Así se dice en japonés: Abrazar. Pero aquí hablaremos del abrazo a los árboles, una actividad fundamental de la ceremonia japonesa de conexión con la naturaleza, el Shirin Yoku. A pesar de que esta actividad formalmente se gestó como un terapia para los citadinos japoneses, por la Agencia Forestal de Japón, en realidad es una actividad milenaria para conectarse con la energía del universo. El término Shinrin-yoku o bañode bosque fue acuñado en 1982 por Akiyama Tomohide, director de la Agencia Forestal de Japón.
Los árboles, con sus raíces firmemente arraigadas en el subsuelo, elevan sus tallos y ramas, como antenas vivas, hasta tocar el cielo. Poner, conscientemente, las manos en la corteza rugosa de madera, enfocando la atención en la acción que se realiza, conecta la biología humana con la corriente vital que no envejece.
Lidia junto con un buen amigo
Este antiguo rito ha sido estudiado en investigaciones actuales.
Se ha descubierto los beneficios para la salud:
Este ejercicio concede serenidad al transformar el estrés en calma. Las fitoncidas, o moléculas que defienden al árbol de bacterias, insectos y hongos, al entrar al cuerpo humano, refuerzan el sistema inmunológico. Igualmente ejerce una acción que desinflama y refuerza los telómeros de la células, retardando el envejecimiento.
Abraza un árbol con los ojos cerrados. Respira profundamente. Visualiza las moléculas vegetales entrando al cuerpo. Si puedes, descalza los pies. Sonríe con la conciencia de reencontrar un viejo recuerdo: Eres una brizna de vida, que es parte de la creación de un Dios bueno.
Escucha el susurro del viento entre las hojas, el trino de los pájaros, el latido de la vida en las venas, agradece el milagro de estar con vida. Siente y disfruta el poema de tu cuerpo abrazado al noble soporte del árbol.
Desde esta orilla, un saludo de paz a mis familiares y amigos.
Y UN GRAN ABRAZO PARA TODOS USTEDES
Lidia Salas. 19 de mayo 2026
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Lidia Salas. Poeta y ensayista. Nació en la ciudad de Barranquilla, Colombia. Ha vivido en Venezuela por más de 40 años. Posee doble nacionalidad, colombo-venezolana.
Licenciada en Filología e Idiomas de la Universidad del Atlántico. (Colombia) Obtuvo su maestría en Literatura venezolana en la Universidad Central de Venezuela.
La bióloga de la NASA, Laura Lorenzoni, es parte de la misión PACE que despegó a bordo del cohete SpaceX Falcon 9, en Cabo Cañaveral, EE. UU, el 8 de febrero.
TAISA MEDINA | 08 MARZO 2024
La bióloga de la NASA, Laura Lorenzoni, nacida y graduada en Venezuela, ha sido alma y corazón de la misión PACE que despegó a bordo del cohete SpaceX Falcon 9, en Cabo Cañaveral, EE. UU, el 8 de febrero de este año.
PACE es el acrónimo de Plancton, Aerosol, Nubes y Ecosistema Oceánico, objeto de investigación de la misión.
“Qué es lo que me atrae del espacio: lo desconocido que puedes conocer. Y ciertamente conocemos más de nuestra Luna, y estamos en camino a conocer más de Marte, de lo que conocemos de nuestro océano”, dijo en una entrevista titulada «Laura Lorenzoni, explorando mundos dentro de nuestro mundo».
En ese mismo texto, habla con pasión sobre el océano, al que describe como “profundidades impensables, especies jamás vistas, interacciones vitales”. El reto de explorar lo desconocido de los mares la llevó a interesarse por la biología tras caer en cuenta que la ingeniería aeroespacial no era una carrera que pudiese empezar en Venezuela.
“Si alguien quiere ir a otro planeta, debería bucear y bucear de noche”, expresó en esa publicación. Se sabe que su hijo de 10 años heredó la pasión por el buceo de sus padres, pero debe esperar para ello tener, al menos, 12 años.
En sus pasos para llegar poco a poco a la NASA, un profesor de la USB la ayudó a conseguir una pasantía en un centro de detección remota con satélites.
