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jueves, 11 de mayo de 2023

Václav Havel: No quiero creer que toda la civilización constituya un error fatal del espíritu humano

 




LA CARA OCULTA DEL ALMA HUMANA, por Václav Havel


 

“Junto con los mitos tradicionales hemos enterrado también un orden en las esferas oscuras de nuestra existencia. Y todo lo que la inteligencia moderna hace para sustituir dicho orden, se revela siempre como algo erróneo, falso y pernicioso, puesto que resulta siempre ilícito, sustitutivo, sin raíces, sin ontología y moral; hasta ridículo, como el culto del Ente Supremo durante la Revolución Francesa, el folclore colectivista de los sistemas totalitarios o su arte de homenaje realista. Parece como si enterrando el mito hubiésemos renunciado a un estado probado en que durante milenios se criaban los animales misteriosos de la ignorancia humana; esos animales fueron puestos en libertad –con la convicción trágicamente errónea de que se trataba de quimeras solamente-, y ahora están devastando el paisaje. Lo asuelan y al mismo tiempo crean sus establos auxiliares en los lugares en que no los esperamos; por ejemplo, en los secretariados de los partidos políticos modernos. Estos tabernáculos de la inteligencia moderna les prestan su autoridad y su aparato, de manera que el asolamiento es amparado por la concepción más científica del mundo. Los demonios han sido soltados del establo del mito, y grotescamente se visten de hombres honrados del siglo XX que han dejado de creer en fantasmas”.

* * * * * *


Tengo ante mí la famosa Filosofía Oculta, de Cornelio Agripa de Nettesheym, y leo que al ingerir el corazón vivo (latiendo aún, si es posible) de la abubilla, la golondrina, la comadreja o el topo, el hombre adquiere el donde de profetizar. Son las nueve de la noche, y yo decido poner la radio.

 

La locutora lee en voz seca y objetiva las últimas noticias: Indira Gandhi fue asesinada por dos sijs de su guardia personal. El cadáver del sacerdote Jerzy Popieluszko, secuestrado por oficiales de la policía polaca, fue encontrado en una represa del Vístula. Se está organizando una ayuda internacional a Etiopía, donde la falta de víveres amenaza a millones de personas, mientras el régimen del país invierte millones de dólares en los festejos de su décimo aniversario.

Los científicos norteamericanos elaboraron un proyecto de observatorio permanente en la Luna y el inicio de exploraciones de Marte por los hombres. El corazón de un papión fue trasplantado con éxito a una muchacha de California, por lo que protestaron diversas asociaciones protectoras de animales.


LOS MITOS HABLAN AL HOMBRE DE UN PODER QUE LE TRASCIENDE Y QUE NUNCA HA SABIDO COMPRENDER


Los mitos antiguos son, ciertamente, algo más que una simple realización de las imágenes arquetípicas de la ignorancia humana colectiva. Pero son, sin lugar a dudas, también esto. Numerosos secretos del ser y del hombre mismo, numerosas visiones oscuras de él, obsesiones, anhelos, presentimientos, el saber confuso anterior al científico o fuera de lo científico, y posiblemente también numerosas seguridades metafísicas importantes, habían sido cifrados en los mitos antiguos.

Es natural que los mitos trasciendan al hombre; a través de sus creadores hablaba algo superior, algo fuera de ellos, algo que ellos mismos no habrán podido comprender y nombrar en su plenitud. La autoridad de que los mitos gozaban ante los hombres de las viejas culturas demuestra que el poder superior –cualquiera que sea- era otrora percibido o reconocido generalmente.

Según la interpretación de los mitos por Jung, es evidente que los mitos introducían un orden parcial o temporal en el mundo complicado de los presentimientos ignorantes, las seguridades incomprobables, los instintos ocultos de las pasiones y los anhelos que forman parte inseparable del alma humana. Y que la autoridad de los mitos ejercía algo así como un control o una supervisión sobre las fuerzas de la inconsciencia humana.

La civilización moderna ha privado a los mitos antiguos de su autoridad. Apostó por el intelecto frío y descriptivo cartesiano, y reconoce sólo el pensar en forma de nociones. No quiero creer que toda la civilización constituya sólo un brazo equivocado de la historia y un error fatal del espíritu humano. Representa más bien sólo una fase indispensable que el hombre y la humanidad deben cumplir y que el hombre –si sobrevive- vencerá después a un nivel superior, imposible sin la fase actual.

