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viernes, 15 de febrero de 2019

Una visita de memoria a Vladimiro Rivas




Vladimiro Rivas de memoria



Carlos Yusti

 Viernes 29 de junio de 2018

Cuando cursaba el último año del bachillerato conocí al primer escritor de carne y alma. Para ese entonces los escritores eran para mis compañeros de curso sólo fichas bibliográficas o en el peor de los casos señores que garantizaban el bostezo y el hastío a la hora de castellano y literatura. Para mí eran entes difusos, vagos y neblinosos y sólo había visto las fotos, tipo carnet, de algunos con más aspecto de vendedores de pompas fúnebres, o de empleados burocráticos de algún ministerio, que de escritores con capacidad para magializar las palabras.

Por esos días era un lector más bien intermitente con la mirada perdida a través del ventanal de la realidad absurda y algo chata para mi gusto. A pesar de haber escrito algunos cuentos y poemas, con más desgano plagiario de fondo que con creatividad y cosa, no me veía en esa foto: saco oscuro, corbata y gafas de cuatro ojos de sabelotodo. Muchos menos me veía como materia de estudio para torturar estudiantes. Conocer a un escritor de verdad podría despejar todas mis telarañas de prejuicios.

Un día un condiscípulo de la clase, José Rosario Pérez, me dijo que iría a Caracas con uno de sus hermanos a visitar a Vladimiro Rivas, un profesor y escritor con algunos libros publicados. Enseguida me apunté en el viaje más por tedio juvenil que por interés de olfatear de cerca un escritor.

Llegamos a un conjunto de apartamentos modesto, pero ubicado en una buena zona de Caracas. Vladimiro Rivas nos esperaba. Era un individuo moreno claro, un tanto alto, con un buen timbre de voz y excelente dicción. Andaba de pantalón y camisa. Daba más el porte de obrero de la construcción que de escritor, pero de eso va la vida: de falsas apariencias y de máscaras a priori.

Me preguntó si escribía. Le dije que a veces para darle chance a la musa y otras para darle chance a las palabras. Que era más bien lector y que con mi amigo José Rosario teníamos un grupo de teatro juvenil donde me encargaba de las obras. Luego hablamos de otras cosas algo banales que se han descartado de mi memoria. No obstante recuerdo que habló algo de García Márquez, de sus andanzas guerrilleras y de sus inicios de escritor. Dijo que la militancia más que la lectura lo condujo a la escritura. Que era un gran lector de poesía, pero que la novela le permitía expresar un conjunto de inquietudes sociales y políticas y luego estaba toda esa magia poética que se podía armar con las palabras.

Comimos algún aperitivo, que él mismo sirvió. Al parecer estaba solo. La familia andaba de viaje. Me llamó la atención la mesa: era de madera pintada, pero labrada a mano con motivos de selva en las cuales se divisaban serpientes, paisajes, tucanes, tigres. Era en verdad una obra de arte. Vladimiro me aseguró que la trajo de Perú por partes, debido a que era una pieza modular que podía desarmarse y ensamblarse como un rompecabezas. Que resultó una verdadera odisea traerla al país. Se notaba que estaba orgulloso de su mesa. Fue grato conocerlo. Como era lógico me obsequió sus dos novelas publicadas: Delante de los fusiles o delante de los rosales y Las huellas crecen así. Tenía una tercera novela, pero de la cual no tenía ningún ejemplar, titulada Cuando maduren los mangos.


“Las huellas crecen así”, de Vladimiro Rivas



Yo creo que a Vladimiro Rivas más que el fasto de la literatura le preocupaba el país, estaba interesado en buscarle un costado mágico a su entorno cotidiano para desnudar la realidad siempre opresora y asqueante. Cuando maduren los mangos es una de sus novelas que más he disfrutado. Novela urbana que retrata un barrio con los viceversas de la existencia y donde bullen personajes que uno ha conocido en los barrios reales donde uno ha ido mudando la piel y las entrañas. La novela tiene un realismo mágico diurno (o como más elaborado en lo poético) y comienza con una especie de mago callejero, si la memoria no me falla, que dejará traslucir su cuerpo para que los espectadores puedan mirar sus vísceras. En su novela corta Delante de los fusiles o delante de los rosales, se encuentra el Vladimiro Rivas poeta en su máxima expresión. Novela que es un canto amoroso, de lucha y de luz. La novela posee una trasparencia vital por la metáfora. Vladimiro construye un artefacto que puede leerse como una novela o como un poema. Su brevedad permite que el lector no se sienta abrumado por los giros poéticos siempre luminosos y con mucha cotidianidad en el margen.