Su perfil dice que “hizo su tesis de grado en teledetección y otra oportunidad se abrió en Venezuela: la posibilidad de estudiar la Fosa de Cariaco, una de las principales cuencas anóxicas del planeta. Anóxica significa que no tiene oxígeno; aun así, en Cariaco hay vida microbiana». Esta fosa «ha sido utilizada para poder entender qué tipo de organismos pudieran existir en océanos de otros planetas”, explica Lorenzoni. Trabajar con Cariaco le dio la oportunidad de hacer la maestría y después el doctorado en Florida.”
En la reseña, anteriormente citada, confiesa que “el sueño se terminó de completar cuando se abrieron para ella las puertas de la NASA. Hoy es científica del Programa de Biología Oceánica y Biogeoquímica (OBB, por sus siglas en inglés) en la Dirección de Misión Científica de la sede de la agencia. El programa OBB se centra en describir, comprender y predecir las condiciones biológicas y biogeoquímicas, las interacciones y los cambios en la capa superior del océano, a través de los datos de detección remota y los obtenidos en el campo.”
Asegura que “la exploración de la Tierra y la exploración espacial van de la mano; la primera viene antes que la segunda. Según Lorenzoni, conocemos muy poco sobre lo que hay en nuestros mares, “y si nos ponemos a pensar que la vida como nosotros la conocemos salió del océano, pues es fundamental entender qué es lo que tenemos aquí en este planeta para poder extrapolar qué posiblemente pudiera haber en otros lados”.
Subraya que “conocer mejor nuestro océano también nos ayudará a responder varias preguntas importantes, explica Lorenzoni: qué va a pasar con el ciclo del carbono a medida que aumente el dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera y los mares se calienten; qué pasará con la cadena alimenticia en el océano.
– ¿Cómo está funcionando la misión que está en órbita desde el 8 de febrero de este año? ¿Cómo define la misión?
¡PACE está funcionando a la perfección! Desde su lanzamiento, el equipo de la misión Plancton, Aerosoles, Nubes y Ecosistemas Oceánicos (PACE, por sus siglas en inglés) de la NASA han estado llevando a cabo los pasos necesarios para asegurarse de que los instrumentos empiecen a recolectar las mediciones para las cuales fueron diseñados. PACE es una misión satelital de observación de la Tierra que no solo extenderá los más de 20 años de observaciones satelitales globales que ya tenemos de nuestro océano, sino que las va a mejorar, permitiéndonos ver el océano, la tierra, y la atmósfera bajo una luz completamente nueva. Uno de los instrumentos principales de PACE es el Instrumento de Color del Océano (OCI por sus siglas en ingles) el cual permite observar el océano de manera hiperespectral, o sea que medirá el color completo del océano o, para ser más precisos, cómo interactúan más de 200 longitudes de onda de la luz con la superficie de la Tierra. Con esta información detallada sobre el color del océano, esperamos detectar la composición de las comunidades de fitoplancton, que es la base de la cadena trófica y esencial para nuestras pesquerías y salud del océano. Además, los dos polarímetros que carga PACE proveerán información sobre las nubes y aerosoles, datos importantísimos para calidad del aire y mediciones de calentamiento global. Desde la atalaya única del espacio, PACE no solo podrá darnos información sobre los aerosoles o el plancton de un solo lugar, como podría hacer un instrumento terrestre, sino que nos dará información sobre estas cosas en todo el planeta.
– ¿Con quién y cómo se compartirán esos valiosos datos?
¡Con todo el mundo a través del portal de PACE – https://www.earthdata.nasa.gov! Los datos de PACE, como todos los datos de NASA, son de libre acceso y diseñados para beneficiar a todas las comunidades. PACE tiene una política de datos totalmente abierta y tiene previsto hacer públicos los datos una vez que finalice el período de puesta en marcha. Las herramientas de análisis de datos y el código fuente también se pondrán a disposición del público.
– ¿Cuáles son los impactos previsibles y tangibles en la sociedad y para el ciudadano común, la economía menuda, el comercio?
Los datos de PACE aportarán una serie de beneficios para todo el mundo. La información sobre el fitoplancton puede ayudarnos a comprender y gestionar mejor la pesquería y la salud del océano; los gestores de actividades recreativas y las comunidades costeras pueden utilizar los productos de datos PACE para ayudar a identificar las proliferaciones de algas nocivas, y los gestores de recursos naturales pueden utilizarlos para estudiar la calidad del agua. Los científicos también utilizarán los datos atmosféricos de PACE para estudiar los aerosoles y rastrear cómo el humo, el polvo y otros contaminantes se desplazan por diferentes zonas, y los funcionarios de salud pública pueden utilizar esta información sobre la calidad del aire.
