo de la noche y en su luz, la amada.

Novalis


Versión de Rodolfo Häsler
 
Novalis (1799), retrato de Franz Gareis. Imagen tomada de Wikipedia.

Tomado de Arkanteos.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Michael Ende: "El principio demoniaco de nuestra época reside en la dominación que ejerce la multitud sobre el individuo".


Michael Ende

Estimados amigos

Este domingo próximo, 1 de Diciembre, a las 11 AM en la Casa de la Estrella (ubicada en el cruce la calle Colombia con la avenida Soublette en Valencia) tendremos una tertulia sobre la novela de Michael Ende "La Historia interminable" y tambien proyectaremos la pelicula "La Historia sin fin"  del director alemán más estadounidense que existe Wolfgang Petersen. Este filme  elaborado en 1984 es la adaptación de la novela de Michael Ende. Por esta razón compartimos con ustedes esta entrevista realizada el 22 de Abril de 1984 donde el autor habla sobre su libro y expresa su desagrado por el resultado fílmico.

Bastante agua a corrido debajo del puente desde que se realizó esta entrevista, vean que para ese año existía aún el Muro de Berlín, y como Michel Ende de manera profetica percibía la llegada de una crisis economica mundial, precisamente la que padecemos en la actualidad.

Deseamos disfruten la entrada (algo dudoso para aquellos fanáticos del filme ochentero) y esperamos contar con su compañia el domingo para compartir una deliciosa tertulia.

 

Richard Montenegro

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"El principio demoniaco de nuestra época reside en la dominación que ejerce la multitud sobre el individuo". Michael Ende, la realidad de la fantasía


'La historia interminable', de novela iniciática a superproducción cinematográfica


22 ABR 1984 

Edgar Ende. 1954


Michael Ende, de 55 años, barba cana y ojos de niño, hijo del pintor superrealista Edgar Ende, vive rodeado por los olivos de los montes Albanos, en las cercanías de Roma, en una gran mansión (Casa Licorna) llena de libros viejos, de objetos raros y de cuadros superrealistas. Su novela La historia interminable, traducida a 27 idiomas hasta la fecha, que ha sido considerada como uno de los libros iniciáticos de nuestra época, ha sido llevada al cine como superproducción y estrenada ya en Estados Unidos y en la República Federal de Alemania, lo que ha provocado las protestas de Ende, que sigue en su camino de "encontrar la realidad a través de la fantasía".

Michael Ende. 1939


Nunca una novela hizo correr tantos ríos de tinta al otro lado del Rin desde El tambor de hojalata, de Günter Grass, en 1959. La historia interminable es, ante todo, una especie de marea: más de un millón de ejemplares vendidos en Alemania Occidental desde su aparición, en 1979, y_continúa ocupando los primeros puestos en las listas de los más vendidos. Es un fenómeno sociológico, y así, en las grandes Concentraciones del pasado otoño había manifestantes que blandían la novela como si fuese su programa. Constituye asimismo la prueba evidente de la capacidad que tiene nuestro sistema para transformar en dinero lo que ha sido concebido precisamente para criticarlo. A pesar de las protestas del autor, que se considera traicionado y engañado, acaba de estrenarse en Estados Unidos una película -con un presupuesto de 60 millones de marcos (más de 3.000 millones de pesetas)- que, aunque inspirada en la novela de Michael Ende, está concebida a lo ET, El Extraterrestre.


Con todo, La historia interminable es también un acontecimiento literario. Nos encontramos, sin duda, ante una de las novelas más sorprendentes aparecidas en Alemania Occidental -e incluso en Europa- desde la segunda guerra mundial.

Pregunta. Estamos en 1984. El país fantástico que describe usted, ¿no está lejos de nuestra realidad?




Respuesta. Mis libros no son westerns. No hay que matar a los malos al final para que todo vuelva a estar en orden. No ataco a individuos, sino a un sistema (llámele, si quiere, capitalista) que. está a punto (nos daremos cuenta dentro de 10 o 15 años) de hacernos caer en el abismo. Entre los' monstruos. a los que debe enfrentarse el héroe de La historia interminable hay uno al que toma por una araña gigante hasta que se da cuenta de que está realmente compuesto de abejorros color azul metálico que zumban como un enjambre encolerizado. Yo he llamado a esta criatura Ygramul. Sin embargo, podría haberle dado el nombre de Belcebú, el Señor de las Moscas o de la Multitud, pues con esa palabra se designa a ambas cosas en hebreo.


