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lunes, 1 de octubre de 2018

Andrzej Sapkowski:El escritor nace de la individualidad



Imagen tomada de Hachette



Estimados Liponautas

Hemos recibido algunas peticiones solicitandonos material sobre el escritor polaco Andrzej Sapkowski. Hoy comenzamos a repartir los hallazgos encontrados en la red.

Esperamos disfruten de la entrada.


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Andrzej Sapkowski: "Que un libro parezca un videojuego es estúpido"

El escritor polaco, recién galardonado con el Premio Mundial de la Ciencia Ficción, visita Barcelona para participar en la Eurocon

Ernest Alós

Viernes, 04/11/2016 |




El escritor polaco Andrzej Sapkowski es otro de los grandes nombres que participa en la Eurocon de Barcelona. Hace unos pocos días acaba de recibir el Premio Mundial de la Ciencia Ficción. Desde 1986 ha desarrollado una serie de novelas con el brujo Geralt de Rivia como protagonista y las leyendas eslavas como. Su último libro publicado en España es ‘Lux Perpetua’, el cierre de su trilogía sobre las guerras husitas en la Bohemia del siglo XV, que define como “fantasía histórica”. Geralt de Rivia tiene una segunda vida en el cine y los videojuegos (‘Witcher’). Pero mejor no hablarle mucho sobre esto al vehemente polaco...



El polaco no tenía una palabra para un brujo masculino hasta que usted la inventó en 1986. ¿Una muestra de sexismo en el lenguaje? 

Es cierto, esta carencia no era buena para la lengua polaca. Ahora ya ha quedado consolidada. Pero yo no hablaría de sexismo, en absoluto.

En el género fantástico sí que lo ha habido... 

Defina sexismo.

Esas princesas esperando pasivas la intervención de un guerrero, esas auras virginales... 

La literatura fantástica es un retoño de las leyendas. Y en las leyendas generalmente la mujer es una dama que espera ser salvada, una estúpida criatura sin iniciativa que llora y llora. Pero en mitología céltica, no, hay mujeres peligrosas. Sí son así, con la excepción de Morgana, en el ciclo artúrico, que ha sido un referente de lo fantástico. Y en Tolkien, al que le costaba dos capítulos explicar que Eowin está enamorada de Aragorn. Probablemente por falta de experiencia con las mujeres. Pero los tiempos están cambiando. Yo mismo puedo utillizar palabrotas y describir escenas de sexo que en mis primeros libros hubiesen horrorizado a mi editor. En una novela de Joe Abercrombie una pareja se puede ir a la cama después de decir simplemente ‘que cojones’ ('what the fuck', dice Sapkowski en su eslavísimo inglés). Y eso seguramente era lo que sucedía en la edad media. ¿Ha estado usted en la edad media? Seguramente decían 'qué cojones' y se iban a la cama. 




Quizá el problema está en la cultura católica, con la virgen como modelo femenino.

Pero esto es literatura, y no se tiene que analizar de ninguna otra forma. Mis opiniones importan menos que el agujero del culo. Son como el ojete. Todo el mundo tiene opiniones, y todo el mundo tiene ojete. Y no es conveniente enseñar a la gente ni tus opiniones ni tu ojete.

Publicó el primer cuento de Geralt en Polonia en 1986. Los primeros libros, en los años 90. Años en que pasaron muchas cosas en su país: ¿cómo le influyeron?

 Políticamente en nada. Si me pregunta por eso, lo siento, no me llevaron nunca al gulag. Económicamente, mucho. El antiguo régimen no reprimía la literatura fantástica pero no la promocionaba en absoluto. Se calificaba de utópico, lo más opuesto al realismo socialista. Se toleraba, pero el editor tenía más posibilidades de conseguir papel con historias sobre héroes socialistas que construían el comunismo. ¿Planetas, robots? Algo propio de mentes enfermas. Si las editoriales lo necesitan que lo hagan. ¿Tolkien? Bueno. ¿Lem? Cuando empezó a ser famoso en todo el mundo. Y era crucial ese apoyo para conseguir papel del monopolio estatal. Con el cambió de régimen se pasó a poder utilizar todo el papel que pudieses pagar para publicar todo lo que pudieses vender.

