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viernes, 7 de abril de 2017

Neutrón con el FANDOM-MANÍA:

Crono-guía de publicaciones sobre el fantástico




Estimados Amigos

Hoy le hacemos llegar esta breve nota de Carlos Díaz Maroto  sobre la revista Neutrón que gestiona nuestro amigo Txema Gil.

Dsisfruten de la entrada y compren la revista.

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Fantastic Films-Neutrón, fanzine editado por Txema Gil, vuelve con su número 7 en la segunda época para ofrecer la primera entrega de un proyecto ambicioso. Con el título de FANDOM-MANÍA: Crono-guía de publicaciones sobre el fantástico, pretende reunir información cronológica sobre todo tipo de publicaciones –revistas, libros, fanzines, álbumes de cromos… – centrados en el cine fantástico, de terror y ciencia ficción. No entran, por ejemplo, revistas generalistas, tipo Fotogramas, aunque sí algún especial dedicado al género.


Txema Gil

El propio Txema lo explica en el editorial de este primer número: «Esta crono-guía es eminentemente gráfica, y pretendo que las imágenes sean a buen tamaño y en la mejor calidad de reproducción posible. Ello se representará por décadas en números del fanzine, y cuando la guía se haya terminado será actualizada y publicada en forma de libro, para lo cual tengo ya dos editoriales que quieren publicarlo. Este primer volumen que tenéis en las manos abarca el primer periodo, desde los inicios hasta 1979».

Los colaboradores con los que cuenta este primer número, aparte del propio Txema, son, por orden de aparición: Carlos Díaz Maroto, Rubén Risco Fidalgo, Adrián Encinas, Niño Ortea, Miguel Ángel Plana, Armando Boix, Ángel Gómez Rivero, Luis Galeano Rojo, Marcos Ordóñez, José Manuel Villena Pastor y José Gracia.

YA PODÉIS RESERVARLO EN: klandestine666@hotmail.es

¡¡¡VIVA EL FANTÁSTICO Y EL PAPEL!!!

Carlos Díaz Maroto

Tomado de Pasadizo- El Blog

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Carlos Díaz Maroto


Escritor y amigo del blog del Grupo Li Po y administrador del blog  Pasadizo


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Entrada actualizada el 07 de agosto de 2022

viernes, 10 de marzo de 2017

Sherlock Holmes contra las Cláusulas Suelo:

Una colaboración de Los Irregulares en MalaKa




Resulta curioso cómo, en muchos casos, la figura mítica de Sherlock Holmes se halla vinculada a gran cantidad de aspectos de nuestra vida cotidiana. Lo vemos como protagonista de chistes, spots publicitarios y se hace uso de él en muchos libros de diversas temáticas, tanto de viajes como de técnicas forenses o de razonamiento matemático. Una encuesta en determinado momento hizo ver que había mucha más gente que creía real a un personaje ficticio como Sherlock Holmes que a uno auténtico como Jack el destripador.

Todos los Sherlock. Ilustración de Tony Richmon

Cuando apareció la primera novela de Sherlock Holmes, Estudio en escarlata (A Study in Scarlett, 1887) no fue un éxito inmediato. Hubo de pasar un tiempo para que este «detective consultor», como él mismo se definiera, gozara de las mieles del triunfo editorial. Pronto surgieron imitadores, que el lector puede consultar en una maravillosa –y muy antigua– edición, en dos volúmenes, Los rivales de Sherlock Holmes (The Rivals of Sherlock Holmes, 1970), recopilada por Hugh Greene –hermano de Graham–, y donde nos presenta otros detectives victorianos y eduardianos surgidos de la pluma de autores como Arthur Morrison, R. Austin Freeman o la baronesa Orczy, creadora de la Pimpinela Escarlata. Pero el propio Sherlock Holmes, desde muy pronto, fue presa de plagios e imitaciones directas; en este sentido, puede que el primer pastiche perpetrado sobre la creación de Sir Arthur Conan Doyle fuera en 1913 con la novela griega Ο Σέρλοκ Χολμς σώζων τον κ. Βενιζέλον, que se puede traducir como «Sherlock Holmes salva a Mr. Venizelos», y que apareció serializada en la revista Hellas. Desde entonces, la representación del genio de Baker Street es constante, y por tanto no es raro verlo enfrentarse nada menos que a las cláusulas suelo, algo mucho más temible que Moriarty, sin duda.