Soy consciente, en efecto, de que el principio demoniaco de nuestra época reside en la dominación que ejerce la multitud sobre el individuo. Todo comienza con la superpoblación, que hace que la persona se encuentre devaluada frente a la masa, y llega hasta la multiplicación infernal de todos los objetos, que caracteriza a nuestra sociedad industrial. Como usted sabe, en la cábala, el número 1 es el más grande de todos, porque designa la totalidad. Ahí está el origen del monoteísmo. Nos hemos olvidado de eso... Dentro de un sistema como el nuestro, que sólo valora lo que puede contarse, pesarse o medirse, no puede hallarse más que un aburrimiento mortal. Es esa especie de enfermedad de postración que abruma a los personajes de Momo.

Michael Ende junto a Jim Botón y el Maquinista.

P. La imaginación, al poder.

R. Una buena fórmula, aunque debería haberse precisado cuál era ese poder. Hay que conocer no sólo lo que se rechaza, sino aquello por lo que se pretende sustituirlo. Y esta vez no es cuestión de sustituir una ideología por otra. Mire: desde hace 2.000 años estamos haciendo eso y sabemos adónde nos conduce. En mi opinión, no puede hacerse ninguna crítica de la sociedad si no va acompañada de una representación utópica del mundo.

Bastian leyendo La Historia sin Fin. Fotograma de la película

No oculto que al escribir La historia interminable intenté enlazar con ciertas ideas del romanticismo alemán. No fue por dar marcha atrás, sino porque en dicho movimiento abortado hay semillas que necesitan germinar. Desde Newton nos hallamos cruelmente divididos en dos mundos: el de los objetos, llamado real, y el supuestamente ilusorio del yo. Para no seguir siendo un extraño, el hombre debe aprender de nuevo, como Goethe, a llamar de tú a la Luna.

Pintura de Edgar Ende

Empezamos a darnos cuenta de que con la física, las ciencias naturales, la tecnología o la sociología es imposible resolver los problemas haciendo como si se desarrollasen independientemente de nuestra conciencia. Nos inquietamos también por la destrucción de ese mundo exterior que constituye nuestro marco vital. Sin embargo, hay otra forma de destrucción de la que no se habla y que es igualmente trágica: la de nuestro mundo interior. Cuando todo se subordina al beneficio, se empieza por explotar a los obreros y después se ataca a las colonias, al medio ambiente. Por último, le toca el turno a nuestro mundo interior.



' Literatura extranjera'

P. ¿Qué vía propone usted para recuperar la armonía?

R. Cuando nos fijamos un objetivo, el mejor medio para alcanzarlo es tomar siempre el camino opuesto. No soy yo quien ha inventado dicho método. Para llegar al paraíso, Dante, en su Divina comedia, comienza pasando por el infierno. Para descubrir las Indias, Cristóbal Colón levó anclas en dirección a América. Para encontrar la realidad hay que hacer lo mismo: darle la espalda y pasar por lo fantástico. Ése es el recorrido que lleva a cabo el héroe de La historia interminable. Para descubrirse, a sí mismo, Bastián debe primero abandonar el mundo real (donde nada tiene sentido) y penetrar en el país de lo fantástico, en el que, por el contrario, todo está cargado de significado. Sin embargo, hay siempre. un riesgo cuando se realiza tal periplo; entre la realidad y lo fantástico existe, en efecto, un sutil equilibrio que no debe perturbarse: separado de lo real, lo fantástico pierde también su contenido. Eso lo aprende Bastián a su paso por la ciudad de los emperadores destronados. Al haber perdido hasta el recuerdo del mundo real, los habitantes de dicha ciudad del absurdo se ven obligados a desparramar al azar las letras del alfabeto durante todo el año, esperando que, en el transcurso de la eternidad, acaben por aparecer todos los libros del mundo, entre los que se encuentra, claro está, La historia interminable.