Una vez que PACE termine la etapa de ‘puesta en marcha,’ esperamos tener tres años de operación, en donde PACE recolectará una increíble cantidad de información de calidad sobre nuestro planeta. Por supuesto, ¡esperamos también una extensión de la misión después de estos primeros tres años! Durante este periodo inicial también estaremos desarrollando nuevas herramientas para la generación de productos que sean de utilidad para la sociedad, así como nuevas visualizaciones de los datos que nos permitan entender nuestro sistema terrestre como nunca antes.
El periodo de puesta en marcha, o Commissioning, tiene que ser completado 60 días después del lanzamiento; este período de puesta en marcha se utiliza para encender la nave espacial, los sistemas de comunicaciones y navegación, las computadoras y los instrumentos, desplegar los paneles solares, verificar y ajustar todos los sistemas de instrumentos y de la nave espacial, ajustar la órbita y, en última instancia, comenzar la recopilación de datos del instrumento y hacer su evaluación. ¡Todos los procesos de puesta en marcha han sido exitosos y esperamos con ansia poder compartir los datos de PACE con todo el mundo!
– ¿Cuál ha sido su motivación para ponerle alma y corazón a esta Misión?
Nuestro océano es una frontera inexplorada de nuestro planeta y la fuente vital de vida para todos nosotros; ¡entender cómo el océano está cambiando y cuál es el impacto sobre nuestros ecosistemas (de los cuales dependemos) es importantísimo para asegurarnos de que estamos dejando un legado de esperanza y mejoría a nuestras generaciones futuras!
Laura Lorenzoni, explorando mundos dentro de nuestro mundo
Hoy tenemos el agrado de hacerles llegar una entrevista hecha en el año 2021 a la bióloga de la NASA, Laura Lorenzoni. Laura nació en Venezuela y se graduó en la Universidad Simón Bolívar USB.
Laura Lorenzoni, explorando mundos dentro de nuestro mundo
Noelia González
JUN 08, 2021
Laura Lorenzoni. Cortesía Laura Lorenzoni
Laura Lorenzoni, originaria de Venezuela, hoy se desempeña como científica de programa en el Programa de Biología Oceánica y Biogeoquímica de la sede de la NASA.
cortesía Laura Lorenzoni
La carrera profesional de Laura Lorenzoni ha ido al ritmo de su curiosidad. La atracción por el espacio exterior y los mundos que este contiene marcaron el compás de sus primeros años de estudio universitario en Venezuela, a pesar de que en ese entonces no imaginaba hacia dónde la llevaría su pasión por el cosmos.
Resulta que Lorenzoni no es de las personas que se fijan en algo que piensan que quieren hacer. Su fórmula para avanzar ha sido menos predecible: prefiere seguir sus pasiones, atravesar las puertas que se abren frente a ella, y nunca dejar que le digan que no. Todo eso, mientras recibe el apoyo de su familia; la combinación perfecta para cumplir sueños que a simple vista parecen demasiado lejanos.
Lorenzoni amaba el espacio y sabía que quería ser científica, pero tenía que adaptarse a lo que tenía disponible. En su país no existe la carrera de ingeniería aeroespacial, pero pronto entendió que había otra manera de explorar otros mundos, sin necesidad de salir del planeta Tierra.
“Qué es lo que me atrae del espacio: lo desconocido que puedes conocer. Y ciertamente conocemos más de nuestra Luna, y estamos en camino a conocer más de Marte, de lo que conocemos de nuestro océano”, dice. Profundidades impensables, especies jamás vistas, interacciones vitales; el reto de explorar lo desconocido del océano la llevó a dar la siguiente brazada.
Estudió biología en la Universidad Simón Bolívar, en Caracas. Allí empezó a conocer nuevas caras del océano.
Recuerda tener que adentrarse en el mar de noche para recolectar muestras de zooplancton. “Y mira, por más familiar que yo hubiese estado con esa playa, entrar al mar de noche, con tu linternita, arrastrado tu red de plancton allá al fondo, te inspira respecto. Eso me quedó grabado”, recuerda Lorenzoni, que también solía hacer buceo nocturno. “El mar de noche es absolutamente fascinante. Si alguien quiere ir a otro planeta, debería bucear y bucear de noche”, dice.
Allí, un profesor la ayudó a conseguir una pasantía en un centro de detección remota con satélites. De pronto, ya estaba más cerca del espacio, y de la NASA.
