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viernes, 13 de junio de 2025

Las escritoras negadas por el machista Boom latinoamericano


Rosario Castellanos, Elena Garro, Clarice Lispector, María Luisa Bombal y Silvina Ocampo





"Las mujeres no escriben. Y cuando escriben, se suicidan": las escritoras latinoamericanas durante el Boom


Elena Poniatowska es una de las escritoras de la generación del Boom que más reconocimiento ha recibido, aunque fue posterior. FUENTE DE LA IMAGEN,RONALDO SCHEMIDT/GETTY IMAGES




Juan Carlos Pérez Salazar, @JCPerezSalazar



1 septiembre 2016


El recuerdo es de Cristina Peri Rossi, la gran escritora uruguaya: "Había una biblioteca que para mi era fundamental, la de un tío mío -comunista, soltero, intelectual-. Tendría unos mil libros que fui leyendo en los ratos que él no estaba, porque los tenía en su cuarto (...). Un día me dijo, muy severo: 'Imagino que todavía no has leído todos los libros que tengo, pero sí te habrás dado cuenta de cuántos libros de mujeres hay'".


"Y le dije: sólo tres. Hay uno de Alfonsina Storni, uno de Safo y uno de Virginia Wolf. Y me respondió: 'Mmmm. ¿Y te leíste las solapas para ver cómo murieron?'. Le dije: las tres se suicidaron. Y me contestó: 'Bueno, aprendé: las mujeres no escriben. Y cuando escriben, se suicidan".

Alfonsina Storni. Imagen tomada de aquí.


Cristina pertenece a una generación fabulosa en las letras latinoamericanas, la que empezó a darse a conocer en la década de los 60 y explotó en toda su dimensión en los 70. La generación que hizo que muchos críticos y lectores consideren a la de América Latina como la gran literatura mundial de la segunda mitad del siglo XX.


Pero es posible que muchos de esos lectores y críticos, si se les pregunta por algún nombre de la época, mencionen a los sospechosos de siempre: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, José Donoso o Guillermo Cabrera Infante.

Todos hombres.



La leyenda dice que la poetisa Safo de Lesbos acabó con su propia vida. Pintura de Safo por Karl Agricola


Camadas extraordinarias

Pero paralela a esa extraordinaria camada de escritores -y muchas veces entrelazada a ella- había también un grupo excepcional de escritoras, muchas de las cuales incluso ahora solo son conocidas en sus países. Y a veces ni siquiera en ellos.

Clarice Lispector


Un rápido repaso mental de las más conocidas nos da, además de Peri Rossi, a las mexicanas Elena Garro, Rosario Castellanos y Elena Poniatowska; la argentina Luisa Valenzuela, la colombiana Albalucía Ángel y las brasileñas Nélida Piñon y Clarice Lispector. Y faltan muchas.

Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes son dos de los más grandes escritores latinoamericanos.



La escritora mexicana Carmen Boullosa ("Las paredes hablan" y "La mano de Lepanto"), de la generación inmediatamente posterior, es una apasionada del tema y recuerda bien esos años.

La escritora mexicana Carmen Boullosa, de una generación posterior al Boom
Foto de JUAN BARRETO. 



"Me acuerdo que mi librero, cuando yo era jovencita, por supuesto que tenía a Donoso, García Márquez, Cortázar, Reinaldo Arenas. Muchísimos varones en español. Y tenía muchas autoras de otros idiomas: Katherine Mansfield, Virginia Woolf, Anaïs Nin, Emily Brontë, que habían alcanzado el prestigio literario para llegar al inocente librero de una jovencísima escritora.

Rosario Castellanos. Imagen tomada de aquí.


"En cambio, no tenía -y ahora que lo pienso me parece casi un crimen- a Rosario Castellanos, que fue una grandísima autora estrictamente contemporánea a la gente del Boom... (La novela) 'Los recuerdos del porvenir' la publicó Elena Garro en 1963 (el mismo año que Cortázar sacó "Rayuela" y Vargas Llosa "La ciudad y los perros"). Y el Boom no las tomó a ninguna de las dos. Ahí es donde uno ve que es mucho el asunto de género".