En el mundo de sus novelas hay razas que viven en ghettos...

El concepto de ghetto es italiano, no polaco.

El término, sí, veneciano en concreto. ¿Hay algún reflejo en este sentido, en su obra, de experiencias similares en la historia de su país?

Por favor, no vaya muy lejos por aquí. Todo lo que he escrito sirve a la historia, no a nada más. Relaciones con países, situaciones o personajes reales es absolutamente inintencionada. Si necesito una historia con ghettos los utilizaré, si necesito que tenga elementos de racismo los tendrá. Nunca me he sentado a escribir pensando que escribirá un libro sobre razas. Si es necesario, lo utilizaré. Nunca me planteado escribir sobre opresión, homofobia, orientaciones sexuales, racismo, gente que viene de Europa a países como Suecia para que les den dinero a cambio de nada y se hacen pasar por refugiados políticos... Nunca piense que he escrito mis libros basándome en opiniones como estas, porque mis  opiniones no cuentan para nada. Como le he dicho antes, son como el agujero de mi culo.

Su Geralt de Rivia tiene un aire de Marlowe. Ha habido versiones de su cinismo situadas en la antigua Roma (Davies), las SS (Kerr), con alas de ángel (Williams)... 

 Nada de nada.Lo he leído.  Quizás algo se ha deslizado. Pero soy original, no he tenido maestro, no he imitado a nadie. Lo importante es ser un individuo. Si me está acusando, como si esto fuese un tribunal, de si soy culpable de imitar a Chandler, no me confieso culpable. Soy inocente. 




En convenciones como la Eurocon se habla, con bastante entusiasmo, del cruce de medios entre videojuego, literatura, cine... Usted ha tenido malas experiencias. 

Es una idea completamente errónea. No puedes poner a un cocodrilo en un acuario. Es una mala idea.

Bueno, el libro sería más bien un pez de colores al que meten en un acuario con tiburones de la industria audiovisual. 

A ver, no me quejo, porque he ganado dinero con ello. Tengo que aceptar que gente quiera adaptar mis libros en otra cosa. Simplemente porque me pagan dinero. No les puedo a los diseñadores de videojuegos y productores de cine o TV, ¡atrás, Satanás, no os venderé mi gran obra! Pero cuando me piden que continúe el juego, el cómic, sobre todo el videojuego... ¿Qué continúe qué cojones ('what the fuck', de nuevo)? Yo soy el creador, el único que me puede continuar, ellos solo son adaptadores.

Pero hay escritores que incluso escriben pensando ya en cómo su libro debe convertirse en videojuego o película, o que utilizan técnicas de estos medios...  

Que los libros parezcan videojuegos... eso es estúpido. Creo muy firmemente que el escritor nace de la individualidad. Y si está pensando en otros productos la está perdiendo, y sin ella no es nada. Rompe tu pluma, chico.



(Versión actualizada: la anterior, por premuras de tiempo, se tuvo que ajustar a las medidas de la versión impresa, sin poder ofrecer una versión más amplia en la web).

Tomado de El Periódico



lunes, 29 de octubre de 2012

Jugando Atari con Allen Ginsberg




A los ojos de un niño de nueve años, Allen Ginsberg parecía algo muy distinto a un gran poeta beat. Feo, raro, hippie y mal jugador de Frogger, así lo recuerda el autor en este artículo.





Yo tenía nueve años en 1983 cuando mi padre, profesor de la Universidad Rice, invitó a Allen Ginsberg a dar un recital de poesía en Houston, prometiéndole asistencia financiera por parte de la Decanatura de Humanidades. Ginsberg pidió un pago de trescientos dólares y un tiquete aéreo en clase económica, lo cual debe clasificar todavía entre las mayores gangas del entretenimiento en la era moderna.