Laura Lorenzoni. Cortesía Laura Lorenzoni
Hizo su tesis de grado en teledetección y otra puerta se abrió allí en Venezuela: la posibilidad de estudiar la Fosa de Cariaco, una de las principales cuencas anóxicas del planeta. Anóxica significa que no tiene oxígeno; aun así, en Cariaco hay vida microbiana. Esta fosa “ha sido utilizada para poder entender qué tipo de organismos pudieran existir en océanos de otros planetas”, explica Lorenzoni. Trabajar con Cariaco le dio la oportunidad de hacer la maestría y después el doctorado en Florida.
El sueño se terminó de completar cuando se abrieron para ella las puerta de la NASA. Hoy es científica del Programa de Biología Oceánica y Biogeoquímica (OBB, por sus siglas en inglés) en la Dirección de Misión Científica de la sede de la agencia. El programa OBB se centra en describir, comprender y predecir las condiciones biológicas y biogeoquímicas, las interacciones y los cambios en la capa superior del océano, a través de los datos de detección remota y los obtenidos en el campo.
“Es muy curioso porque si tú le preguntas a chiquillos o a la persona normal qué hace la NASA, te van a decir ponen el rover en Marte o estudian galaxias lejanas”, dice Lorenzoni, que señala que muy poca gente “se da cuenta de que la NASA tiene un programa extremadamente robusto de ciencias de la tierra”.
Es que la agencia observa y estudia nuestro planeta desde adentro y desde afuera, con una flota de satélites que brindan una perspectiva única de nuestro mundo, y que dan “una cantidad increíble de información” que va mucho más allá de ayudar a pronosticar el clima de mañana, explica Lorenzoni.
Por lo general, “el espacio se lleva todo el glamour”, aun cuando la tecnología que posibilita la exploración de otros mundos haya sido desarrollada, en principio, para estudiar la Tierra. En ocasiones, nuestro océano es un buen lugar para probar estas tecnologías, que a su vez harán posible las investigaciones científicas. “El océano es un ambiente muy rudo. Tienes presiones absurdas, tiene condiciones que de verdad llevan al límite la tecnología que nosotros tenemos”, dice Lorenzoni. Por eso, explica, si funciona en las partes más profundas de nuestro océano, es probable que también funcionen en otros mundos.
Laura Lorenzoni. Cortesía Laura Lorenzoni
La exploración de la Tierra y la exploración espacial van de la mano; la primera viene antes que la segunda. Según Lorenzoni, conocemos muy poco sobre lo que hay en nuestros mares, “y si nos ponemos a pensar que la vida como nosotros la conocemos salió del océano, pues es fundamental entender qué es lo que tenemos aquí en este planeta para poder extrapolar qué posiblemente pudiera haber en otros lados”, comenta.
Conocer mejor nuestro océano también nos ayudará a responder varias preguntas importantes, explica Lorenzoni: qué va a pasar con el ciclo del carbono a medida que aumente el dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera y los mares se calienten; qué pasará con la cadena alimenticia en el océano.
En eso ha trabajado la campaña de campo oceanográfica de la NASA llamada Procesos de exportación en el océano desde la teledetección (EXPORTS, por sus siglas en inglés), que busca entender mejor cuál es el papel del océano en el ciclo global del carbono. Lorenzoni supervisa este programa.
Durante el despliegue más reciente de EXPORTS en mayo de este año, tres buques navegaron el Atlántico tomando medidas y recopilando datos de forma continua con plataformas de alta tecnología, incluidos varios vehículos autónomos. El siguiente paso es vincular esos datos con los satélites.
Esto permitirá entender qué está pasando con el fitoplancton, que es clave para la producción de oxígeno hacia nuestra atmósfera, y es la base de la cadena alimenticia de los ecosistemas acuáticos. Pero no solo eso: también ayudará a conocer qué está sucediendo con toda esa cadena trófica, lo cual es importante porque esta secuestra el carbono a la parte profunda del mar, ayudando a sacar CO2 de la atmósfera. Y eso “contribuye a frenar un poco el calentamiento global”, explica Lorenzoni.