Atreyu y Falkor. En la película cambiaron el nombre del Dragón Fujur

P. ¿No hay en eso una alusión a la Biblioteca de Babel, de Borges?

R. La historia interminable está repleta de alusiones culturales. Y no por falta de imaginación, ya que lo he hecho deliberadamente. En este sentido, el peligro reside no en el universo mental de Bastián, sino en el patrimonio cultural de toda la humanidad. Me he basado en la Odisea, en Rabelais, en Las mil y una noches, en Lewis Carrol y también, aunque en menor medida, en Tolkien, con el que me han comparado los críticos alemanes (ciertamente, los dos debemos mucho a las leyendas célticas de la Tabla Redonda). Me he inspirado en pintores (El Bosco, Goya, Dalí.), en el antroposofismo y en el budismo zen. La cábala, que da un sentido metafísico a los diferentes sonidos, me sirvió de guía a la hora de elegir los nombres de los personajes. Atreju es Atreo, héroe de la mitología griega, cuyo nuevo nombre tiene una sonoridad evocadora de las lenguas indias de América. Pjörnrachzarck, el comedor de piedras, recuerda a Edda, ya que es un gnomo, y al pronunciar su nombre puede oírse el ruido que hace al masticar las piedras. Incluso Fuchur, el dragón de la fortuna, tiene un modelo: Fohi, el dragón de la mitología china.



P. Si he entendido bien, en La historia interminable nada es gratuito. ¿Cómo elaboró el plan del libro?

R. Eso es precisamente lo que intento evitar al precio que sea: hacer un plan. Cuando escribo, pretendo descubrirme a mi mismo. Elaborar un plan significaría introducir en el libro lo que ya sé. Mi método consiste en dejarme guiar sólo por imágenes. Si no hago trampas, acabo por darme cuenta de que cada historia tiene una lógica interior y que no puede desarrollarse de otro modo. Es cierto que eso exige una gran concentración que me conduce, a veces al borde de la locura. No supe hasta el penúltimo capítulo de La historia interminable dónde estaba la salida del país fantástico. Me telefoneaba mi editor: "¿Por dónde vas? Hay que llevar el libro a composición". Yo sólo podía responderle: "No sé cómo terminar la historia". Después de semanas y semanas encontré de repente la solución: para salir del país fantástico no había que ir hacia las fronteras, sino hacia el centro. Había que tomar el camino del interior. Y, créame, sólo al final me acerqué a Novalis.

 
Novalis


P. La heroína de Momo es una niña. Bastián es un niño de 10 años. ¿Por qué esa predilección por los héroes infantiles?

R.. Hoy día todo el mundo encuentra normal que los escritores penetren en el mundo de las cárceles, en los manicomios o en las minas de carbón. ¿Acaso hay que considerar aparte a los que escriben para el público infantil? Creo que los supuestos adultos no son tan maduros como para percibir que un cuento para niños es también para ellos. Las culturas nacionales han dejado de tener sentido. Hay que encontrar otros vínculos que unan a los hombres, y el mundo de los niños constituye precisamente una nueva comunidad. Si juntamos a tres niños (uno negro, otro asiático y otro europeo), no tendrán ningún problema para comprenderse. Lo mismo ocurre con los cuentos, ya sean africanos, gitanos, rusos o chinos: todos ellos se parecen, y puede encontrarse, con algunas variantes, el mismo cuento de Cenicienta en todos los rincones del mundo. Vea el mérito que tienen los escritores profundos.


P. ¿No es un poco paradójico que un escritor alemán como usted haya decidido exiliarse a Italia?

R. En la crisis de identidad que hoy atravesamos tranquiliza pensar que tenemos a nuestras espaldas 2.000 años de cultura occidental. En Italia se da una continuidad histórica, inconcebible para un alemán, perceptible incluso en el ámbito del idioma: hasta un extranjero como yo puede leer a Boccaccio en su lengua original. Intente usted hacer lo mismo con un autor alemán del barroco y verá lo difícil que le resulta. Al principio envidiaba a los italianos: su lengua me parecía como una al fombra mágica que me transporta ba donde yo quería. Hoy he comprendido que es una suerte que los escritores alemanes tengan que partir siempre desde cero, recreando su propia lengua.

P. En alemán, su apellido significa fin; su libro es La historia interminable, o sea, la historia sin fin. ¿Es un juego de palabras?

R. Me di cuenta de ello después de escribir el libro.




Tomado de El País



12/05/2024