Carlos Díaz Maroto


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La Revista del Colegio Notarial de Madrid: El Notario del siglo XXI en su número 71 de Enero-Febrero de 2017 tiene como portada una imagen promocional de la película Las aventuras de Sherlock Holmes en Hispanoamérica y Sherlock Holmes contra Moriarty en España (The Adventure of Sherlock Holmes, 1939 de Alfred Werker), protagonizada por Basil Rathbone como Sherlock Holmes, Nigel Bruce como Doctor Watson e Ida Lupino como Ann Brandon, que en ningún caso es un remedo de Irene Adler. En 2011 39 escalones Films realizó una edición especial coleccionista de las dos películas protagonizadas por Rathbone y Bruce para la Fox: El perro de los Baskerville (The Hound of the Baskerville, 1939 de Sidney Lanfield) y la película que nos ocupa. La edición venía acompañada de un magnífico libreto de Carlos Díaz Maroto. Hablando del guion de Sherlock Holmes contra Moriarty, Carlos comenta:

“… Edwin Blum y William A. Drake se hicieron cargo del guion, variando sustancialmente la obra original de William Gillette. …”
Carlos es muy amable, de hecho la obra de Gillette es irreconocible en la película más allá de la existencia de los personajes: Moriarty y Billy (el botones). Su personaje Alice Faulkner muta en Ann Brando en la película, con un comportamiento inaprensible… y estoy siendo amable con los guionistas. Existe una reciente edición de la influyente obra de teatro de William Gillette: Sherlock Holmes (1899) en la antología de obras de teatro holmesiano: Buscando a los ladrones (Noviembre 2016) editado por la asociación Círculo Holmes en su colección Sherlock Holmes a Escena.  

Esta magnífica imagen ilustra perfectamente el contenido de la revista, un monográfico que han titulado: El caso de las cláusulas suelo. Práctica habitual que el sistema financiero español aplicaba indebidamente a los créditos hipotecarios que conceden. Las recientes sentencias del Tribunal Supremo y Tribunal de Justicia de la Unión Europeo ha obligado al gobierno de Mariano Rajoy a legislar sobre ellas: el Real Decreto-ley1/2017 del 20 de Enero de 2017.


La editorial no deja títere con cabeza, algo que no deja de ser sorpresivo para un órgano colegiado y menos proviniendo del colectivo, tan supuestamente conservador, como el de los notarios. 


En particular en la editorial de este número se extraen seis lecciones:

“… La primera lección es que cuando las quejas legítimas no se atienden debidamente, la presión acumulada es susceptible de escapar por el lugar más insospechado, con daños colaterales para todos. El que le tocase la china a las cláusulas suelo no deja de ser paradójico, pues se trata seguramente de una de las condiciones financieras del préstamo más sencillas de comprender y que, por afectar además a su núcleo esencial (el precio)
La segunda lección es que los jueces suelen ser pésimos legisladores. No cuentan ni con la legitimación, ni con la capacidad, ni con los instrumentos necesarios para cumplir dicha misión.
La tercera lección es que no le podemos pedir al Tribunal de Justicia de la Unión Europea cosas para las que no ha sido diseñado. Nuestra propia incuria y torpeza ha venido a colocar al Tribunal como un caballero blanco dispuesto a resolver todos los entuertos, como si de una cuarta instancia nacional se tratase.
La cuarta lección es que delegar la responsabilidad en medidas cosméticas de cara a la galería no soluciona nada. El recurso del legislador frente a los argumentos del Tribunal Supremo fue imponer en las escrituras una expresión manuscrita por parte de los prestatarios. La inane medida no solo supuso un retroceso de mil años en la evolución de la técnica jurídica, sino que llevada al extremo por un órgano supuestamente tan cualificado como la Dirección General (para los poderes o para los intereses negativos) no ha provocado más que vergüenza y sonrojo para cualquier jurista digno de este nombre.