Saber qué está pasando en el océano también ayuda a entender hasta dónde está llegando la huella del ser humano, incluso en los rincones más remotos. Recuerda lo que sintió cuando se enteró de que habían encontrado una bolsa plástica en la Fosa de las Marianas, en el Pacífico: fue aleccionador. Con más de 10 mil metros de profundidad, esta fosa es considerada el área más profunda de los océanos. “Pensar que hasta ese sitio ha llegado la huella humana es un poquito triste”, dice Lorenzoni, que dice que esto es “un recordatorio de lo interconectados que somos y lo importante que es cuidar de nuestro planeta en general”.
Laura Lorenzoni. Cortesía Laura Lorenzoni
Lorenzoni no pierde el optimismo. Ve “la preocupación honesta” de la gente en general sobre el problema de la contaminación por plásticos en los océanos y por la salud del ecosistema. En su hogar, enseña a su hijo de 10 años a pensar en la conservación. Dice que lo hace a través del ejemplo: ya sea enseñándole a respetar a una medusa o una estrella de mar que encuentran en la orilla, o transmitiéndole la fascinación por el buceo (su esposo también bucea). El hijo de Lorenzoni quiere ser arqueólogo submarino y espera con ansias cumplir los 12 años para poder bucear. “Compartir la pasión creo que es la cosa más efectiva para que él entienda lo importante que es nuestro océano y lo importante que es respetar sus recursos”, dice Lorenzoni.
Con el ejemplo de su trabajo, también busca inspirar y apoyar a la siguiente generación de científicos y exploradores. Lo siente como un “grandísimo honor”. “La parte más emocionante es esa: no solo poder darle pie a la ciencia que es buena, sino también tener la oportunidad de estar en una posición como en la que estoy y conectarme con chiquillos, y chiquillas sobre todo, que tal vez tengan el deseo, como lo tuve yo cuando era chiquita”, explica.
Dice que se siente privilegiada de haber contado siempre con el apoyo de su familia para lograr sus metas, y es consciente de que no todos los niños y niñas tienen ese apoyo disponible. “Mi recomendación para las chiquillas es: ¿quieres perseguirlo? Hazlo, no dejes que nadie te diga que no”.
También es importante no decirse que no a una misma, aclara Lorenzoni. Cuenta que aunque era “terrible en matemáticas”, pronto aprendió que “lo importante es capitalizar en nuestro fuerte”. Explica que perseguir lo que nos apasiona y en lo que somos buenos de verdad ayuda no solo a la autoestima sino también a desarrollar esa pasión. “Entonces”, concluye, “te conviertes en lo mejor que puedes ser”.
Por Noelia González
Centro de Vuelo Espacial Goddard, Greenbelt, Maryland
Daniel Lumera, biólogo y sociólogo italiano. Cedida - Laura Gruiz
Daniel Lumera, biólogo: “Está
demostrado que las personas gentiles viven más y enferman menos”
Biólogo, sociólogo y experto en
ciencias del bienestar, Lumera es coautor del libro ‘Biología de la gentileza’
“Las personas, sobre todo a
partir de los 60 años, que desarrollan habilidades sociales como el
voluntariado, viven más y con mejor calidad de vida porque impacta a nivel
genético”, afirma
Paka Díaz
30/07/2024 06:00
Diversos estudios han demostrado
que ser amables alarga nuestros telómeros, la parte final del ADN de los
cromosomas que los científicos usan como los biomarcadores de la longevidad. El
biólogo, investigador y autor superventas Daniel Lumera(Alguer, Italia, 1975)
se quedó fascinado por los estudios de la genetista Inmaculada de Vivo,
catedrática de la Universidad de Harvard, al respecto. Por eso le propuso
escribir un ensayo juntos para divulgar la idea de una biología de los valores.
De aquel encuentro nació un libro
exquisito, Biología de la gentileza (Diana), en el que explican cómo valores
como la gentileza, el perdón, la gratitud o la felicidad impactan en nuestro
cuerpo y nos permiten ser más longevos y vivir con mejor calidad de vida, al
lograr un envejecimiento más lento y saludable. Porque, como recalca Lumera,
“la amabilidad trabaja como un medicamento, una medicina natural que, en un
contexto muy competitivo, es profundamente regeneradora”.
La amabilidad mejora los
telómeros, que son la parte terminal de nuestros cromosomas y que la ciencia
utiliza como biomarcadores de longevidad
¿Nos puede ayudar un
comportamiento amable a promover un envejecimiento saludable?
Sí, la gentileza tiene tres
dimensiones, intrapersonal, interpersonal y colectiva, a través de los cuales
podemos cultivar comportamientos amables que promueven un envejecimiento
saludable. Esta es una de las mejores inversiones que podemos hacer en nuestra
salud.