Sea lo que sea, lo cierto es que toda la orientación racionalista de la nueva época, renunciando a la autoridad de los mitos, ha sucumbido a la peligrosa gran ilusión: creer que han dejado de existir inclusive aquellas potencias superiores y oscuras, tanto en la inconsciencia humana como en el cosmos enigmático, a que los mitos se referían de algún modo, que atestiguaban y cuyo control relativo garantizaban.

 

Actualmente predomina la opinión de que podemos “aclarar todo de una manera sensata”, según se dice, mediante descripciones lógicas de la inteligencia vigilante. No hay nada oscuro, y si algo hay oscuro, es necesario alumbrarlo con rayos del conocimiento científico para que deje de serlo.

Es obvio que se trata sólo de una autoilusión grandiosa del espíritu moderno. Aunque lo afirmáramos mil veces la cara oculta del mundo y del alma humana, no la suprimiríamos ni la suprimiremos jamás. La ahuyentaremos más a la sombra. A lo sumo, lograremos que todo el mundo complejo de los oculto encuentre sus formas suplentes, enmascaradas y aún más desconcertantes.


El enigma de Hitler, por Dalí.



EL ORDEN RACIONALISTA ES ERRÓNEO, FALSO Y PERNICIOSO 


Que el orden que había introducido otrora el mito, y merced al que el hombre tenía por lo menos una orientación general acerca de sus potencias y un control por lo menos limitado sobre ellas, desaparezca junto con el mito, y que aquellas fuerzas de la noche sigan actuando caóticamente y sin control, dejando al hombre siempre consternado por su presencia, ahora ya completamente inexplicable.

Y no sólo eso, sino que junto con las oscuras potencias han sido enterradas –de hecho, también como oscuras- las potencias buenas: el olimpo ha sido abolido en su todo, con los maliciosos y sus justos. De manera que no hay quien castigue el mal y ponga en fuga a los fantasmas. El bien, en su cortesía, tiende a tomar en serio el gran entierro y a desaparecer; el mal, por otro lado, siente que ha llegado su momento a raíz de que la gente ha dejado de creer en él.

Hasta ahora no podemos entender cómo es posible que una gran nación civilizada de Europa –o por lo menos su mayor parte- haya podido dejarse fascinar en el siglo XX por un pequeñoburgués ridículo y lleno de complejos, dar fe a sus teorías seudocientíficas y en su nombre aniquilar a los pueblos, conquistar los continentes y cometer increíbles crueldades. La ciencia positivista, inclusive el marxismo, ofrece aclaraciones científicas varias del enigmático fenómeno.

Pero dichas explicaciones, más que eliminar, acentúan la imposibilidad de su comparación. Puesto que la inteligencia objetiva y fría, que no habla de esas explicaciones, subraya de hecho la extraña desproporción entre sí misma –como una potencia supuestamente decisiva para esta civilización- y la demencia masiva, la cual no tiene nada que ver con el sano juicio.

Sí, junto con los mitos tradicionales hemos enterrado también un orden en las esferas oscuras de nuestra existencia. Y todo lo que la inteligencia moderna hace para sustituir dicho orden, respectivamente, lo que en esa zona oscura (o por lo menos algunas potencias de ella) se encuentra, su orden suplente y su expresión moderna, se revela siempre como algo erróneo, falso y pernicioso, puesto que resulta siempre ilícito, sustitutivo, sin raíces, sin ontología y moral; hasta ridículo, como el culto del Ente Supremo durante la Revolución Francesa, el folclore colectivista de los sistemas totalitarios o su arte de homenaje realista.

Parece como si enterrando el mito hubiésemos renunciado a un estado probado en que durante milenios se criaban los animales misteriosos de la ignorancia humana; esos animales fueron puestos en libertad –con la convicción trágicamente errónea de que se trataba de quimeras solamente-, y ahora están devastando el paisaje. Lo asuelan y al mismo tiempo crean sus establos auxiliares en los lugares en que no los esperamos; por ejemplo, en los secretariados de los partidos políticos modernos. Estos tabernáculos de la inteligencia moderna les prestan su autoridad y su aparato, de manera que el asolamiento es amparado por la concepción más científica del mundo.

 

Los hombres suelen darse cuenta de la realidad de los horrores generalmente sólo en el momento en que ya es demasiado tarde: en el instante en que comprueban que miles de entre su prójimo han sido exterminados por razones completamente irracionales. La irracionalidad disfrazada de juicio sensato, y bajo el manto de concepciones científicas sobre la marcha inevitable de la historia que está reivindicando millones de víctimas en interés de un porvenir feliz para otros miles de millones, es mucho más irracional, y por tanto también más peligrosa, que la irracionalidad que a través del mito confesaba su existencia, habiéndose adaptado al imperativo de las potencias positivas y habiendo sacrificado mayormente sólo a los animales.


