Imaginad que sois responsables de un grupo de personas en
las que tenéis que fomentar de alguna manera la creatividad. La tarea, de
entrada, puede tener trampa, porque tal vez para llevarla a cabo sea condición
necesaria tener así mismo un cierto grado de esa creatividad. O no. Ahí está el
tema. Nadie sabe de dónde nace la capacidad de crear, de abrir nuevos caminos
que nunca antes han sido explorados. Es como si el común de los mortales
estuviéramos condenados a recorrer una y otra vez las mismas variantes de un
intrincado laberinto, mientras que un selecto grupo de personas es capaz de
trazar caminos nuevos, atajos que siempre han estado ahí pero que nosotros no
vimos.
¿Cómo lo hacen?
¿Puede adquirirse ese don?
¿Cómo lo hacen?
¿Puede adquirirse ese don?
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| Cartel de la película de 1988 llamada El joven Einstein |
Tal vez el
llamado “pensamiento lateral” tenga algo que ver con todo este asunto. Se trata
de una manera de pensar alternativa, en la que las conexiones mentales no
obedecen exactamente a las leyes de la lógica y que ofrece soluciones
imaginativas a todo tipo de problemas. ¿Significa esto que la creatividad está
reñida con la lógica? Yo creo que no. Einstein dijo una vez en una entrevista
que estaba convencido de que había sido capaz de enunciar su Teoría de la
Relatividad porque estaba alejado del mundo académico e investigador de las
universidades y eso hizo que su mente no estuviera “contaminada” por las ideas
de otros científicos. Y tal vez sea así. Tal vez lo único que podemos hacer
para fomentar la creatividad es no hacer nada, que aunque parezca fácil, no lo
es. Puede que para sembrar ese germen lo único que debamos hacer sea no
condicionar, no presionar, no restringir. Tal vez ni siquiera debamos enseñar.
La creatividad nace de un pozo en el que muy pocos pueden mirar, y es como el
humo que se moldea solo si se lo encierra para darle una forma concreta; en
cuanto se abre el recipiente, se vuelve a escapar. En ese sentido, intentar
dirigir o entrenar la creatividad no tendría más efecto que extinguirla.
En este artículo
encontraréis las reflexiones de Isaac Asimov, una persona altamente creativa,
sobre este tema. Él sí se enfrentó a la tarea de estudiar la posibilidad de
fomentar esa capacidad en un grupo de personas. Y aunque sus conclusiones
pueden estar más o menos acertadas, tan solo pensar en ellas es ya una manera
de abrir un poco la mente. Si las leéis, hacedlo sin prejuicios. Imaginad que
sois vosotros quienes las lleváis a cabo. Sed creativos.
Nieves Delgado
Escritora y Docente de secundaria
Trailer del filme El Joven Einstein
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[Nota de Arthur Obermayer,
amigo del autor: En 1959 yo trabajaba como científico para Allied
Research Associates, en Boston. La compañía había surgido del MIT y en
un principio se enfocaba en los efectos que tenían las armas nucleares
en las estructuras de los aviones. La compañía obtuvo un contrato con el
acrónimo GLIPAR (“Normas del Programa de Investigación Anti-Misiles”,
según la sigla en inglés) de la “Agencia de Proyectos de Investigación
Avanzada” para promover los posibles enfoques más creativos en el
desarrollo de un sistema de defensa antimisiles. El gobierno reconoció
que no importaba cuánto se invirtiera en mejorar y expandir la
tecnología del momento ésta siempre era deficiente. Querían que nosotros
y otros pocos contratistas más pensáramos de manera innovadora. Al
principio, cuando me involucré en el proyecto, sugerí que Isaac Asimov,
quien era un buen amigo mío, era la persona indicada para participar. Él
demostró su disposición y asistió a algunas de las reuniones.
Eventualmente, decidió no continuar porque no quería acceder a ninguna
información clasificada ya que limitaría su libertad de expresión. Sin
embargo, antes de irse escribió este ensayo sobre la creatividad, que
fue su único aporte formal. Este ensayo nunca fue publicado ni utilizado
más que por nuestro pequeño grupo. Cuando hace poco lo encontré
mientras ordenaba algunos archivos viejos, descubrí que su contenido era
tan relevante hoy como cuando lo escribió. Describe no sólo cómo es el
proceso creativo y la naturaleza de las personas creativas sino también
el tipo de ambiente que promueve la creatividad.]
Texto inédito en español publicado en MIT Technology Review.
Traducción_ Daniela Soubies.
¿Cómo es que la gente tiene nuevas ideas?
Se presume que el proceso
creativo, sea lo que sea, es esencialmente el mismo en todas las ramas y
variedades, por lo que el desarrollo de una nueva forma de arte, de un
nuevo artefacto, de un nuevo principio científico, implica factores
comunes. Estamos más interesados en la “creación” de un nuevo método
científico o en una aplicación nueva de un método antiguo, pero podemos
generalizar.
Una manera de investigar
el problema es considerar las grandes ideas del pasado y ver de qué
manera fueron concebidas. Desafortunadamente, el método de generación
nunca es claro inclusive para los mismos “generadores”.