Imagen tomada de la BBC 

"Porque es verdad que Elena Garro estaba más loca que una cabra, puso los pies donde no tenía por qué ponerlos, pero no fue el caso de Rosario Castellanos, que era muy respetada, embajadora de México en Israel. Murió en 1974, o sea que hubo tiempo para que la levantara el Boom. Y no lo hicieron".


"A uno lo suicidan"


A la colombiana Albalucía Ángel, un hombre también le habló de suicidio, aunque de una manera muy diferente a la del tío de Peri Rossi.


En una entrevista que le hice hace algunos años, Albalú (como la conocen en Colombia) contó lo que le dijo su amigo Álvaro Cepeda Samudio (escritor colombiano, gran compinche de Gabo e integrante del famoso grupo barranquillero de La Cueva), cuando ella estaba en medio de una crisis por la presión y el rechazo que sentía por haber decidido ser escritora.


"Me dijo: 'No te dejes engañar, no te dejes suicidar'. Yo no le entendí. 'Es que a uno lo suicidan', me explicó. Tuve la fuerza de irme, porque yo iba a terminar probablemente como él, que sintió que la sociedad lo había acosado, Me decía mucho: 'Váyase, París es igual. Es uno el que no es igual'".


Cristina Peri Rossi reside en España desde los años 70. FUENTE DE LA IMAGEN,LIL CASTAGNET


Albalucía Ángel (como Cristina Peri Rossi, Elena Poniatowska o Nélida Piñon), fue una de las escritoras que conoció de cerca a los escritores del Boom. Primero a García Márquez, en los años 50, cuando aún no era García Márquez.


"Yo entré a La Cueva invisible y así salí. Me acuerdo perfectamente de Germán Vargas, de (Ramón) Vinyes, me acuerdo del ambiente, de los gritos de Álvaro... Y esa fue la tuerca grande de mi existencia para realmente prensarme dentro de ese mundo y decir: ¡Yo voy a ser escritora!".


Luego volvería a reencontrarlo en Barcelona, en la época en que la ciudad no sólo era la capital de Cataluña sino de la literatura latinoamericana, pues allí vivían, además de Carmen Balcells y Carlos Barral (la agente y el editor claves del movimiento), Gabo, Vargas Llosa y Donoso. Y Julio Cortázar viajaba cada que podía desde París.

Nélida Piñon


También vivían Nélida Piñon y Cristina Peri Rossi. Una muestra del cruce que existió entre escritores y escritoras de la generación del Boom, que algunas veces fue de colaboración.


A Albalú, por ejemplo, tanto Julio Cortázar como la que entonces era su esposa, Ugné Karvelis, intentaron -sin éxito- que se tradujera al francés su novela "Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón".

Ugné Karvelis

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Obras imprescindibles de escritoras latinoamericanas contemporáneas del Boom


Rosario Castellanos: Balún Canán; Oficio de tinieblas.

Albalucía Angel: Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón; Misiá Señora.

Elena Garro: Los Recuerdos del porvenir; La culpa es de los Tlaxcaltecas.

Cristina Peri Rossi: Cuentos reunidos; La Nave de los Locos.

Clarice Lispector: La hora de la estrella; La araña.

Nélida Piñon: La república de los sueños; Voces del desierto.

Luisa Valenzuela: Como en la guerra; Cola de lagartija.

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Compañero Cortázar

Julio Cortazar. Caricatura de Julio Ibarra. Cortázar tuvo excelentes relaciones con varias de las escritoras de su generación.


Cristina Peri Rossi también recuerda con mucho cariño a Cortázar. "Es uno de los hombres con los que me he sentido más cómoda. Con afinidades muy grandes. Por ejemplo, en la época en que no existían las películas de Spielberg, él y yo amábamos los dinosaurios y nos pasábamos inventando cuentos de dinosaurios...".