LOS DEMONIOS ANDAN LIBRES Y LOS DIOSES YACEN DESTERRADOS EN LA CONCIENCIA HUMANA


Dicho de una forma más sencilla, los demonios hacen lo que les da la gana, mientras que los dioses se esconden tímidamente en el último refugio al que habían sido desterrados, que se llama conciencia humana. Finalmente, la sed de sangre, disfrazada como la más científica concepción del mundo (la cual nos enseña que la conciencia hay que subordinarla a las necesidades históricas), arroja al Vístula al Juan Nepomuceno del siglo XX. Y su pueblo no tarda en canonizar al mártir en su alma.

Los demonólogos marxistas escribieron primero en los periódicos polacos que Popieluszko era un mago negro que, con asistencia del diablo, oficiaba en la iglesia varsoviana misas negras del anticomunismo; luego, otros marxistas científicos lo asaltan de noche, lo golpean, asesinan y arrojan al Vístula; finalmente, otros científicos de toda una sexta parte del mundo afirman que detrás del acto se ha escondido el diablo disfrazado, o sea, la CIA. Se trata de una historia plenamente medieval. Pero sus actores son cientificistas hombres que se protegen con la ciencia y poseen una opinión del mundo presuntamente científica. Tanto más loca parece toda la causa.

Los demonios han sido soltados del establo del mito, y grotescamente se visten de hombres honrados del siglo XX que han dejado de creer en fantasmas. Los sijs ni necesitan disfrazarse de científicos. Se consideran -cara a cara- del mundo moderno por andar con ametralladoras modernas en las manos como un instrumento de la providencia: dicen que castigan, en armonía con antiguos augurios, a la mujer que profanó su Templo de Oro. Después de ello, los hindúes exterminan y queman vivos a los sijs, como si todos hubieran participado en el asesinato de Indira.

¿Cómo es posible todo esto en el siglo de la ciencia y la inteligencia? ¿Cómo lo explicarían la inteligencia y el sano juicio? ¿Qué relación tiene eso con la colonización de la Luna y los preparativos del viaje a Marte? ¿Qué vínculos hay entre ello y la era capaz de trasplantar a los hombres el corazón del papión? ¿Y quién tiene en realidad el corazón del mono zambo, la pequeña muchacha de California o el gobierno marxista de Etiopía, que construye sus mausoleos pese a la falta de víveres?; ¿los oficiales de la policía polaca o los sijs de la guardia personal de la primera ministra india, que muere por su fe en las profecías antiguas como una emperatriz de antaño a manos de su servidumbre?

Me parece que el hombre tiene lo que llamamos el corazón humano, mas a la vez tiene en sí algo del papión. La era moderna ha rechazado esas parábolas, ha hecho del corazón una bomba y ha negado la presencia del simio en nosotros. Por ello, una y otra vez sucede que éste, oficialmente no existente, hace estragos sin ser visto, disfrazado de guardianes personales de una política o con uniformes de la policía más científica del mundo.





El hombre moderno, el empleado ordenado de la gran oficina mundial, ligeramente frustrado por el fracaso de su forma del conocimiento del mundo, desconecta el vídeo de Michael Jakson, que hace de vampiro en la cassette más vendida de la historia de la humanidad (Thriller), y se va a la cocina para sacar del termo –a espaldas de todas las asociaciones protectoras de animales- el corazón aún caliente de la abubilla, y lo come deseando ser favorecido por el don de los presagios.





* * *

VÁCLAV HAVEL, escritor checoslovaco convertido en presidente de su país. La responsabilidad como destino, 1984. Ediciones El País-Aguilar, 1991. [FD, 31/01/2007]


Tomado de Filosofía Digital. (Filosofía Digital)



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jueves, 26 de enero de 2023

Václav Havel: Sueño con una República humana que sirva al hombre, económicamente próspera, socialmente justa, poblada de hombres cultos,donde el gobierno haya vuelto al pueblo

 

Václav Havel



Estimados Liponautas

Hoy compartimos este viejo sueño de Václav Havel , que es el mismo de todos los venezolanos actualmente.

Atentamente

La Gerencia.