Su novela Las huellas crecen así posee cierta complejidad narrativa, pero su núcleo central es una crítica certera al subdesarrollo y sus diferentes redes, en las cuales entran la superstición religiosa y la violencia, y todo ello narrado desde una óptica vanguardista con monólogo interior y juego con el tiempo, y donde por momentos lo barroco onírico se deja sentir. Vladimiro Rivas quiere narrar a sus personajes desde lo épico, pero el mundo que los rodea, un tanto absurdo, los somete a los avatares cotidianos sin darles tregua, convirtiéndolos en meras caricaturas de sus anhelos y deseos. Novela coral un tanto enmarañada desde lo narrativo.

En algún diccionario de escritores puede leerse: Rivas, Vladimiro. Santa Marta, Colombia, 1935; Caracas, 1982. Poeta, novelista. Hijo de venezolanos. Licenciado en Periodismo (Ucab). Perteneció al grupo literario “Península” de Paraguaná (Falcón), fundado en los 50. Colaborador en el Papel Literario de El Nacional (Caracas). Coordinador de Medios de Comunicación del Inciba. Obra narrativa: Las huellas crecen así (1972, novela), Cuando maduren los mangos (1973, novela), Delante de los fusiles o delante de los rosales (1975, novela). Obra poética: Rebato de la tierra (1959), Canto a la ciudad de todos (1967). En esta apretada ficha faltó un estudio ensayístico titulado Las fuentes de información del periodismo venezolano (1971).

Luego de la visita escribí un texto sobre sus libros, publicada por el diario El Carabobeño, que debe andar perdida entre mis papeles. Se lo hice llegar y me llamó por teléfono para agradecerme y para asegurarme que no se merecía ese texto, de todos modos estaba muy agradecido por el gesto.

Vladimiro quería ser difuso y etéreo. No estaba interesado en la luz artificial de lo público, estaba a la caza de esa luz profunda e irrefutable de la poesía. Estuvo un poco como clandestino en el mundo literario nuestro y fue leído con fervor por un puñado de consecuentes.

Le recuerdo de memoria, pero no difuso, sino corpóreo y sólido debido a sus libros, gracias a su literatura hecha con esa materia imprescindible de lo humano a pesar de todas las contiendas, de todos los contratiempos, de todas las causas perdidas, que bajan por el desagüe del sueño y el olvido.

Tomado de Letralia

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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.

Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia

jueves, 1 de septiembre de 2016

LOS CORAZONES SOLITARIOS DE LA LITERATURA NACIONAL


Muñeca de Reverón, Como estatuilla Juan Sánchez Peláez, Busto de Piar (Upata), José Gregrorio Hernández, La Corona de Miss Venezuela, Muñeco de Chávez, Cony Méndez,Una maraca índigena, Un cuatro, Un tambor Culo’epuya, Ana Enriqueta Terán (con flor en la boca), Teófilo Tortolero , Alejandro Oliveros, Reynaldo Pérez Só, Eugenio MontejoVillarroel París, Enrique Mujica(El gallo), Carlos Osorio, Adhely Rivero, Luis Alberto Angulo, Julio Garmendia, Elisa Lerner, José Napoleón Oropeza, Teresa de la Parra, Yolanda Pantín, Ramos Sucre, Arturo Uslar Pietri, Cabrujas, Isacc Pardo, Enrique Bernardo Nuñez, Milagro Haack, Ramón Palomares, Antonio Arraiz, J. M. Briceño Guerrrero, Laura Antillano, Luis Albrto Crespo, Enriqueta Arvelo Larriva, Roger Vilain, Néstor Rojas, Caupolican Ovalles, Andrés Eloy Blanco, Lyda Franco Farías, Victoria de Stefano, Orlando Oraujo, Eleonora Requena, Elezar León, Slavko Zupci, Pdro Suárez, Teresa Coraspe, Ana Rosa Angarita, Fidel Flores, Rafael Cadenas, Salvador Garmendia, Jose Balza, Sol Linares, Ana Teresa Torres, Rafael Bolívar Coronado, Francisco Arévalo, Fáver Paez, Miyó Vestrini, Hanni Ossot, Juan Liscano, Adriano Gonzáles León, Grabriel Jiménez Eman,Chevige Guayke, José Barroeta, Valera Mora  (El Chino), Rómulo Gallegos, María Calcaño, Willian Osuna, Dyonisio Aymará, Aquiles Nazoa, Argenis Rodríguez, José Rafael Pocaterra, Miguel Otero Silva, Vicente Gerbasi, Juan Calzailla, Gustavo Pereira, Cristobal Ruiz y Santiago Key-Ayala.