La quinta lección es que cuando se pretende hacer justicia con renglones torcidos, lo primero casi nunca llega y lo segundo permanece. (…) y destruir así un instrumento tan fundamental para el desarrollo del país como el crédito hipotecario.
Y la última lección es que si queremos afrontar de verdad el problema de fondo, debemos abandonar lo cosmético y los subterfugios y acudir a lo sustancial. Por supuesto por vía legislativa, que es como deben hacerse estas cosas. El prestatario debe tener un conocimiento cabal de las condiciones del préstamo con anterioridad al momento de la firma, instante en el que ya no tiene capacidad de reacción. …”
Será interesante seguir la aplicación de este Real Decreto y que gracias a la clarificadora editorial se ha evidenciado que ha sido lamentable su gestión previa. En cualquier caso es reconfortante saber que Sherlock Holmes (en cualquiera de sus encarnaciones) seguirá en estado de alerta, dispuesto a esclarecer entuertos y demás mezquindades en este asunto de las clausulas suelo, un enemigo a la altura del Napoleón del Crimen: Moriarty.

by PacoMan




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Carlos Díaz Maroto


Escritor y amigo del blog del Grupo Li Po y administrador del blog  Pasadizo

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by PacoMan 

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po





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Actualizada el 29/11/2025
25/02/2024

sábado, 16 de julio de 2016

Cabalgando hacia el Oeste: Un breve recorrido por la historia del western en el cine







Por Carlos Díaz Maroto

El western, se ha dicho muchas veces, es uno de los géneros cinematográficos más puros que existen. La que suele ser denominada (erróneamente), primera película de la historia del cine del oeste, Asalto y robo de un tren (The Great Train Robbery, 1903), de Edwin S. Porter, ya implanta unos cánones narrativos que se han ido reproduciendo hasta ahora, unas veces de forma mimética y sin inventiva, otras veces explorando lo que esos arquetipos representan y yendo más allá de ellos. En este artículo hacemos un recorrido sobre la historia del género, desde sus inicios —y aún antes— hasta el año 2010. En otro momento exploraremos las aportaciones del último lustro...





Aunque parezca una obviedad, conviene señalar que el cine del oeste deriva de la literatura del oeste. A lo largo del siglo XIX se escribirían determinadas historias centradas en relatar el proceso de colonización de Estados Unidos. Por aquel entonces, ese tipo de literatura se inscribía dentro del género de aventuras, como pudiera ser la pionera El último mohicano / El último de los mohicanos (The Last of the Mohicans, 1826), de James Fenimore Cooper1. Este título, por lo demás, también presagia la diversidad temática del género, pues, aunque principalmente el western se centre en el proceso de colonización de la franja occidental a lo largo de Estados Unidos durante el siglo XIX, también habrá muestras que se focalicen, cronológicamente, antes y después de ese período, y geográficamente se extenderá hacia el norte, llegando a Alaska, o al sur, hasta México. Incluso estilísticamente habría westerns ambientados en lugares tan peregrinos, a priori, como Argentina o Australia.

Karl May


Después surgiría la literatura popular, en lo que se llamó en el período comprendido entre 1850 y 1900 como dime novel2, el precedente de la literatura pulp. La primera dime novel es considerada Malaeska; the Indian Wife of the White Hunter, aparecida en junio de 1860, cuyo título deja claros sus objetivos. A partir de ahí se publicarían novelitas que exponían, por lo general, las gestas épicas de los héroes de las praderas como Buffalo Bill, Wild Bill Hickok o Billy el Niño. Mientras este tipo de literatura se publicaba en Estados Unidos, en Alemania surgió un autor llamado Karl May (1842-1912), que popularizaría sus historias ambientadas en el oeste norteamericano, como la trilogía protagonizada por el indio Winnetou3.