No estaba programado que yo fuera en la caravana ruidosa que recogería a Ginsberg en el aeropuerto. Inicialmente, mi padre insistió en que el comité de bienvenida no fuera más que una “operación académica”: solo él y el decano de Humanidades. Pero la información del itinerario del poeta se filtró entre los estudiantes. Vivíamos en el campus de Rice y mis padres eran prefectos de uno de los edificios residenciales. Por lo que podía observar, el trabajo de los prefectos consistía en aconsejar a los estudiantes drogadictos y asegurarles que sus padres no los desheredarían si cambiaban su especialización de ingeniería mecánica a lengua francesa.

–¡Dios santo, el niño se va a contagiar! –clamaba mi madre mientras se desparramaba por nuestra casa un tropel de entusiastas de la poesía beat, profesores adjuntos, diplomados en literatura inglesa y otros tantos vagos fritos–. ¡Richard, saca esta banda alegre de delincuentes de nuestra sala y mételos a una camioneta o algo así, por favor!




Mi padre hizo lo mejor que pudo y los dirigió hacia la acera de enfrente.

Le pregunté a mamá por qué tanto alboroto. Después de todo, ya habíamos recibido algunos dignatarios en casa. El renombrado experto en ciencias chinas y practicante del nudismo Joseph Needham pasó, dio una conferencia y compró juegos de video. El escritor James Dickey se escurrió hacia el estrado, empezó a leer los comentarios introductorios del maestro de ceremonias, alzó una ceja y terminó bailando una mazurka frente a la esposa del procurador. Habíamos tenido eminencias pero esta vez, me decía el nerviosismo de mi madre, era diferente.


Horas más tarde, mi padre guiaba al decano y a Ginsberg (escapando de la multitud de desadaptados) hacia la puerta de mi casa. Los tres se veían exhaustos. Hubo presentación y saludos cortos entre Ginsberg, mi madre y yo. Me dio la mano. Me gustaba apretar lo más fuerte posible para mostrar que era un niño potente. Ginsberg me siguió el juego y hasta fingió que lo había lastimado.


–Uh, macho. Un empuñar aferrante –lo primero que recuerdo acerca de Ginsberg es que no hablaba como la gente que yo conocía, la gente de Texas.


Cuando oyó mi nombre repitió el estribillo de una vieja canción popular:


–“Tippecanoe y Tyler también”. ¿Has oído eso, hombrecito?


–Sí –contesté–, mi dentista me lo dice todas las veces que voy. Tiene los brazos peludos y huele a cigarrillo.


–Mala medicina –dijo Ginsberg. Noté que había rastros de comida en su barba.



Cartucho de Combat

Para los criterios tradicionales, o al menos para un niño de nueve años, Allen Ginsberg era feo. Pero era una fealdad serena como la de un monstruo amable, como Yoda en La guerra de las galaxias, solo que con orejas más grandes. Su pelo era de un salvaje innato, y más aún cuando se pasaba los dedos regordetes en su agitación perpetua. Era también un prodigio de la sudoración: a cada rato se acomodaba los anteojos, solo para que sucumbieran a la gravedad y volvieran a deslizarse por su nariz grasosa a los pocos segundos.

Sentados en la sala, Ginsberg y yo nos conectamos gracias a nuestra compartida admiración por la música de The Clash, aunque en mi caso lo que me atraía primordialmente eran los uniformes militares que usaban en el videoclip de “Rock the Casbah”. Me inventé un show para Ginsberg en el que, mientras sonaba el álbum Combat Rock en mi radiocasetera, yo hacía de cantante, vestido con un uniforme que compré en una tienda de productos del ejército en Galveston. Mi posesión más preciada era un fusil Kalashnikov de plástico que sonaba ratatatatá como los de verdad, y mientras payaseaba delante de Ginsberg le disparé con mi arma. Pareció divertirle porque reaccionó fingiendo gritos de guerra y estertores de muerte. Me asombré aún más cuando supe que Ginsberg había sido llamado por The Clash para recitar el Sutra del Corazón en la canción “Ghetto Defendant”.