Estimados Amigos todos deben recordar al legendario disco el Sargento Pimienta de lo Beatles. Hoy un desconocido amigo llamado F hizo su versión de la carátula y el siempre efectivo Carlos Yusti nos da su puento de vista.

Deseamos disfruten de la entrada tanto como nosotros.

La Gerencia

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Carlos YUSTI



La carátula del disco (en vinil) de el Sargento Pimienta de los Beatles ha sido utilizada hasta la saciedad y es ya un lugar común del diseño. Bueno, si se toma en cuenta que fue diseñada en ese tiempo en el que no se utilizaba el computador personal la carátula tiene su encanto y creatividad. Al parecer se utilizaron las figuras de cera de Madame Tussauds (la primera y segunda fila). Los otros invitados en la portada fueron fotografías ampliadas a tamaño natural y recortadas sobre soportes de cartón y madera. La esposa de Peter Blake, Jann Haworth, sirvió como primer asistente de diseño y muchas de sus opiniones fueron consideradas al momento de diseñar la escena. Cada foto fue coloreada a mano. Michael Cooper se encargó de la placa fotográfica final y para lograrla llevó a cabo diferentes versiones, con los Beatles distribuidos en distintos ángulos de la composición general. Mi amigo F… ha retomado la famosa carátula del disco, con menos producción claro, y valiéndose de la computadora para hacer su versión con escritores del barrio local.



Lo interesante es que apiñados, en una versión algo chapucera, de la famosa portada está lo más granado de la literatura nacional. Como es lógico faltan nombres (yo hice una que otra sugerencia, donde me incluía claro, pero mi amigo F… me dejo por fuera, no obstante incluyó a escritores que sugerí imprescindibles).



Sobre el medio literario (mundillo literario se le llama en los pasillos de las instituciones de cultura estadal) hay una opinión un tanto generalizada: es un medio mezquino. También se habla que ese mundillo literario está lleno de pillos y truhanes. Lo cierto es que intentar ser escritor en nuestro país es una carrera de obstáculos. Las quejas plañideras e imprecaciones groseras a este respecto nunca faltan.  

En este collage de mi amigo F… se encuentran escritores del presente y del pasado. Hay héroes y villanos. Hay estelares y segundones, chupamedias y acomodaticios. De todo y para todos. Pero a la hora de juicios sumarios y otras espeluznantes maneras de juzgarlos por sus actuaciones públicas, en ese sentido de funcionariato de cualquier gobierno de turno, o ciudadanas hay que centrarse en su obra. Al final, como decía Borges, su trabajo literario se ganará el olvido ( o el perdón).

Este collage también dice mucho de los gustos lectores de F… y en la cual incluye a mucho de sus amigos escritores, algunos también son muy buenos amigos míos,  por lo tanto es un collage pensado/realizado con alevosía. Colocar a Cony Méndez como un ser iluminado, aparte de la carga irónica, le confiere a esta escritora de autoayuda un sitial destacado y aunque (no es broma) es junto a Eduardo Liendo, que no está en el collage, nuestra Best-Seller más destacada. Los puristas y defensores de la “gran literatura” seguro argumentarán que escribir como Cony Méndez lo hace cualquiera. Lo que sucede es que a nuestra literatura le falta algo de pimienta, de esa pimienta textual que le puso Denzil Romero o de esa pimienta de mentira histórica, escrita con grandes baches, por Herrera Luque, escritores de paso que tampoco están en el collage.
Cabrujas más que pimienta le agregó sal irónica y Adriano González León con su novela “País portátil” convirtió a nuestro país en un artefacto joyciano de gran fractura estilística y literaria. Aparece Rafael Bolívar Coronado el pecador más grande de nuestras letras, el más insigne de los paradigma de todo aquel que quiera abrazar (ya estoy escribiendo como Pedro Emilio Coll o Manuel Díaz Rodríguez) el gran arte de las letras. O sea, la literatura como impostura, como trampa, como una manera de burla a los maestros del día de las letras y sobre todo como una trinchera de seudónimos para ser todos los escritores y ninguno.