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LA REPÚBLICA CON QUE YO SUEÑO, por Václav Havel

 

“Sería una imprudencia considerar la triste herencia de los últimos cuarenta años como algo ajeno, algo que hemos heredado de un pariente lejano. Al contrario, debemos aceptarla como algo que perpetramos contra nosotros mismos. Sería imposible culpar únicamente a los gobernantes anteriores, no sólo porque esa actitud contradiría la verdad, sino también porque así se podría debilitar el deber que hoy apela a todos y cada uno de nosotros, es decir, el deber de actuar independiente, libre, prudente y rápidamente. No nos equivoquemos: el mejor gobierno, el mejor parlamento y el mejor presidente no podrán solos con ello. Y sería absolutamente injusto esperar tan sólo de ellos la mejora general. No olvidemos que la libertad y la democracia significan participación y, por tanto, la responsabilidad de todos. Puede ser que me pregunten con qué República sueño. Les contestaré: con una República independiente, libre, democrática; con una República económicamente próspera y, al mismo tiempo, socialmente justa. En otras palabras, con una República humana que sirva al hombre y por ello pueda esperar que el hombre le sirva también a ella. Con una República de hombres cultos, ya que sin ellos no sería posible resolver ni uno solo de nuestros problemas humanos, económicos, ecológicos, sociales y políticos. Y en la que poder decir: ¡Tu gobierno ha vuelto a ti, pueblo mío!”


* * * * * *


Queridos compatriotas:

Durante cuarenta años han estado escuchando por boca de mis antecesores siempre lo mismo con diversas variantes: lo que prospera nuestro país, los millones de toneladas de acero que hemos producido, lo felices que somos todos, lo que confiamos en nuestro gobierno y las hermosas perspectivas que se abren ante nosotros.


LO PEOR PARA UN PAÍS ES VIVIR EN UN ESTADO MORAL DEPRAVADO


Supongo que no me han propuesto para este cargo para que yo también les mienta. Nuestro país no progresa. El gran potencial espiritual y creador de nuestros pueblos no se aprovecha de forma razonable. El Estado, que se denomina a sí mismo Estado de obreros, en realidad los humilla y los explota. El país, que en otro tiempo podía enorgullecerse del nivel de educación de su pueblo, invierte en ella tan poco que que actualmente figura en el puesto setenta y dos del mundo.

 

Hemos deteriorado la tierra, los ríos y los bosques que nos habían legado nuestros antepasados, y hoy día tenemos el peor medio ambiente de toda Europa. Los ancianos mueren en nuestro país antes que en la mayoría de los países europeos.

Pero ni siquiera esto es lo más grave. Lo peor es que vivimos en un ambiente moral depravado. Estamos moralmente enfermos, pues nos hemos acostumbrado a decir una cosa cuando pensamos otra diferente. Hemos aprendido a no creer en nada, a no prestar atención a los demás y a ocuparnos solamente de nuestra persona.

Nociones como amor, amistad, misericordia, humildad o perdón han perdido su profundidad y su dimensión, y para muchos de nosotros se trata sólo de peculiaridades psicológicas o de recuerdos perdidos de tiempos lejanos, un poco ridículos en la época de los ordenadores y de los cohetes espaciales.

Sólo unos cuantos de nosotros fuimos capaces de exclamar en voz alta que los poderosos no deberían ser todopoderosos, y que las granjas especiales que cultivaban para ellos alimentos ecológicamente puros y de calidad deberían enviar sus productos a las escuelas, internados infantiles y hospitales, mientras que nuestra agricultura no pueda ofrecerlos a todos.

El régimen anterior -armado con su ideología orgullosa e intolerante- humilló al hombre reduciéndolo a simple fuerza productiva y convirtió a la naturaleza en mero instrumento de producción. De esa forma, atacó a su misma esencia.


TODOS SOMOS RESPONSABLES DEL SISTEMA, NADIE ES SÓLO SU VÍCTIMA


Cuando hablo de la degradación del ambiente moral no me estoy refiriendo sólo a los hombres que comen verdura ecológicamente pura y no miran por las ventanillas de los aviones. Me refiero a todos nosotros. Ya que todos nos hemos adaptado al sistema totalitario, lo hemos aceptado como un hecho imposible de cambiar y, así, lo hemos mantenido. En otras palabras: todos -aunque, naturalmente, en grado diferente- somos responsables del funcionamiento de la máquina totalitaria; no hay nadie que sea sólo su víctima; todos debemos considerarnos sus autores.

¿Por qué aludo a ello?: sería una imprudencia considerar la triste herencia de los últimos cuarenta años como algo ajeno, algo que hemos heredado de un pariente lejano. Al contrario, debemos aceptarla como algo que perpetramos contra nosotros mismos. Si lo admitimos así, comprenderemos que sólo de nosotros depende lo que hagamos con ella.