¿Qué importancia tiene el corazón
que ponemos en las cosas que hacemos, en nuestro bienestar y el de la gente que
nos rodea? ¿Puede hacernos más longevos?
Sí. La ciencia lo define como el
efecto onda, la capacidad de la gentileza de ser contagiosa. Al hacer o recibir
un acto de amabilidad, o simplemente al ver una persona amable, en nuestro
cuerpo se desencadenan una serie de reacciones químicas que estimulan la
producción de neuromoduladores como la oxitocina o la serotonina, las hormonas
que provocan bienestar, paz profunda. Es fundamental comprender que no es solo
un comportamiento superficial, sino inclusivo, que desarrolla a través de
nosotros la capacidad de cuidar a los demás, de sentir y percibirles, y a la
naturaleza, los otros seres, como un aspecto de nosotros mismos, de una misma y
única vida. Nuestras acciones impactan no solo en nuestro bienestar, sino sobre
todo a nivel genético. La amabilidad mejora los telómeros, que son la parte
terminal de nuestros cromosomas y que la ciencia utiliza como biomarcadores de
longevidad. Está demostrado que las personas gentiles viven más y se enferman
menos, y tiene un efecto contagio también en las personas que nos rodean.
¿Crees que puede resultar
especialmente importante la amabilidad para las personas mayores de 60 años?
Hay un estudio, el más grande
metaanálisis científico, publicado en 2020, que incluyó a 350.000 personas y
que demostró el impacto de las habilidades prosociales en nuestra longevidad,
salud, calidad de vida y bienestar. Las personas que, sobre todo a partir de
los 60 años, desarrollan habilidades prosociales, como el voluntariado, viven
más y con mejor calidad de vida. Valores inclusivos, como la cooperación y la
amabilidad, impactan enormemente en la salud. Por ejemplo, la mortalidad se
reduce un 60%, y aumenta la expectativa de vida un 13%, porque impacta sobre
genes conectados a la gestión del estrés. También potencia el sistema
inmunológico y mejora la calidad de vida en general, nos da más propósito.
¿Cómo puede afectar positivamente
a la salud física y mental de las personas mayores?
La amabilidad mejora la calidad
de nuestras relaciones y desarrolla un entorno más amplio y cálido, más basado
en la confianza y la cercanía. Esto afecta muy positivamente a la calidad de
las vidas de las personas mayores
¿Qué evidencias científicas
respaldan esas ideas?
Por ejemplo, una publicación de
la Universidad de Harvard que ha estudiado un grupo de mujeres durante cuatro
años, dándoles a cada una la tarea de practicar una meditación sobre la
amabilidad diaria. Al final, sus telómeros, nuestros biomarcadores de longevidad,
habían mejorado. En pocas palabras, las personas gentiles tienen un nivel
superior de longevidad y de salud. Esto significa que nuestro destino no está
predeterminado y escrito completamente en el genoma, en los genes, sino en todo
el aspecto epigenético. No solo el lugar donde vivimos, la contaminación del
aire, la comida, la calidad de las relaciones, sino incluso los valores que
cultivamos en nuestra vida son aspectos con un gran impacto a nivel de salud y
de longevidad.
Habláis de cinco valores fundamentales
para incluir la gentileza en tu vida. ¿Cómo pueden las personas mayores
incorporarlos?
Los cinco valores son gentileza,
optimismo, felicidad, gratitud y perdón. Hay un estudio científico muy amplio
sobre ellos, que señala que, desarrollándolos, podemos mejorar enormemente
nuestro nivel de salud y de bienestar. Por ejemplo, el optimismo es un factor
predeterminado genéticamente que heredamos a través de nuestros padres en un
24%. El resto es un músculo que podemos entrenar cada día en el gimnasio de la
vida, trabajando la capacidad de ser feliz de nuestra mente, de seleccionar la
información que recibes y no centrarte en los aspectos negativos de tu vida. No
negar los problemas, pero focalizarnos en los aspectos que pueden permitirnos
una mejoría general en nuestra vida.
El contacto con la naturaleza
diario, como mínimo media hora, reduce la mortalidad en las personas y aumenta
el nivel de salud general
Mencionáis también seis
instrumentos para mejorar el bienestar. ¿Cómo pueden las personas mayores
utilizarlos?