Los críticos de nuestra literatura, surgidos de nuestras prestigiosas universidades, han llenado de broza académica cualquier estudio alejando a los estudiantes de esa tan cacareada “gran literatura”. Ya Roberto Echeto en La literatura venezolana no va detrás del camión de la basura lo había escrito “En el caso de la crítica literaria las cosas se complican por varias razones. Como es tradicional, los críticos literarios encienden sus pipas, se tocan sus quijadas y escriben desde sus cubículos universitarios para que los lean otros especialistas que también encienden sus pipas y se tocan sus quijadas en sus respectivos cubículos universitarios. En otras palabras, lo que ellos hacen, no tiene nada que ver —al menos directamente— con que en la calle haya o no lectores. Por eso su trabajo no sólo carece del peso que debería tener en todo este asunto, sino que se pierde la oportunidad de orientar a los demás en todo lo que se refiere a las obras que salen a la palestra, de leerlas, analizarlas y despertar en otros el interés por disfrutarlas.”  Y Rafael Rattia agregó en su momento: “Lo mejor de nuestra literatura venezolana no se está escribiendo en Caracas. Es en el interior del país donde se está fraguando la literatura del futuro de esta nación. Y los críticos no han reparado en ello”.

Lo más nefasto que le ha ocurrido a la literatura en el país, aparte de los críticos de cubículo y de revistas arbitradas, es el pensum de estudio. Autor o libro que aparezca como materia obligada de estudio va directo a la tumba o todo caso se convierte en ser más odiado y vilipendiado del orbe. Aparte que todos los estudiantes se acordaran de su madre, sin el debido respeto.

Aquiles Zambrano ha escrito algo que me gustaría citar: “La literatura, queridos mercaderes literarios, la verdadera, la que se escribe con uña y sangre, temblando al borde de la enfermedad o el llanto, es indiferente a las condiciones materiales que la propician. Esa literatura se va a escribir venda o no venda, con o sin aparato cultural promotor, con o sin lectores, en la pobreza o en la abundancia, en mitad del apocalipsis o en un cómodo apartamento en Manhattan”. No obstante cada vez que alguien me asevera que el arte se hace con sangre, recuerdo la frase de un escritor español que refutó categórico: “Con sangre sólo se hacen morcillas”.


Volviendo al collage de F… hay que tocar el oportunismo de muchos borregos escritores ( o viceversa) que salen en el collage es antológico. El oportunismo es una manera para sobrevivir/vivir del estado sin mancharse mucho. Es una forma de aparecer en el foto del gobierno de turno y cobrar por servicios prestados, cada cual a su modo y es que el trabajo de las letras no reditúa lo necesario para vivir/beber. Lo escrito por Ramón Ordaz es puntual: “No hay arte sin utopía, dice el crítico y poeta Eduardo Milán, lo que no cuesta nada suscribir. La tragedia de los poetas oficiales en Venezuela es que la utopía dejó de ser un destino, porque parte de su propósito se ha cumplido en ellos,…”