Jurassic Park (1993) Theatrical Trailer

https://m.youtube.com/watch?v=_jKEqDKpJLw&pp=ygUNanVyYXNzaWMgcGFyaw%3D%3D


Peri Rossi dice que no se sintió opacada por los escritores del Boom. "Yo no lo sentí personalmente. América Latina es muy diversa y en realidad me siento mucho más ligada a Argentina que a otros países. Por lo tanto me bastaba que hubiera unos cuantos escritores latinoamericanos... que no son los del Boom precisamente. Por ejemplo, yo admiraba mucho a Juan José Arreola, que me parece el gran renovador del cuento en América Latina, más que Borges".


"Yo casi que por manera de ser no me hago amiga de los escritores porque sean escritores. Yo le decía siempre a Julio: 'si hubieras sido de otra profesión -salvo militar o cura- habríamos sido amigos...'. Además porque a veces la escritura me parece el aspecto más interesante de una persona. Entonces yo no me sentí opacada, pero quizás porque soy una inconsciente, no sé".


Sin embargo, reconoce que "era muy difícil hablar de emociones y sentimientos con esa generación de hombres".

Vargas Llosa con Patricia Llosa, Donoso y su esposa Pilar Serrano, Mercedes Barcha, mujer de Gabo. Imagen tomada de El Español


María Pilar Donoso, esposa del chileno José Donoso, es más severa en su texto "El Boom Doméstico" (apéndice al libro "Historia personal del Boom", de su marido) donde habla del machismo de los García Márquez y Vargas Llosa de esos años y cómo parecían no respetar intelectualmente a las mujeres.

La historia de Cambridge de la literatura femenina en América Latina. Un texto clave... que sólo se consigue en inglés. FUENTE DE LA IMAGEN,BBC MUNDO


En "La historia de Cambridge de la literatura femenina de América Latina" (publicada en diciembre de 2015, aún sin edición en español), hay un capitulo titulado "Boom y Boomito", donde se indica que resulta paradójico que un movimiento que fue en buena parte impulsado por una mujer (la editora y agente catalana Carmen Balcells), no incluyera a mujeres.

Carmen Balcells junto a algunos autores del boom latinoaméricano: García Márquez, Jorge Edwards, Vargas Llosa, José Donoso y Ricardo Muñoz Suay

"Como un producto de su tiempo, ella no estaba lista para ver que las escritoras latinoamericanas estaban escribiendo ficción cautivadora desde los años 50, aunque en una producción que permanecía aislada (...). Desde los 50, en Latinoamérica, en especial después de avances legales importantes como el voto femenino y la igualdad de derechos civiles, un número importante de mujeres acogieron el género de la novela".



"Me pareció muy bien el Boom"


En una entrevista que le hice el año pasado, Elena Poniatowska dijo que su camino no había sido tan difícil como el de sus antecesoras que nacieron o vivieron en México, artistas como Tina Modotti, Leonora Carrington o Antonieta Rivas Mercado.

Antonieta Rivas Mercado.



"Es un gran mundo de mujeres olvidadas, bueno, salvo Frida Kahlo que ahora es casi la Virgen de Guadalupe, pero en general las otras eran muy olvidadas y no sólo eso, sino muy expuestas, consideradas locas. En México, las mujeres que se salían del camino establecido eran satanizadas y tenían una vida muy dura. Y acababan en cierto momento enloqueciendo de tanto que sentían que eso era lo que el público quería que ellas fueran. Que demostraran con su vida que ellas no eran normales".

Tina ModottiImagen tomada de aquí.



Poniatowska -la última mujer en recibir el Premio Cervantes de Literatura y la segunda latinoamericana, tras la cubana Dulce María Loynaz- fue muy cercana a los escritores del Boom. "A mí me pareció muy bien el Boom, yo quise muchísimo al mexicano Carlos Fuentes. Quise muchísimo a Julio Cortázar y no se diga a García Márquez".

Dulce María Loynaz. Imagen tomada de aquí.


"Elena es única y es una grande", dice Carmen Boullosa. "Ha tenido una receptividad ahora del tamaño de lo que es ella, pero esa misma receptividad no la tuvieron Rosario Castellanos o Silvina Ocampo".


Silvina Ocampo. Imagen tomada de aquí


Es entonces que menciona a la mexicana Nellie Campobello, a quien yo no conocía.