Sería imposible culpar únicamente a los gobernantes anteriores, no sólo porque esa actitud contradiría la verdad, sino también porque así se podría debilitar el deber que hoy apela a todos y cada uno de nosotros, es decir, el deber de actuar independiente, libre, prudente y rápidamente.

No nos equivoquemos: el mejor gobierno, el mejor parlamento y el mejor presidente no podrán solos con ello. Y sería absolutamente injusto esperar tan sólo de ellos la mejora general. No olvidemos que la libertad y la democracia significan participación y, por tanto, la responsabilidad de todos.

Siendo conscientes de ello, los horrores que la nueva democracia checoslovaca ha heredado dejarán inmediatamente de parecer tan horribles y la esperanza volverá a nuestros corazones.

Tenemos en qué apoyarnos para mejorar la situación general. Este último período -sobre todo las últimas seis semanas de nuestra pacífica revolución- ha demostrado la gran carga común humana, moral y espiritual y la gran cultura civil que dormitaba en nuestra sociedad bajo la impuesta mascarilla de la apatía. Siempre que alguien me aseguraba categóricamente que somos de esta y otra forma, yo le objetaba que la sociedad es una creación sumamente misteriosa y que no se puede confiar exclusivamente en el aspecto que nos presenta. Me alegro de no haberme equivocado.


INCLUSO CIUDADANOS DÓCILES, HUMILLADOS Y FALTOS DE FE PUEDEN HACER UNA REVOLUCIÓN DIGNA Y PACÍFICA


Gentes de todas las partes del mundo se preguntan, asombradas, de dónde han obtenido los ciudadanos de Checoslovaquia, dóciles, humillados, asépticos y aparentemente faltos de fe, esa asombrosa fuerza con la que consiguieron quitarse de encima el sistema totalitario de una manera digna y pacífica, y en pocas semanas.

 

También nosotros mismos nos hemos quedado asombrados. Y nos preguntamos: ¿de dónde proviene el anhelo por la verdad, el amor a la libertad, la fantasía política, la valentía de ciudadano y la prudencia cívica de los jóvenes que no han conocido otro sistema? ¿Cómo es posible que se hayan sumado a ellos incluso sus padres, es decir, justo la generación que se consideraba perdida? ¿Cómo es posible que un número tan considerable de hombres pudiera comprender inmediatamente qué hacer sin necesidad de consejos ni instrucciones?

Creo que el carácter esperanzador de nuestra situación actual tiene su origen en dos causas principales: en primer lugar, el hombre no es nunca un simple producto del mundo exterior, sino que siempre es capaz de elevarse hacia algo superior, por más que el mundo exterior intente aniquilar en él dicha capacidad; en segundo lugar, la circunstancia de que las tradiciones humanísticas y democráticas -de las que hemos hablado tantas veces en vano- dormitaran en algún lugar de la subconsciencia de nuestras naciones y minorías nacionales, y se transmitieran discretamente de una generación a otra para que cada uno de nosotros volviera a descubrirlas en el momento oportuno y las hiciera realidad.

La confianza en uno mismo no equivale a la vanidad. Todo lo contrario: sólo las naciones o los hombres seguros de sí mismos, en el mejor sentido de la palabra, son capaces de escuchar la voz de los demás, aceptarlos como iguales, perdonar a sus enemigos y expiar sus propias culpas. Intentemos interiorizar cada uno de nosotros esa noción de confianza, en tanto que individuos partícipes de la vida de nuestra comunidad y en tanto que naciones con un determinado comportamiento en la escena internacional. Solamente así seremos capaces de recuperar nuestro propio respeto, proyectarlo entre nosotros y conseguir el respeto de otros pueblos.




Nuestro primer presidente escribió: Jesús sí, César no. Sus palabras procedían de Chelcicky y de Comenius, y en estos días hemos recuperado esa idea. Yo me atrevo a afirmar que quizá tengamos la posibilidad de difundirla y de aportar, así, un elemento nuevo a la política europea y mundial. Si nos lo proponemos, nuestro país puede irradiar para siempre el amor, el ansia de comprensión, la fuerza del espíritu y de la idea. Esta puede ser, precisamente, nuestra aportación personal a la política mundial.