La versión intervenida por el poeta Arévalo


Escribir, escriben todos. Todos son escritores en este collage, pero el país lo siguen escribiendo, con errores y horrores de todo tipo, los politicastro de siempre. El escritor está allí en la antesala; ya no espera a los lectores, ni al olvido, solo espera expectante y en soledad. Todo esto lo satirizó mucho mejor Chevige Guayke es su “Manifiesto contra la basuratura”: “Vivimos, indudablemente, en una sociedad muy casta, muy decentica ella, muy cristiana, muy tantos adjetivos optimistas. Vivimos en un país de gobernantes muy honrados, muy entregados a llevar a cabo la Justicia Social. ¡Oh, paraíso el nuestro! Sí así es la Democracia que no se termine nunca. La Democracia nos permite votar cada cinco años Y nos permite votar cada cinco años y también nos permite votar cada cinco años y nos concede el derecho, el sagrado derecho de votar cada cinco años nos levantamos bien de madrugada y salimos a votar bien temprano cada cinco años. ¡Oh, la Democracia, la Democracia! Por consiguiente, no se justifica que ciertos escritorzuelos sin oficio conocido ni siquiera del hogar pretendan crear una literatura corrupta y pletórica de desperdicios fecales o sea heces o sea estiércol o sea excrementos o sea... Lo que dichos caballeros -mejor dicho: burreros- pretenden hacer no es literatura sino basuratura porque ellos están dominados por la malignidad de un tal Conde Lautréamont y de un tal Rimbaud y de un tal César Vallejo y de un tal Gustavo Pereira y de un tal Víctor Valera Mora y de otros miles de demonios como el tal Eduardo Sifontes y el tal Ernesto Cardenal, puros alumnos de Satanás, puros enemigos del Bien, puros enemigos de la Belleza, puros enemigos de la Moral y las Buenas Costumbres”.



Recuerden esto: Paul esta muerto

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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia

jueves, 21 de enero de 2016

FÁVER PAÉZ, TODO DE NEGRO COMO LOPE DE VEGA





Estimados amigos

Hoy tenemos el gusto de compartir este texto que José Joaquín Burgos, poeta  y actual cronista de Valencia, la de Venezuela  le dedica al poeta y profesor universitario Fáver Páez. 

Deseamos disfruten de la entrada.


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Río


El río de mi infancia
crece con las lluvias, se desborda,
regresa a visitarme cada tarde


Se desplaza violento por mis sienes
Se llama Tirgua y es un río hermoso
Ruge como un tigre de piel áspera
y arrastra troncos, animales, casas,
hombres y sembrados,
mientras sentimos su fuerza desde lejos


De noche aúlla su furia, explica su venganza
Dice mi madre: “Ya llegará el verano
y volverá a recibirnos en su seno
como un hermano apaciguado y bondadoso”


El río de mi infancia se parece
a todos los ríos del mundo


Y es hermoso.


Fáver Páez





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José Joaquín Burgos


Uno se imagina a Fáver Páez, así como a Lope de Vega, "todo de negro  hasta los pies vestido", y siente, así de pronto, un respetuoso escalofrío que le va recorriendo la memoria de todos los versos que haya podido leer en su vida; porque, sin lugar a dudas, esa rigurosidad en el vestir, unida a sus honorables barbas sesentonas, a su recio perfil de poeta magíster, a su memoria prodigiosa, al tono oratorio de su habla, a su densa riqueza intelectual y, sobre todo, a su sencillez, hacen que quienes conocemos, admiramos y queremos a Fáver, lo veamos -así de simple- como uno de los intelectuales de más recia estampa de nuestros días. Porque lo de Fáver no es juego, ni pose, ni nada por el estilo: él es, y punto. Y es bueno reconocerlo y decirlo, para que la gente lo reconozca también o, como decía el difunto Rafael Darío Peña: "pa' que sepan que hay gobierno".

Fáver pone a bramar a los ríos, recorre las aguas del tiempo por cualquier rumbo de la rosa de los vientos. Descubre misterios insondables y pone a sus alumnos a investigar nuevas preguntas para antiguos problemas, así como el de la mancha del Quijote. Fáver escribe maravillosos poemas, incansablemente, para su esposa María. Inventa canciones malas y sonetos malos que llama "cancionalas" y "sonetalos", en esto último anda ahorita. En la intimidad de su casa es "chef" y "gourmet" al mismo tiempo, con recetas universales. Y hasta es capaz, llegado el caso, de "vestirse" de indigente y responder con un humilde y a la vez sonoro "Dios se lo pague" a quien caiga en la trampa y en la tentación de darle una limosna. Fáver es genio y figura, y punto. Uno de los seres más extraordinarios que hayamos podido conocer. Un verdadero capo di testa de la poesía, de la música, de la pintura, del cine, de la filosofía, de la historia (que es su especialidad), del talento, de la dignidad universitaria… y del humorismo, que no es cualquier cosa. En la tasca "La Taranta", ubicada en Valencia, por cierto, su dueño don Vicente ha dispuesto un sitio especialmente destinado a exhibir un hermoso soneto suyo evocador de peñas y de sueños para enterrar olvidos. Con razón dice el poeta Enrique "el gallo" Mujica que Fáver es un inmortal que siempre se está muriendo.