La primera novela en considerarse estrictamente como un western es The Virginian (1902), de Owen Wister4. A esta le seguiría el autor de novelas del oeste más popular de la historia, Zane Grey (1872-1939). Pese a empezar publicando en 1903, alcanzaría la fama con Los jinetes de la pradera roja (Riders of the Purple Sage, 1912). Simultáneamente, las revistas pulp, con publicaciones como Western Story Magazine, Star Western, West, Cowboy Stories o Ranch Romances acercarían el género a lectores de todas las edades y sensibilidades. Otros escritores importantes de literatura del oeste serían después Louis L’Amour (posiblemente el más popular después de Grey), A. B. Guthrie Jr., Elmore Leonard, Leigh Brackett, Larry McMurtry o muchos otros. En España, el mítico escritor José Mallorquí se adentraría con amplitud en el género, habiendo creado un personaje que bordea el mismo, El Coyote. Después, dentro también de la novela popular, contaríamos con autores como Marcial Lafuente Estefanía, Silver Kane [Francisco González Ledesma], Keith Luger [Miguel Oliveros Tovar] y otros muchos.

Primera edición de El Virginiano

Por supuesto, toda esta tradición habría de reflejarse en el cine, sea directamente como adaptaciones o reinterpretando toda la rica tradición que subyace en su narrativa. Se suele considerar el primer western cinematográfico Asalto y robo de un tren (The Great Train Robbery, 1903), de Edwin S. Porter, aunque con anterioridad Thomas Edison, por medio del kinetoscopio, también ofreció aportaciones de un par de minutos de duración. Después, comenzaron a aparecer los primeros títulos populares del género en la pantalla. Bronco Billy Anderson, que aparecía en el corto de Porter, sería el primer héroe; en primer lugar, simplemente protagonizando, pero después se implicaría más en las películas y acabó escribiendo los guiones y dirigiéndolas. Era representante de un cine popular y directo. Su más directo continuador sería William S. Hart, tanto en el sentido de estrella como director, y que podría considerarse el primer autor en el western cinematográfico. Inicialmente, podría verse como una sombra de Anderson, pero Hart aportó una visión propia al género, con una mirada límpida a la mítica del vaquero. Su película más importante sería la esencial El hijo de la pradera (Tumbleweeds, 1925). 



Mientras, por esas mismas fechas, apareció un director irlandés que firmaba inicialmente como Jack Ford. Comenzó a rodar westerns de dos bobinas, protagonizados muchos de ellos por Harry Carey; su primer largo fue A prueba de balas (Straight Shooting,  1917), y ya en los años veinte rodó dos obras maestras como son El caballo de hierro (The Iron Horse, 1924) y Tres hombres malos (3 Bad Men, 1926). Otro western mudo que cabría destacar en este breve recorrido es La caravana de Oregón (The Covered Wagon, 1923), de James Cruze.

Tres hombres malos (3 Bad Men, 1926)

La llegada del sonoro parecía presagiar grandes cambios en el género. A la masiva producción de películas de caballistas durante el periodo mudo protagonizadas por héroes como Rod La Rocque, Charles Bickford, Hoot Gibson, Tom Mix, Tom Keene, Buck Jones, Jack Holt, Richard Dix o Tim McCoy, entre otros muchos, respondieron una serie de títulos un tanto diferentes. Cimarrón (Cimarron, 1931), de Wesley Ruggles, fue un gran éxito y ganó tres Oscars (entre ellos a mejor película) y optó a otras cuatro candidaturas. Además, se produjeron los filmes Billy the Kid o El terror de las praderas (Billy the Kid, 1930), de King Vidor, y La gran jornada (The Big Trail, 1930), de Raoul Walsh5, rodados en formato panorámico; mas estos fueron un fracaso, y supusieron el regreso del género a los cauces de la serie B y el olvido de la producción A dentro del mismo, salvo algún título disperso como Los conquistadores (The Conquerors, 1932), de William A. Wellman, Buffalo Bill (The Plainsman, 1936), de Cecil B. De Mille, o Milicias de paz (The Texas Rangers, 1936), de Vidor.