Antes de irme a dormir me leyó unas páginas de Donde el camino se corta, de Shel Silverstein. Nuestro poema favorito era “Capitán Garfio”. Me dijo que conocía a Silverstein y que el hombre estaba “putamente loco”. Luego agregó:

–No le digas a tu mamá ni a tu papá que dije esa palabra.


–No hay problema. Ellos dicen “putamente” todo el tiempo.


–Hermoso.


Combat


A la noche siguiente, pasado el recital de poesía de Allen Ginsberg (¿por qué habría yo de ir a eso?), varios estudiantes ansiosos por escucharle impartir bocados de sapiencia fueron obligados a esperar afuera de mi cuarto mientras jugábamos con mi Atari 2600. Yo le gané en Frogger, pero él me destripó totalmente en Combat. Haciendo un flojo intento de armisticio, me explicó algo acerca de los ángulos de trayectoria y las matemáticas, que no entendí en absoluto. Dijo que nunca antes había jugado Combat, pero nadie está libre de sospecha.


Claro que no todo fue Atari, Shel Silverstein y The Clash. Para el tercer día, la residencia de Ginsberg en mi casa se había vuelto parte de la cotidianidad. Mi mamá, el poeta y yo nos levantábamos temprano en la mañana y nos reuníamos en la mesa del comedor a desayunar cereal de avena.





–Siento que no tengamos mejor cereal, Allen –le dije–. Siempre pido bolas de chocolate pero mis papás no me las quieren comprar.

–Bueno, uno siempre tiene que pensar en sus dientes. Lisa, pásame el azúcar, si tienes la bondad.
Mi mamá le pasó el azúcar y Ginsberg volvió a su montón de papeles. Ella volvió a su crucigrama y yo a mi revista Boys’ Life. A Ginsberg lo conmovió especialmente mi lectura en voz alta de “Scouts en acción”, una historia sobre un niño que se caía de una lancha, se atascaba entre los rotores y era salvado por un boy scout que usaba todos sus recursos, incluido un pañuelo.


–¡Auch! Menos mal existen los boy scouts, ¿no? Tyler, ¿tú eres scout?

–No, yo fui lobato.

–¿Qué?

–Es antes de ser scout. Pero me sacaron.

–Bastardos –exclamó Ginsberg–. ¿Por qué?

Frogger

–Le pegué a Jason Yost en un encuentro de exploradores porque dijo que el pan de ajo de mi mamá sabía a pedo –contesté, y vi a mi mamá sonreír.

–Eso no se hace, hombre –dijo Ginsberg meneando su cabeza. En retrospectiva, quisiera considerar que Ginsberg quiso decir: uno no dice que el pan de ajo de la mamá de alguien sabe a pedo. Nunca. Pero a veces se me ocurre que quiso decir que uno no le pega a la gente.

Ginsberg salió a hacer cosas con mi padre, un corrillo de académicos atolondrados y gente que no tenía nada más que hacer. Yo me puse a hacer mis cosas, ansioso por su regreso.

La última mañana de su visita, el paraíso se tornó problemático. Ginsberg nos pidió a mi padre y a mí que lo acompañáramos en su sesión de yoga y meditación. Se tomaba su hinduismo con total seriedad, así que antes de iniciar el proceso en la sala nos dio una charla breve pero apasionada sobre la importancia del yoga.






Antes de que el poeta pudiera recitar los versos de su mantra y asumir la postura correcta de la meditación, a mi papá y a mí nos dio un ataque de risa incontrolable. A nuestro gurú no le gustó nada, se levantó y salió histérico de la sala, mientras nosotros nos quedamos rodando por el piso a carcajadas.