Masaryk basó la política en la moral. Intentemos restaurar dicha concepción de la política de una forma nueva en tiempos nuevos. Aprendamos y enseñemos a los demás que la política debería ser una manifestación del deseo de contribuir a la felicidad de la comunidad, y no una fórmula para engañar o ultrajar a la comunidad. Aprendamos y enseñemos a los demás que la política no tiene que ser el arte de lo posible, especialmente cuando se piensa en especulaciones, cálculos, intrigas, acuerdos secretos y maniobras pragmáticas, sino que puede ser igualmente, un arte de lo imposible, es decir, el arte de mejorar el mundo y de mejorarnos a nosotros mismos.

Somos un país pequeño, pero, pese a ello, en tiempos lejanos fuimos la encrucijada espiritual de Europa. ¿Por qué no volver a serlo? ¿No podría ser esta la forma de recompensar a otros la ayuda que de ellos vamos a necesitar?


EL MAYOR ENEMIGO PARA LA LIBERTAD ES NUESTRA PROPIA NATURALEZA


Las mafias locales constituidas por los que no miran por las ventanillas de sus aviones y comen cerdos cebados especialmente para ellos, siguen vivas, y enturbian las aguas de vez en cuando; pero han dejado de ser nuestro principal enemigo. Menos aún lo son las mafias internacionales de todo tipo. Ahora, nuestro mayor enemigo es nuestra propia naturaleza. La indiferencia ante los asuntos públicos, la vanidad, la ambición, el egoísmo, las pretensiones y rivalidades personales. Sobre estas cuestiones deberemos librar nuestro principal combate.

Nos esperan las elecciones libres y, por tanto, los enfrentamientos preelectorales. No permitamos que ensucien la, hasta ahora, limpia cara de nuestra dulce revolución. Impidamos que las simpatías del mundo que nos hemos granjeado con tanta celeridad se pierdan con igual rapidez, enredándonos en la maleza de las luchas por el poder. No permitamos que bajo el noble manto del anhelo de servir a la causa pública vuelva a florecer el deseo de servirse exclusivamente a sí mismo.

No se trata ahora de especular sobre qué partido, club o grupo triunfará en las elecciones, sino de procurar que en ellas triunfen -sin tener en cuenta su filiación- aquellos ciudadanos, políticos o profesionales que moralmente sean más aptos. La política y el prestigio futuros de nuestro Estado dependerán de las personas que propongamos y posteriormente elijamos para nuestros órganos representativos.

Finalmente, me gustaría decir que deseo ser un presidente que hable menos y que trabaje más. Un presidente que no sólo sepa mirar por las ventanillas de su avión, sino también -y esto es lo principal- que esté permanentemente presente entre sus compatriotas y los sepa escuchar.

Puede ser que me pregunten con qué República sueño. Les contestaré: con una República independiente, libre, democrática; con una República económicamente próspera y, al mismo tiempo, socialmente justa. En otras palabras, con una República humana que sirva al hombre y por ello pueda esperar que el hombre le sirva también a ella. Con una República de hombres cultos, ya que sin ellos no sería posible resolver ni uno solo de nuestros problemas humanos, económicos, ecológicos, sociales y políticos.

Mi antecesor más destacado inició su primer discurso con una cita de Comenius. Permítanme que yo cierre el mío con mi propia perífrasis de la misma: ¡Tu gobierno ha vuelto a ti, pueblo mío!


* * *


VÁCLAV HAVEL, Discursos políticos. Espasa Calpe, Colección Austral, 1995. Selección y traducción de Jana Novotná. [FD, 03/02/2007]



Tomado de Filosofía Digital.


jueves, 10 de enero de 2013

Václav Havel: "Me pregunta usted por mi credo político. Me opongo a toda idea fija, porque considero las ideas fijas como uno de los fenómenos comunes más peligrosos"




Václav Havel


UNA REVOLUCIÓN DE MENTES Y CORAZONES, por Václav Havel


 “Me pregunta usted por mi credo político. Me opongo a toda idea fija, porque considero las ideas fijas como uno de los fenómenos comunes más peligrosos. Y por tanto me opongo también al fundamentalismo y dogmatismo de mercado, por lo que me merezco entre los “amargados” el sambenito de izquierdista. La ley del beneficio no garantiza nada coherente por sí mismo. O bien consigo convencer a la ciudadanía de que mi opinión minoritaria tiene sentido y me gano su confianza, o bien seguiré mis propios criterios y no me ofenderé. Aún podría formular mi “credo” de una manera distinta: creo que el orden moral es superior al orden legal, político y económico, y que estos órdenes deberían surgir de aquél y no buscar tretas para ver cómo pueden prescindir de su imperativo. Y que este orden moral tiene su anclaje metafísico en lo infinito y la eternidad. Aún hoy creo y sigo creyendo de forma aún más apremiante que hace falta una revolución de mentes y corazones, una especie de despertar general del ser humano y la salida del declive de una civilización autodestructiva”.