Milicias de paz (The Texas Rangers, 1936)

Por tanto, llegó el relevo sonoro a la producción popular durante la etapa muda con un grupo de películas que llegaron a denominarse “de serie”. Eran producciones baratas, de alrededor de una hora de duración, y caracterizadas por el protagonismo de una estrella (o varias) del género; en algunas de ellas el personaje protagonista era fijo, y se repetía de film en film, sin continuidad dramática, aunque también era muy común que la estrella interpretara personajes diferentes (en nombre) pero bajo patrones casi clónicos. Actores de esa etapa, algunos oriundos del mudo, fueron Dick Foran, Gene Autry, Tim McCoy, George O’Brien, Rex Lease, Roy Rogers, William Boyd (con su mítico personaje Hopalong Cassidy), Buck Jones, Hoot Gibson, Tex Ritter o un principiante John Wayne.

Es en 1939 (un año glorioso en la historia del cine norteamericano) cuando llega el cambio con una película titulada La diligencia (Stagecoach), del otrora llamado Jack Ford, ahora uno de los más importantes directores de la industria como John Ford. Ford realiza una aproximación al género no desde una perspectiva intelectualoide (tan cara a muchos cineastas actuales), sino desde las propias raíces del género, conociéndolo y amándolo. Toma los arquetipos genéricos (el pistolero de corazón noble, el forajido, el sheriff, la prostituta, el jugador…) y los ubica en un entorno cerrado para analizarlos, para convertir esos arquetipos en seres humanos complejos y poliédricos. Para ello es muy importante la figura de John Wayne, viejo conocido de Ford en tiempos del mudo; retoma todos los esquemas que este habían encarnado con anterioridad a las órdenes de mediocres directores como Robert N. Bradbury y lo convierte en toda una estrella, el westerner por excelencia. Si hay un actor indisolublemente vinculado al género, aunque incursionara en otros muchos, ese es John Wayne

La diligencia (Stagecoach)

La década de los cuarenta será una década de reubicación, donde van confluyendo diversas corrientes. Prosigue el western “de serie”, en algunos casos con la aportación del color; también procedente de la década anterior tenemos los seriales, aventuras de unos veinte minutos que acaban en un “continuará”, y que conforman una sola historia de unos doce capítulos, por lo general; la serie B va tomando pujanza, y aparecen actores característicos como Joel McCrea o Randolph Scott. Dentro de esa serie B surgen títulos estimables como Cuatro caras del oeste (Four Faces West, 1948), de Alfred E. Green, con el primero, o La calle de los conflictos (Abilene Town, 1946), de Edwin L. Marin, con el segundo. Si antes mencionábamos a Wayne como la estrella absoluta del género, un muy digno segundo puesto lo ocupará Randolph Scott.

Randolph Scott

Pero por esos años ya los grandes directores del cine norteamericano se empiezan a interesar por el género. Ford, el mismo año que La diligencia, ya ofreció Corazones indomables (Drums Among the Mohawk), y a lo largo de los cuarenta brindará la magistral Pasión de los fuertes (My Darling Clementine, 1946), junto con Fort Apache (Fort Apache, 1948), 3 Godfathers [tv/dvd: Tres padrinos, 1948) y La legión invencible (She Wore a Yellow Ribbon, 1949). Su amigo Howard Hawks, por su parte, también toca el género sesgadamente en The Outlaw [tv/vd/dvd: El forajido, 1943] –sería despedido por Howard Hughes, quien la terminaría- y en la fundamental Río Rojo (Red River, 1948).