Pero, ¿qué pasaría si la
misma idea trascendental se les ocurriera en simultáneo pero
independientemente a dos hombres? Quizás los factores comunes
involucrados serían reveladores. Por ejemplo, la teoría de la evolución
por selección natural, creada de manera independiente por Charles Darwin
y Alfred Wallace.
Ahí hay muchas cosas en
común. Ambos viajaron a lugares lejanos, observando especies exóticas de
plantas y animales y la manera en que variaban de un lugar a otro. Los
dos estaban profundamente interesados en encontrar una explicación para
eso, y ambos fallaron hasta que cada uno leyó el “Ensayo sobre el
principio de la Población” de Malthus.
Luego, ambos observaron
cómo la noción de superpoblación y erradicación (que Malthus había
aplicado a los seres humanos) encajaría en la doctrina de la evolución
por selección natural (si se aplicaba a las especies en general).
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| Malthus |
Entonces, es obvio que lo
que se necesita no son sólo personas con buena experiencia en un campo
en particular, sino también capaces de realizar una conexión entre el
ítem 1 y el 2, los cuales a simple vista no parecen conectados.
Indudablemente, en la
primera mitad del siglo 19, una gran cantidad de naturalistas habían
estudiado la manera en la que las especies se diferenciaban entre ellas.
Una gran cantidad de gente había leído a Malthus. Quizás algunos
estudiaban las especies y habían leído a Malthus. Pero lo que se
necesitaba era alguien que estudiara las especies, hubiera leído a
Malthus y tuviera la habilidad de hacer una conexión cruzada entre
ellas.
Ése es el punto crucial,
es decir, la rara característica que debe encontrarse. Una vez que se
hace la conexión, ésta se vuelve evidente. Se supone que Thomas H.
Huxley, luego de leer “El origen de las especies”, exclamó: “Qué
estúpido fui al no darme cuenta de esto”.
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| Thomas H. Huxley |
Pero, ¿por qué no pensó en
eso? La historia del pensamiento humano indicaría que existe una
dificultad para concebir una idea incluso cuando todos los elementos
están sobre la mesa. Hacer la conexión cruzada requiere una cierta
osadía. Debe ser osada ya que cualquier asociación que no lo sea, es
hecha al mismo tiempo por varias personas y no se desarrolla como una
“nueva idea” sino como un mero “corolario de una antigua idea”.
Una nueva idea sólo parece
ser razonable tiempo después de haber sido formulada. Normalmente,
parece ilógica al comienzo. Parece el colmo de la insensatez suponer que
la Tierra era redonda en vez de plana, o que se movía ella en vez del
Sol, o que los objetos, cuando se mueven, requieren la aplicación de una
fuerza para poder frenar en vez de necesitarla para continuar en
movimiento, etcétera.
Una persona que esté
dispuesta a volar frente a la razón, la autoridad y el sentido común,
tiene que ser una persona considerablemente segura de sí misma. Como
esto rara vez sucede, debe parecerle excéntrica (al menos en ese
aspecto) al resto de nosotros. Una persona excéntrica en un aspecto a
menudo es excéntrica en otros.
Por consiguiente, la
persona más propensa a tener nuevas ideas es una que cuente con una
buena experiencia en el campo de interés y cuyos hábitos no sean
convencionales (ser extravagante no es condición suficiente por sí
sola).
Una vez que tienes la
gente indicada, la próxima pregunta es:
¿Deberías juntarlos para que discutan el problema mutuamente o deberías informarle el problema a cada uno por separado y dejarlos trabajar solos?
¿Deberías juntarlos para que discutan el problema mutuamente o deberías informarle el problema a cada uno por separado y dejarlos trabajar solos?
Mi opinión es que mientras
la creatividad esté en juego, se requiere estar aislado. La persona
creativa está, de todos modos, trabajando en ella continuamente. Su
mente está reorganizando la información en todo momento incluso cuando
no es consciente de ello (un ejemplo famoso de esto es el trabajo de
Kekule en la estructura del benceno en sus sueños).
La presencia de otros sólo
puede inhibir ese proceso ya que la creación es incómoda. Por cada
buena idea que tienes, tienes cien, diez mil ideas tontas las cuales,
naturalmente, no quieres que se sepan.
Sin embargo, conocer a tales personas puede ser deseable por otras razones más allá del acto de creación en sí mismo.
No hay dos personas que
tengan exactamente el mismo bagaje mental duplicado. Una persona puede
saber A y no B, otra puede conocer B pero no A, mientras que ambas
conociendo A y B pueden llegar a la misma idea aunque no necesariamente
de una o inclusive rápido.
Es más, la información
puede no estar conformada sólo por ítems individuales A y B, pero
también por combinaciones como A-B, las cuales en sí mismas no son
significativas. Sin embargo, si una persona menciona la combinación
inusual A-B y otra rara combinación A-C, bien puede ser la combinación
A-B-C, la cual nadie ha pensado por separado, la que tenga la respuesta.