"Nació en 1900, o sea que es un poquito anterior (al Boom), pero murió en los 80, secuestrada por su abogado y su propia secretaria para desvalijarla de sus propiedades. En los 60 publicó Mis Libros, ilustrado por José Clemente Orozco, el gran pintor. Y no la toman. Y no sólo eso, la abandona completamente el mundo literario y la dejan morir cautiva. En el más absoluto abandono y en el desamor total. ¿Por qué? Porque era mujer".


Nellie Campobello. Imagen tomad de aquí.


¿Ha cambiando la situación en los últimos años? A simple vista parece que sí. Elena Poniatowska es leída y respetada en el mundo entero. Y la figura de Clarice Lispector no hace sino crecer: la novela Contigo en la Distancia, de la chilena Carla Guelfenbein, premio Alfaguara de 2015, es una biografía novelada de la brasileña, y sus libros son reeditados y traducidos de manera constante.


Cristina Peri Rossi no ha dejado de producir y publicar, pero Albalucía Ángel (que paró de escribir a mediados de los 80) es raramente reeditada en Colombia.


Y advierte Carmen Boullosa: "A mi generación le tocó diferente... Pero no fue tampoco igual, ¿eh? Eso que quede claro. Una mujer tiene que ganar diez veces más bonos para que no la miren por encima del hombro. Y aún así lo hacen".


https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-37176102





La mujer dentro del boom latinoamericano
17 Visualizaciones desde el 16 nov de 2023

https://m.youtube.com/watch?v=OcjXIwDbuZA&pp=ygUcYm9vbSBsYXRpbm9hbWVyaWNhbm8gbXVqZXJlcw%3D%3D




Las MUJERES del ✅ BOOM LATINOAMERICANO | Las olvidadas del boom | Pitecantropo
5198 Visualizaciones desde el 30 ago de 2021

https://m.youtube.com/watch?v=uA4S36MecNc&pp=ygUcYm9vbSBsYXRpbm9hbWVyaWNhbm8gbXVqZXJlcw%3D%3D





Ya nadie lee a Elena Garro?

https://m.youtube.com/watch?v=BisWKfiNqfo&pp=ugUEEgJlcw%3D%3D

Enlaces relacionados:









domingo, 14 de agosto de 2016

Los Animales Krakers y la revista Zikeh:

Foto fija de grupo literario con revista






Estimados Amigos

Hoy tenemos el gusto de hacerles llegar una nueva entrega de nuestro amigo Carlos Yusti. Esta vez nos zambullirá en las experiencias vividas dentro de la revista de un grupo literario ajeno a las roscas culturales usuales en la Valencia del Rey. Con anterioridad ya nos ha mostrado celajes de esa revista y su grupo literario y en esta oportunidad nos mostrará un poco más las corrientes subterráneas que permitieron cuajar de manera exitosa (por lo menos editorialmente) el fanzine Zikeh, organo divulgativo del grupo Animales Krakers.

El Dragón Chino es el enmascarado

Deseamos disfruten de la entrada y de los animales krakers en su plato mañanaero si logran conseguir la leche que ahora se encuentra tan escasa en la patria de Miranda, Bolívar, Piar y el Dragón chino.

Richard Montenegro

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Foto fija de grupo literario con revista

“No se sorprendan de mi silencio: el motivo principal es que nunca encuentro nada interesante que contarles. Viviendo en uno de estos países nunca hay nada que contar. Desiertos poblados de estúpidos negros, sin caminos, sin correos, sin viajeros: ¿qué queréis que les escriba?...”

(Arthur Rimbaud, Cartas Abisinias, Harar, 25 de febrero de 1890)

Carlos YUSTI

La foto del grupo literario Los Animales Krakers no existe como tal. Para el momento que comenzamos a reunirnos (en algún bar, en una que otra plaza o en un café cercano de la Escuela deTeatro Ramón Zapata, situada a un costado de la plaza Sucre) los teléfonos celulares eran un invento de la ciencia ficción (al igual que el computador personal o las tablas). Además como éramos unos desclasados de la literatura, unos pirañas advenedizos de  las letras, especie de manada underground interesada más de leer la vida en el día a día, que en documentarla para la posteridad. Nunca estuvimos preocupados en llevar un registro fotográfico de nuestras actividades circunscritas a beber mucha literatura más que a escribirla; ah sí y a discutir en demasiado sobre arte, libros y política. 