Se suele referir que los cincuenta supusieron la irrupción del western psicológico, pero ya durante los cuarenta hay muestras que indudablemente cabe catalogarlas en esa condición, tales como las citadas Pasión de los fuertes y Río Rojo, a las que podría añadirse otras más, así The Ox-Bow Incident [tv: Incidente en Ox-Bow, 1943], y Cielo amarillo (Yellow Sky, 1948), ambas de de William A. Wellman. No conviene olvidar cineastas tan vitales como Raoul Walsh con Mando siniestro (Dark Command, 1940), Murieron con las botas puestas (They Died with Their Boots On, 1941) y Juntos hasta la muerte (Colorado Territory, 1949), amén de algunas más. Y añadamos una obra tan atípica como la macro-producción de David O. Selznick Duelo al sol (Duel in the Sun, 1946), donde se aúna melodrama exacerbado, épica y unos caracteres tormentosos. La dirección está acreditada al gran King Vidor, pero también participaron otros realizadores.

Duelo al sol (Duel in the Sun, 1946)

Los cincuenta supondrán la eclosión y maduración del género, debido a esa aproximación psicológica que se ha mencionado. La cantidad de obras maestras que arrojará el género en esa etapa es apabullante, y citarlas todas supondría efectuar simplemente un largo listado; con todo, es obligado hacer mención, al menos, de Centauros del desierto (The Searchers, 1956), considerado por muchos estudiosos como el mejor western de toda la historia, y realizado por John Ford; su colega Hawks, por su parte, brindaría Río de sangre (The Big Sky, 1952) y la grandiosa Río Bravo (Rio Bravo, 1959), respuesta por su parte a los postulados de un western que no aprobaba moralmente, el sin embargo también excelente La hora señaladaSolo ante el peligro (High Noon, 1952), de Fred Zinnemann.

La hora señalada o Solo ante el peligro (High Noon, 1952)

Durante esa década surgieron nuevos directores especializados en el género, que alcanzarían cotas de maestría apabullantes. Anthony Mann nos legaría un conjunto de maravillas entre las cuales es difícil escoger: Winchester 73 (Winchester ’73, 1950), La puerta del diablo (Devil’s Doorway, 1950), Horizontes lejanos (Bend of the River, 1952), El hombre de Laramie (The Man from Laramie, 1955), El hombre del oeste (Man of the West, 1958) son algunos de ellos, pero aún hay más. Henry King aportaría una inteligente reflexión sobre la condición del pistolero que arrostra su pasado como una maldición con la película que, precisamente, adoptó el título de El pistolero (The Gunfighter, 1950). Delmer Daves brilló con especial fulgor en esa década, y aportó visiones muy distintas del universo westerniano; pese a aportaciones de valía, al menos es obligado citar una obra maestra como El tren de las 3:10 (3:10 to Yuma, 1957), adulta aproximación al personaje de forajido, y que resulta muy interesante contrastar con su reciente, vacuo y prepotente remake homónimo habido en 2007 por parte de James Mangold, que se dedica a rellenar lo que en el original eran austeras elipsis con superfluas escenas de acción y subrayados innecesarios. 

Johnny Guitar (Johnny Guitar, 1954)

Nicholas Ray, por su parte, se interesó con más asiduidad por la temática, y puede que su obra maestra sea Johnny Guitar (Johnny Guitar, 1954), que con todo debe muchísimo a una obra previa como es Encubridora (Rancho Notorius, 1952), de Fritz Lang, cuya aportación al género merecería un estudio pormenorizado. John Sturges, por su parte, también se aproximaría al western proveniente desde la serie B, hasta brindar la reflexiva Duelo de titanes (Gunfight at the O.K. Corral, 1957) –aproximación muy distinta pero igualmente valiosa al evento que Ford narraba en Pasión de los fuertes– y la compleja Desafío en la ciudad muerta (The Law and Jake Wade, 1958).



jueves, 2 de junio de 2016

Obsesiones, Neutrones, Kronomonstruos, Simios, Canibales y Vampirelas en Nocturna 2016






Estimados Amigos

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes esta breve crónica sobre la presentación de fanzines en el Nocturna, Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid, realizada por nuestro amigo Carlos Díaz Maroto.