Me parece que el propósito
de las sesiones de cerebración no es solamente el de generar nuevas
ideas sino que los participantes se enteren sobre los hechos, las
combinaciones de datos, las teorías y los pensamientos aleatorios.
Pero ¿cómo persuadir a las
personas creativas de participar? Primero y principal, debe propiciarse
la comodidad, la relajación, y una sensación general de permisividad.
El mundo en general desaprueba la creatividad y ser creativo en público
está particularmente mal visto. Incluso, especular públicamente es
bastante angustiante. Los individuos deben, por consiguiente, tener la
sensación de que los demás no los objetarán.
Si a un solo individuo
presente le resultara antipática la insensatez inherente a esa sesión,
los demás se paralizarían. El individuo antipático puede llegar a ser
una mina de oro de información pero el daño que hace compensaría ese
hecho por demás. Me parece indispensable, entonces, que toda la gente
presente en la sesión esté dispuesta a sonar como estúpida y a escuchar a
los otros sonar como estúpidos.
Si un solo individuo
presente tiene más reputación que los demás o es más elocuente o tiene
una personalidad claramente más imponente, puede, tranquilamente, tomar
las riendas de la conferencia y reducir al resto a poco más que una
audiencia de obediencia pasiva. Ese individuo puede ser extremadamente
útil por sí mismo, pero bien podría ponerse a trabajar solo ya que
estaría neutralizando al resto.
El número óptimo de
integrantes no debería ser muy alto. Arriesgaría que no más de cinco
sería lo deseable. Un grupo más grande tendría, en total, una mayor
fuente de información pero existiría la tensión de tener que esperar
para hablar lo cual puede ser muy frustrante. Probablemente, sería mejor
hacer un número de sesiones en las cuales los asistentes varíen en vez
de tener una sola sesión que los incluya a todos (esto implicaría una
cierta repetición, pero ni la repetición es indeseable en sí misma. No
se trata de lo que la gente dice en estas conferencias sino de lo que
estas conferencias inspiran en cada uno después).
Para mejores resultados,
debería haber un sentimiento de informalidad. La jovialidad, el uso de
los primeros nombres, las bromas relajadas, son, pienso, esenciales – no
por sí mismas sino porque alientan la disposición de involucrarse en la
locura de la creatividad. Con este propósito, creo que una reunión en
la casa de alguien o una cena en algún restaurante son probablemente más
útiles que una reunión en una sala de conferencias.
Quizás, la sensación de
responsabilidad sea más inhibidora que nada. Las mejores ideas de todos
los tiempos provienen de personas a las que no les pagaban por tener
grandes ideas, sino por ser profesores o vendedores de patentes o
funcionarios mínimos o directamente no les pagaban. Las grandes ideas
surgieron como cuestiones secundarias.
Sentirse culpable porque
uno no ganó su sustento por no haber tenido una gran idea es la forma
más segura, me parece, de garantizar que tampoco ninguna surgirá en el
futuro.
Además, tu empresa está
llevando a cabo una jornada de reflexión sobre el presupuesto
gubernamental. Imaginar a los congresistas o al público en general
escuchando a los científicos tontear, despilfarrar, contar chistes
verdes, acaso a expensas del gobierno, es para empezar a sudar en frío.
De hecho, el científico promedio tiene la suficiente consciencia como
para no querer sentir que está haciendo esto en público, aun cuando
nadie se da cuenta.
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| Un chico creativo Nicola Tesla. Imagen tomada de aquí |
Sugeriría que a los
miembros de una sesión de cerebración se les encarguen tareas sinecuras –
la redacción de informes cortos o resúmenes de sus conclusiones o
respuestas breves a problemas sugeridos – y que sean retribuidos
económicamente por eso. Ese pago sería la tarifa que ordinariamente se
les pagaría por la sesión de cerebración. Esta sesión sería entonces
oficialmente ad honorem y eso permitiría una considerable relajación.
No creo que las sesiones
puedan llevarse a cabo sin guía. Debe haber alguien a cargo que tenga un
rol equivalente al de un psicoanalista. Un psicoanalista, como yo lo
entiendo, haciendo las preguntas adecuadas (y excepto por eso,
interfiriendo lo menos posible) logra que el paciente, por sí solo,
analice su vida pasada de manera de obtener una nueva comprensión de la
misma a su manera.
Del mismo modo, un árbitro
de la sesión deberá estar presente, provocando a los animales, haciendo
preguntas astutas, haciendo los comentarios necesarios, guiándolos
gentilmente de nuevo al punto. Como el árbitro no sabe qué pregunta es
astuta, ni qué comentario es necesario ni cuál es el punto, el suyo no
será un trabajo fácil.
Respecto de los artilugios
diseñados para promover la creatividad, pienso que deberían surgir de
las mismas sesiones. Si los participantes están completamente relajados,
libres de responsabilidad, discutiendo algo de interés y siendo
naturalmente no convencionales, ellos mismos crearán los recursos para
estimular el debate
Tomado de Revista Paco



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