Escuela de Teatro Ramón Zapata

 Así estuvimos  tres o cuatro años como un grupo asiduo en la ciudad cultural de Valencia, nuestro anonimato era nuestra fortaleza y aunque todos escribíamos poemas y cuentos nos importaba, como grupo se entiende, era  encontrarnos para compartir nuestro descontento y cierto desgano hacia una literatura y una actividad cultural muy apegada a las normas establecidas, al boato universitario y a ese discurso municipal del orden (o las buenas maneras) y que despreciaba/desechaba nuestros escritos en sus revistas, en sus páginas literarias muy ordenadas y bostezantes, donde todas las palabras eran pescadas con cuidado del gran diccionario de la literatura convertida en artefacto arbitrado y especializado, en puente de tráfico de influencias para enchufarse/acomodarse en ese gran engranaje cultural de papeles literarios y revistas de literatura. Todo un tanto asqueante, achacoso y vomitivo.



El grupo estuvo integrado por Judith Pezzente, Humberto Gonzáles, José Vicente Arcila, Juan Aponte Celis, Argenis Azuaje, Gersón Barrientos. Como constantes compinches estaban Alida Gonzáles, Alexis Gonzáles y una buena lista de cómplices colaboradores. Nuestras conversaciones se inyectaban con una sobredosis de nicotina y no sólo la literatura nos resultaba aburrida, sino la política donde todo se resumía a una farsa teatral con un libreto escrito por secretarios de segunda. En el mar de la utopía política navegábamos a las mil maravillas. Éramos unos suicidas que nunca encontraron su vena ni la navaja oportuna. Mientras en otros grupos (similares al nuestro) algunos de sus miembros se abrían las venas o se arrojaban del quinto piso de algún edificio, nosotros seguíamos atornillados al madero de la literatura, más voceada que escrita, aferrados como plantas parásitas al frío metal de la página en blanco, la ilusión de que a futuro mancharíamos páginas y páginas con nuestros gusanos tipográficos nos mantenía “al filo de la navaja”( y en ese tiempo despreciábamos a rabiar a William Somerset Maugham).

William Somerset Maugham

 En fin, estábamos felices en nuestra burbuja de malditismo convocante y oral hasta que a Humberto Gonzáles se le ocurrió la diletante idea de que era necesario editar una revista y que él se identificaba mucho con un hipopótamo y explicaba que el dichoso animal, a pesar de su corpulencia, evitaba la confrontación y que cuando el mundo le resultaba hostil sólo se sumergía en el agua y listo. Y entonces cada quien fue buscando su animal con cual traspapelarse. De allí surgió el nombre de los animales. Le agregamos el Krakers por la película de los hermanos Marx y por esas galleta con forma de animalitos, especie zoo dulce y crujiente con el que acompañábamos el café de la tertulia y la miseria. El nombre de la revista lo decidió el azar. Fuimos colocando nombres en una caja y el nombre que más saliera sería el seleccionado. Al final  el nombre que se impuso en varios intentos fue ZIKEH y entonces para darle una explicación aludíamos a la psique, en su concepción griega referida al «alma humana» y otros embustes más o menos eruditos que fuimos improvisando sobre la marcha.

Shirley Temple : Animal Crackers In My Soup Extended Version


No teníamos dinero para la dichosa publicación y trabajamos duro para conseguirlo. Además un grueso del capital salió de nuestros bolsillos. Alguien tenía un multígrafo, otro tenía tinta y un poco así conseguimos los materiales restantes y el papel necesario. En esta etapa tuvimos que enseriarnos con la escritura. Ahora lo hacíamos con regularidad y fuimos seleccionado el material escrito acorde con nuestro espíritu chocarrero y contestario.  Por supuesto no faltarían las groserías, las malas manera y los exabruptos reaccionarios y de todo tipo. Veníamos a meter las pezuñas en las oraciones, a descorrer las cortinas de la literatura hecha con las entrañas y la rabia. Zikeh (17 X 27cm) resultó una especie de cuaderno febril de 100 páginas y más que una revista fue la pared de un baño público, con oxido en la tuberías y ese vaho de la desidia subiendo como un puñetazo de orina pestilente directo a la garganta del lector.