Deseamos disfruten de la entrada.

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MESA SOBRE FANZINES EN NOCTURNA 2016



El pasado martes, día 24 de mayo, y dentro de las actividades paralelas matinales del Festival de Cine Fantástico de Madrid, Nocturna, tuvo lugar una mesa redonda acerca de los fanzines, continuación, como si dijéramos, de la celebrada el pasado año (y el anterior) con mucho éxito. Este año se optó por la presentación de dos fanzines, uno como novedad, y el otro como el más veterano de ellos.




Con moderación de Antonio Busquets, que intervino a lo largo de la charla con la vitalidad que le caracteriza, en primer lugar fue presentado el nº 1 de Obsesión Continua, un pequeño fanzine –formato cuartilla, 64 páginas, portada a todo color e interiores en B/N– centrado en el cine de género, en su globalidad, no solo el fantástico. Para presentarlo estuvieron presentes tres de sus muchos responsables, Enrique Partal, José Luis Salvador Estébenez y Rubén Íñiguez Pérez. Comentaron lo que muchos escritores de cine fantástico pensamos: que estamos aburridos que se nos identifique solo con ese género, y queremos demostrar que tenemos gustos más amplios. Para ello ha surgido este muy atractivo fanzine, que habla tanto de Fantomas como de la saga “Polo de limón” o los caníbales italianos, entre otros temas.




A continuación tocaba el turno al último número de Neutrón, el 6, el más veterano de los fanzines de cine fantástico nacidos en España. Pero primero su editor; Txema Gil tuvo tiempo de presentar otro fanzine, el nº 6 de El Kronomonstruo, editado por José Manuel Villena Pastor, quien no pudo estar presente. Se trata de una obra monumental que glosa las publicaciones sobre lo fantástico habidas en España, y en este número en concreto abarca el año 1971.  El propio Txema Gil iba a presentar el referido número 6 de Neutrón, pero  antes se presentó un libro. Podría parecer un contrasentido, dado el temario de la mesa, pero no era así. Con anterioridad, el nº 3 del fanzine había estado dedicado a la franquicia de El planeta de los simios, en todas sus variantes; el temario era tan extenso que hubo que ampliarlo al número siguiente, donde se incorporaron otros simios también. Ahora, con publicación de Quarentena Ediciones y coordinación, cómo no, de Txema Gil, responsable del fanzine, aparece el libro Tras las huellas de los simios, que comprende únicamente el material de la saga, reordenado, corregido y ampliado. Se ocupó de la presentación Carlos Díaz Maroto, colaborador habitual de Neutrón y en concreto de ese especial.




Y sí, al fin se presentó el susodicho fanzine. Si los números anteriores eran monográficos –los referidos simios, seguidos de otro sobre “bichos malos”–, este era un número muy ecléctico, pues con el título de “Libertad” facilitaba a sus muchos colaboradores la posibilidad de escribir lo que les diera la gana. Fueron invitados a redactar aquello “que nunca les habían pedido”. De ese modo, aparece un número muy flexible que cubre muchas temáticas, pero siempre centradas en el cine fantástico tirando a clásico.




E incluso, Txema presentó un DVD, El arte de Vampirela –así, con una sola ele–, de José Guerrero, centrado en los dibujantes de la mítica compañía Selecciones Ilustradas.




Fue una charla muy animada, ayudada por la gran amistad que une a todos los integrantes de la mesa –no competimos, nos apoyamos unos a otros– y que reflexionó sobre el mundo de los fanzines, en la actualidad, que se halla en un nuevo estado de vitalidad, amén de referirse los trabajos en los cuales están implicados los integrantes de la mesa, algunos de los cuales colaboran juntos en diversos libros de inminente aparición.


Carlos Díaz Maroto