Mi papá me aseguró que habíamos sido perdonados por la compasión yogui de nuestro poeta beat residente. No obstante, sugirió que fuera y le ofreciera disculpas. Entonces fui. En ese momento, Ginsberg empezó a hacer muecas, se orinó en los pantalones, se aferró violentamente con su mano a mi hombro y cayó de rodillas.


Resultó que estaba sufriendo un ataque de cálculos renales. Salí disparado a mi cuarto, dejando a Ginsberg en una situación de lo más incómoda sobre el piso de nuestra cocina. Sentía un enredo de emociones: traición, culpa, una sensación de haberlo estropeado todo con este tipo feo y cool, a cuyos pies el mundo parecía inclinarse. Estaba destrozado, furioso conmigo mismo por no tomar las cosas un poco más en serio.

Un equipo de médicos llegó a nuestra casa. Ginsberg fue atendido sobre el colchón auxiliar de mi cama. Convaleció rápidamente y ya en la tarde se sentía bien como para hablar por teléfono a gritos con alguien en México. Al final de la tarde fue hora de dejar a nuestro poeta en el aeropuerto. Ginsberg permaneció en silencio durante casi todo el recorrido hasta que, quizá en un último esfuerzo por poner el cosmos en orden, sugirió de mala gana que mi padre y yo lo acompañáramos en un mantra. Comenzó a recitar:

Gate Gate,
Paragate Parasamgate
Bodhi Svaha.

Por poco lo logramos. Pero hubo un ronquido casi imperceptible (¿de mi padre?, ¿mío?) y fue todo lo que se necesitó para que el eco de un blasfemo paroxismo de risa retumbara en el interior del Toyota Carina. Entonces entonamos nuestro propio mantra:

–Perdóoooon.

Disgustado, Ginsberg se bajó del automóvil sentenciando en voz baja:

–Ustedes dos tienen mucho que aprender acerca de la perfección de la sabiduría –agarró su maleta y desapareció tras la puerta giratoria del Aeropuerto Intercontinental de Houston.

Veinticinco años más tarde, estoy afuera de un centro de yoga en Austin. Me encuentro en el interior hirviente de un Honda Civic con las ventanas cerradas, esperando a que mi novia salga de su clase. Entonces aparece frente a mí una visión de Allen Ginsberg: “Tienes mucho que aprender acerca de la perfección de la sabiduría”, musita. Se le ve cansado. Hay rastros de cereal de avena entre sus barbas


 Tomado de El Malpensante.


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21/06/2024

sábado, 1 de enero de 2011

¡Ésta Música No es Juego!






Estimados Amigos

Hoy, primero de enero de 2011 iniciamos nuestros posteos. De seguro ya la mayoría de nosotros comenzó a incumplir las promesas de cambio que hicimos el 31 de diciembre.

Ayer decidimos despedir el año con música y decidimos que sería conveniente comenzar  el 2011  musicalmente también. Esta entrada es un aporte que nos obsequia nuestro amigo Alexis Ramirez; donde hace un acercamiento a un aspecto fundamental en los videojuegos como es su banda sonora.

La entrada esta dividida en dos partes y antes de que comience la valoración de los temas esta un reproductor que contiene los temas aludidos. Sugerimos que inicien su reproducción antes de iniciar la lectura para que acompañen esta y puedan apreciar mejor la música.

Esperamos que el primer aporte de nuestro amigo Alexis sea de su agrado.

Disfruten de la lectura y de la música

Ah, y este año sea de provecho para todos ustedes.

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Ésta Música No es Juego!

Saludos a todos.



La música sin lugar a dudas es una parte esencial en la vida de las personas. En más de una ocasión algún amigo nos ha presentado lo que sería el tracklist de la banda sonora de su vida, música que nos trae emociones invaluables a través del tiempo.

Banda sonora, OST, Soundtrack, Film Score; como lo quieran llamar; es esa música que ambienta, nutre y realza una producción cinematográfica; en esta oportunidad quisiera hacer la acotación sobre una parte del mundo de las banda sonoras que está dedicada a esas películas interactivas que son los videojuegos.