Julio Cortazar. Julio Cortazar. Caricatura de Julio Ibarra

Asiduos lectores de Vallejo, Rimbaud y  Cortázar como grupo sabíamos que nuestro norte no era ser comparsa de ese mundillo literario de Valencia tan godo y de apellidos. Teníamos presente ese fragmento poético de Cortázar: “La lucha
de un puñado de pájaros contra la Gran Costumbre.” 
 Íbamos con dientes y garras a por la Gran Costumbre. Por otra parte asumimos al pie de la letra eso escrito por el gran cronopio: “Toda poesía que merezca ese nombre es un juego…” Asumimos ese juego desde lo excrementicio  y lo bizarro.

Logramos editar 4 números de la revista ZIKEH y estuvimos casi cinco años bebiendo y escribiendo como posesos. Al final hastiados y con los hígados lesionados decidimos separarnos en rabiosos términos y aunque quedamos como amigos cada quien fue a lo suyo y nos largamos a una Abisinia (de metáfora y mampostería falsa) para olvidarnos de la poesía y volvernos hombres de bien con la pierna del alma amputada.

Hace poco he conversado con los viejos camaradas del grupo. Ya ninguno pinta, ninguno escribe y ninguno ha publicado un libro. Todos se han replegado y se han quedado en ese umbral chinesco del anonimato. Sólo yo, que nunca me curé de esa enfermedad de la literatura, he tenido el caradurismo de seguir en el filo de las palabras, haciendo equilibrios de funambulista como si de una cable tenso se tratara.

Animal Crackers (1930) Official Trailer - Marx Brothers Movie HD


Ahora que veo a distancia la travesía de los Animales Krakers y su revista Zikeh presumo que se trató de un momento de urgencias existenciales, todo un tanto lleno de azar y nausea sartreana. Nunca escribimos un manifiesto, jamás caligrafiamos el rosario de nuestros principios, mucho menos tallamos en roca nuestros postulados. Fuimos un grupo literario atípico sin ínfulas artísticas o literarias. Necesitábamos quemar el momento, militar en la inutilidad llana y simple. Para que todo resultara profundo y con cosa le dimos algunos brochazos de poesía, cuento y ensayo, pero en realidad íbamos dejando el talento en esos días sin huellas y en la página solo fuimos dejando nuestra sombra rupestre y sin trascendencia. Como grupo literario nos esmeramos en acicalar nuestra pose a contracorriente, nuestra pose váyase todo a la mierda. Todo tenía algo de performance, de arte efímero. Descuidamos las palabras y en vez de escribir literatura estábamos preocupados en saldar cuentas con nuestros demonios mal hablados y peor escritos.



Hoy los grupos literarios son hojas amarillentas en las hemerotecas, anotaciones nerviosas en algún blog. En lo personal creo que el grupo para todos sus integrantes fue una terapia, un diván para acostar nuestras obsesiones literarias y de otro tipo. Todos salimos ilesos, dentro de lo que cabe (esperar), de dicha experiencia. La poesía duele menos cuando se vive (y se bebe) que cuando se escribe. El escritor siempre anda de puntillas en el filo de las palabras con ese peligro latente de caer en el abismos y los otros integrantes lo detectaron a tiempo y arrojaron las hojas en blanco a la papelera para salvarse en el silencio, de ese terrible silencio sin escritura que prolifera cuando no hay nada que contar y cuando la Gran Costumbre toma la palabra.

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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Pohttp://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films NeutrónAlfa Eridiani, Valinor, miNaturaTiempos OscurosGibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.




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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia


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Entrada actualizada el 07/02/2026
07 de agosto de 2022