Tomado de ArteLiteral



Muerte no vengas
Por otros lados
date una vuelta

Quédate lejos
no pases cerca
Guarda tus mañas
de callejera

No te me acerques
que en esta fiesta
ninguno quiere
tu saya negra


Fáver Páez


de Las cancionalas del Perecito (inéditas).


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Fotografía de Jose Antonio Rosales.

José Joaquín Burgos
 
(Guanare, 1933 – Valencia, 2017)

Poeta, ensayista, narrador, cronista, novelista y docente. Estudió primaria y secundaria en su ciudad natal. En 1957 egresa del Instituto Pedagógico de Caracas como profesor de Castellano, Literatura, Latín y Raíces Griegas, mención magna cum laude.  Colaborador en diversas publicaciones periódicas venezolanas: Surcos, Guanaguanare, Simiente, El Imparcial de Portuguesa; Antena (Zaraza); Avance, Occidente de Mérida; Revista del Departamento de Literatura del Pedagógico de Caracas. Miembro fundador del Ateneo de Guanare y del Ateneo de Maturín, ciudad donde residió varios años dedicado al ejercicio profesional.

Fungió en la Universidad de Carabobo de editorialista del semanario Tiempo Universitario. Fue asesor literario de la Revista Laberinto de Papel , de la Universidad de Carabobo. También, columnista de los Diarios El Regional, El Carabobeño y El Nacional. Fue directivo durante más de 15 años del Colegio de Profesores de Venezuela y presidente de la Asociación de Escritores de Carabobo; miembro fundador de la Fundación del Libro Carabobeño, Vicepresidente Ejecutivo de la Editorial Cubagua del Ateneo de Valencia, y Miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Estado Carabobo. En 2016 fue designado Cronista de la Ciudad de Valencia, ciudad que adoptó y por la que fue adoptado como uno de sus hijos más ilustres.

Fue un escritor mayor  con amplia ciencia y diestro arte de navegación por el delta de los géneros: la poesía, el ensayo, la narrativa, la crónica. Mostraba abiertamente su sencillez y disponibilidad, capacidad de escucha y se destacaba por su doble vocación de poeta y educador. Fue uno de esos creadores que no se fatigó nunca a la hora de historiar, escribir y hablar.

Obra: Narrativa: Por aquí se escuchan las pisadas del tiempo 1976. El Pozo del Arcoíris 1995.  Torreparque 1988. Don Juan de los poderes 2003. La ciudad novelada 2006. Tres Ases 2007. Las Murallas del Reino 2007. Poesía: Ronda de Luz 1956.  Cuadernos Cabriales 1957. Los días iniciales 1963. Guanare siempre 1973. El unicornio 1991. Guanare Piedra Luz 1993. Coromotanías 1994. Piel de Sueño 1996.  Cansancios de orilla 2012.


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Faver Páez. Fotografía de Yuri Valecillo. Tomada del Libro "Rostro y Poesía"



Faver Páez (San Carlos de Austria, Estado Cojedes, 1943), es Licenciado en Historia de la Universidad Central de Venezuela. Se desempeña como profesor en las Facultades de Ciencias de la Educación y de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de Carabobo.

Fue coordinador de la página "La Mirada Quincenal" en el extinto diario "El Espectador" de Valencia en el periodo 1993-94. Actualmente es director de la publicación cultural independiente URTEXT.  Sus textos han aparecido publicados en la página de arte y espectáculos del diario "El Carabobeño", en la Revista "Tiriguá" revista cultural del estado Cojedes y en "Predios", la revista del sur entre otras publicaciones de Venezuela.


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Actualizada el 10/04/2026
5/4/2026
24/08/23