* * * * * *




-Ya hemos hablado de los llamados políticos apolíticos. El primero en usar el término, que yo sepa, fue el presidente Masaryk, quien en su etapa se refería a los diversos tipos de iniciativas cívicas o públicas en beneficio del prójimo. Ya ha explicado usted muchas veces en qué circunstancias y cuándo usó esta expresión. Sin embargo, aún se le reprocha su “política apolítica”. Evidentemente, con eso se entiende una especie de ensoñación irrealizable, la invención de algo nuevo, poca confianza en los partidos políticos y los procedimientos corrientes, una especie de moralización y quién sabe qué más. ¿Podría resumir en unas cuantas frases su credo político?



La cuestión es a qué se refieren todos esos procedimientos corrientes. Tengo la desagradable sensación de que en el fondo se trata de una ideologización de la mediocridad, de lo prosaico, de la banalidad. Es como si el ideal del comportamiento corriente fuera la adaptación al statu quo, sea cual sea, porque el hecho de que la mayoría tienda a aceptarlo significa que es bueno en sí mismo. Al mismo tiempo, se trata de un rechazo al pensamiento independiente y sobre todo a la voluntad de sacrificar algo por unos ideales o arriesgar lo que sea.


El comportamiento mayoritario durante la “normalización” de los años setenta y ochenta, es decir, cuando la gente fingía que estaba de acuerdo con el sistema a cambio de poder disfrutar de su pequeña felicidad doméstica, se convierte aquí en ideal, y todo lo que se desvíe de esta fórmula es objeto de burla. De ahí que se rechazara a los disidentes. Ellos no se comportaban como la mayoría, estaban dispuestos a decir en voz alta la verdad y de ese modo mantener la continuidad del pensamiento libre, sin especular con el éxito sino arriesgándose al sacrifico y la pérdida. ¡Y esta desviación respecto del comportamiento normal no se perdona!


Me pregunta usted por mi credo político. Me opongo a toda idea fija, porque considero las ideas fijas como uno de los fenómenos comunes más peligrosos. Y por tanto me opongo también al fundamentalismo y dogmatismo de mercado, por lo que me merezco entre los “amargados” el sambenito de izquierdista. La ley del beneficio no garantiza nada coherente por sí mismo. Y si digo todo esto es porque el dogmatismo de mercado es parte de la ideología de lo estándar de la que hablábamos.


Pero yo no sé por qué debería, en virtud de una imposición superior, escoger a una mujer corriente, un piso corriente, acumular dinero y artículos de forma corriente y pensar de manera corriente. Y no sé por qué como político debería estar obligado a enarbolar la bandera de lo corriente. O bien consigo convencer a la ciudadanía de que mi opinión minoritaria tiene sentido y me gano su confianza, o bien seguiré mis propios criterios y no me ofenderé.


Aún podría formular mi “credo” de una manera distinta: creo que el orden moral es superior al orden legal, político y económico, y que estos órdenes deberían surgir de aquél y no buscar tretas para ver cómo pueden prescindir de su imperativo. Y que este orden moral tiene su anclaje metafísico en lo infinito y la eternidad.




-En relación con esta cuestión no puedo dejar de preguntarle cómo ve la situación política actual en la República Checa.


El papel dirigente del Partido Comunista, dictado por el poder y respetado por doquier, dejó tras de sí en la conciencia de la sociedad una honda impronta, y numerosas personas -sin darse cuenta- siguen respetando este principio, lo que significa que buscan una institución política que les facilite el camino del éxito. Hoy en día, la situación es radicalmente distinta: tenemos más partidos grandes e influyentes, uno puede elegir y en ningún lugar se exige de un modo claro y manifiesto la pertenencia a tal o cual partido.


No obstante, sin duda perduran residuos de este principio tanto en el sistema como en el sentimiento de la gente: primero hay que ingresar en algún partido, luego intimar con alguien para después buscar un provecho mayor. [...] Ahora la situación es distinta. Crecen las generaciones más jóvenes, a las que el lenguaje de nuestros políticos les resulta más bien extraño. Y no sólo a ellos: mucha gente está hoy en día cansada de ver a los mismos grandes partidos de siempre, las mismas caras, las mismas polémicas, los mismos acuerdos; no quieren participar en las elecciones, y decae su interés por la política.