Se trata de las seis áreas del
bienestar de la salud. La primera es la alimentación correcta, muy importante
después de los 60 años. Se trata de evitar completamente los azúcares refinados
porque inflaman y todas las enfermedades crónicas de ese siglo, entre las
cuales están el alzheimer y el cáncer, están influenciadas por estados crónicos
de inflamación. También evitar las harinas blancas, comer integral y reducir al
máximo los lácteos. En segundo lugar, no caer en el sedentarismo y moverte como
mínimo media hora cada día. El tercer pilar que aconsejaría es practicar mínimo
de 12 a 30 minutos de meditación diaria, porque reduce los procesos de
envejecimiento, baja la inflamación celular, actúa sobre las habilidades
cognitivas y mejora la memoria y el humor, los estados depresivos, de ansiedad,
rabia, impotencia y soledad.
Todavía nos quedan tres pilares
más…
El cuarto es el contacto con la
naturaleza diario, como mínimo media hora, que reduce la mortalidad en las
personas y aumenta el nivel de salud general. El quinto sería invertir tiempo
en relaciones felices, conscientes, enriquecedoras y constructivas, y evitar
las relaciones tóxicas, competitivas o desconfiadas, que generan tensiones. El
último sería mantener contacto con el arte y la música. Un estudio científico
corroboró que, por ejemplo, la escucha de la sinfonía número 40 de Mozart, no
solo disminuye el estrés, sino que potencia el sistema inmunológico y beneficia
a nuestro corazón y al sistema cardiovascular.
¿Qué recomendarías para ayudar a
las personas mayores a integrar estos valores en su vida?
Un ejercicio muy sencillo es
tener un cuaderno donde apuntar un ritual sencillo y profundo, el de cumplir
cuatro actos de gentileza cada día. El primero es hacer un acto de amabilidad
hacia ti mismo, cuidarnos, respetar nuestros ritmos, comer saludable. El
segundo, hacia los demás. El tercero es hacia los animales y las plantas, para
recordarnos que tenemos hermanos y hermanas en las otras formas de vidas. Y el
último, hacia la naturaleza de nuestro planeta, para recordarnos la importancia
de honrar nuestra casa común.
¿Sientes que la amabilidad ha
mejorado personalmente tu salud, tanto física como mental?
Sí, ha generado un cambio muy
profundo en mi vida, porque he roto el paradigma según el cual la vida se
focaliza en ti mismo. Me ha hecho entender la importancia del nosotros, de ser
inclusivo y respetar a los demás. La amabilidad me ha dado prosperidad, calidad
en las relaciones y una sensación de pertenencia profunda a la humanidad. Y me
ha permitido experimentar valores que hemos olvidado. Te ayuda a cooperar, un
aspecto muy primitivo de la experiencia humana. En una sociedad
supercompetitiva, basada en dependencias, deseos, prisa y estrés, la gentileza
puede redimensionarlo, para sanar muchos aspectos de nuestra vida. La mía ha
cambiado de forma radical.
El Movimiento de los gentiles
Daniel Lumera cuenta que en el
año 2020 nació el Movimiento Internacional de la Gentileza “que se hizo viral
instantáneamente. En Italia tenemos 350.000 personas que colaboran, y 57
ayuntamientos, como Florencia o el estado de San Marino, que se han declarado
Estados Gentiles”. Entre otras cosas, han puesto más de 70 proyectos sociales
en Italia que integran a la amabilidad en el sistema de salud sanitario.
“Muchos hospitales en Italia y en Suiza se han declarado gentiles y tienen
programas sobre ello”, cuenta. También subraya que han creado el primer Máster
sobre la Gentileza con la Universidad de Florencia, dirigido a profesiones sanitarias.
Además, han organizado una red de escuelas gentiles para fomentar una cultura
basada en valores, y en 19 cárceles italianas están aplicando programas
meditativos basados en la gentileza para reducir los conflictos y crear un
ambiente más inclusivo y consciente. “En España también estamos desarrollando
varios proyectos. Esperamos que los ayuntamientos españoles puedan formar parte
pronto de esta red internacional”, anima Lumera. Además, el biólogo y
comunicador cuenta que una isla de las Maldivas, Nika Island, se ha declarado
Isla Gentil. Allí, ofrecen programas al respecto a la población local y los
turistas. “De ese modo, pueden gozar de relaciones más auténticas y de poder
cultivar los valores”, enfatiza.