Al igual que para las películas, hay para todas las formas: Orquestales, corales, electrónicas, jazzísticas; para la guerra, para el amor, para las épicas aventuras y las aterrorizantes también. Esta lista de temas que les presento es solo una minúscula parte (lo que tenía a la mano) de lo que a música de videojuegos se refiere. Traté de ser los mas plural posible, disculpas de antemano por las grandes ausencias. Está organizada para que fuera lo mas agradable posible su escucha.

Parte 1






Si estas interesado en descargar la musica que contiene este reproductor pulsa aqui




 
Primera Parte


En Primer lugar quise colocar a mi favorito, Michael Giacchino (00:00:00 - 00:16:00) con su obra maestra en videojuegos “Medal of Honor” desde el primer MOH en el año de 1999 hasta el gran cierre en el 2007 con MOH Airborne. Giacchino ha llenado de emoción las épicas batallas de la Segunda Guerra Mundial en las cuales los jugadores sienten la adrenalina y el dramatismo del combate gracias en gran medida a este trabajo musical.

Seguimos con otro gran compositor, me refiero al gran Jesperd Kid (00:16:00 - 00:20:06) y su saga Hitman; desde el primer juego le damos vida al personaje del inmutable “47”, enmarcado con notas electrónicas muy bien colocadas en los diferentes escenarios del juego. Pero el poderío musical se desató en “Hitman 2” en donde Kid conjuntamente con la Filarmónica de Praga y el Coro de la Radio Húngara nos colocaron en la piel de 47 y sus polémicas decisiones. Recuerdo las escenas donde 47, habiendo olvidado su ensangrentado pasado se toma el atrevimiento de llevar una vida normal en un apartado monasterio; mafiosos que no saben con quién se meten, obligan a 47 a tomar la medida de volver a matar (47 Makes a Decision). En la pista “47 In St. Petersburg” es indescriptible la sensación cuando el famoso agente, al ritmo de esas rítmicas notas, cumple uno de sus objetivos asesinar a un militar y su acompañante.



En el 2009 Call Of Duty Modern Warfare (00:20:06 - 00:25:34) llega a darle el toque final a la saga Modern Warfare con un frenético juego que para hacerlo aún mas grande contó con la participación de Hanz Zimmer en parte de su Score. Siguiendo con el tema de la guerra, volvemos a la Segunda con Brothers in Arms (00:25:34 - 00:29:42), un shooter táctico con una trama y una música dramática hasta la médula.




En Shemue y Jade Empire (00:29:42 - 00:37:42) vamos variando un poco la selección llevándonos por emocionantes aventuras ambientadas en el lejano oriente; luego de esto nos vamos a una mística Europa donde Danny Elfman y Russell Shaw nos traen a la mente célticos parajes con el tema Bower Lake de Fable II (00:37:42-00:44:00). Con el poderoso Nintendo 64 disfrutamos de los midis de Koji Kondo en la La Leyenda de Zelda (00:44:00 - 00:48:44) aquí un cuarteto de cuerdas nos hace un recuento de los principales temas; obra maestra de la música de los videojuegos.




Gothic 3 (00:48:44 - 00:54:06) es para mí un fallido proyecto a nivel de jugabilidad, pero parece que se gastaron todo el presupuesto en la música ya que tenemos una banda sonora impresionante y variada con temas muy emotivos, es súper recomendable.


De hermosos parajes medievales nos vamos a algo totalmente distinto. En Fallout 3 (00:54:06 - 01:02:35) personificamos a un personaje que camina errante en un mundo post apocalíptico, una Norteamérica congelada en los años 40 y mezclada con los avances tecnológicos del futuro, su acompañante: sus armas, su armadura y una radio que solo tiene 2 estaciones, la emisora del enclave (la malévola dictadura) y Radio Galaxia la cual nos alegra el día con sus acertados comentarios y temas musicales como los de Ella Fitzgerald, Gerhard Trede, muy envolvente.