Si alguien fuera capaz de ofrecer a estas personas una alternativa realmente sugerente y creíble podría conseguir, según mi estimación, hasta el 20 % de los votos en las próximas elecciones. Pero probablemente eso no sucederá. la gente a la que le gustaría ir por este camino y que, durante este tiempo, ha apoyado tanto a los pequeños partidos extraparlamentarios, sean liberales o verdes, como el abigarrado espectro de iniciativas ciudadanas, evidentemente no es capaz de llegar a un acuerdo. Una lástima. La revuelta contra el poscomunismo se pospone.


-Habla mucho de poscomunismo. En El poder de los sin poder, escrito hace casi treinta años, usó el término “posdemocracia”. ¿A qué se refería con ello?


Sucede lo mismo que con la “política apolítica”: utilicé esa expresión una sola vez, entre comillas, en un contexto concreto y de forma metafórica. Era el contrapunto a otro concepto igualmente situacional que usé entonces, el concepto de postotalitarismo. Con “posdemocracia” yo solamente aludía a una democracia que recuperara su contenido humano, que por tanto no es sólo formal, sino institucional, un mecanismo elegante que sirve para que, aunque sigan gobernando los mismos, parezca que son los ciudadanos los que siguen eligiendo.


Quizá pequé de ingenuidad cuando entonces expliqué lo que aún hoy creo y sigo creyendo de forma aún más apremiante: que si no deriva en una tragedia, hace falta una “revolución de mentes y corazones”, como la denominó Masaryk, una especie de despertar general del ser humano, un cierto énfasis en la búsqueda de alternativas a los partidos políticos establecidos, ya bastante deteriorados y muy tecnocráticos, o al menos en la apelación a su regeneración interna; un esfuerzo por privarlos de su poder oculto, inadvertido y omnipresente, que sostiene el mismo principio de la democracia representativa; el énfasis en el desarrollo de una sociedad civil abierta y en la reconstrucción de comunidades humanas reconocibles como medios de solidaridad y autocontrol humanos; la importancia del interés a largo plazo y de la dimensión espiritual y moral de la política.


Todo ello son sólo aspectos o consecuencias de la propia idea de la posdemocracia, que no es nada complicada; es simplemente la salida del ser humano del declive de una civilización autodestructiva.



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VÁCLAV HAVEL, Sea breve, por favor (Pensamientos y recuerdos). Entrevista con Karel Hvízd’ala. Traducción de Monika Zgustova. Círculo de Lectores, 2008. [FD, 27/05/2008]



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Vaclav Havel


Su pensamiento y acción dan fe de su integridad y de sus virtudes



REBECA PERLI |  EL UNIVERSAL 
martes 3 de enero de 2012



 
Vaclav Havel (Praga, 5 de octubre de 1936 - Vlčice, República Checa, 18 de diciembre de 2011), fue el último presidente de Checoslovaquia (1989-1992) y el primero de la República Checa (1993-2003). Se le reconoce como un paladín de la libertad y los Derechos Humanos, que fue repetidamente encarcelado por sus ideas democráticas y por enfrentarse, pacíficamente, al régimen comunista.

Su actividad política estuvo acompañada por su vocación literaria en el campo del teatro, poesía y ensayo. En sus Cartas a Olga, su primera esposa, de la que enviudó, registró sus memorias mientras estuvo encarcelado. En su ensayo El poder de los sin poder analiza el orden social y político que hace que los pueblos "vivan dentro de una mentira". Su lema era: "la verdad y el amor deben prevalecer sobre el odio y la mentira".

Havel tuvo participación protagónica en la Primavera de Praga (1968), movimiento pionero en enfrentar al totalitarismo soviético. En 1977 firmó la Carta 77 que hizo que la mirada del mundo se volviera a Checoslovaquia por su defensa de los derechos humanos, políticos y culturales, no solo en su país sino en el mundo entero. Sus autores, destacados intelectuales, fueron duramente perseguidos. En 1989 fue artífice de la Revolución de Terciopelo que propició la caída del régimen comunista sin que se disparara ni un solo tiro.

Vaclav Havel creía en la esperanza. "Esperanza -decía- ... no es la convicción de que algo va a salir bien, sino la seguridad de que algo tiene sentido, sin importar su desenlace".

Su pensamiento y acción dan fe de su integridad y de sus virtudes las cuales, como suele suceder, solo salen a relucir después del fallecimiento de quien las posee. Su muerte lo  colocó en el protagonismo internacional como símbolo de la lucha contra los regímenes totalitarios.




Tomado de El Universal